UN CASINO DE LA "BELLE ÉPOQUE"

Un regalo para los oscenses. Lo publico hoy en Heraldo de Aragón.
Lleva un siglo presidiendo Huesca y todo el mundo lo conoce como el “Casino”, aunque su verdadero nombre es el Círculo Oscense. Está en la plaza de Navarra, pero no pregunte en la ciudad por ella, porque todos la llaman plaza de Zaragoza. Desde luego, quien puso nombres a esa zona de Huesca no acertó en nada. Nadie le ha hecho caso. Así que no hay callejero que valga: para entendernos, habrá que hablar del Casino (donde, para rizar más el rizo, sólo se jugó unos pocos años, pues después se prohibió) de la plaza de Zaragoza.
El año pasado, el edificio, una de las cumbres del modernismo arquitectónico aragonés y famoso hoy por albergar la Taberna de Lillas Pastia, cumplió un siglo, completamente rehabilitado e integrado en la vida de la ciudad tras mucho tiempo de abandono y algún periodo de maltrato. Para celebrarlo, el Ayuntamiento y la Diputación Provincial de Huesca acaban de editar un libro de gran formato (“El Círculo Oscense. Cien años de historia”), donde se repasa su historia y se analiza cada detalle de su interior y de su exterior.
La historia de Huesca en el siglo XX no se entiende sin el Casino, en torno al que se ordena toda la ciudad actual. Su inauguración, en 1904, significó todo un hito para la burguesía local, ligada al partido liberal, de tradición progresista y moderadamente republicana. El objetivo de los constructores era dotar a la ciudad de un foco cultural y de un espacio de referencia para el desarrollo político y social. Todo ello, al gusto de esa burguesía europeísta, la misma que en Barcelona impulsaba por aquellas fechas las obras de Antonio Gaudí. Y ese gusto era el modernista.
Escritores, artistas, periodistas, políticos y científicos hicieron del Casino de antes de la Guerra Civil su segundo hogar. Ramón Acín dibujaba y exponía allí, mientras charlaba y tomaba café con Julio Alejandro, guionista de las películas de Luis Buñuel. Había música en sus salones y cualquier excusa era buena para organizar un baile.
Manuel Camo
El promotor del Casino fue, sin embargo, un cacique. El cacique de la provincia, en realidad. Manuel Camo, político liberal muy influyente en Madrid. Fue el impulsor, siguiendo el pensamiento de su paisano Joaquín Costa, entre otras cosas, del Canfranc, de los Riegos del Alto Aragón y del canal de Aragón y Cataluña. Durante un tiempo, la ahora plaza de Navarra (o de Zaragoza) llevó su nombre.
La obra se financió tras constituir una sociedad por acciones en la que participaron los más destacados burgueses, políticos y profesionales liberales de la sociedad oscense de la época. Y a esa sociedad privada perteneció durante cerca de 50 años.
Cuando se construyó el Círculo, Huesca no tenía más de 13.000 habitantes, entre los que destacaba una influyente y pujante clase de profesionales de las artes aplicadas y decorativas, animada por el desarrollo urbano de la ciudad. En los últimos años del siglo XIX, nuevos hoteles, cines y teatros crecieron al calor de esa burguesía necesitada de lugares de ocio, y aglutinó a un ejército muy preparado de pintores, ebanistas, doradores, escayolistas, broncistas y tapiceros. Con ese fermento, el interior del Círculo estaba destinado a convertirse en un exponente del modernismo decorativo.
Así, entre 1904 y 1906 se fueron decorando y amueblando los salones destinados al billar, a los bailes, a la tertulia y, por supuesto, a los naipes y otros juegos de azar.
Pero esta historia ocurrió a comienzos del siglo XX en España. Por entonces, España era un país pobre, y la burguesía de Huesca no era la de París. Ni siquiera era la de Barcelona. Por tanto, el Casino sufrió problemas económicos desde el principio. La escasez de recursos dilató el proceso de decoración y acondicionamiento de los salones, que no se remataron hasta 1915, once años después de la inauguración oficial del edificio.
En 1910 comienzaron las verdaderas dificultades. La persecución de los juegos de azar fue un duro golpe para este club social, que se financiaba en buena medida gracias a sus ingresos, que completaba con lo que obtenía del billar y del arriendo de la cafetería. Los socios sólo pagaban una cuota de tres pesetas que no cubría los gastos.
Nuevos ritmos
Los años 20, los de la “belle époque”, hicieron del lugar un centro de referencia para la juventud. Cada fin de semana, cuartetos, orquestas y orquestinas tocaban ritmos que venían del otro lado del Atlántico y causaban furor entre los chicos y la chicas de Huesca: el fox trot, el quick step o el supertango. Los promotores del Círculo habían logrado su objetivo al fin. El edificio se había alejado del modelo elitista de club de caballeros británico y, pese a ser una institución privada, era sentida como propia por toda la ciudad.
Los años de la República, con Ramón Acín al frente de la programación cultural del Casino, fueron el penúltimo periodo de esplendor del lugar, con multitud de exposiciones, charlas, tertulias y conciertos.
Un esplendor que se truncó en 1936. La Guerra Civil dejó la ciudad de Huesca en el bando nacional. Ramón Acín, militante anarquista, fue fusilado en agosto, y casi todos los habituales del Círculo, de simpatías republicanas, huyeron de la ciudad o fueron apresados por las autoridades sublevadas. El Ejército ocupó el Casino y lo usó como cuartel y hospital hasta mucho después de la guerra.
En 1951, lo que quedaba de la junta del Círculo Oscense cedió la propiedad al Ayuntamiento, quien se hizo cargo del edificio en 1953, una vez desalojados los militares. En 1955 empezaron los trabajos de restauración y en 1977 comenzaron a arrendarse partes de él. El proceso ha seguido hasta la actualidad, de forma que la institución ha cumplido 100 años con mejor aspecto que nunca.
La casa de Ramón Acín
El Círculo Oscense, convertido en los años 30 en la casa de la cultura extraoficial de Huesca, recibió una influencia enorme del dibujante, escultor y escritor Ramón Acín, autor de las Pajaritas, uno de los símbolos actuales de la ciudad.
La academia de dibujo que dirigía, que durante muchos años estuvo en su propio domicilio, acabó ocupando una parte del Casino, que era algo así como su segunda casa. En los años 30, el artista expuso buena parte de sus creaciones en las salas modernistas del edificio, como demuestra la invitación que se reproduce encima de este texto, perteneciente a una muestra organizada en mayo de 1932.
En 1930, Acín expuso una selección de caricaturas de Manuel de Arco y, en julio de 1932, organizó un Salón de Humoristas Aragoneses. Aunque quizá la muestra más emotiva fue la antológica de Félix Lafuente en 1925, dos años antes de su fallecimiento. Lafuente fue maestro de Acín y, en el año de la exposición, estaba muy enfermo y al borde de la pobreza. El autor de las Pajaritas, junto a un grupo de amigos del viejo pintor, organizaron la muestra para sufragar los gastos básicos del maestro.
La relación de Acín con el Círculo terminó con su muerte. Pocos días antes de ser fusilado, el 6 de agosto de 1936, asistió a su habitual tertulia en el café del Casino.
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Autor: Luis
Fecha: 03/01/2006 03:05.
Autor: Sergio del Molino
Fecha: 04/01/2006 12:36.



