EL FUGAZ SUEÑO REPUBLICANO DE JACA

 Publicado en Heraldo de Aragón el 4 de diciembre de 2005

"Delenda est monarchia”. Hay que acabar con la monarquía, en castellano. Así terminó José Ortega y Gasset su artículo “El error Berenguer”, publicado en “El Sol” el 15 de noviembre de 1930. Quienes lo leyeron ese día, incluidos el Rey y el Gobierno, se convencieron de que el advenimiento de la República era cuestión de poco tiempo.
El Ejecutivo, presidido por el general Dámaso Berenguer, había descubierto un plan para derrocar la monarquía, dirigido por un gobierno en la sombra autodenominado Comité Revolucionario de San Sebastián y apoyado por todas las fuerzas políticas antimonárquicas, que tenían previsto levantarse el 15 de diciembre.
Lo que no sabía Berenguer era que en una tranquila y pequeña ciudad del Pirineo aragonés, un impetuoso, joven y altivo capitán iba a proclamar la República por su cuenta. Fue la sublevación de Jaca, que creó los dos primeros mártires republicanos y mantuvo en vilo al país durante tres días.
Este mes se cumplen 75 años de aquellos acontecimientos. Una serie de actos programados en Jaca recordarán, a partir del día 12 de diciembre, el golpe fallido que hizo que los ojos de toda España se quedasen fijos en Aragón y que se estremeciera la maltrecha y agonizante monarquía de Alfonso XIII. Entre ellos, destaca una amplia exposición titulada “La libertad soñada”, que se inaugurará el día 12 en el Palacio de Congresos de la ciudad altoaragonesa. Su comisario, el historiador oscense Manuel Benito, ha reunido casi 50 fotografías, algunas muy raras, así como cuatro uniformes de la época, una ametralladora, cartas y manifiestos del levantamiento.
“En Jaca hay verdadero orgullo entre las gentes de izquierda por ser la cuna de la Segunda República -asegura Manuel Benito-. Luego, en el 36, se pagó un precio muy alto por ello”. Benito coincide con la mayoría de los historiadores en que las ejecuciones de Galán y García Hernández hicieron crecer las simpatías hacia la República.
Héroes póstumos
Los capitanes Fermín Galán y Ángel García Hernández -cabecillas del amotinamiento de Jaca, junto a su compañero de armas Salvador Sediles- fueron fusilados la tarde del 14 de diciembre en el polvorín de Huesca. Exactamente cuatro meses después, la República por la que se pronunciaron vio la luz en España, convirtiéndoles en héroes póstumos de la causa republicana.
Las manifestaciones pidiendo amnistía para Sediles y el resto de militares y ciudadanos implicados en el golpe llenaron las calles de las principales ciudades los
días anteriores a las elecciones del 13 de abril de 1931, de las que surgió la República. Para el régimen naciente, Jaca fue un referente, casi un mito fundacional que generó una amplia gama de lo que hoy se llamaría ‘merchandising’: chapas, insignias, banderines...
Como recuerdo de aquellos
días, en Jaca queda un Círculo Republicano, heredero del que apoyó entonces, como brazo político, la insurrección armada. Esa institución es la que mantiene el peso de la memoria y, hace dos años, promovió que el Ayuntamiento erigiese un monumento a los capitanes que se pronunciaron.
El capitán Fermín Galán, de 31 años, llegó al cuartel de la Victoria, sede del Regimiento de Infantería Galicia, en el verano de 1930. Republicano y masón, odiaba con todas sus fuerzas la monarquía, la sociedad estamental y no pocos aspectos del Ejército del que formaba parte. En aquellos días, sin embargo, encontró muchos espíritus afines entre sus compañeros de armas, especialmente en la tranquila Jaca, donde los numerosos oficiales pasaban largas horas de sobremesa en los cafés hablando de política. Ángel García Hernández y Salvador Sediles, también capitanes, fueron sus más firmes apoyos.
Conspirador
Según Esteban C. Gómez y Fernando Martínez de Baños, dos de los más destacados historiadores que han estudiado el episodio, casi toda la oficialidad de Jaca debía estar al corriente de las actividades conspiratorias de Galán, que iba y venía con mucha frecuencia a Madrid, aprovechando permisos de fin de semana, para reunirse con miembros del Comité Revolucionario.
El propio Gobierno sabía de las andanzas de Galán y el director general de Seguridad, el general Emilio Mola (más tarde, “director” del 18 de julio de 1936) le escribió una carta en noviembre rogándole, en términos amables y tratándole de “amigo”, que abandonase sus planes de sublevarse.
Pero nada amilanó al capitán. Pasadas las cuatro de la madrugada del viernes 12 de diciembre de 1930, salió del hotel Mur, donde había pasado la noche en vela con algunos camaradas, y se dirigió al Regimiento de Infantería Galicia. Con un grupo de adeptos, apresó al oficial de guardia y mandó formar a la tropa para anunciarles que la República había sido proclamada en España y que debían salir del cuartel bajo su mando para unirse a sus “hermanos” de Huesca.
Comenzó así una sublevación que llevó a casi 600 soldados de infantería hasta las puertas mismas de Huesca; que generó una huelga general de apoyo que paralizó el país casi una semana; que animó movimientos insurreccionales en las Cinco Villas, con la institución de una junta revolucionaria en Gallur, y que, el día 15, forzó un segundo levantamiento militar en la base aérea de Cuatro Vientos (Madrid), en el que el hermano de Francisco Franco, Ramón, sobrevoló el Palacio
Real lanzando sobre él miles de pasquines republicanos.
Galán, García Hernández y Sediles, tras controlar Jaca, lograron reunir bajo su mando unos 700 hombres. Dejaron a 100 en la ciudad y marcharon con el resto, repartidos en dos columnas (una por carretera y otra por ferrocarril). A las 23.30, llegaron a Ayerbe, donde recabaron nuevos apoyos, víveres y armas antes de salir, a eso de las 3.00, hacia Huesca.
Allí, en las afueras, en un paraje conocido como la colina de Cillas, les aguardaban los cañones de 75 milímetros del regimiento de Castillejos, al mando del general Dolla y trasladados desde Zaragoza. El enfrentamiento se produjo a las 7.00 del sábado 13 de diciembre. Fue el fin de la aventura de Galán, que fue apresado con todos sus hombres y fusilado al día siguiente en el polvorín de Huesca.
A la espera
Pendientes de juicio quedaron 77 soldados y civiles y el capitán Sediles, que había logrado evitar, con una hábil defensa, sufrir la suerte de los otros cabecillas. Algunos permanecieron fugados varios meses, como el escritor oscense Ramón Acín, militante anarquista, amigo de Galán y muy involucrado en el golpe.
Cuando, por fin, en marzo de 1931, se constituyó el Consejo de Guerra -presidido por el general Franco, entonces director de la Academia General Militar-, también se sentaron en el banquillo los soldados de Jaca que, aunque no se unieron a la sublevación, no se resistieron a ella. Pero para entonces la monarquía estaba al borde de la hecatombe y Jaca era un mito popular, por lo que las peticiones de amnistía fueron un clamor por toda España.
La historia sigue despertando pasiones hoy, como demuestran los numerosos y recientes libros publicados, como los de los historiadores mencionados. También inspiró una novela, ahora reeditada, escrita por Alfonso Zapater, “Los sublevados”. En la actualidad, el director aragonés Miguel Lobera, galardonado en la última Semana de Cine de Fuentes de Ebro, está rodando un documental sobre el tema.
Héroes para unos y villanos para otros. El drama de las dos Españas tuvo un preludio en Jaca.

09/12/2005 18:53 Enlace permanente. Tema: Memoria.

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Autor: Gabriel Burgos

Mi padre Gonzalo Burgos Iglesias(ya fallecido), sargento destinado en Jaca tambien fue condenado a muerte y unicamente se le nombre en el LIBRON DE ORO DEL PARTIDO REPUBLICANON RADICAL ESPAÑOL, quisiera tener algun articulo que nombrera su nombre.

Fecha: 02/05/2006 10:52.


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Autor: Gabriel Burgos

Mi padre Gonzalo Burgos Iglesias(ya fallecido), sargento destinado en Jaca tambien fue condenado a muerte y unicamente se le nombre en el LIBRO DE ORO DEL PARTIDO REPUBLICANO RADICAL ESPAÑOL, quisiera tener algun articulo que le nombrara. Y que segun me explico se quedo al mando de la guarnición de Jaca cuando la columna mandada por los capitanes Galan y Garcia Hernandez salio con destino a Madrid.

Fecha: 02/05/2006 10:55.


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Autor: Jesús Gazol Torres

Aclaraciones sobre el capitán Salvador Sediles, y de cómo evitó ser fusilado tras la sublevación de Jaca.
El hermano de mi suegra, Martín Condón Otín, de Lanaja, era asistente del capitán Sediles en el momento que se produjo el levantamiento republicano.
Emigrante en Francia y Argentina, nos hizo una visita antes de su muerte en 1994 y nos contó con todo lujo de detalles sus relaciones con el capitán y de cómo transcurrieron los hechos el 12 y 13 de diciembre de 1930.

Martín contaba con un cierto resquemor como fue abandonado por su capitán. “Después de que me decía: - Martín, tu y yo juntos hasta la muerte, se escapó al monte cuando las vio mal dadas” El caso es que durante la noche del 12 al 13, el capitán Sediles abandonó a su compañía y a su asistente y huyó a la montaña permaneciendo en búsqueda y captura durante varios días.
Pasó algunos días en una borda ayudado por un pastor que además le llevaba comida, pero una mañana llegó acompañado de unos militares para detenerlo.

Esta explicación so se si es lo que se contaba por entonces en la zona o bien la versión que le dio el capitán Sediles la última vez que se vieron tras la instauración de la república.

Ultima vez que vio el tío Martín a Sediles.
Tras la instauración de la II República, El Regimiento de Galicia nº 19 que había sido destinado como castigo a la zona de Melilla, fue retornado con todos los honores. El desplazamiento fue en tren, y en todas las estaciones los pueblos les homenajearon invitándoles a vino, jamón, tortas, etc.
Cuando llegaron a Madrid tuvieron unos días de descanso que Martín aprovechó para visitar a su antiguo capitán convertido en una celebridad social.
En la Estación de Atocha preguntó a un viandante donde vivía el Capitán Sediles con tan buena suerte que si lo sabía. Cuando lo encontró, se dieron un gran abrazo y lo invitó a comer en el hotel Ritz.

Fecha: 06/04/2007 17:16.


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