RECUERDOS, RECUERDOS

Añadiendo nuevos libros a la biblioteca me encontré el otro día con un poemario de un viejo amigo al que perdí la pista. Su móvil es uno de esos que te apetece marcar en momentos solitarios, pero nunca llegas a pulsar la tecla porque no se te ocurre una buena excusa para entablar una conversación. El sentido del ridículo es ese sentido inútil que nos hace añicos. El caso es que hojeé de nuevo sus poemas -editados como él quiso, imponiendo al editor sus caprichosas condiciones, como la de imprimir los textos sólo por una carilla, duplicando así el coste de papel- y recordé algunas historias suyas. Como no sé si le gustaría aparecer por aquí, llamémosle M.
Cuando la distancia física y vital nos alejó, M. luchaba por terminar Ciencias Políticas. Había hecho Periodismo, pero un verano de becario en un periódico de su tierra, Canarias, le convenció de que aquello no iba con él, así que me temo que sucumbió a las presiones familiares, que le decían que eso del periodismo y la literatura estaban bien como pasatiempos, pero que debía pensar en algo más serio para ganarse la vida. Cuando nos perdimos de vista, M. aspiraba a ingresar en la escuela de Altos Estudios Políticos de París o a empezar una carrera diplomática. Pero esa era su fachada ante el mundo. Ante la vida, M. era un sentimental, y como tal se hacía querer.
Por aquel entonces, yo desdeñaba los detalles y pretendía ir al fondo de las cosas, pero M. me convenció de que el fondo estaba precisamente en los detalles. M. se enamoró de una chica asturiana a la que llamaba "el Amor", así, con el artículo determinado delante. Decía: "He quedado con el Amor" o "Ahora va a venir el Amor" o "El otro día, el Amor me contó...". Al llegar un puente o unas vacaciones de Semana Santa, a M. le llegó el momento de conocer a la familia del Amor, y compró un billete de tren a Oviedo. Pero a M. le asaltaba una duda. La madre del Amor tenía una peluquería, y M. quería conquistar a los padres del Amor de la misma forma que un día había conquistado al Amor. Por tanto, pidió consejo acerca de qué champú llevar. "¿Te imaginas que aparezco con un champú inapropiado? Una peluquera jamás perdonaría eso", decía, angustiado. La madre del Amor no resolvió gran cosa: el champú apropiado dependía de su tipo de pelo, y como todavía no le conocía, no podía aconsejarle ninguno. Las opciones se contaban por decenas, y M. se mordía las uñas ante los estantes. Al final, desesperado, metió en la maleta su champú de siempre, encomenándose a todos los santos republicanos (Salmerón y Pi i Margall) y literarios (Borges, Bioy y Sábato) que admiraba.
M. era un incansable activista republicano. Pero intelectual. Lo suyo eran las cenas, los encuentros literarios y las charlas inagotables. El trabajo de masas se lo dejaba a otros. Una vez, en un aniversario de los últimos fusilados por el franquismo, quiso organizar una mesa redonda con ex miembros de las tres formaciones represaliadas, el FRAP, el GRAPO y ETA. Del primero y del tercer grupo no le fue difícil encontrar gente: la universidad está llena de profesores ex militantes de ambas dos. Lo del GRAPO parecía más difícil, pero no imposible. M. se presentó una mañana de domingo en la plaza Tirso de Molina de Madrid (para quien no lo sepa, tradicional lugar de reunión de organizaciones de extrema izquierda las mañanas de Rastro) y se acercó al puesto del PCE(r), regentado por una señora de edad indeterminada -entre los 60 y los 300 años-, llamada "mamá GRAPO". M. contó a "mamá GRAPO" su situación. "¿Y qué quieres que yo le haga?", respondió, arisca. "Hombre, como el PCE(r) es el brazo político del GRAPO, nosotros...". "¿Qué? ¿A tí quién te ha dicho eso, desgraciado?". Glups. La situación era tensa. M. llegó a pensar que no necesitaría comprar champú porque le iban a arrancar la cabellera, pero la sangre no llegó al río. Al final, obtuvo sus dos ex convictos del GRAPO. Y, con diferencia, fueron los más siniestros de aquella mesa redonda que heló la sangre de los asistentes. M. tuvo que concluir a regañadientes que el debate no había sido una buena idea.
¿Qué habrá sido de M.? ¿Estará a punto de ser el nuevo Moratinos? Tengo fe en él. Una fe un poco paternal. Odiosamente paternal, pero estoy convencido de que oiré hablar de él. No será por sus poesías -desgraciadamente, pues tenía madera-, pero seguro que, tarde o temprano, le veré en el escaparate mediático. Era seductor y tenía voz profunda.
Creo que el Amor le abandonó cual perro herido, pero seguro que se ha rehecho del golpe con una sobredosis de ron de su isla y de versos de su corazón. En fin, M. A lo mejor, un día de estos, marco tu móvil. Un viril abrazo mientras tanto.
PS: Acabo de darme cuenta de un detalle -los detalles, siempre los detalles- que puede restar credibilidad a estas historias. Los GRAPO, nacidos en 1975, no fueron represaliados en las últimas ejecuciones del franquismo. Sin embargo, los ex miembros del grupo terrorista participaron en esa mesa redonda con motivo del aniversario.
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Autor: Juan
Fecha: 30/08/2006 11:58.
Autor: S. del Molino
Es curioso, en este blog ya me han llamado estalinista y me han llamado franquista. Dejemos al margen los que me han tachado de filoetarra y tal. Ah, y esto es un blog, no un bloc.
Ladran, luego cabalgamos.
Fecha: 30/08/2006 12:32.
Autor: S. del Molino
Fecha: 30/08/2006 14:22.
Autor: Anónimo
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Autor: julio castro
Fecha: 14/01/2007 19:22.


