Blogia
El Blog de Sergio del Molino

BORIS SOUVARINE

BORIS SOUVARINE

Una de las muchas tonterías en las que ando metido y que no sé cómo acabarán es una narración de las vidas cruzadas y paralelas de Joaquín Maurín y Boris Souvarine, que fueron cuñados, fundadores de los movimientos comunistas de España y Francia, respectivamente, y desencantados posteriores por distintas razones. Su punto de unión fue Jeanne, o Juana, hermana de Boris y esposa de Joaquín. Gracias a Pilar Zorrilla, sobrina de este último que vive en Huesca, he podido contactar con el hijo de Joaquín y sobrino de Boris, Mario Maurín, que vive en Pensylvania, y me ha dado algunas claves de la relación que existía entre ambos hombres. Pero eso es otra historia que contaré más adelante.

Le contaba estas cosas el otro día a Félix Romeo y me aseguró que había libros de Souvarine traducidos al castellano y editados en España en los años 70. Yo le repetí que, si los hay, no he sido capaz de encontrarlos, pero que no me importa demasiado, porque prefiero leerlos en francés. Me dijo que rebuscaría, convencido de haber tenido en sus manos esos libros, pero, como no me ha vuelto a decir nada, sospecho que, desgraciadamente, yo tenía razón.

En cualquier caso, Souvarine fue, por circunstancias de la vida, un hombre de un solo libro (dos en realidad, pero el primero fue un prefacio del segundo), aunque tenía mil proyectos que dejó sin concretar. Y su libro fue un acto de valentía que no le trajo más que disgustos. En el verano de 1929, cinco años después de haber sido expulsado del Partido Comunista Francés que había contribuido a fundar -por oponerse a las consignas de bolchevización lanzadas desde la Komintern- animó al dramaturgo rumano Panaït Istrati a contar su reciente viaje a la URSS. En 1928, la intelectualidad francesa vivía un idilio con la Rusia de los soviets, con los surrealistas en primera línea. Istrati esperaba encontrar en ese viaje los motivos de esa admiración. Él iba a vivir un romance revolucionario a Moscú. Pero lo que vio no se parecía en nada al paraíso proletario prometido, y su desengaño le sumió en una terrible depresión.

(Inciso: la historia de Istrati siempre me ha recordado otra historia que me contó un amigo, militante de un partido marxista-leninista en los años 70-80. Un camarada del partido se fue, invitado por los regímenes correspondientes, a hacer un viaje por varios países de Europa del Este. Era un ferviente militante, incombustible, y sospecho que un poco plasta. Cuando volvió del viaje, no se dejó ver por sus camaradas durante unas semanas. Estuvo ilocalizable, sin hablar con nadie. Hasta que se presentó donde el Partido y, sin mediar palabra, entregó el carné. Se dio media vuelta y no volvieron a saber de él.)

De vuelta a París, Boris animó a Istrati a publicar sus impresiones, y fruto de aquel viaje fue la trilogía Vers l’autre flamme, donde por primera vez en Europa, gentes de izquierda declaradas comunistas denunciaban la burocratización y las tendencias dictatoriales de la URSS. Victor Serge escribió el segundo volumen, y Boris, el tercero, titulado Rusia al desnudo, y basado también en sus largas estancias en Moscú y en Ucrania entre 1921 y 1925, así como en un análisis pormenorizado de los planes quinquenales.

Inmediatamente, alentado por sus amigos George Bataille y Simone Weil, empezó a escribir una gran obra en la que, desde los presupuestos marxistas que seguía defendiendo, se realizase una crítica al totalitarismo latente que se apreciaba en la URSS. La intención del libro era combatir la propaganda soviética con datos y suscitar un debate en el movimiento comunista sobre la ausencia de democracia y la represión. Boris no cuestionaba lo justo y necesario de la revolución de octubre, pero lamentaba que el Partido, en un primer momento punta de lanza del cambio, se hubiera convertido en una losa pesada, en una máquina de explotación de una industrialización forzosa, inhumana y diez veces peor que la que se vivió en Inglaterra en el siglo XIX y retrató Dickens en sus novelas.

Su libro, destinado en principio a un editor norteamericano, se quedó pronto sin casa editorial. La poderosa Gallimard, contagiada de filosovietismo, se negó a publicarlo, y sólo en 1935 logró, con muchas dificultades y con el apoyo de sus amigos, sacarlo bajo el título de Aproximación histórica al bolchevismo. En su momento sólo granjeó disgustos y amarguras a su autor, pero hoy, incluso la izquierda que milita en los partidos comunistas -salvo el núcleo estalinista, que lo sigue habiendo- asume el discurso crítico que contienen sus páginas. Boris fue tachado de ultraderechista, y aún hoy ciertos sectores de la izquierda francesa le recuerdan y le citan como un traidor miserable y apestado. Yo creo que, en ese libro, se limitó a ser honesto y a hacer un análisis concreto de la realidad concreta, como mandan los cánones del más puro leninismo.

Seis años después de su publicación, en 1941, mientras él buscaba en Niza la manera de sacar a su familia de la Francia de Vichy, la Gestapo entró en la casa de Boris en la rue des Beaux Arts y se llevó los más de 15.000 volúmenes que componían su biblioteca. Con ellos, además de un tesoro que le había costado 30 años reunir, desaparecieron todos los proyectos literarios que tenía planeados. Una lástima. Cuando se montó en Lisboa en el barco que le iba a llevar a Nueva York, había salvado la vida, sin duda, pero la pérdida de su biblioteca le dolía casi tanto como si hubiera dejado a un hijo en manos de los nazis. Muchos años después, seguía recordando el episodio con dolor. Y yo le entiendo.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

5 comentarios

Salmantino -

Delgado....Go, make my day.....Talk about Salamanca´s File......!

Anónimo -

Gracias, Severiano. Lo tenía controlado. No lo contaba porque, efectivamente, sólo es un prólogo. ¡Un saludo!

Severiano Delgado -

El único libro de Boris Souvarine publicado en España en los años 70 es este:
Pensamientos inoportunos : 1917-1918 / Máximo Gorki ; prólogo de Boris Souvarine ; introducción de Herman Ermolaev ; [traducción, Daniel de la Iglesia]. Barcelona : Blume, 1977.
Aunque Souvarine sólo escribió el prólogo.

manolete -

Ufff, comunismo, 100 millones de muertos, huele mal el asunto.

Salmantino -

Pesaditos estais con la guerra civil......
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres