EL VENENO DE LOS PANERO

En este día de resaca, empacho y sofá, el canal TCM nos ha regalado una pequeña joyita que llevaba mucho tiempo sin revisar: El desencanto (1975), un reportaje en blanco y negro de Jaime Chávarri, que es un director irregular en la ficción, pero insuperable en el documental.
Tenía El desencanto enredado en una madeja. La vi hace años, en la Filmoteca de Madrid, en una época en que me pasaba todo el tiempo que debía estar en clase metido en las salas del viejo cine Doré. En un par de años me empapé de casi todo lo que programaba la Filmoteca, sin discriminación alguna. Entre esa marabunta, El desencanto permanecía enquistada en algún lugar de mi memoria. Ha sido maravilloso rescatarla.
Chávarri coloca delante de la cámara a los hermanos Panero, Leopoldo María, Juan Luis y Michi. Sitúa a un lado a la madre y les hace hablar, hablar y hablar. El resultado es un retrato amargo y desasosegante de una familia venenosa, como acertadamente la ha llamado Cristina.
Son un final de raza que, como la mala hierba, se agarra a las grietas y perdura año tras año. Son parte de una literatura que quisiera ver perdida, pero que hoy es más poderosa que nunca. Son rescoldos de una bohemia cínica y parasitaria muy pagada de sus miasmas y celebrada por los nuevos peterpanes de mi edad, que aspiran a sostener el timón de la falsa vanguardia cultural.
Una vez conocí a una peterpana. Quizá la única peterpana inteligente y auténtica que me he cruzado. Nos quisimos mucho, pero el veneno procedente de la bolsa de los Panero se solidificó y creó una barrera entre nosotros. Ella rescató a Michi de su gangrena un instante antes de que se la tragara también a ella.
La estúpida enfermedad ególatra de los Panero está instalada en mi generación, pero los portadores son bobos destalentados mimados por un mercado receptivo. Ahí está Leopoldo María, celebrado en todos los foros por entusiastas críticos. Y ahí estaba Michi, objeto ahora de un disco de Nacho Vegas. Creo que la cultura española no se librará en mucho tiempo de la losa de los Panero.
Como una nueva Jaime Chávarri, la peterpana de la que hablo quiso ser la cronista de Michi. En algún lugar hay una novela inédita sobre él. Se llama, si no le ha cambiado el título, Los cuartos vacíos. Su autora vivía en una casa al este de Madrid, triste y llena de luz, con una madre que me recordaba horriblemente a la viuda de Leopoldo Panero, y un padre cuya ausencia bien pudiera ser la de un cadáver.
Bonita forma de empezar el año, ¿no? No os apuréis: hace tiempo que me vacuné contra el veneno de los Panero.
Foto: Michi Panero.
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Autor: Jesus V. Moreno
Fecha: 23/01/2006 00:47.



