PERROS DE PAJA

Vive la picaresque! Pilluelos, holgazanes, bon vivants, gigolós sin gomina, ediles marbellíes, falsos tullidos que reclaman pensiones, traficantes de visados en la salida 4-A del aeropuerto de Casablanca. Todos vosotros estáis de enhorabuena, porque hoy se ha demostrado, una vez más, que la posmodernidad, la cultura, el cosmopolitismo y los fondos de la Unión Europea no pueden con vuestra cultura picaresquil.
Lugar: el Madrid de Gallardonius I. Escenario: posmodernas instalaciones aclamadas por su arquitectura exterior e interior. Sujetos: los más brillantes matemáticos del mundo, eminencias, cerebros del nivel de Newton y Einstein. En la prensa, genios inigualables. En el argot de los pillos y de los truhanes, simples pichones.
Pues bien, resulta que en este Madrid, que sigue siendo una mierda, como decía la canción, a unos espabilados se les ha ocurrido la genial idea de hacerse pasar por policías a la entrada del congreso matemático. Con la excusa de comprobar la documentación de los doctores de Harvard y de Oxford, les cacheaban y les birlaban la cartera. Lo han denunciado varios matemáticos, supongo que ofendidos y avergonzados por igual. Total: un episodio del Lazarillo en el posmoderno Madrid del siglo XXI. Fantástico.
Deberían andarse con ojito estos cachondos carteristas, pues Sam Peckinpah ya nos enseñó que un matemático enfadado puede ser temible. En Perros de paja (basada en una novela de Gordon Williams), Dustin Hoffman es un matemático estadounidense recién casado con una joven y apetecible inglesa (Susan George). Para concentrarse en su trabajo, la pareja compra una casa en las afueras del pueblo natal de ella, al norte de Inglaterra. Allí, Hoffman se convierte de inmediato en el objeto de las burlas de los pueblerinos: por partida triple, por ser americano, por dedicarse a una incomprensible actividad intelectual y por tener una mujer atractiva y más desinhibida de lo que el puritanismo ambiente está dispuesto a tolerar. La tensión va subiendo y el apocado Hoffman soporta haciendo pucheros las constantes humillaciones de los "town boys". Su mujer le considera un pelele, le exige que plante cara. Peckinpah maneja la angustia psicológica con pericia de cirujano, hasta que se produce el estallido final, en el que el apacible matemático saca la bestia violenta que lleva dentro. Y no cuento más, que seguro que hay quien todavía no la ha visto.
Si han visto Perros de paja, los carteristas estarán poniéndose a salvo de la furia de Pitágoras. Chavales, esto no es el patio del colegio: ya no puedes darle collejas al empollón y pavonearte de ello en los futbolines. Ahora son los empollones los que tienen la sartén por el mango. Y su venganza puede ser terrible. Avisados quedáis.
Foto: fotograma de Perros de paja.
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Autor: Deran
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Fecha: 27/10/2007 01:06.



