CANÍBALES LITERARIOS

"Aunque me agite siempre habrá algún eminente
que a mi manera de pensar
hace el apaño porque tiene suficientes
dotes de popularidad"
Rosendo, Listos para la reconversión
Pues sí, el vate rockero de Carabanchel tiene la clave: por más que la poesía sea un arma cargada de futuro, los de siempre se las arreglan para empuñarla y encañonarla hacia el que menos culpa tiene. Con la otra mano sostienen el mango de la sartén con la que nos sofríen a base de telebasurilla. Es lo que viene a decir Rafael Reig en Manual de literatura para caníbales (Debate), una divertidísima parodia de la historia de la literatura española y latinoamericana de los últimos dos siglos.
Sostiene Reig (que es profesor de literatura, y ojalá sus clases sean tan divertidas como su libro), por ejemplo, que los versos que Zorrilla leyó en el entierro de Larra son la primera gran operación de marketing de la literatura española. Dice también que los movimientos literarios, que se inician con el Romanticismo, son fruto de calculadas estrategias de equipo para conquistar el poder cultural. Él los compara con equipos ciclistas. Esos movimientos, en apariencia transgresores y hasta revolucionarios, son utilizados a su antojo por quienes cortan el bacalao. ¿Qué narices es eso del compromiso, del malditismo y de epopeyas en vinagre? Esto es business, amigos, y sólo quien así lo entienda conquistará el Parnaso.
Porque vamos a ver -dice Reig-, la literatura, básicamente, consiste en un tipo en pijama dándole a la tecla en su casa durante unas cuantas horas para que otro tío, quizá también en pijama, lea a gusto repantingado en el sofá de su casa. Pero eso no vende. Los románticos se dieron cuenta de que hacía falta crear una "vida literaria" y de que escribir y leer eran incluso accesorios. Lo fundamental eran la trifulca, el relumbrón, la tertulia, los periódicos, la fama. Que hablen de uno, aunque sea bien. Y, al fin y al cabo, hay que estar a buenas con el poder, aunque de cara al pueblo se pase por un enfant terrible que hace temblar las instituciones. Tras escribir unos libritos, hay que trabajar un poco los pasillos para conseguir un escañito, una dirección general, un sillón de la Academia que garantice una vejez sosegada...
La visión de Reig, un punto cínica, es hija de estos tiempos en los que ya no nos tragamos nada y no buscamos apóstoles con verdades retóricas enrolladas bajo el brazo. Reducir la historia de la literatura a una reyerta de ególatras pedantes es, efectivamente, reduccionista, pero no deja de tener algo de verdad. Al menos, es un punto de vista divertido. Entre otras cosas, presenta a Ortega y Gasset como el instrumento de un consejo secreto que gobierna España en la sombra y provoca guerras civiles y sostiene dictaduras o democracias según le convenga. Azorín es un ripioso resentido; Carlos Fuentes, un oportunista que hace un refrito con Faulkner y lo vende como la gran explosión latinoamericana; Juan Valera, un cínico hedonista que disfruta de mujeres "coñianchas"; Ortega, un dandy que sólo quiere que se la chupen porque considera que follar es propio de albañiles; Galdós, un hábil manipulador que sabe moverse discretamente en las bambalinas del poder. En fin, cada página, una deliciosa barbaridad. Desde la escuela nos enseñan a tomarnos con recia solemnidad unamuniana a los grandes próceres de la literatura. Está bien que Reig los parodie y, deformándolos à la Valle-Inclán, nos devuelva su verdadera dimensión humana. Porque pasarse el día venerando monumentos es un tostón: el cuerpo también pide vino y música de vez en cuando.
Como buen "manual" de literatura, Reig propone ejercicios al final de cada "tema". He aquí uno de ellos: "Tómese un texto al azar de Azorín. Subráyense todas las palabras desconocidas. Averígüese su significado y, a continuación, sustitúyanse por sinónimos ordinarios. Con lápiz de otro color, elimínense todas las repeticiones. ¿Qué le queda a usted? Ahora resuma esas tres frases en una sola idea y expóngala en el bar como si fuera suya. Si le toman por idiota, el ejercicio ha sido realizado con éxito. En caso de que alguien encuentre interesante lo que usted dice, vuelva a casa y repita de nuevo el proceso".
Lo dicho, un libro divertido, no apto para divorciados recientes y cornudos ni académicos de la lengua de más de diez años de antigüedad.
PD: Ah, se me olvidaba, el libro termina en 2012, con una guerra civil entre faulknerianos y republicanos, las dos escuelas literarias que llevan mareando la perdiz doscientos años. Es que si no os fastidio el final, no me quedo a gusto, oye.
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Autor: Rondabandarra
Fecha: 22/05/2006 17:20.
Autor: Sergio del Molino
Mientras, otro viejo amigo común que no salía por las noches y se dedicaba a escribir, de tal forma que no para de ganar premios a diestro y siniestro, sigue siendo un completo desconocido para el mundillo editorial, condenado quizá a ser un Pessoa o un John Kennedy Tool de Carabanchel. Espero que no se suicide como hizo este último, eso sí.
En fin, Rondabandarra, qué mundo este.
Fecha: 22/05/2006 17:45.
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Autor: Rondabandarra reincidente
Fecha: 03/07/2006 18:11.
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Autor: Tito
Fecha: 19/08/2006 12:25.



