EL LAZARILLO REDIMIDO

Dije hace poco que todavía no me había enganchado del todo a Me llamo Earl, pero a estas alturas, esa afirmación es falsa. Ya soy un fiel servidor del karma. Qué gran serie: breve, directa, cachonda. Creo que desde la maravillosa Malcolm (¿qué fue de ella, por cierto?), no me había reído tanto con una serie con actores.
Para quien todavía no conozca las peripecias de Earl Hickey, resumo brevemente. Earl (un Jason Lee en estado de gracia, que diría un crítico vago) es un ladronzuelo de poca monta, un Lazarillo de Kansas, carterista, timador y muerto de hambre. Hasta que un día roba un boleto de lotería que resulta premiado, pero al celebrarlo, una anciana le atropella y pierde el boleto. En el hospital, ve un programa donde hablan del karma: si haces cosas buenas, el karma te recompensa con cosas buenas; si haces cosas malas, sólo recibes cosas malas. Ahí, el infeliz ve la luz. Su vida es un asco porque sólo hace cosas malas, así que toca redimirse para que el karma le devuelva cosas buenas. En cuanto toma esa decisión, recupera el boleto premiado perdido, lo que viene a confirmarle que ha tomado la decisión correcta. A tal fin, elabora una lista con todas las malas acciones que ha hecho en su vida y se propone hacer algo bueno para cada persona a la que ha puteado. En el interín, su macarra y malvada mujer se divorcia de él y le dice que sus hijos son en realidad hijos de su colega, el Hombre Cangrejo, pero eso supone un alivio para Earl. Otra prueba de que el karma está de su parte y le ha librado de esos pequeños demonios. Así que se va con su hermano a un motel, donde concocen a Catalina, que trabaja de limpiadora. Entre los tres, se proponen tachar todas las líneas de la lista de Earl. Cada capítulo (20 minutos) es una mala acción redimida. Todas absurdas y desternillantes, claro está.
Jason Lee no sólo es el prota, sino uno de los tres productores de la serie, por lo que buena parte de su diseño es culpa suya, y se nota que pone en práctica lo aprendido con Kevin Smith (Lee debutó en el cine con Mallrats), pero también veo muchos ecos de los hermanos Coen (el ambiente sureño-californiano, los escenarios marginales, el tema del pícaro-paleto, los primeros planos que acentúan lo caricaturesco, el histrionismo de la interpretación, el ritmo acelerado de comedia vodevilesca y la propia fotografía, algo empastada y con los colores cálidos acentuados en beneficio de la caricatura). Pero otro de los barandas y promotores de Me llamo Earl es Bobby Bowman, que aprendió todo lo que sabe de televisión trabajado de guionista en Padre de Familia, por lo que también hay trazas del humor desfasado y cínico de los personajes de Seth MacFarlane. En general, las personas que han puesto en marcha la serie son muy jóvenes, con más ilusión que currículum, y proceden del cine y de la tele "indies". Es curioso que la todopoderosa NBC (la cadena de Nueva York especializada en sit-coms, hogar de Friends y de Seinfeld, entre otras) se haya decidido a dar la alternativa a profesionales sin consagrar, que todavía no tienen un armario atiborrado de Emys. Imagino que el padrinazgo de Jason Lee, un tipo popular y con una innegable vis cómica, contribuyó a convencer a los capitostes de la tele para que apoyasen el proyecto. Y les ha salido bien: llevan dos temporadas y la serie arrasa en Estados Unidos. No sé cómo le irá en España, porque, últimamente, las series que triunfan allá no terminan de encontrar un hueco en los gustos del blasillo hispano medio.
El espectador también agradece que Me llamo Earl se escape del clásico esquema de la sit-com tradicionales, con esos cutres salones de tres paredes más farsos que la farsa monea, que diría una que yo me sé, y risas en estudio. Rompiendo las convenciones televisivas yankis, utiliza recursos de serie dramática -rodaje en exteriores y en formato cinematográfico- para desarrollar una comedia (inciso: ¿os habéis fijado que los escenógrafos de las sit-com todavía no han logrado resolver el grave dilema teatral de sentar a cuatro personajes en torno a una mesa sin que ninguno de ellos dé la espalda al público y que, al mismo tiempo, no parezca que fuerzan las posturas? Pues Me llamo Earl lo soluciona rápidamente: eliminando al público, que sólo sirve para estorbar). Es más, yo anticiparía que las sit-com de ese estilo tienen los días contados, y gracias a jóvenes audaces como los productores de Me llamo Earl, que se resisten a desvirtuar su producto con insoportables risas y forzadas puestas en escena teatrales. Son jóvenes como nosotros, que han crecido viendo la tele y la valoran demasiado como para hacer de ella un remedo del teatro revistero y vodevilesco.
Así que lo dicho: espero que a vosotros os enganche también el karma y os pongáis manos a la obra con esa lista de las malas acciones.
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Autor: Anakrix
Fecha: 18/12/2006 12:03.
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Autor: ENRIQUE
Fecha: 18/12/2006 13:34.
Autor: Anakrix
Fecha: 18/12/2006 13:51.
Autor: S. del Molino
Fecha: 18/12/2006 14:03.
Autor: S. del Molino
Fecha: 18/12/2006 15:45.
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Autor: Rondabandarra kármico
http://en.wikipedia.org/wiki/The_List_%28My_Name_Is_Earl%29
Y ahora me haces dudar, pero creo que el boleto no lo robó. En ese caso, lo que tendría que haber hecho como nº 1 de la lista es donar la pasta a la caridad. Digo yo.
Fecha: 18/12/2006 16:27.
Autor: S. del Molino
Fecha: 18/12/2006 16:44.
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Autor: Rondabandarra kármico
Fecha: 18/12/2006 16:50.
Autor: S. del Molino
Fecha: 18/12/2006 17:40.
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Autor: Aitor
Fecha: 28/12/2006 12:53.
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Autor: maria
Fecha: 13/01/2007 00:05.
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Autor: ferpecto
http://ponteloscascos.blogspot.com/2007/02/la-msica-en-las-series.html/
Fecha: 08/02/2007 16:48.


