¿DÓNDE IRÁN LOS LECTORES?

Tengo un terrible defecto, además de otros muchos. Y es que soy un buen lector de prensa. Demasiado bueno. Sobrepasando la lógica deformación profesional. Me puedo pasar el domingo de resaca con varias ediciones llenas de suplementos que seguramente le han abierto una nueva calva a la Amazonía. Cuando viajo, especialmente si voy a un sitio donde hablan inglés, me encanta sentarme a leer la prensa del lugar. Soy adicto a las revistas francesas cuando cruzo los Pirineos, y en las épocas en que me da por madrugar -mi trabajo no me lo exige normalmente-, me voy al Boticario a desayunar, no sólo por la sensacional tortilla de patata que sirven templada, sino también por el buen surtido de periódicos que tienen. Es un vicio como otro cualquiera. O una enfermedad. Informafilia, o algo así.
Pero tengo un subdefecto dentro de este defecto general, y es que no quiero a todos los periódicos por igual. Ni mucho menos. Tengo un favorito, uno de referencia que es el rasero por el que mido a los demás. Y no, no es ese en cuya redacción me voy dejando la salud cual minero de las letras. Es El País. Qué le vamos a hacer. Puedo recitar todos los peros por los cuales debería vomitar con tan sólo hojearlo. Que si cuando el PSOE gobierna se convierte en el Boletín Oficial del Estado ilustrado; que si su bienpensante e hipócrita progresismo de clase media-alta llega a dar pampurrias; que si... Rellenadlo con lo que queráis, y probablemente os dé la razón. Pero ni mil peros más conseguirán que deje de tenerlo por lectura de referencia. ¿Por qué? Porque, hasta ahora, tenía lo que no tenían otros: sobriedad, espacio para lecturas de textos, por lo general redactados con un nivel que supera la media nacional, y una sección de cultura potente y resultona, pese a que muchas veces no sea más que el boletín de novedades de Alfaguara. Vamos, que llevo muchos años con el hábito de leerlo todos los días y me siento cómodo con él, forma parte de mi rutina. Y entiendo que sea de buen tono ponerlo a parir. Conozco a un compañero freelance (odio la palabra ’colega’) que siempre echa pestes de su panfletismo y demás, pero que se orgasmea literalmente cada vez que logra colocar un trabajo en sus páginas. Yo prefiero admitir sin vergüenza que me gusta, pese a que tengo en cuenta todos los peros.
Resulta que El País va a cumplir en abril 30 años, y me huelo que me va a perder como lector. Creo que, con la excusa del aniversario, nos están preparando para unos cambios que van a hacer que deje de compensarme su lectura. Y me jodería mucho, porque acostumbrarte a leer otro periódico es algo así como cambiar de trabajo o divorciarte: te cuesta un huevo adaptarte. Hace cinco años metieron color en portada y rediseñaron los suplementos, y me pareció un cambio de aires a mejor. Pero ahora están metiendo con calzador una serie de cambios, que supongo que serán para que la gran transformación posterior al aniversario no nos pille desprevenidos.
Hace poco, empezaron a introducir pastillas tramadas en gris en las informaciones como sustitutas de los sumarios. Es un recurso que utilizamos mucho en Heraldo y que introdujo en España La Vanguardia, pero que El País no había empleado nunca. Ha seguido ampliando en una página la sección de Opinión y dándole mucha más cancha a las Cartas al Director. Este cambio sí que lo agradezco, porque las Cartas al Director son mi sección favorita de cualquier periódico (si exceptuamos la viñeta de Forges). Y esta semana, la rematadera: está metiendo color en las aperturas de sección.
Comprendo que a los profanos o a los lectores poco atentos, estas minucias no os digan nada, pero estas tres cosas, metidas en menos de un mes, en un medio que todavía sigue discutiendo si ponerle o no tilde a la mancheta, son toda una revolución. Algo gordo está pasando entre bambalinas, y me huelo que no va a ser a mejor.
Y es que, para entendernos, la prensa de toda la vida -la de un euro por ejemplar, me refiero- anda acojonada en todos los países occidentales. Aunque algunos medios ganan lectores, hay una tendencia a la baja que no se corrige y que se está consolidando. No hay un relevo de lectores, que son algo así como neuronas: cada vez que se muere uno, no se reemplaza por otro. Así, nos vamos metiendo en una especie de Alzheimer empresarial que los más agoreros interpretan como el principio del fin de la prensa. Los diarios gratuitos e internet son señalados como responsables de este deterioro. Un compañero mayor que yo, que lleva bastantes años en este negocio, está convencido de que no se va a jubilar en él. No le da ni 20 años. Yo no comparto tanto pesimismo. Creo que más fuertes fueron los emvites de la radio y de la televisión en su día, y la prensa los aguantó muy bien. Se recolocaron, y cada medio encontró su hueco y su función. ¿Por qué no puede pasar eso ahora? No estoy solo como lector: somos unos cuantos los que disfrutamos de un buen pincho de tortilla con nuestro columnista favorito. Lo sé porque nos encontramos en el bar por las mañanas.
Pero los periódicos van buscando fórmulas para detener ese Alzheimer. Más color, nuevos diseños, nuevos productos, más oferta, más papel... Estamos metidos en una vorágine que a los periodistas creo que nos desconcierta un poco, porque no sabemos si trabajamos de balde, y somos conscientes de que la orientación editorial que es válida un día, deja de serlo al siguiente. Y eso nos sucede especialmente a los que trabajamos en la periferia de la información pura y dura y nos dedicamos a hacer reportajes y productos con cierta ambición de originalidad y distinción.
El País, sin embargo, había escapado hasta ahora a la paranoia, mientras todos los demás nos dedicábamos a buscar la piedra filosofal. Me parece que ha caído de lleno en ella. Si cambian radicalmente, puede que enganchen a nuevos lectores, pero a mí, y a los que valoramos la prensa tradicional con sus reportajes y artículos de siempre, nos va a perder sin remedio. No sé dónde nos refugiaremos, pero me gustaría que los editores supieran que existimos, que hay lectores a los que les gustan las cosas como están y que, cuando compran un periódico, no buscan tener un orgasmo de luz y de color que satisfaga sus más hondas necesidades, sino, pura y simplemente, leerlo. Y, para eso, sólo necesitamos que esté bien escrito.
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Autor: Anakrix
Fecha: 24/02/2006 14:34.
Autor: jcuartero
Fecha: 24/02/2006 19:45.
Autor: Terroncito de azúcar
A mi parecer, no es un periódico tan absolutamente brillante como para no evolucionar; es mejorable y, desde luego, me parece demasiado radical plantear que te puede perder como lector por poner un par de tramas.
P.D.Se ve que no eres jugador de mus, hay que envidar!
Fecha: 24/02/2006 19:46.
Autor: Sergio del Molino
En cuanto a lo de evolucionar, por supuesto que hay que cambiar lo que haga falta. He vivido y participado en dos remodelaciones de Heraldo y he participado en la creación de un nuevo periódico. Vamos, que estoy ya curado de espanto en lo que a reformas y rediseños se refiere. El País me perderá como lector si se empeña, como estoy viendo que hace, en parecerse a los demás en vez de potenciar lo que le distingue. Porque esas cosas ya me las ofrecen mejor los demás periódicos. No soy ningún numantino radical, pero me inquieta que los cambios vengan dictados por un miedo un tanto irracional que les lleva a dar bandadas sin dirección clara. Sé que El País agobia por lo gris, pero para mí es su valor añadido, la razón por la que confío en él.
Fecha: 24/02/2006 20:18.
Autor: Cide
Javier Marías es ese que escribe cosas como: "mirada moderada, andares interminables, chaqueta pervertida,..." también es capaz de razonamientos tan elevados como: "lo estaban enterrando, luego ya no vivía". Aunque para mí su mayor joya es: "Había vivido no confortablemente o quizá molesto si no fue tácito en la prisión de Alcalá-Meco a donde llegó no queriendo."
Aun con todo, te doy la razón -y no es ironía, lo juro- El País está por encima de la media aún. Quizá gracias al gran Forges.
Fecha: 24/02/2006 22:21.
Autor: Sergio del Molino
Fecha: 25/02/2006 12:03.
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Autor: Antonio Pérez Morte
Los "regalos" los ojeo con recelo y los filtro. De vez en cuando recorto y archivo alguna columna de opinión o alguna "Carta al Director", que realmente es lo que más me interesa.
No comparto la línea editorial de ningún periódico, pero en cuanto a diseño, El Mundo, me parece, con mucha diferencia, el mejor.
Fecha: 26/02/2006 18:01.
Autor: Mario
pd: en el Museo del Teatro falta el AS. Clarísimo.
Fecha: 27/02/2006 03:04.
Autor: Sergio del Molino
Fecha: 27/02/2006 04:08.
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Autor: Antonio Pérez Morte
Sergio: Exisitió el periodismo, otro periodismo y, a veces, de vez en cuando, se hace patente, algún leve vestigio.
Abrazos!
Fecha: 27/02/2006 10:03.
Autor: Sergio del Molino
Fecha: 27/02/2006 12:45.
Autor: Mario
Fecha: 27/02/2006 16:59.
Autor: Mario
Perdón por la extensión, pero prefiero hacerme entender que quedarme corto.
Fecha: 27/02/2006 17:00.
Autor: Sergio del Molino
Sin embargo, la muerte del periodismo, o de esa visión romántica y tocacojonera que se tiene de la profesión, se viene pregonando desde el siglo XIX. En los años 30 (¿o fue en los 20? cito de memoria, sin el más mínimo rigor), Sinclair Lewis escribió un libro titulado "La ficha de bronce", donde ya se lamentaban las mismas cosas que estamos lamentando ahora. Sinceramente, creo que nunca han existido esos periodistas, más que en casos aislados. Hoy día, a un periodista medianamente consciente, sólo le quedan dos alternativas: tirar la toalla y dedicarse a cultivar coles de bruselas, o buscar su hueco para hacer su trabajo con dignidad, que se sienta orgulloso de lo que firma y sea capaz de defenderlo dentro y fuera de su empresa. Los intrépidos Indiana Jones que he conocido siempre han resultado ser paniaguados de alguien. No me creo a los que van de azote de nadie.
Perdonad también la extensión, pero es que creo que en la redacción se dan tan pocas ocasiones para debatir sobre nuestro papel y sus consecuencias, que hay que aprovechar estos huecos.
Fecha: 27/02/2006 17:50.
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Autor: Antonio Pérez Morte
Antes había lectores y ahora hay clientes."
Antes, además, había más y mejores periódicos y la aparición de un nuevo diario era, siempre, una fiesta, un acontecimiento importante, un motivo de alegría, una muestra saludable de pluralidad.
Asistimos al nacimiento de unos cuantos proyectos esperanzadores: El Independiente, El día...
Ahora todo está bien atado de antemano, incluso los trabajadores, a los que, desde luego no se les puede exigir una labor dinamitera,
como decías hace unos días,
pero sí, en algunas ocasiones, algo menos servil.
Fecha: 27/02/2006 19:07.
Autor: Sergio del Molino
Fecha: 27/02/2006 19:52.
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Autor: Antonio Pérez Morte
+ Abrazos
Fecha: 27/02/2006 23:06.
Autor: Sergio del Molino
Este asunto da para mucho, y yo no creo ser la persona más adecuada para sentar cátedra en este asunto, porque me resulta imposible desligar el debate de mi propia experiencia y, por pura elegancia -no por servilismo, jeje- no debería meterme en muchos jardines. Por cierto, esta mañana, hablando con Gerva de los cambios de El País y de la justificación que dieron de los mismos el domingo, sale a relucir lo de siempre: el motivo es reestructurar (reducir) la plantilla. Al parecer, se están cargando a la chita callando a muchos curritos de las ediciones autonómicas, y eso les ha obligado a "reestructurar". Qué historia tan vieja y oída.
Fecha: 27/02/2006 23:15.
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Autor: Antonio Pérez Morte
JESÚS IBÁÑEZ
Fecha: 27/02/2006 23:41.



