EL DICCIONARIO DEL DIABLO

Para casi todos nosotros, Ambrose Bierce tiene la cara y el cuerpo que tenía Gregory Peck en 1989, cuando protagonizó Gringo Viejo, resultado de la fabulación de Carlos Fuentes (que tiene nueva novela, por cierto) sobre uno de los mitos más bellos de la literatura norteamericana: la desaparición de Ambrose Bierce.
Es una historia conocida. En el otoño de 1913, Bierce tenía 71 años y era un famoso periodista del grupo Hearst. Vivía en Washington, era veterano de la Guerra de Secesión y un excéntrico consentido por la clase dominante. Pero también era un hombre al que le pesaba la ancianidad. Había sido un titán, un guerrero, una pluma que desparramaba cinismo y un derroche de talento. Contemplar su propia decadencia le resultaba insoportable. Así que, un buen día de octubre, abandonó Washington en dirección al suroeste. Visitó los campos de batalla donde había combatido y escrito cuarenta años atrás, cruzó la frontera de Río Grande y se perdió en la Revolución mexicana que tanto le fascinaba. "Quiero morir como un gringo en México", dejó dicho. La verdad es que le sirvió la historia en bandeja a Carlos Fuentes, incluido el título.
Su leyenda es enorme, pero no lo bastante como para ensombrecer su obra, que cada vez se lee y se disfruta más. En España se ha editado bien, aunque creo que se ha leído poco, muy por debajo de Edgar Allan Poe, que es su referente más afín.
Valdemar, que está haciendo una labor editorial maravillosa, tuvo el valor de publicar una de sus obras más extrañas, El diccionario del diablo, que tiene una historia curiosa. Su origen se encuentra en una columna que publicaba en el San Francisco News Letter primero, y en el semanario Wasp después, y que consistía en una serie de definiciones -que pronto se llamaron ya El diccionario del diablo- jocosas, divertidas y macabras que gustaban mucho a los lectores. En 1906 se recogieron por primera vez en libro, y fue entonces cuando Bierce desveló la intención de las definiciones: "Iluminar a las almas que prefieren el vino seco al dulce, la razón al sentimiento, el ingenio al humor y un inglés pulido al habla dialectal". Copio algunas al azar. La traducción es de Aitor Ibarrola y pertenecen a la edición de Cátedra:
Ausente: especialmente expuesto a las críticas ajenas; convertido en villano; inevitablemente equivocado; suplantado por otra en la consideración y el afecto de una persona.
Debate: método para demostrar a otros lo equivocados que están.
Desobedecer: celebrar con una ceremonia adecuada la llegada a la madurez de una orden.
Excentricidad: una manera de hacerse notar tan indigna que los bobos la utilizan para acentuar su incompetencia.
Fantasma: la señal visible y externa de un miedo interior.
Futuro: ese período de tiempo en el que nuestros negocios prosperan, nuestros amigos nos son fieles y nuestra felicidad está asegurada.
Historiador: un cotilla de vía ancha.
Homeópata: el humorista de la profesión médica.
Longevidad: prolongación poco habitual del miedo a la muerte.
Natillas: sustancia asquerosa que se produce por la conspiración malintencionada de una gallina, una vaca y un cocinero.
Orar: pedir que las leyes del universo queden anuladas para beneficiar a un único peticionario que se declara indigno.
Publicar: en asuntos literarios, convertirse en el elemento fundamental en una piña de críticos.
Ultimátum: en diplomacia, una última petición antes de volver a hacer todo tipo de concesiones.
Vecino: alguien al que se nos dice que hemos de amar como a nosotros mismos y que hace todo lo que está en su mano para que seamos desobedientes.
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