NO ME GUSTA

No me gusta que mis conciudadanos vean la inmigración como un problema. En todo caso, el problema es para el que emigra, que tiene que asumir las consecuencias de la decisión más importante de su vida.
No me gusta que el Gobierno utilice a las policías de los países de salida como matones para evitar la sangría.
No me gustan los visados ni que nadie haga caso a la gente que en Rivas-Vaciamadrid pidió una ciudadanía global y reclamó el derecho de todo ciudadano a establecerse donde le plazca.
No me gusta que, por ser blanco y tener las estrellitas europeas en el pasaporte, el policía de fronteras me lo selle sin apenas mirarlo, mientras que el joven negro que va detrás de mí tiene que presentar hasta el certificado de bautismo para no ser abofeteado.
No me gusta Frontex, ni las vallas de Ceuta y Melilla, ni el muro de Tijuana.
No me gusta que las mercancías viajen en contenedores refrigerados y en barcos de última generación mientras los seres humanos se hacinan en cayucos tripulados por mafias.
No me gusta que los liberales sólo lo sean con el comercio, no con las personas.
No me gustan los progres que creen que una cosa es libertad y otra, libertinaje.
No me gustan los guetos, ni los nazis flamencos de Bélgica, ni los paranoicos que temen perder una identidad absurda.
Un lugar. En Battery Park, al sur de Manhattan, se toma el ferry para ir a la isla de Ellis. Los pasajeros de primera clase accedían a Nueva York en botes. Los de tercera, se hacinaban en la isla antes de entrar en Estados Unidos. Hoy, el lugar es un centro de investigación sobre las migraciones. Norteamericanos de todos los estados teclean sus apellidos en sus ordenadores, donde una base de datos les dice el barco y la fecha en la que sus abuelos o sus bisabuelos vieron la estatua de la Libertad. Venían de Italia, de Irlanda, de Polonia, de Escandinavia, de los guetos de Viena y Praga, del Líbano, de Rusia. Así se construyó la América que quiere Paul Auster, la que ansía destruir Bush. Me emocioné en la isla de Ellis.
Una familia. En 1939, casi toda mi familia materna, a excepción de mi abuela, tuvo que salir de una España que les consideraba parte de la Antiespaña. Lo hicieron escalonadamente. Algunos, a través de Francia; otros, directamente hacia el destino. Encontraron un nuevo país en Venezuela, y allí siguen, aunque yo todavía no he ido a verles (y eso que me muero de ganas por recorrer Caracas, y allí dicen estar deseando que vayamos). Ellos sí que han vuelto a España varias veces. Una prima mía, a instalarse como inmigrante, pero no soportó la morriña de las arepas, el sancocho y el sol caribeño, y acabó volviendo. Porque, digan lo que digan su doble nacionalidad y sus dos pasaportes, España es un país extraño y hostil, donde existe una cosa horrible llamada invierno. Vivimos en un lugar donde los jóvenes se quedan con sus padres hasta los 40 tacos. ¿Con qué cara voy a poner yo reparos a quienes tienen la valentía de empezar de cero más allá de donde se pone el sol, mucho más lejos de donde vive su familia?
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Autor: Anakrix
Fecha: 14/09/2006 13:43.
Autor: Chewi
Fecha: 14/09/2006 14:12.
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Autor: Angeles
Fecha: 15/09/2006 09:47.
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Autor: Campanilla
Fecha: 15/09/2006 19:46.
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Autor: Frank G. Rubio
No me gusta que haya tantos controles.
No me gusta...
Vaya, pues a más gente más controles , aqui y en toda sociedad del universo.
Los inmigrantes, por desgracia para ellos, han de escapar de su país para no morirse. No son ni viajeros, ni refugiados políticos, ni turistas. En el mejor de los mundos posibles preferirían no salir de sus casas.
ESTO ES IMPORTANTE.
Lo peor es que los inmigrantes quieren ser como son la mayoría de los cretinos que habitan aqui. No exageremos pues el aprecio por ellos.Son una fuerza de estabilización de esta miseria. Inmigrantes furon los que echaron a los palestinos de sus tierras. Inmigrantes los que liquidaron a los indios de Norteamérica y se quedaron sus tierras. Inmigrantes los españoles que genocidaron a aztecas, incas y demás.
Menos idealización de un trasiego que sólo beneficia a los empleadores de mano barata y a las ONGs.
HAY QUE USAR EL COCO.
Fecha: 16/12/2006 22:31.
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Autor: alex
Cuando sintais miedo de decir algo, por el que dirán, cuando veais que a alguien que en público ha dicho algo y se le han tirado al cuello, entonces entendereis lo que significa rebelarse. Pero si os aplauden los jefazos de la opinión pública, entonces es que sois del rebaño.
Fecha: 29/01/2007 14:29.
Autor: S. del Molino
Fecha: 29/01/2007 15:44.
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Autor: Frank G. Rubio
Se un poquito más tolerante y distingue el mensaje del mensajero.
Fecha: 07/01/2009 20:35.



