ARRIAGA: INQUIETANTE, SUTIL, SALVAJE

Pese a que los dobladores se han esforzado mucho en el empeño, no han logrado su objetivo de joderle al espectador Los tres entierros de Melquíades Estrada. Tendré que esperar al DVD para apreciar las sutilezas de ese inglés texano que se mezcla con el español de México y los cambios de un idioma a otro en ese territorio tan alegórico como real que es la frontera. Porque, de momento, en Zaragoza, todo son facilidades si lo que quieres es ir de putas por el centro de la ciudad o hacer el mono en denigrantes espectáculos en el estadio de La Romareda dignos del Afganistán de los talibanes. Pero si tu intención es ver una peli subtitulada en un cine, olvídate. Eso es para los esnobs de Madrid y Barcelona. Y si me permitís, me adelanto a las objeciones: sí, estoy siendo demagógico. Es algo que me encanta, lo hago con mucha frecuencia.
Pero será mejor dejar estas diatribas para otra ocasión y hablar de Los tres entierros de Melquíades Estrada, una preciosa historia que recomiendo a todo el mundo, pese a que hay que tener un poco de paciencia con el dire, Tommy Lee Jones, que es primerizo y flojea bastante con la cámara en la primera mitad de la cinta. Para compensar, la segunda roza la perfección y, si te toca alguna fibra, como me ha tocado a mí, puede hacer que salgas de la sala desubicado y, ¿por qué no?, muy emocionado. Pero esas reacciones químicas no las produce Tommy Lee Jones, sino el gran artista que sostiene y da vida a la historia: el mexicano Guillermo Arriaga (Amores perros y 21 gramos). Un titán.
Sin destripar nada de la película, resumo someramente. Melquíades Estrada es un espalda mojada que trabaja en un rancho de Texas y es amigo del buenazo del capataz (Tommy Lee Jones), un tipo austero, de lealtades antiguas, casi un outsider en un mundo dominado por los patrulleros de la Migra y las mafias locales. Uno de estos patrulleros, un imberbe rubio, mata por accidente de un disparo a Melquíades, pero no dice nada (primer entierro) y, como el muerto es un mexicano, nadie investiga el crimen y le entierran (segundo entierro) bajo una cruz donde escriben con rotulador: "Melquiades Mexico". Pete, el capataz, está destrozado por la muerte de su amigo, y decide averiguar quién ha sido el asesino. Cuando lo descubre, le secuestra, le obliga a desenterrar a Melquíades y, juntos, se llevan el cuerpo en descomposición al sur de la frontera, donde Pete quiere que el patrullero entierre a su amigo en el rancho de su familia (tercer entierro). No he destripado nada fundamental, porque lo que importa son las relaciones que se establecen entre los personajes y los retratos que Arriaga hace de cada uno de ellos, que nos asoman a aterradores abismos de la condición humana. Porque de eso trata el universo de Arriaga, de la condición humana. Es decir, nada que no esté en las historias de Homero. Nada ha cambiado desde entonces. Tan sólo la mirada. Y la de Arriaga es penetrante, cruel y salvaje.
Hay en esta historia aromas de Peckinpah, y Peckinpah es uno de mis grandes, quizá el más grande en mi universo cinéfilo. El propio título recuerda algunos del californiano, como Quiero la cabeza de Alfredo García o La balada de Cable Hoghe. Mientras veía Los tres entierros... han pasado por mi retina los momentos en los que Peckinpah me ha puesto los pelos de punta en sus pelis. He recordado cuando Pike le dice a Dutch "¿Vamos?", y éste responde, "¿Por qué no?", al final de Grupo salvaje; me ha hecho revivir el escalofrío que sentí cuando uno de la banda le pregunta a Billy "¿Por qué no le disparas?", y él contesta, encogiéndose de hombros, "¿Por qué iba a dispararle? Es mi amigo", en Pat Garrett y Billy the Kid, ¿y qué decir de ese final de La Cruz de Hierro en el que el sargento Steiner y el cínico teniente Stranski se miran fijamente y éste le dice a áquel?:"Le voy a enseñar cómo lucha un oficial prusiano", y Steiner remata: "Y yo le enseñaré dónde crecen las Cruces de Hierro".
Los tres entierros de Melquíades Estrada tienen ecos de esas secuencias gloriosas, porque Arriaga comparte con Peckinpah un punto de vista desgarrado, austero y masculino sobre la vida. Sí, he dicho masculino, en el sentido en el que ellos entienden la masculinidad, no lo confundamos con un machismo rancio ni nada parecido. Son tipos a los que les gusta el campo, pero no por el lado bucólico, sino por su lado salvaje y agreste. Son gigantes de andares desacompasados y manos grandes sin apenas tacto. Son tipos que ven la belleza en un trozo de carne asada o en unas botas de montar llenas de lodo. Unos tíos como dios manda. Peckinpah murió hace tiempo ya, pero Arriaga viene a tomarle el relevo con sus aires montunos y sus desconcertantes ojos claros, que nadie podría imaginar que penetrasen tan hondo. Son hombres que poco tienen que ver conmigo, urbanita pasteurizado, pero sus creaciones me llegan muy adentro. Ésa es la verdadera empatía.
Por cierto, hay un buen montón de pelis buenas en cartel (ninguna española en mi opinión, todas americanas) y casi todas tienen en común una mirada despiadada, desnuda y poco complaciente sobre el mundo desorbitado que habitamos. Miradas duras, sin concesión a la fantasía ni a la frivolidad, y con un trasfondo de belleza: Crash, Los tres entierros..., Brokeback Mountain, Buenas noches y buena suerte... ¡Qué buen cine está haciendo Estados Unidos! Creo que no se veía una eclosión igual desde los tiempos de Taxi driver y El padrino. Y parecía que Hollywood estaba muriéndose. Si es así, se muere con las botas puestas.
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Autor: Anakrix
Fecha: 04/03/2006 02:26.
Autor: Sergio del Molino
Fecha: 04/03/2006 02:29.
Autor: Javivi
Fecha: 04/03/2006 02:40.
Autor: Anónimo
Por lo menos!
Y a todo esto, habrá que ver la peli de marras, me has tocado la fibra con Taxi Driver y El Padrino. Sólo te ha faltado mentar Alguien voló sobre el nido del cuco y, por supuesto y ante todo, El Cazador de Cimino...
Salud!
Fecha: 04/03/2006 12:31.
Autor: Anakrix
Fecha: 04/03/2006 12:42.
Autor: Sergio del Molino
Anakrix, le estás dando a Bush un poder que no tiene. ¿Quién era presidente de Estados Unidos cuando El Padrino? ¿Influyó algo ese fulano? Las miradas del cine actual tienen que ver más con el mundo que habitamos, no con sus gobernantes. Y, en ese sentido, a la hora de definir los límites de nuestro caos cotidiano, influye mucho más Bill Gates que cualquier presidentillo.
Javivi, hace unos años hubiéramos coincidido más en gustos cinéfilos, pero los que vienen del lejano oriente no terminan de tocarme ninguna fibra, no me interesan sus historias. Es cuestión de sensibilidades, imagino. Von Trier va a rachas: hay momentos en que le mataría y otros en los que me enamora. No he visto Manderlay por pura pereza, pero la tengo en lista de espera.
Fecha: 04/03/2006 13:22.
Autor: Anakrix
Fecha: 04/03/2006 13:48.
Autor: Sergio del Molino
Fecha: 04/03/2006 15:05.
Autor: Javivi
No, en serio... de veras no te emocionan esas fábulas sobre la infancia y la naturaleza? O cuando Porco Rosso le dice en el cine a un aviador italiano que "Prefiero ser un cerdo antes que un fascista"?
Fecha: 04/03/2006 15:35.
Autor: Sergio del Molino
Seguro que me estoy perdiendo algo estupendo, pero no logro meterme en el mundo nipón. Hace un tiempo, todavía me forzaba a intentar verlo, a "educar" mi sensibilidad y esas cosas, pero ahora sólo tengo un parámetro: o me emociono o no me emociono. Y, tío, yo veo esos dibujos y no me saco a Heidi de la cabeza. Es una desgracia como otra cualquiera, y me inhabilita para disfrutarlo. La cerrazón pueblerina es asín de dura, pero no descarto que un día de estos me caiga del caballo y, cual Saulo de Kioto, me pueda emocionar al fin con Miyazaki. Hasta entonces, Japón seguirá siendo un misterio para mí.
Eso sí, el manga no, pero el sushi me lo puedo comer por kilos.
Fecha: 04/03/2006 16:24.



