MARIO DE LOS SANTOS, EN POLONIA

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Ya sabéis (y si no lo sabéis, lo digo ahora) que no soy amigo de usar el blog como tablón de anuncios. De mis cosas, sí, que para eso cuento mi vida, pero procuro que sea un espacio libre de afiches: no anuncio saraos, no gloso a los amiguetes ni a los artistas que no son amiguetes, ni hago las veces de agenda cultureta del barrio. Esa función la cumplen muy rebien otros blogs y yo me propuse hacer otra cosa, por eso no suelo atender las peticiones que algunos me hacéis a través del mail de que publicite aquí historias varias. No por nada, sino porque creo que desentona, que no es el lugar adecuado. No me odiéis mucho por ello.

Pero hoy permitidme hacer una de las muchas excepciones que planteo a esta norma nada inflexible. Aquí os dejo linkado el artículo que sale hoy en Heraldo sobre el gran editor -y, sin embargo, amigo- Mario de los Santos, que el 4 de diciembre estrena una obra teatral de su autoría en Polonia. Mi compi Sole Campo le ha hecho un reportaje, y un fotero que no aparece especificado (no estoy en la redacción y no puedo averiguar su nombre, lo siento) le ha hecho esta interesante afoto donde Mario parece lo que es: un intelectual de la antigua RDA.

Entre las cosas horribles que Mario ha hecho en su vida está la de editar un libro mío (origen de la amistad: siguió tratándome después de conocer al majadero que había escrito Malas influencias, y eso indica cierto desequilibrio mental). Entre las buenas, además de echarse de novia a una chica más que estupenda, escribir tres novelas muy majas, enamorarse de Colombia y de los colombianos que las pasan putas y escribir unas obras de teatro que se estrenan siempre en Polonia, porque allí vivió una temporada. También presume de preparar unos cócteles de la hostia, mejores que los míos, dice, pero ese extremo todavía no lo hemos comprobado. No hemos encontrado ocasión de medir nuestras fuerzas coctelera en ristre.

Pero, sobre todo y por encima de todas estas cosas contingentes, lo que cuenta es que Mario es un tipo cojonudo, un estupendo charrador y una compañía inigualable, incluso cuando habla del Sporting de Gijón, que es otra de sus pasiones.

Y ya, que luego me llamáis pelota.

PD. Me olvidaba: Mario tiene un blog que se titula como una de sus novelas, Cuando tu rostro era niebla.

24/11/2009 12:37 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura. Hay 2 comentarios.

ENTRE DOS TIERRAS

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Hoy, Pablo y su pediatra se han conocido. Andaba yo algo preocupado, porque no me hacía gracia la perspectiva de encontrarme a un señor desabrido, funcionarial y resentido toquiteando el frágil cuerpo de mi cachorro. Pero, una vez más, la vida nos ha sonreido, y parece que Pablo va a tener un pediatra fantástico, muy simpático y cariñoso, uno de esos médicos que te hacen sentir bien, que te curan con un par de frases tranquilizadoras.

Pablo se ha relajado tanto con su buenrollero pediatra que se ha meado en mitad de la consulta. En plan géiser, como suele hacer, regándolo todo a conciencia. Luego, en casa, ha repetido el número con mi camisa como diana, y por la noche, cuando intentaba darle un baño, ha hecho otro pase apuntando a otra camisa recién sacada del tendedero. Para rematar, ha regurgitado sobre la camiseta limpia que me acababa de poner. Me tiene manía o me ama demasiado, porque a su madre no le hace esas cosas. Ya se sabe: las madres son sagradas y los padres están para ser meados y cagados cuando convenga.

Expresiones de amor filial -y fluvial- al margen, cuento lo del pediatra porque, aunque llevo muy poquitos pasos andados en este extraño y permanente estado de paternidad, empiezo a percibir ciertas actitudes y cierto ambiente sectario que me está dando muy mal rollo. No por mi hijo, que se contenta con dejarme sin ropa limpia y con el que tengo una relación de lo más fluida (no sólo por lo mucho que lubrica las relaciones la orina -que se lo digan a Pedro J.-, sino por las rutinas que estamos estableciendo y que nos unen más que la teta de una madre: usar las canciones de La Polla Records como nanas, acunamientos desenfrenados a ritmo de los grandes éxitos del punk rock español, desde Cirrosis a Parálisis Permanente, pasando por Eskorbuto y, a veces, hasta Porretas, e imitaciones de llanto de bebé alla maniera de Faemino y Cansado. Hasta la fecha le distingo dos tipos de llanto: "neee" y "buaaa". El primero es más desganado e indica hastío y desencanto vital, y el segundo es un sustitutivo de me voy a cagar en todas tus muelas, y lo haría de verdad si no llevara pañal y pudiera orientar mi culo hacia tus muelas).

Como digo, el mal fario que me está dando la paternidad no tiene que ver con mi hijo, sino con ese grupo sectario y tenebroso que conocemos como "los otros padres". Como toda secta, quieren cooptarte, pero no a cualquier precio: tienes que pasar por varios ritos iniciáticos que no te especifican con claridad, pero cuya crueldad y sofisticación sadiana intuyes de reojo. Y lo peor es que no puedes buscar refugio ni consuelo en el bando contrario, el de los chicos jóvenes que no son padres y se emborrachan todas las noches. Ellos han dejado de considerarte uno de los suyos y te dejan bien claro que no van a poner su hombro para que les llores ni para que tu hijo les vomite. Así que, o entras en la secta de "los otros padres" o te quedas solo en casa escribiendo en tu blog.

En la consulta del pediatra, por ejemplo. En la sala de espera. A simple vista, parece una sala de espera normal. Gente aguardando ser atendida y una enfermera que de vez en cuando va gritando nombres. Buscas un sitio cómodo para ti, tu chica -todavía flojucha de los días de hospital- y tu cachorro, y te dispones a dejar pasar el rato como harías en cualquier otra consulta médica. Pero, a los pocos minutos -todo depende de lo que se alargue la espera-, empiezas a notar una presión incómoda y difícil de concretar. Son miradas extrañas que percibes fugazmente, bisbiseos, susurros y sonrisas torcidas.

Hasta que una madre rompe el hielo y se lanza a hablar: ya estamos en su red, somos una presa fácil. Somos padres primerizos con cara de pardillos. Se nota que es nuestro primer hijo por la atención desmedida que prestamos a cualquier movimiento del crío. No lo sabemos, pero nos hemos convertido en objetivo a abatir. En el alimento ideal de una madre-depredadora con dos o más crianzas en sus pechos y espaldas.

Lo que empieza como una conversación inocente deviene pronto un tercer grado. La madre-depredadora está calibrando si realmente tenemos madera de padres, si merecemos entrar en el club y si somos aptos para superar las pruebas iniciáticas, las que nos otorgarán las credenciales para disfrutar de los columpios del parque y de las tiendas de chuches en igualdad con los otros padres. Nos reprocha lo blandos que somos (porque se ve a la legua lo mucho que mimamos al niño, dice), nos exhibe sus hitos ("a la primera -emplean ese lenguaje en clave, hay que entender que por "la primera" se refiere a su hija mayor- no le dejé sentarse hasta los nueve años, que luego se malacostumbran y quieren sentarse en las sillas, y eso no puede ser. Con los chupetes y las sillas hay que ser muy estricto), sus trofeos ("apenas vengo al pediatra, porque mi hija está más sana que una manzana". Subtítulos: porque yo sí que soy una pedazo de madre que la cuida, y está por ver que vosotros estéis hechos de esa pasta, a lo mejor os las tenéis que ver con los servicios sociales o con el juez) y sus heridas de guerra ("una noche, el mediano casi se ahogó con el pene de plástico que venía en un huevo Kinder. Menos mal que mi marido hizo un curso de primeros auxilios y le practicó el boca a boca hasta extraerle el pene").

Nos está probando, qué duda cabe. Pretende apabullarnos. Probablemente intenta desanimarnos con el secreto deseo de que le entreguemos a nuestra cría, pero nosotros nos hacemos fuertes en el nido y protegemos los huevos. Yo, íntimamente, confío en que si la madre-depredadora se acerca demasiado a Pablo, éste responderá con un letal ataque de orina en toda la cara.

De vez en cuando intervienen otras madres-depredadoras, marcando el territorio, dejando claros sus vastos conocimientos de la ciencia de la maternidad y recordándonos que esto no es un camino de rosas, que nos quedan muchos pañales, muchas noches en vela y muchas funciones escolares para ganarnos su respeto.

En otras palabras: que no nos creamos que somos padres por el mero hecho de tener un hijo. Sólo seremos merecedores de ese título cuando hayamos sufrido lo que han sufrido ellas.

¿Hay que aclarar que nos envidian? Envidian el brillo que todavía se aprecia en nuestros ojos, porque de los suyos hace tiempo que desapareció. Añoran los días en que no deseaban asesinar a los monstruos de sus hijos. Añoran los días en que conversaban con adultos sin niños interrumpiendo. Añoran las noches en las que podían follar haciendo mucho ruido.

Pero no nos contagiarán su postración. Lo tenemos claro. Nos haremos fuertes.

Por eso nos vamos a tomar un vermú al Tubo, buscando el amparo de nuestra gente, la que hasta hace dos días nos saludaba con afecto y celebraba nuestras bromas con carcajadas. Nos ven, saludan a Pablo, nos dan la enhorabuena y... se excusan con suavidad. Se dan media vuelta y se sitúan a una distancia prudencial. Y desde ella nos lanzan tenues miradas de reproche que dicen: "Qué vergüenza, con un bebé y por ahí de vermú, como si no tuvieran responsabilidades, cuando deberían estar en su casa lavándose esa ropa que huele a pis y no bebiendo cerveza junto a una criatura tan pequeña". Ya no estamos en su mundo, nuestras bromas ya no les hacen gracia. Somos grotescos, unos pervertidos, unos outsiders.

Aquí estamos, en tierra de nadie, a resguardo -de momento- de las madres-depredadoras y desterrados de nuestra vieja tribu. Le cantaré a Pablo otra canción de La Polla Records antes de que se me mee otra vez.

Foto: cuando escucha a Charly García, a Pablo le gusta morderme la nariz con su boca desdentada. Todavía no ha aprendido a diferenciarla de la teta de su madre. Para él, todos los apéndices del cuerpo alimentan por igual.

LA UE REALMENTE EXISTENTE

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Hace veinte años, según nos han recordado a voz en grito, se acabó el llamado socialismo realmente existente.

Pues quizá se acabó en la vieja URSS y en la Europa del Este, porque en la del oeste sobrevive, y el hecho de que coincidan en el tiempo los fastos por el aniversario de la caída del Muro y el nombramiento del presidente de la Unión Europea no hace más que subrayarlo.

¿Qué pasa con la Unión Europea realmente existente? A mí cada día me recuerda más a los regímenes del Pacto de Varsovia. Quizá sin Stasi, quizá sin KGB (o eso parece), quizá con libertad para que yo me cisque en ellos desde aquí sin miedo a que esta madrugada llamen a mi puerta y se me lleven a un psiquiátrico. Pero, salvado el componente policial, en las formas, esta UE se parece mucho a aquellas repúblicas democráticas.

Se parece, para empezar, en que ambos emplean, como sustantivo y como adjetivo, la palabra democracia. La emplean con profusión, impregnando con ella toda su retórica. Y, de tanto emplearla, de tanto estamparla en tratados, discursos y sentencias de Estrasburgo, se les ha olvidado usarla. Como esas parejas que de tanto decirse "te quiero" resecan el amor y acaban por no saber en qué consiste ese sentimiento.

En el Kremlin de Bruselas se reúne una nomenklatura formada por ministros de los estados miembros, que hacen encaje de bolillos y equilibrios sobre barra para quedar por encima o devolver algún que otro favor. Lo que deciden se lo pasan a un soviet supremo que, aunque formalmente ha sido elegido por sufragio universal -como el soviet supremo original- no tiene capacidad ni para proponer leyes ni para nombrar gobiernos. Quien corta el bacalao en la UE es la comisión, que está nombrada por el comité central del partido, es decir, por los gobiernos de los países.

Occidente criticaba al bloque comunista que su democracia era una farsa por dos razones básicas: no había libertad de partidos y, pese a que los parlamentos se elegían por sufragio universal, en la práctica no había posibilidad de elegir candidatos al margen del partido comunista; y los parlamentos eran instituciones muertas, pues las decisiones se tomaban en el seno del partido, que era quien ponía y quitaba gobiernos y quien dictaba las leyes.

De acuerdo que la Eurocámara se elige por sufragio universal y hay libertad para elegir y ser elegido, con pluralidad de partidos, pero la segunda crítica que hacía Occidente al bloque comunista es perfectamente aplicable al funcionamiento de la UE hoy.

Ahora se ha elegido un presidente de la UE. ¿Tú lo has votado? ¿Has votado a otro candidato? ¿Han hecho campaña electoral, se han presentado programas y candidaturas, se han abierto los colegios electorales? Yo no he visto nada de eso. Se han juntado unos tipos en unos despachos de Bruselas y, bajo la atenta mirada de los bruselasólogos -herederos de los kremlinólogos-, se lo han jugado al Monopoly. Venga, te dejo que nombres a fulano si me das la calle Arenal. No, la calle Arenal, el paseo de Recoletos y un hotel en Leganitos. Hecho, pues.

Y todo ello, gracias a un tratado que fue rechazado en referéndum por los irlandeses, pero a los que se les conminó a votar otra vez porque la primera habían votado mal. Menos mal que en Bruselas -donde la vanguardia del proletariado vela por los intereses de clase- saben lo que conviene a las masas atrasadas y les orientan en la dictadura del proletariado, fase previa del socialismo.

Una vez corregido el error irlandés -y ejercitada la autocrítica correspondiente- han salido al balcón para anunciar su decisión ante las masas europeas, que han tarareado la novena de Beethoven hasta quedarse sin voz. ¡Viva la democracia europea realmente existente!

Ha habido contestación, no creas que la ciudadanía europea asiste impasible a los desmanes de esta decadente oligarquía soviética. Un grupo de eurodiputadas ha salido diciendo que les parece muy mal que haya más hombres que mujeres en la comisión y que el presidente sea un maromo, y encima, feo.

No les parece mal que haya un presidente que los europeos no han votado. De sufragios y democracias no se habla. Para qué, pudiendo hablar de paridad. Con que hubiera más mujeres dirigiendo el cotarro se quedaban contentas. Aunque a esas mujeres tampoco las elija nadie y lleguen allí por el cambalache de costumbre del tú me das, yo te doy.

No he leído un solo artículo de prensa que plantee esto. Todos hablan de que si el nuevo presi tiene un máster, que si sabe leer en latín al revés o que se emociona con la narrativa experimental francesa. Otros cuestionan si la elección es conveniente para el equilibrio de potencias europeas, a ver si Brown se me enfada, a Merkel le sale una úlcera del disgusto o a Sarkozy se le enfría la sopa. Es decir, análisis propios de kremlinólogos.

¿La democracia? La democracia está bien para los discursos, las canciones de Víctor Jara y el reverso de los billetes de 500 euros. Pero cualquier persona sensata que siga El gato al agua sabe que la política de verdad no se puede dejar en manos de los ciudadanos, esos currantes ágrafos y manazas que todo lo rompen.

Yo cada día me siento menos europeo y más amerindio, la verdad.

22/11/2009 21:15 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad. Hay 1 comentario.

DEL 40 AL 1

Pues parece que esta semana mi Soldados en el jardín de la paz se ha convertido en el libro aragonés de no ficción más vendido, según la lista del Artes y Letras. Y yo con estos pelos y estas pintas de indigente. Pues nada, espero que Chusé y la gente de la editorial estén contentos. Yo lo celebro ahora con un vaso de vino de Borja con gaseosa y unas paciencias sorianas. Gracias a todos los que lo habéis comprado. Ojalá lo consideréis digno de lectura también.

19/11/2009 23:37 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Mi libro. Hay 4 comentarios.

EL DÍA EN QUE FUI FRANQUISTA

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Creo que no lo he contado aquí, pero supongo que ni a I. ni a D. (que firma sus comentarios en este blog como Ex Compañero de Piso) les importará que repita para esta audiencia uno de los episodios más bochornosos, atontolinaos, estúpidos y potencialmente peligrosos de nuestras vidas.

Me refiero al día en que fuimos franquistas.

Fue sólo un día. Un 20 de noviembre de hace algunos años -¿puede que empiecen a ser demasiados? Me noto viejo y achacoso- en Madrid. Y como la gloriosa efeméride vuelve a celebrarse esta semana, es un buen momento para contarlo.

El 20 de noviembre anterior al que me refiero, D. llegó a casa a la hora de comer y nos enseñó un cartón:

-Mira, me he hecho un carnet de Francisco Franco.

-Aparta eso de ahí. ¿De dónde coño lo has sacado?

-De la Plaza de Oriente. Bueno, no, de la Plaza de Ópera, que es donde se ponen los puestecillos de Falange. Había mogollón de viejos y en un puesto daban estos carnets. Me he hecho uno.

-Joder, estás fatal. ¿Para qué coño te acercas por allí?

-Si no pasa nada... Son cuatro viejos que apenas pueden levantar el brazo por la artritis. Un descojone, la constatación de que el franquismo está muerto de verdad o le queda muy poco fuelle.

Ahí se quedó la cosa.

Durante todo ese año nos dio por decorar el piso con parafernalia propia de los desustanciados que éramos: carteles de muñecos que se tiraban pedos con advertencias de peligro tóxico, botellas vacías de licor de guayabita del pinar y envoltorios de snacks alemanes que trajo una chica que vivió unas semanas con nosotros mientras hacía un estudio de mercado para introducirlos en España (no los he visto ni en el Lidl, y juro por Juan Tamariz que me alegro un huevo, dice mucho del paladar español que esas mierdas incomestibles no hayan encontrado clientes al sur de los Pirineos). Cuando hubimos refinado bien nuestro estilo de interiorismo y empezamos a barajar la posibilidad de incorporar alguna señal de tráfico o un cono de obras de la M-30, nos topamos con algo que nos enamoró a primera vista. Sin palabras convenimos que era perfecto para colgar en la pared.

Era un cartel que anunciaba el 20-N. Como creo que era el 25 aniversario, se habían esmerado un poco más en el diseño, y tenía las caritas angelicales de Franco y José Antonio. Nuestro casero era general de la Guardia Civil, así que la humorada se amplificaba.

Sí, ya sé, nadie le vio nunca la gracia aparte de nosotros. Pero qué más daba. Éramos felices y franquistas.

Con ese cartel, D. se animó y empezó a convencernos a I. y a mí de que fuéramos a la Plaza de Oriente a -palabras textuales- "descojonarnos de los viejos".

-Venga, veis el percal y luego comemos algo.

Creo que me sedujo la perspectiva del "luego comemos algo". O quizá fue la resaca de licor de guayabita del pinar. El caso es que D. nos convenció. Y el 20 de noviembre nos montamos en el metro y nos fuimos a ver de qué iba ese acto decrépito de ancianos que no podían estar mucho cara al sol, pues se entumecían y se quedaban dormidos.

(Un inciso: por aquel entonces, I. y yo llevábamos el pelo muy largo y nuestro look no tenía nada que ver con el protopijo de profesionales aburguesados que exhibimos hoy. Otro inciso: por aquel entonces, empezó a interesarme la fotografía, y me paseaba con una reflex antigua haciendo pretenciosas y fatuas fotos en blanco y negro. Por supuesto, me llevé la cámara al acto. Fin de ambos incisos).

Deberíamos haber dado media vuelta cuando vimos que en la Plaza de Oriente no había cuatro viejos. Ni siquiera cuarenta. Eran unos pocos cientos, puede que algunos miles incluso, y parecían lozanos, fuertotes y bastante agresivos. A lo mejor nos paralizó el miedo. D. masculló entre dientes: "Os lo juro, el año pasado no era así, daba risa, era muy patético. No entiendo qué ha pasado".

-Qué alegría, cuánta gente joven ha venido este año -gritó con entusiasmo una mujer de unos sesenta con pinta de ser la mala de las hermanas Hurtado.

El acto empezó y, ya que estábamos allí, nos quedamos. La verdad es que, pasada la impresión inicial, no nos sentimos especialmente amenazados, y el ambiente se relajó tanto que I. hasta me susurró, en una inconsciencia suicida que todavía hoy le reprocho con ganas de estrangularle: "Venga, Sergio, saca la ikurriña ahora".

Mientras hablaba el confesor de Franco, un fraile capuchino que llamó a las armas contra las 17 autonomías que habían roto España, me subí a la basa de uno de los pilares del Teatro Real y me puse a hacer fotos. Por lo menos nos llevaremos un bonito recuerdo de tan soleada y patriótica mañana, pensé. La señora que se congratulaba de la juventud que dominaba entre el público estaba a mi lado, dejándome sordo cada vez que gritaba "¡Arriba España!" o "¡Franco, Franco, Franco!".

No habría tirado ni tres placas cuando se acercaron cuatro de esos jóvenes entusiastas y con susurros firmes y dejando bien clarito lo que les podía pasar a nuestros cuerpos serranos si no les hacíamos caso, me conminaron a entregarles el carrete.

Opusimos un poco de resistencia al principio, y por un momento vi mis dientes esparcidos por el suelo y mis costillas hundidas contra los pulmones. Recuerdo que pensé en castizo: "Joder, nos van a dar la del pulpo". Pero la hermana mala de las Hurtado les dijo a los gangsters que nos azuzaban, con una voz que aún me hiela la sangre al recordarla: "Dejadlo para después".

Se refería a que el acto estaba siendo grabado por cámaras de televisión. Cuando la prensa se fuera, podrían darnos nuestro merecido sin testigos incómodos.

Les dimos el carrete y salimos por peteneras. A mí no dejaron de temblarme las piernas hasta que no llegamos a Malasaña y nos sentimos "en nuestro territorio", y después de asegurarnos varias veces que nadie nos había seguido. I. y yo fuimos repitiéndole a D. durante todo el camino: "¿Con que sólo cuatro viejos? ¿Sólo cuatro viejos?". No nos quedaron ganas de comer algo luego.

Sí, éramos jóvenes y, por tanto, gilipollas. Y sí, puede que nos estuviera bien empleado, por graciosillos sin gracia y por tontear con asesinos de masas orgullosos de serlo. No te lo niego. Pero también te digo que no me arrepiento de aquella mañana. Aquella absurda y suicida experiencia me enseñó más sobre el país en el que vivo que las obras completas de Unamuno y Menéndez y Pelayo juntas.

PADRES E HIJOS

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En estos preciosos momentos de paz, cuando Pablo duerme sin reclamar atención ninguna, releo Maus. No sé por qué mis manos se han ido a buscar su hueco en la biblioteca. Lo he abierto y he vuelto a los trazos dolientes de Art Spiegelman, y aquí estoy, emocionado y confuso, con ganas de contártelo.

Ya lo sabrás, pero, por si acaso, te lo recuerdo, para que sepas de qué hablo: Maus es la obra maestra de Spiegelman y una de las cumbres del cómic. Fue Premio Pulitzer, pero eso es lo de menos. En ella, Spiegelman contó la historia de su padre, judío polaco superviviente de los campos de exterminio, y lo hizo empleando un lenguaje tan sencillo en la enunciación como complejo y lleno de capas en la expresión. Spiegelman dibuja a los judíos como ratones; a los nazis, como gatos; a los polacos, como cerdos, y a los americanos, como perros. Utiliza estas convenciones de los cuentos infantiles para crear unos juegos sutiles y descarnados que, en su día, fueron valorados como poderosísimos hallazgos expresivos.

Me impresionó mucho Maus la primera vez que lo leí. Me impresionó la dureza en el trazo y cómo Spiegelman retorcía ese animalario propio de las historias de niños para ahondar en la memoria del Holocausto. Pero la fuerza de las viñetas no me dejó ver -o no me dejó sentir con toda la intensidad que merecía- el verdadero significado de Maus.

Maus no va del Holocausto. Maus no va de la memoria de una generación culpable. Maus no va de héroes y villanos ni de víctimas ni verdugos. Maus no va de conozcamos la historia para no repetirla.

No. La historia que cuenta Maus es mucho más dura: es la de un hijo que busca a su padre. Y, por supuesto, no lo encuentra. Spiegelman escribe en este cómic una carta cuyo destinatario no tiene interés en abrirla. Y es mejor que así sea: si la abriera, no la entendería. Maus habla de la incomunicación, de la orfandad que siente un hijo cuyo padre es absolutamente incapaz de ejercer como tal.

La historia transcurre en dos planos espacio-temporales: la casa de Rego Park, en Queens, Nueva York, en los años 70, y la Polonia ocupada por el ejército nazi en los años 40. Art Spiegelman -que ya nació fuera de Polonia, en 1948- acude a la casa de su padre en Rego Park porque quiere que éste le cuente su experiencia bajo el Tercer Reich. Al principio, esto parece un simple recurso narrativo, un pie forzado para introducir la historia del Holocausto. Pero, conforme avanza el libro, la trama de Rego Park cobra más fuerza y dolor, mientras que la de los judíos polacos se aplana y acartona. Al fin y al cabo, es un testimonio más sobre el Holocausto, con los tópicos que hoy ya todos conocemos. Es un relato que nos han contado millones de veces, y sabemos perfectamente cómo acaba.

En cambio, la trama de Rego Park es compleja, sutil, dura. En los encuentros que padre e hijo tienen para recordar historias de la Polonia ocupada va tomando forma la desesperación de Art Spiegelman, hasta que el lector se da cuenta de que, en el fondo, el pasado de su padre le importa muy poco. El pasado es una excusa. O, a lo sumo, una herramienta para comprender quién demonios es ese desconocido huraño y solitario que dice ser su padre.

La barrera entre ambos es altísima, insalvable. No sé cómo no sentí esa angustia la primera vez que leí Maus, pero esta noche me ha atenazado. He comprendido perfectamente a Art Spiegelman, perdido, absolutamente extraño en la casa en la que creció, que se ha convertido en un territorio hostil.

No es casualidad que sean los judíos quienes, tras el Holocausto, se hayan preocupado más sobre las dificilísimas y demoledoras relaciones paterno-filiales. Y siempre desde la perspectiva del hijo. Maus no es un hecho aislado: se enmarca en una tradición -judía y neoyorquina, para más señas- que han cultivado tipos como Philip Roth o el propio Woody Allen. Mi querida A. M. Homes, que fue adoptada por un matrimonio judío y vive en Nueva York, también ha explorado estos mundos desde una perspectiva dura y directa.

En el ámbito hispano pienso en el argentino Sergio Chejfec, que debutó con una novela autobiográfica muy difícil y densa titulada Lenta biografía, cuyo leitmotiv central es su padre y los amigos de su padre reunidos los domingos en su casa del barrio del Once de Buenos Aires -el barrio judío de la ciudad- recordando en yidish historias de los campos de concentración, y discutiendo por pequeños detalles de insignificantes anécdotas.

También argentina es El abrazo partido, una película que no me gustó nada, pero que habla de padres ausentes y orfandades más o menos íntimas e insuperables en una galería del barrio del Once, y que podría haber sido una obra excelente de haberse mantenido fiel a su planteamiento.

Está claro: los judíos, por razones históricas obvias, viven obsesionados por la figura del padre como demonio interior y tótem exterior. Son los que menos pudor han tenido a la hora de explorar ese mundo tan doloroso y tan íntimo, y nos han dejado algunos relatos desgarradores sobre el tema. Los que no hemos sido educados en esa cultura parece que tenemos vergüenza a exhibir nuestra orfandad. O quizá es que tenemos una estupenda relación con nuestros padres que a los judíos se les niega por sistema. Me parece que es más bien lo primero.

Puede que sea especialmente sensible a ese tema por razones estrictamente personales. Puede que tener a mi hijo durmiendo en la habitación de al lado me haga pensar con más fuerza en estos asuntos.

No lo sé, pero llevo un tiempo convencido de que jamás escribiré nada que valga la pena si no hago como todos esos judíos y encaro mi propia historia sin pudor.

No sé si me atreveré algún día.

Post data de martes por la mañana.- Entre las obras "cristianas" que me han venido a la cabeza que tratan de la relación padre-hijo, me quedo de momento con El quadern gris, de Josep Pla. Es un dietario, y en ese género es fácil -y obligado- ahondar en las entretelas familiares. Pero lo que me interesa de Pla no es lo que cuenta de su padre, sino lo que no cuenta. En las elipsis y en los silencios dice mucho más que en las descripciones y relatos. Con ellas, Pla deja claro lo mucho que le dolía su padre, lo duro que le resultaba relacionarse con él y lo extraño -gélido y cálido al tiempo- que le hacía sentir. La presencia del padre de Pla es mucho más poderosa que la de la madre, aunque esté más ausente. Precisamente por eso. Por cierto, que fuera de Cataluña también debería leerse a Pla, que es uno de los escritores más contenidos y emocionantes que ha dado España. Y, si es posible, que se lea sin traducir, disfrutando de ese catalán arcaico y reinaxentista que manejaba con tanta austeridad como maestría.

17/11/2009 01:52 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Cómic. Hay 5 comentarios.

LA VIDA SIGUE (PERO NO IGUAL)

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Aunque yo me he desconectado un poco del mundo para conectarme a mi hijo, el mundo no se acaba de desconectar de mí. Por suerte.

Este lunes, 16 de noviembre, a partir de las 21.45, salvo imprevisto o cambio de última hora, apareceré en el programa La vida sigue igual, de Aragón Televisión (Aragón TV Sat para plataformas de cable y parabólicas fuera de Aragón). Uno de los bloques del programa estará dedicado a mi libro Soldados en el jardín de la paz. David Marqueta me entrevista en plató junto a Pablo Bieger, Juan Kurtz y Anneliese Wingenbach, y se emitirán tres vídeos que resumen grosso modo (pero que muy grosso modo) la historia que cuento en la obra.

Eso, en lo que a faranduleo librero se refiere.

Por otro lado, mientras Pablo nacía, recibí una invitación del Ayuntamiento (espero que no sea supersecreta; no lo creo, estos procesos suelen ser públicos y transparentes) para participar en uno de los grupos de trabajo que emprenderán el debate previo para la elaboración de la candidatura de Zaragoza como Capital Europea de la Cultura en 2016. Según me dicen, esto servirá también para redactar el primer Plan Estratégico de Cultura de Zaragoza. Al parecer, lo que digamos y acordemos en esas mesas de trabajo servirá como base para todo esto. En los grupos habrá representación de escritores, artistas, cineastas, productores, editores, promotores de conciertos, periodistas...

No sé cómo será de plural y polifónica la selección de culturetas a los que el ayuntamiento nos quiere pedir opinión (espero que mucho y muy variada en registros, si no, no deberían molestarse en convocarlos), pero, a priori, les honra mucho que hayan pensado en mí como una de esas voces dignas de ser escuchadas. Y no porque yo merezca ese honor más que otros, ni porque tenga mejores cosas que aportar que otra gente más sabia y más bella, ni porque esté mejor o peor cualificado, sino porque no me he distinguido precisamente en la alabanza a la política cultural de este gobierno municipal, cuya gestión he criticado abiertamente en muchas de mis columnas. Quien haya propuesto poner mi nombre en la lista -y no sospecho ni remotamente quién puede haber sido- estará al tanto de mis ideas al respecto, así que es posible que no busquen complacencia ni que les digan lo guapos que son, sino que quieran debatir de verdad para empezar a plantear una auténtica política cultural en una ciudad que lleva tiempo pidiéndola y necesitándola. A ver si es verdad.

He aceptado la invitación con muchísimo gusto, por supuesto. Si puedo contar algo más adelante -que no lo sé, a lo mejor esto se hace a puerta cerrada y en un sótano con goteras, aunque lo dudo mucho-, ya te diré.

15/11/2009 01:34 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Mi libro. Hay 7 comentarios.

DISCULPEN LAS MOLESTIAS

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He estado un poco ausente de aquí. Y siento anunciar que, probablemente, seguiré estándolo un tiempo. Mis aparaciones, durante algunas semanas, serán intermitentes e imprevisibles, pero no por pereza o indolencia. Nada de eso. Es que he tenido un hijo y, como seguramente comprenderás, a él me debo en estos primeros acordes de concierto vital, para darle toques de diapasón y que encuentre con facilidad la clave de afinación, ahora que todo es nuevo y el mundo le suena cacofónico e incomprensible (como si a los adultos nos sonara armonioso, ¿verdad? Lo que pasa es que nosotros sabemos fingir que entendemos la partitura).

Eso sí, cuando escriba aquí (en Heraldo me he cogido unos días de permiso de paternidad, Estado del Bienestar mediante), le dejaré a cargo de Stewie Griffin, que, como se ve en la foto, se toma su trabajo de babysitter muy en serio. Por cierto, he colgado esta imagen para enseñártelo y presumir un poco de él. Por pura vanidad de padre baboso. Está tomada en el hospital. Ahora estamos ya en casa, agotados y felices.

Se llama Pablo, Pablo del Molino, y mis colegas son sus colegas. Para lo que quieras.

Abrazos y besos.

PD: sois muchos los amigos que me habéis escrito estos días felicitándome o preguntándome si el nacimiento se había producido ya. Siento no haberos hecho caso. Es probable que no tenga tiempo de responderos a todos, ni siquiera a la mitad, pero daos por besados con estas líneas y ya recibiréis más adelante un beso físico, sonoro y bien lleno de babas, como debe ser.

13/11/2009 18:54 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Hay 14 comentarios.

TRAIDORES DE CLASE

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El otro día estuve cerveceando con M. e hicimos un breve inventario de las mujeres que nos han sacado los intestinos, vísceras varias y el corazón latiente y se han largado pisoteando nuestros restos con finísimos zapatos de tacón. Y terminamos hablando de las otras mujeres, las que pararon el coche junto a nuestros cuerpos, se acuclillaron en el arcén y fueron recolocando las vísceras, intestinos y el corazón en su sitio antes de proceder a una cariñosa e indolora sutura y a llevarnos a un sitio seco y calentito.

Mujeres que te desmontan y mujeres que te montan.

Hay personas que tenemos propensión a ser desmontadas. Vamos por la vida como cabestros furiosos, sabiendo que esa carrera sólo puede terminar con una estocada, pero empeñados en recibirla. Por suerte, algunos acabamos encontrando a mujeres que no nos quieren torear en la plaza, que no quieren que corramos hacia los caballos ni darnos pases para ver cómo comemos arena, sino que gozan más dejándonos pastar por la dehesa y acurrucándose con nosotros a la sombra de una encina las tardes de verano.

M. y yo habíamos encontrado a esas mujeres, y creo que ya no estamos dispuestos a cambiar el alfombrado pasto de la dehesa por la áspera arena del albero. No mientras nos sigan admitiendo en la dehesa.

Eso nos pasa porque somos chicos de barrio, porque no somos artistas, porque no nos atormentan las musas, porque la banda sonora de nuestras vidas suena a guitarra desafinada y a Carrusel Deportivo. Y aunque lo que hemos corrido desde aquel entonces nos haya hecho cambiar la guitarra furiosa por tangos dodecafónicos y el Carrusel Deportivo por las páginas de cultura de Le Monde, hemos sido criados en la certeza de que es preferible el cobijo a la intemperie, que es otra forma de expresar la horrible e irrenunciable creencia de que el trabajo nos dignifica.

Ética proletaria, al fin y al cabo. La que nos han transmitido y en la que seguimos instalados, aunque la hayamos traicionado un millón de veces y aunque volvamos a traicionarla un millón más (la traicionamos una vez más aquella noche, cuando en la cena nos quejamos de que el excelso vino que habíamos pedido no estaba a su temperatura). Pero sabemos que sin ella estamos perdidos, a merced de la lluvia y de las mujeres de tacón alto.

Yo no tuve conciencia de esa ética hasta que me tropecé con gente que no la tenía. Cuando, en la universidad, empecé a trabar amistad con algunas personas que, sorprendentemente, no creían tener que demostrar nada al mundo, que no había nada que aprender ni nada por lo que luchar. No querían dar nada y aspiraban a recibirlo todo a cambio porque el mundo les pertenecía. Y les pertenece. Creo que mi espíritu de currante siempre les ha parecido ridículo. Lo sé. Para ellos era y soy un intruso bastante ingenuo. A ellos les han transmitido justamente lo contrario de lo que me han transmitido a mí: les dijeron que las mujeres destripadoras de tacón alto son suyas por derecho propio, que el mundo es un territorio de conquista y que ellos tienen escuadrones muy bien situados para tomarlo. Y que, desde luego, el trabajo y el calor del bar al atardecer no significan nada. No valen nada. Sólo cuentan la seducción y la capacidad de convencer. Lo demás es consuelo de esclavos.

Creo que no me estoy explicando nada bien, pero en este cuaderno de notas no me siento obligado a hacerlo. Son pensamientos que me vienen a la cabeza de un tiempo a esta parte, y que me he planteado fugazmente de cuando en cuando. Si intento balbucearlos ahora por escrito es porque desde hace unos meses han pasado por delante de mí dos obras que hablan de esto y a las que no dejo de darles vueltas.

Una es la segunda temporada de The Wire, donde se cuenta la decadencia de la 'working class' americana. El orgullo, la moral y la honda solidaridad obrera son ya solo una fachada que se agrieta y está a punto de caer. Pocas veces he visto narrar esa decadencia con tanta sensibilidad y tanta belleza. Ken Loach lleva años intentando hacer lo que The Wire consigue en unos pocos capítulos, y esos capítulos tienen una potencia poética y transmiten una sensación de verdad que Loach nunca ha tenido.

La otra obra son las canciones de Jairo Zavala, un tipo que podría ser, si le dejan, el Springsteen madrileño. Escuchad esta canción:

 

SOIS UNOS CERDOS

Títulos de las diez entradas más vistas de la historia de este blog, que siguen acumulando visitas. A ver si encontráis un elemento común a todas ellas:

  1. Una chica desnuda en el Soho.
  2. Erotismo olvidado y segundón.
  3. Mitos de los 80.
  4. Sexo en Zaragoza.
  5. El coito eternamente frustrado.
  6. Juan Aguirre y las dos vaginas.
  7. Porno austríaco en acción.
  8. Tania Raymonde.
  9. Los peores anuncios de la tele.
  10. Tangos, tigres y selvas.

Y yo que pensaba que me queríais con el corazón limpio, que me amábais por mi interior y no sólo por mi cuerpo. Qué engañado estaba.

Tres breves observaciones:

  1. Quizá el cerdo obseso soy yo, vista la profusión de entradas con contenido sexual.
  2. Para conseguir muchas visitas, no hay nada como arrojar unos genitales aparentes pinchados en un anzuelo al proceloso mar de Google. Los peces pican a millares.
  3. De los diez títulos, el más sucio, el que más huele a sexualidad primaria, matutina y desesperada es, sin duda, Tangos, tigres y selvas. Supongo que estaréis de acuerdo.

EL GRAN FRESÁN

He escrito una cosita sobre la visita que Rodrigo Fresán hizo ayer a Zaragoza para presentar su nuevo libro. Tuve la suerte de conocerlo (cual fan arrojabragas) y pasar un breve y grato ratejo con él y con la panda juntaletrera local.

El articulillo se titula Travesuras de alto nivel, y puedes leerlo aquí.

04/11/2009 10:26 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura. No hay comentarios. Comentar.

UN DEBUT DE ALTURA

Parece un gag de los Monty Python: un medio español farda de haber fichado al mejor filósofo del mercado. Como cuando el Madrid le robó Figo al Barça, El País le ha robado Bernard-Henri Lévy a El Mundo. Para que luego digan que estudiar filosofía no da de comer.

Lévy se estrena hoy en el periódico global con un articulazo que justifica todo su prestigio. Un aldabonazo intelectual que nos ha desbaratado las conciencias a todos los burgueses y acomodaticios lectores de prensa, que hemos caído en su red como moscas distraídas. Lo ha titulado A Roman Polanski. Dedicatoria (o admonición) y título en un mismo sintagma. Toma síntesis, toma compresión conceptual. Agarrémonos, que vienen curvas silogísticas.

Aunque mi intelecto de gallina -que sólo ha pisado la facultad de Filosofía de la Complu para ver si pillaba cacho con alguna melancólica, escotada, miope y vulnerable alumna- no esté a la altura de la misión, voy a cometer la osadía de desmenuzar (¿deconstruir, tal vez?) el artículo. Es domingo, lloviznea y ya he visto mucho porno en internet hoy. No tengo nada mejor que hacer.

Arranca Lévy:

Pasan los días y Roman Polanski sigue en prisión, se acuesta y se levanta en prisión, ve a su mujer una hora a la semana en el locutorio de una prisión, mientras sus hijos de 11 y 16 años, si aún tienen el valor de ir a la escuela, afrontan las miradas de unos compañeros que han oído en casa que el papá de los pequeños P., ese señor con el que a algunos se les caía la baba cuando se codeaban con él "por hijo interpuesto", ese padre que otros se jactaban de conocer cuando lo veían en la tele durante la entrega de los César, ése, es finalmente un criminal, un violador, un sodomita, un pedófilo.

Me sobrepondré al nudo que atenaza mi garganta. Intentaré no pensar en esas pobres criaturas de 11 y 16 años que tienen que soportar las collejas de sus compis en el cole. No comentaré nada y seguiré leyendo:

Es vergonzoso meter en la cárcel a un hombre de 76 años por un delito de corrupción de menores -único cargo que le imputa, hoy como ayer, la justicia californiana- cometido hace 32 años.

Hombre, así, a priori, lo vergonzoso es que 32 años después de los hechos que se le imputan, el señor Polanski no haya pisado ni por casualidad un tribunal. Dicen que la justicia es lenta, pero hay tortugas que a su lado parecen gacelas. Pero no nos perdamos en pejiguerías y vayamos al meollo del asunto, al nodo del J’Accuse:

Es vergonzoso ver cómo algunos intelectuales, cuyo papel debería consistir en rebajar la tensión y contener los arrebatos populares, siguen -como Michel Onfray en Libération- los pasos del rebaño de "ignorantes entusiastas" (Joyce) y se entregan, en nombre de la defensa de la infancia violentada, a las asociaciones más odiosas (nunca los oí denunciar con el mismo ardor la violencia sin límite que representa el martirio de los niños soldado en África, o el de los niños esclavos en Asia, o el de los cientos de millones de niños muertos de hambre -según estimaciones de la FAO- en los últimos... ¡32 años!).

Como buen filósofo, algo de oratoria habrá estudiado en sus ardorosos y adoquinados años universitarios, y sin duda Lévy sabrá lo que es la demagogia. Por eso la practica tan a pecho descubierto. ¿Qué tendrán que ver los niños soldado con esto? ¿No estábamos hablando de un tipo borrachuzo que supuestamente forzó a una niña de 13 años? ¿El sufrimiento anónimo de un niño filipino purga la violación de una niña californiana? ¿Se trata de equilibrio universal, de algún tipo de restitución kármica? En otras palabras: ¿de qué cojones está hablando Lévy? Yo no le pillo, pero será porque no estoy a su nivel. Sigamos:

Es extraño -vergonzoso y extraño- que a esos mismos que, recelosos hasta de su propia sombra, ven complots por todas partes y se pasan la vida cavilando sobre las agendas secretas de los Estados, no parezca llamarles en absoluto la atención este timing extremadamente raro: un hombre tiene una casa en Suiza; desde hace años, pasa en ella todas las vacaciones escolares con su familia; y, de pronto, sin que medie el menor elemento novedoso, vuelve a sumergirse en la pesadilla que ha sido el sino de su vida.

Hable más, señor Lévy. Exponga mejor sus sospechas, no tema. ¿Quién está detrás de esa persecución de Polanski? ¿El Opus Dei? ¿Los iluminati de El Código Da Vinci? ¿Paolo Vasile y Jorge Javier Vázquez? ¿Aznar? Señale, tire de la manta, sólo así librará a Polanski de la ignominia. Concluyendo:

Y es que -para terminar- es vergonzoso que no sea posible, cuando se habla de esa vida, evocar la infancia en el gueto, la muerte de la madre en Auschwitz, la muerte de la joven esposa destripada junto al niño que esperaba, sin que los charlatanes de la nueva justicia popular clamen contra un supuesto chantaje. Cuando se trata del más abominable asesino en serie, la "cultura de la excusa" reinante no duda en echar mano de su infancia difícil, de una familia problemática, de los traumas... Pero Roman Polanski parece ser el único reo del mundo que no tiene derecho a ninguna circunstancia atenuante.

A ver si mi atrofiado cerebrín de juntaletras sin formación entiende este complejo párrafo lleno de sabiduría filosófica: como Polanski las pasó muy putas, tiene derecho a cepillarse a una niña de vez en cuando. Quizá como parte de esa restitución kármica a la que aludía antes. ¿Cuál es la equivalencia? Si una infancia en un gueto y que tu esposa sea asesinada por Charles Manson dan bula para una violación, los supervivientes de Auschwitz deberían tener carta blanca para tirarse al menos a tres o cuatro niños y a estrangular con sus manos a un par de viejecitas. Habría que establecer tablas de circunstancias atenuantes que los jueces aplicasen, como un carnet de puntos. Cuando el sufrimiento que has padecido sea al fin compensado, podrás ser juzgado e ir a la cárcel. Mientras tanto, que te dejen en paz.

Me sorprende que, desde la inanidad intelectual y la miseria moral, haya una parte de la inteligentzia europea que quiera convertir a Polanski en el Dreyffus del siglo XXI. Pero ni Polanski es un cabeza de turco de los neoantisemitas ni Bernard-Henri Lévy tiene la agilidad mental y el estilo declamatorio de Émile Zola. Si se demuestra que Polanski hizo lo que hizo, deberá someterse a las leyes y responder ante un juez. Aunque la víctima le perdone. En el derecho español -y supongo que en el americano pasará lo mismo-, el perdón de la víctima sólo libera de la condena en casos de injurias, calumnias y delitos de honor. Cuando hay un delito sexual de por medio, no importa lo que piense la víctima a posteriori: importan los hechos. No hay liberación sexual ni postura moral que ampare el secuestro y la violación de una niña de 13 años.

¿Por qué lo que es repugnante cuando lo hacen los curas le está permitido a un director de cine? A esa pregunta no responde Lévy, y es la única pregunta pertinente en este caso. Yo lo tengo clarísimo, pero, claro, yo no soy filósofo ni he bebido gin-tonics con Jacques Derrida. Yo pertenezco a esos que Lévy llama, citando a Joyce, "ignorantes entusiastas".

Desde mi entusiasmada ignorancia diré que el debut de Lévy me parece moralmente despreciable e intelectualmente paupérrimo, con argumentos a la altura de una tertulia de Telecinco.

01/11/2009 19:36 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad. Hay 13 comentarios.

LOS FAMAS

Murió Del revés, vivan Los famas.

Hasta la temporada pasada, firmé la columna Del revés en el suplemento de ocio y tendencias MVT, de Heraldo. Esa columna ha desaparecido en la nueva temporada y, tras una renovación del suplemento, he sido reubicado. Pero no ha sido una reubicación traumática, del estilo de los polacos que fueron trasladados a Prusia en 1945, sino molona.

Hoy se estrena Los famas, una sección quincenal que se alternará viernes sí y viernes no con Ojos de miope, que firmará Óscar Senar. Las semanas que no se publiquen Los famas, estaré en la página de al lado comentando un puñado de libricos en la sección El estante de arriba. Asimismo, cuando yo publique Los famas, Senar me cogerá el relevo en la página de al lado comentando un puñado de cómics en la sección El estante de abajo.

¿Lo has entendido? Yo todavía no lo tengo claro del todo, pero me voy haciendo a la idea.

En Los famas -cuya primera entrega se publica hoy, reitero, y no está online, así que te tendrás que rascar el bolsillo y pasar por un kiosco- saldrán también cronopios. Y piedritas de rayuelas. Y algún que otro axolotl. Vamos, que hablaré de cosas bizarras, pasadas y presentes -rara vez futuras-, en formato hiperbreve y sin gruñonerías. Empiezo, obligado por el calendario, hablando de Halloween, pero de un Halloween de jazz y dibujos en blanco y negro.

Por si te apetece echarle un vistazo.

PD: coincide un moderado pero constante, progresivo y notable aumento de visitas a este blog en los últimos dos meses con un descenso de comentarios bastante acusado. ¿Cuantos más somos, más callados estamos? Me intriga, la verdad.

EL SARAO DE LOS ANGUILA

Qué bueno este veranito improvisado de finales de octubre. Qué bueno que nos haya permitido cenar al aire libre y tomar unas cañitas en compañía de buena gente.

Venimos (prontito, la verdad, nos hemos retirado apenas ha empezado la juerga) de la inauguración de la exposición de los Anguila, que celebra los diez años de la Fnac en Zaragoza. Los Anguila, por amistad y misericordia, me hicieron el retrato que preside la banda derecha de este blog y el que se ve en la solapa de mi primer libro, Malas influencias. Pero eso son leves manchurrones en una trayectoria impoluta. Hoy han presentado treinta retratos de culturetas de la ciudad que se podrán ver todo este mes en la Fnac de Plaza de España.

Una de las cosas buenas que ha tenido el sarao es que he tenido ocasión de decirle en persona a Pepe Cerdá lo mucho que me ha gustado su expo de la Lonja. Otra de las cosas buenas es que he compartido unas cervecitas con I. C., que ha estrenado un blog llamado Solilokios. Otra de las cosas buenas es que he palmeado las espaldas de los anguilas. Y, en general, que he compartido un rato agradable con buena gente. Estaban por ahí Ángel Gracia, Julio A. Cuenca, los hermanos Ortiz (Álvaro y Miguel Ángel), Manolo Vilas (que presenta este jueves su nuevo libro en Alfaguara) y otra gente que no querrá ser citada (y otra a la que, directamente, me estoy olvidando mencionar).

La única cosa mala es que no he podido ver las fotos. Porque realmente creo que son muy pequeñas, que se merecerían un tamaño mayor (pero la sala no lo permite), y también porque había demasiada gente. Ya volveré otro día a verlas con tranquilidad.

29/10/2009 00:43 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Arte. Hay 4 comentarios.

EL HOPPER ZARAGOZANO

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Días de asueto (pocos días de asueto, pero algo es algo) tras la tempestad. M. G. me insta: "Ya te has quitado a los alemanes de encima. Ahora no tienes excusa: ponte a escribir ficción como un loco, ya, corre". Así que, haciéndole caso, he dejado pasar las horas hojeando libros, viendo pelis y paseando.

Hoy me había propuesto avanzar algo en el librito, pero la indolencia ha vuelto a vencerme. Así que hemos ido a la Lonja a ver la expo de Pepe Cerdá, El oficio de pintar, que llevábamos tiempo queriendo acercarnos y nunca encontrábamos ocasión. Muy adecuado el nombre, porque no sólo es una muestra sensacional de la maestría del artista, sino una reivindicación de la pintura como oficio, que tiene un componente físico casi tan poderoso (o más) que el intelectual. Y algo así -con mucha más elegancia- defiende Cerdá cuando habla y escribe de sus cosas.

Me gusta mucho Cerdá. Me gustan sus cielos, sus pinos y sus agricultores montados en tractores John Deere. Me gusta, sobre todo, su forma de bordear Zaragoza, su manera de reinventar Zaragoza como tema, viéndola desde fuera, en la distancia. Me gustan sus paisajes industriales, sus torres eléctricas y sus gasolineras. Especialmente, sus gasolineras nocturnas. 

No soy muy original ni tengo un archivo de referencias muy sofisticado dentro del coco, así que no he creído descubrir ningún mediterráneo cuando, al recorrer la exposición, me han venido a la cabeza los cuadros de Hopper. Es evidentísima la conexión. Tengo el catálogo aquí, en la mesa. Todavía no lo he leído, pero seguro que en alguno de los textos se habla de la influencia de Hopper en la pintura de Cerdá. Antes de escribir esto, he buscado "pepe cerdá + hopper" en Google y sólo me han salido dos o tres alusiones de gente que ha visto esa misma conexión. Me extraña, la verdad. Entre Hopper y Cerdá hay algo más que un puente, es imposible no relacionarlos al momento.

Hay una serie de gasolineras en esta exposición que remiten directamente a las petrol stations que Edward Hopper pintó en los años 40. Hay algo de homenaje. Pero no sólo huele a Hopper en la elección de las gasolineras como tema, sino en el espíritu de las pinturas. Como el maestro americano, Cerdá es un pintor de soledades y de espacios marginales. Se fija en lo aparentemente prescindible, en la belleza de lo que ha sido concebido como perecedero, auxiliar o secundario. Se fija en lo que se ha hecho para ser obviado: postes de la luz, arcenes, caminos encharcados, carteles luminosos de la autopista, reflejos en cristales de escaparates, la brasa del cigarro de un hombre que fuma en un descampado... Cerdá recorre los márgenes porque supongo que en el fondo intuye -o sabe con certeza- que es la única forma de llegar al centro. Sabe que los ajetreados señores que nunca recorren los caminos secundarios y que sólo ansían aterrizar en su destino lo antes posible y sin incordios se pierden la vida entera.

Ante tanto alquimista buscando la piedra filosofal, marcándose objetivos, dejándose los cuernos en algo que ni siquiera alcanza a ver ni a gozar, Cerdá intenta no perderse detalle de lo que le pasa por delante, consciente de que es esa brasa de cigarrillo la que importa. O ni siquiera eso: importa descubrir esa brasa de cigarrillo y emocionarse con su belleza. Lo cotidiano sorprende. Lo gris, lo que pasa desapercibido, llena todo. Viviendo y mirando así, al morirnos, es probable que tengamos muchas menos cosas que lamentar. Si no se planifica nada, nadie puede frustrar tus planes y puedes quedarte mirando cómo se ilumina tu ciudad a lo lejos.

Pero Cerdá no es Hopper. En Hopper hay tensión y una profunda tristeza. Las escenas de Hopper son melancólicas, intentan inmortalizar con angustia un mundo que se ahoga y desaparece. Cerdá no transmite eso. En Cerdá hay paz. O yo percibo paz.

Me encanta este cuadro que he puesto arriba, Zaragoza vista desde el camino de la Pica. Ya lo vi en una expo que montaron en el Centro de Historia sobre la ciudad vista por sus pintores. Creo que era el mejor de esa exposición. Escribí un artículo de La ciudad pixelada que hablaba sobre él. La ciudad como un brochazo amarillo en el horizonte. Eso ya no es Hopper. Eso es Cerdá.

28/10/2009 02:24 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Arte. Hay 5 comentarios.