POESÍA, GULAGS Y BRILLANTEZ

Tuve una vez un profesor -eminente semiólogo, amante de las boutades, con una frivolidad un tanto pasada de rosca y una fallida pretensión dandy- que, mientras se burlaba de nuestras mediocres capacidades intelectuales con chistes no siempre ingeniosos, decía: "Un mal entendido humanismo democrático permite que mucha gente diga impunemente que no le gusta la poesía, cuando, en circunstancias normales, deberían estar recluidas en campos de concentración". Hablando de campos de concentración, cuando mis amigos y yo imaginábamos una futura República Ibérica Socialista Soviética, no tardamos en percatarnos de que íbamos a necesitar un gulag. La duda era dónde instalarlo: Soria se nos antojaba un sitio ideal para nuestros campos de reeducación, aunque otros prefirieran el norte de Palencia. Teruel tenía el inconveniente de estar cerca del mar y posibilitar la huída, por eso lo desechamos.
Pero el asunto era la poesía y los campos de concentración. Puestos a decir sandeces de pretendida profundidad (los mejores filósofos y escritores las han regurgitado por miles), Theodor Adorno dejó aquella de "después de Auschwitz no se puede escribir poesía".
Yo creo que, a poco que se escuche, asoma en cualquier rincón una chispa, un brote de genialidad que bien pudiera tener el mismo origen que esa imagen que se forma en la mente del poeta un instante antes de convertirse en verso. Por la calle pueden escucharse verdaderos monumentos literarios, dislocaciones de la lógica y planteamientos asombrosos no por involuntarios y accidentales menos maravillosos. Mirad, si no, el absurdo diálogo que "capturé" el otro día:
-Entonces, ¿las dos francesas...?
-No, que no son dos. Es una, pero es igual de fea que la otra.
En una línea, ni se imagina el autor los derroteros fantásticos por los que se está adentrando. Cortázar habría escrito un cuento maravilloso con las dos francesas que son una pero igual a sí misma.
Lástima que la genialidad no esté tan bien repartida cuando se le pone un corsé de profesionalidad y se vende en forma de libros, películas u obras de teatro. Por ejemplo, en el caso del actor Santiago Meléndez, cuya obra, Lo mejor de cada casa, he ido a ver hoy. La interpretación, genial, como siempre: muy por encima de unos monólogos más que flojos en algunos casos, aceptables en unos pocos y francamente malos en el resto. Meléndez es una bestia escénica, pero ni su ímpetu logra levantar unos textos que creo que ha escrito él mismo. No se puede ser bueno en todo, Meléndez. La genialidad se reparte de manera desigual en los propios genios, y a veces, por más que vayas en su busca, se te escurre de entre los dedos. Sin embargo, hay gente, como el chaval de la frase de antes, que tiene en sus manos el germen de una buena idea y lo desecha como a esa pobre chica francesa, demasiado fea como para que su dualidad compense el esfuerzo de seducirla.
Foto: Santiago Meléndez, en la serie Motivos personales.
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Autor: Rondabandarra
- Entonces, ¿las dos (son) francesas?
- No, que no son (las) dos. Es una (la otra será de otra nacionalidad), pero es igual de fea que la otra.
Peut être comme ça?
Fecha: 06/03/2006 12:13.
Autor: Sergio del Molino
Fecha: 06/03/2006 12:24.
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Autor: Antonio Pérez Morte
pero que está en cada una de las dos por completo ¿no?
Osea como San Agustín y...
San... tiago (Meléndez) es uno que no puede ser dos,
porque da la talla como actor, + no como autor.
¿Sí?
Fecha: 06/03/2006 12:25.
Autor: Sergio del Molino
Fecha: 06/03/2006 12:53.
Autor: Sergio del Molino
Fecha: 06/03/2006 12:54.
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Autor: Antonio Pérez Morte
¡Mejor nos montamos "el gulag" en otro sitio!
Fecha: 06/03/2006 15:24.
Autor: Sergio del Molino
Fecha: 06/03/2006 15:56.
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Autor: Antonio Pérez Morte
¡Y eso que naciste en democracia!
Fecha: 06/03/2006 16:13.
Autor: Sergio del Molino
Fecha: 06/03/2006 17:31.
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Autor: Antonio Pérez Morte
Fecha: 06/03/2006 17:56.
Autor: Sergio del Molino
Fecha: 06/03/2006 18:03.
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Autor: Antonio
Fecha: 06/03/2006 19:17.
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Autor: Antonio
Fecha: 08/03/2006 10:18.
Autor: Sergio del Molino
Fecha: 08/03/2006 12:21.

