FELIZ DÍA DEL TRABAJO, PRINGADOS

Mi infierno de cada año: la declaración de la renta. Ya se ha abierto el plazo, me dicen desde el banco, como amenazándome. Hasta en el banco saben que no soy bueno con los plazos ni con los papeles ni con los dineros. Saben que se me pasa todo, que descontrolo un montón y que no leo el 90 por ciento del correo que me mandan. Bastante me cuesta saber en qué día vivo. Aunque este año me lo han recordado los de Amnistía Internacional con una cartita en la que me conminan agresivamente a que desgrave mis aportaciones mensuales a su causa. Joder, señores de Amnistía, gracias por el recordatorio, pero yo pago para que saquen a gente de la cárcel, toquen las narices a los gobiernos y esas cosas, no para que se gasten mi modesta contribución en trípticos explicativos (en papel mejorado y diseño minimalista) para que me salga positiva la declaración, que de eso ya se ocupa el frío y despiadado banco. En fin, cada año -y no creo que esta vez sea distinto- es un pequeño desastre que suele terminar una calurosa mañana de junio con una calculadora en la mesa de la cocina y mil preguntas existenciales: ¿qué deduzco yo de todo esto?
Pero este año me va a doler un poco más el proceso, porque sé que mientras yo, al igual que unos cuantos millones de curritos más de este país, pierdo mi tiempo rellenando incomprensibles casillas y comprobando cómo he contribuido a que los jugadores de petanca del parque puedan ir al consultorio médico cuando les plazca, una parte considerable de autónomos y empresarios se fuman un habano en su chalet de 300 metros cuadrados mientras declaran unos ingresos inferiores a los míos. Salió la noticia hace días: uno de cada cuatro billetes de 500 euros en circulación está en España. Por tanto, creo que salimos a dos billetazos por barba, y no sé quién demonios tiene los dos que me corresponden a mí, porque yo no he llegado ni a oler uno.
Sospecho que mis dos billetazos estaban en Marbella, o en algún lugar antes paradisíaco de la costa levantina. O en la consulta de un dentista. Como mi maltrecha salud me obliga a visitar a algunos especialistas privados con cierta frecuencia -y servidor no tiene seguro-, uno, ingenuamente, saca la tarjeta de crédito para abonar la consulta. Hago ese inútil gesto en una recepción muy bien decorada, con una musiquita suave, un suelo de parquet impoluto y un cuadro abstracto que imita a Klein, cuando no es Klein directamente. "Lo siento, sólo en efectivo", me dice la enfermera. Vamos, hombre, ¿me van a decir que no les llega para instalar una terminal bancaria? Así que me toca bajar al cajero (que nunca está cerca cuando lo necesitas, es una ley física), pero yo le pago con billetes pequeños: de mí no van a sacar esos 500 euros. Ah, y de factura, ni hablamos, ¿verdad?
Mientras, el grueso de ciudadanos no podríamos defraudar a Hacienda ni aunque quisiéramos, pero una masa de bien pagados profesionales se mueve por el mundo con la impunidad y desfachatez de un gánster. ¿Hacienda somos todos? Y una mierda. Mafiosos como los de Marbella hay pocos, pero pequeños traficantes de dinero en negro, los hay en cada esquina.
Y recuerdo todo esto precisamente hoy, antaño Día de los Trabajadores (hoy, puente fetén). Esforzado titular de una nómina: ¿no te jode ni siquiera un poquito el agravio comparativo?
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Autor: Anakrix
Fecha: 01/05/2006 15:19.
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Fecha: 01/05/2006 15:27.
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- El Aloe Vera
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- Cada vez que lo investiguan tiene más propiedades.
Fecha: 01/05/2006 17:53.
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El humor es la única forma de tomar el asunto, aparte de la más ortodoxa de asaltar el Palacio de Invierno e instalar guillotinas eléctricas en las calles, pero esta última no goza de mucha popularidad últimamente.
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