FANTASMAS EN BLANCO Y NEGRO

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He rescatado de la vieja casa del barrio de Embajadores de Madrid el archivo fotográfico de mi abuelo, José Molina, que murió hace nueve años. Bueno, en realidad, llamarlo "archivo" es demasiado pretencioso, pues no hay orden ni concierto en las miles de placas repartidas por álbumes y cajas. Quiero digitalizarlo, preservarlo de la vorágine de los años en unos cuantos cedés. Poco a poco, algunos fines de semana y en ratos sueltos, me enchufo un buen disco, abro una cerveza y voy escaneando las fotos de seis en seis. No tengo ninguna prisa, y me gusta repasar estas imágenes extrañas, llenas de caras desconocidas, de ropas antiquísimas, de fechas indeterminadas y de lugares que muchas veces sólo logro ubicar muy vagamente. Me siento como un arqueólogo sentimental e intento adivinar qué historias se esconden detrás de esas escenas.

Por ejemplo, esta que reproduzco es todo un misterio para mi. Está incluida en una serie hecha en Mallorca e Ibiza, correspondiente a un viaje realizado, según deduzco, a mediados o a finales de los años 50. El paisaje que se ve al fondo puede ser el norte montañoso de Mallorca. Pero, ¿quiénes son los del autobús? No reconozco ni a mi abuela ni a mi tío, y el que disparaba era con toda seguridad mi abuelo. ¿Era un viaje en grupo? Es más, nunca hubiera imaginado que mi abuelo, abnegado trabajador más pobre que una rata, podría irse de cachondeo a Baleares en plena década de los 50. Y, sin embargo, ya he descubierto más de unas vacaciones interesantes en el archivo. Lo que son las cosas, a ver si no iban a vivir con tantas estrecheces como me contaron...

Me intrigan estas fotos. Verlas es como escudriñar fantasmas, como atisbar los secretos que nunca me han contado. Mi abuelo, como muchas otras personas de la generación de la guerra, fue un hombre muy reservado, que en ocasiones podía resultar huraño, pero que en absoluto lo era, pero tenía un anticuado y férreo sentido del compromiso que anteponía con austeridad al cariño, que dosificaba en parcos pero significativos gestos. De la guerra, por ejemplo, apenas hablaba nunca. Yo pude arañarle algunas cosas, y descubrí con asombro que tenía unas dotes maravillosas de narrador oral, que sabía embelesar con el ritmo y la cadencia. Pudo haber sido un genial contador de historias, pero prefirió el silencio. Y su silencio hace estas fotos más atractivas, más mágicas.

José Molina era zaragozano, y vivió hasta la guerra en Zaragoza, en el Gancho. A comienzos de los 40, tras discutir con su padre por nunca hemos sabido qué asunto -sospecho que algo político-, cogió un hatillo y se marchó al ruinoso Madrid, donde entró a trabajar en una prometedora tienda de textiles que iba creciendo poco a poco, pero a la que nadie podía augurar un buen futuro en aquellos tiempos. La tienda se llamaba El Corte Inglés, y mi abuelo la vio convertirse en lo que ahora es, hasta que se jubiló en ella como encargado en la Puerta del Sol. Mientras, conoció a una jovencita madrileña, madre soltera y hermana de aviadores republicanos que iban huyendo de España como podían. Años después, se casó con ella y acabaron viviendo en la casa de Embajadores que el resto de la familia, exiliada en Venezuela, había dejado libre.

En esa casa, donde yo mismo viví un tiempo, instaló José Molina su modesto laboratorio fotográfico, que se montaba y desmontaba en el minúsculo cuarto de baño después de cubrir las rendijas de la ventana. En él reveló todas las fotos que ahora tengo en mi poder. Ninguna de ellas ganaría el World Press Photo, pero, más allá de su enorme valor testimonial y sentimental, he de decir que son más que dignas. Enamorado del monte y de las grandes caminatas, mi abuelo demuestra en esta colección tener una gran sensibilidad paisajística que no sé si alguien de fuera de la familia apreció alguna vez. Quizá con muchas de esas puestas de sol y esas sierras nevadas entreveradas de pinos dijo todo lo que su laconismo calló. Quizá encuentre algo más que polvo y cantos mordidos en estas cajas. 

De momento, la foto del autobús me parece un genial retrato periodístico, un testimonio de época (¿empleados del Corte Inglés en un viaje obsequio de la empresa?). Curiosos y pintorescos fantasmas.

16/02/2006 01:47 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Intrascendencias.

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Autor: Rondabandarra

No pega mucho aquí, pero como no tengo otro sitio para decírtelo... totalmente de acuerdo con tu columna de hoy del Muévete.
Saludos

Fecha: 17/02/2006 16:50.



Autor: Sergio del Molino

Gracias, Rondabandarra. Aluego la pegaré en el blog.

Fecha: 17/02/2006 17:09.


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Autor: jdm

Es un trabajo tediosoy lento pero alguien tiene que hacerlo... Si no algun dia se perderan en esos mismos albunes y cajas de orde caótico!! Animo!!!

Fecha: 02/04/2008 12:02.


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