UN SONETO ME MANDA HACER VIOLANTE

Que en mi vida me he visto en tal aprieto / catorce versos dicen que es soneto, etc. etc.". Nada por aquí, nada por allá y... ¡ale hop! Una novela se escapa de la chistera, damas y señores. Aplausos, las señoras lanzan gemidos de asombro y algún desconfiado escruta las manos del mago buscando el truco. Pero ya lo dice mi admiradísimo Juan Tamariz (conocido como Dios en mi laica religión): sólo los amargados, los aguafiestas y los inspectores de sanidad deslucen una velada de inesperadas sorpresas intentado encontrar el mecanismo que las causa. Los demás, nos recostamos en la butaca y disfrutamos.
Una novela quería hacer Isaac Rosa (Sevilla, 1974), que en su vida se había visto en tal aprieto, y como la escuela de magia narrativa ha saturado las funciones de trucos y técnicas que aburren a los espectadores más acomodaticios, Rosa decide contarnos lo duro que es enfrentarse al papel en blanco, porque no sólo se sufre en la mina. Veamos -viene a decirnos-, tengo un hecho histórico engimático y casi desconocido -la desaparición de un profesor-, situado en unas coordenadas de agitación universitaria en una dictadura de un país que para qué hablar. Es un buen punto de partida, sí señor. Con un poquito de documentación y algo de maña con el léxico, diccionario de sinónimos mediante, tengo la novela aparentemente hecha. Pero a los pocos párrafos se encuentra con un enemigo magnífico: el tópico. Hay moldes ya hechos de héroes y villanos, y sus personajes no deben encajar en ellos, por más que hagan esfuerzos por acomodarse en sus hoquedades.
Así, con la fórmula de "novela en marcha", en El vano ayer Rosa descorre los cortinones polvorientos de un pasado muy presente sobre el que hay fijadas miradas muy diversas y contradictorias entre sí. Su obra -que he leído con casi un año de retraso, pero el frenesí de novedades editoriales me obliga a elaborar una lista de espera en mis lecturas- es otro de esos títulos que reclama nuestra higiene mental como ciudadanos de un país que se quiere democrático.
La ficticia desaparición de un profesor y todas las especulaciones abiertas sobre ella es la ventana abierta a ese mezquino, triste y violento pasado nuestro. Con un guiño que los cortazarianos agradecemos un montón: el profesor en cuestión se llama Julio Denis, que es el pseudónimo con el que Julio Cortázar firmó, con pudor juvenil, su primer librito de poemas, Presencia, en 1938. Además, su lectura me ha descubierto a un narrador que desconocía (zas, zas, abofetéome por haber tardado tanto) y cuya literatura me interesa de verdad. Un gran tipo el sevillano Rosa.
La muy recomendable lectura de El vano ayer plantea, además, algunas preguntas sugerentes:
-¿Hasta qué punto cierta o ciertas visiones de la guerra y el franquismo condicionan nuestra propia visión y nuestros parámetros -es decir, a los que no vivimos ni una ni el otro- a la hora de enjuiciarlos? ¿Los mojones del tópico y del mito deforman y ocultan inevitablemente la fotografía?
-¿Qué lugar había para la heroicidad en aquellos tiempos? ¿Dónde estaba la masa gris y silenciosa, colaboracionista por omisión? ¿Es que acaso todo el mundo fue antifranquista?
-¿Por qué percibimos esa época berlanguianamente, como una ópera bufa llena de señores patéticos y risibles de camisa azul y brazo en alto (como ese personaje de La prima Angélica), cuando el propio Jorge Edwards nos ha recordado recientemente que el franquismo fue mucho más siniestro, cruel y sádico que el pinochetismo, cuyo imaginario remite más a los abrigos de cuero de las SS y a gritos ahogados en la madrugada?
En fin, ¿qué se nos ha enseñado, qué imagen sobrevuela en las conciencias de los españoles más jóvenes, si es que sobrevuela alguna? El vano ayer es un buen punto de partida para la reflexión, pero sin olvidar algo fundamental: que es, ante todo y sobre todo, una obra literaria, no un manual de instrucciones ni una fórmula matemática para que nuestra visión coincida con la del autor. Si todavía no lo habéis leído, corred antes de que las novedades de otoño-invierno lo barran de los estantes.
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Autor: Anakrix
Fecha: 24/09/2006 13:55.
Autor: S. del Molino
Fecha: 24/09/2006 16:26.
Autor: Javivi
Anakrix: cuanto vuelvan a soltarte un argumento de tal jaez, respóndeles con lo que escribió (mi buen amigo) Gabriel Cardona, historiador militar de la UMD: el que los cadetes desfilasen bajo la estatua de Franco en la AGM era como dar las prácticas de cirujía de una facultad de Medicina bajo la imagen de Jack el Destripador.
PD. Sergio, nos vemos en Santa Cruz?
Fecha: 24/09/2006 16:34.
Autor: S. del Molino
Fecha: 24/09/2006 17:00.
Autor: S. del Molino
Fecha: 24/09/2006 17:10.
Autor: Anakrix
Fecha: 24/09/2006 19:32.



