MITOS DE LOS 80 (2)

He conocido a ancianos, viejos republicanos, viejos derrotados, que lloraron frente al televisor en 1982 y no fue por ningún gol de la selección patria en el mundial de fútbol. Lloraron al ver cómo el PSOE ganaba las elecciones, incapaces de expresar de otra forma la sensación de que toda su vida cobraba sentido finalmente. He conocido a ancianos que lloraron ese día, y algunos no vivieron muchos años más allá. No les dio tiempo de desilusionarse.
Hablábamos de los 80, de los iconos y de la cultura popular, de despertares y de disparates, de horteras y drogadictos, de mitos y desilusiones. Para mí, los 80 son la infancia, y yo no creo que la infancia sea nuestro reino perdido ni nuestro paraíso. También estoy convencido de que cada uno cuenta la feria de la vida según le va en ella. Y también creo que seleccionamos los recuerdos que nos da la gana y que tenemos una sana tendencia -salvo los enfermos de rencor- a dejar de lado lo amargo y lo gris.
Por tanto, mi mito nunca derribado de los 80 es Leño. Sus discos son el germen de mi colección de discos. Sus acordes sucios, la iniciación a una de mis pasiones más grandes. Muy poco recordados, escasamente homenajeados y relegados a un rincón de nostalgia suburbial de futbolín y litrona, representan la cruz de esa cara saturada de colores que fue la Movida.
Sin discurso, sin segundas intenciones, sin estrategia, sin pretensiones de ningún tipo, Leño ha sido lo más punk que ha dado España si dejamos de lado el flamenco más doliente y marginal. Conceptualmente punk, es decir, fieles al único legado merecedor de tener en cuenta de aquel movimiento: "Si tienes algo que decir, dilo, y dilo de la forma en la que creas que debes decirlo. Exprésate, no importa a quien molestes, no importa cuántos cánones rompas, no importa en cuántas capillas artísticas irrumpas. Lo único importante es que digas lo que quieres decir de la manera en que quieres decirlo". Y Leño así lo hizo. Sin recursos, desde Carabanchel, dieron forma musical a esa angustia en el pecho que atenazaba a los chavales. Si en vez de en Carabanchel, hubieran nacido en un suburbio industrial de Detroit, hoy se les estudiaría como paradigma de superación de las limitaciones del medio, de cómo el arte puede florecer en cualquier rincón sin importar las condiciones económicas. Yo prefiero decir que el arte puede florecer en cualquier rincón porque sólo responde a la necesidad humana de expresarse delante de otros seres humanos y transmitirles esas mismas sensaciones.
Y los que se arriesgan, consciente o inconscientemente, y echan pa’ fuera todo eso sin intermediación de políticas ministeriales, estudios sociológicos, planes de acción social, programas de arte proletario o campañas de alfabetización dirigida, se convierten en mitos para mí. Y digo bien, mitos, no héroes; porque los primeros pueden caer, los segundos, no.
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Autor: Cide
Magníficos los Leño
Fecha: 15/01/2006 11:35.
Autor: Sergio del Molino
Fecha: 15/01/2006 13:10.
Autor: LUCIA
Fecha: 23/10/2006 15:48.

