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Resumen

06/08/2006

CRÓNICA DESDE LISBOA (2)

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Esperando el tranvía para ir a Belén. Un tranvía moderno, de dos vagones, con aire acondicionado y conductora joven y atribulada. El progreso, vaya, no el tipismo belle époque de las tartanas metálicas que suben a Alfama y a Barrio Alto. El tranvía dobla la esquina de la Praça da Figueira y se detiene unos metros antes de la parada. Algunos de los que esperaban en ella se acercan hasta el vehículo, que, obviamente, no les abre las puertas. “La parada es aquí, es aquí”, empieza a gritar una señora oronda y sexagenaria, fellinianamente mediterránea. En un portugués comprensible -los idiomas se entienden mejor cuando el hablante está cabreado- empieza a perorar sobre el volkgeist de su país, al más puro estilo verdulaire: “¡Portugal es europeo! ¡Portugal es moderno! ¡Portugal es el primer mundo! ¡Venga ya! Si no sabemos ni coger un tranvía. ¿Si no sabemos comportarnos en el transporte público, cómo vamos a salir del subdesarrollo?” (la traducción es libre, en portugués sonaba más vehemente y menos analítico).

Siempre me ha parecido tierna esta costumbre latina, que en España ya está un poco en desuso, de enunciar una visión catastrófica y quevediana del propio país a partir de hechos cotidianos que no tienen la menor importancia. Es sorprendente que la respuesta ante cualquier contrariedad o ante cualquier anécdota nimia sea poner los brazos en jarra y recitar una variante de “miré los muros de la patria mía, / si un tiempo fuertes ya desmoronados…”. Si un dependiente tarda en darnos los cambios, el Gobierno está formado por ladrones; si pasa más de un nanosegundo desde que el semáforo se pone verde y el coche de delante arranca, significa que siempre estaremos dominados por potencias extranjeras; si el autobús viene lleno, las mafias lo controlan todo, y si nos traen frío el café con leche, la juventud nunca conocerá el canon de la literatura patria.

En España -quizá porque el desarrollo autonómico reparte y diluye las culpas: si, cuando uno empieza a despotricar contra el Gobierno, le dicen que ese aspecto es competencia de la Junta de Andalucía, al criticante se le queda cara de tonto y no abunda en su discurso-, creo que esta costumbre va siendo barrida por las brisas europeas, como las expresiones “me ha hecho una judiada” o “la maté porque era mía”, pero en Portugal persiste, como persiste en Italia y en América Latina. A lo mejor los aires europeos se quedan detenidos en el Valle del Jerte y no cruzan el Guadiana, pero, sea como fuere, se respira sensación de tiempo estancado.

Se respira en Barrio Alto, donde la modernidad y la vanguardia juveniles entablan un reñido pulso con la marginación descamisada de pústulas heroinómanas. De momento, están en tablas, pero las carísimas tiendas fashion -más caras que las de Madrid y Barcelona- no avanzan sobre las turbias esquinas donde autoproclamados camellos ofrecen una mercancía de calidad penosa.

Es mejor dejar las drogas y darse al vicio nacional: las sardinhas. Nuestra guía de viaje, que es excelente pero está escrita para yanquis californianos con muchas aprensiones, dice: “Las asan con su tripa. Puede parecer repugnante, pero están deliciosas”. ¿Y cómo narices quiere asar una sardina la viajera melindres esta? Menuda imbécil es la redactora de nuestra impecable guía, pensamos antes de ingerir una buena sardinada en un garito minúsculo con las mesas muy juntas. Las sardinas corren a cargo de una “mama” portuguesa que las domina en una parrilla instalada en la calle, para ahumar bien las bragas tendidas de su vecina, que achacará la peste a la desidia ministerial.

A nuestro lado, prácticamente en nuestra misma mesa, se sientan tres chicos que, si no pertenecen a la plataforma gay de Lisboa, será por discrepancias políticas, pero no por falta de entusiasmo plumeril. Sus ademanes, sin embargo, no les impiden ponerse hasta más arriba de la glotis de carne a la brasa. Hablan como señoritas, pero comen como camioneros ucranianos. Si llevara sombrero, me descubriría ante su pantagruélico saque. Cada vez que el camarero les sirve una nueva fuente obelixiana, gritan amaneradamente: “¡Obrigadísimo!” (algo así como: “muchíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiisimas gracias”). Salimos borrachos por el vinho branco, empachados por las sardinas y felizmente atontados por el caos de la tasca y por la simpatía de los Village People lusos.

Fuera, Barrio Alto, más allá de la Praça de Camoes, dirige la noche lisboeta. Entre comer y beber sólo hay un paso, el que separa nuestra tasca de un garito frecuentado por locales donde (¡milagro!) no hay señoras con mantilla cantando fados al atardecer del Tajo. Es un bar de cócteles, especie sinatriana en extinción muy de agradecer después de una buena cena. Perfecto mi gin-tonic, el cóctel que demuestra que la sencillez puede ser sublime cuando la combinación es sabia y el barman tiene pulso.

Al día siguiente, yo quiero comprarme un libro de una grandísima fotógrafa portuguesa que he visto en un escaparate cuando bajábamos trompas y empachados hacia el hotel por el Largo de Chiado. Mala suerte. El día siguiente es sábado y la librería no abre, perdiendo así el mejor día de ventas. El horario del comercio también es un síntoma de tiempo estancado. Si fuera un lisboeta de mediana edad, me cagaría en Mario Soares, por ser el primer nombre que me viene a la mente, y le culparía de nuestro retraso atávico por su desgobierno y su supina mezquindad. Pero como soy un chaval un poco panoli, me encojo de hombros y me doy media vuelta. Una pena: me beberé o me comeré los 40 eurazos que costaba el libro, pero pienso que hubiera sido mejor dilapidarlos en su compra y colgar alguna fotito de él en el blog, que luciría más que cualquiera de las mías. Ay, siempre nos quedará amazon.com.

¡Adéus, Lisboa!

PD: Me lo habían contado, pero no lo creí hasta que no lo ví: Portugal es la décimo octava comunidad autónoma. El imperialismo español es casi tan sangrante como en Argentina: si quieres sacar dinero, tienes BBVA y Santanderes a mansalva; si quieres comprarte ropa, todas las marcas de Inditex dominan cada barrio, con Zara a la cabeza; si quieres ir a unos grandes almacenes, tienes El Corte Inglés, y si quieres zamparte un bocata, puedes hacerlo en Pans & Company. Los orines y los deshechos urbanos, también españoles, pueden olerse en el Tajo y en el Duero. Hasta con la mierda se está como en casa. En fin, va a ser verdad que España es la novena potencia mundial, pero a mí tanta potencia empieza a darme miedo, qué queréis que os diga.

06/08/2006 22:55 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Viajes Hay 9 comentarios.

EL SOLITARIO ÁLBUM DEL SOLITARIO

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Oh, la, la. Sorpresa. En la playa de Matalascañas, a la sombra de las dunas de Doñana, cien chiringuitos de abalorios y morralla playera. Uno de ellos es una caseta de libros. Búsqueda vana de alguna cosilla para entretener una mañana bajo la sombrilla. Imposible: no sabemos si comprar el volumen VIII de El hombre y la tierra (anunciado en TVE, según la portada), los sabios consejos de Saber vivir (igualmente anunciado en el mismo canal que el anterior) o Arte y misterio de la tapa española (sin anuncio en televisión, pero con una señora que se parece a Elena Santonja sonriendo tras su delantal). Resistiéndonos a tan fascinantes reclamos, sorteamos una colección de clásicos con Stendhal y Dickens en letras doradas; pasamos por los tebeos de Zipi y Zape versión Panini (hay que ser cutre); seguimos por la sección “política”, con títulos como KGB. Rojos y asesinos o Don Javier, una vida y un ideal, y llegamos, al final de la caseta, a un inverosímil montón que nos deja boquiabiertos. Apilado en un rincón, el nombre de Antón Castro refulge misterioso, como el de un outsider incomprendido e incomprensible. ¿Cómo han ido a parar esos 20 o 30 ejemplares de El álbum del solitario a aquel chiringuito librero de Matalascañas? Además, no pertenecen a la edición original, sino que forman parte de una colección de autores españoles contemporáneos de Planeta de Agostini. ¿Sabe Íker Jiménez que Antón Castro intenta colarse entre libros de autoayuda y recetarios para guiris? Hacemos grandes alharacas ante el hallazgo y decidimos comprar al menos uno. Tres euros, nos dice la librera con cara de pensar que somos gilipollas por no llevarnos algún bonito atlas ilustrado de los usos y costumbres de la provincia de Huelva o un número atrasado de la revista Ser Padres, que se nos ve en edad de procrear. Ante su actitud hostil, no indagamos más y nos quedamos con las ganas de saber cómo ha ido a parar El álbum del solitario ahí. En fin, espero que Antón eche una firmita en el ejemplar, porque el increíble hallazgo bien lo merece. Seguimos caminando por los puestecillos, observando con atención, no vaya a ser que entre los abalorios se esconda un rubí a cinco euros, o entre los vestidos de tirantes, un Channel por seis. Visto lo visto, todo es posible en el mundo de la ganga.

06/08/2006 22:57 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 2 comentarios.

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS

¡Hola, hola!

Hállome de nuevo en la blogosfera, un pelín cansado por la kilometrada de regreso, pero feliz al comprobar que, pese a que yo me he ausentado de aquí un tiempo tras comprobar lo frágil y endebles que son las redes wifi, habéis seguido frecuentando este vuestro rinconcito. Muchísimas gracias a todos los que habéis comentado algo, tanto a los habituales como a los nuevos/as. Siento no tener energía para responderos como suelo hacer, pues me pasaría la noche contestando (hay muchos posts viejos que no se ven al abrir el blog, pero que siguen recibiendo aportaciones al debate que me abruman felizmente).

Por favor, daros todos amistosamente por respondidos con esta entrada. Mañana me reincorporo a mis rutinas y, poco a poco, este blog irá desentumeciéndose. Volveré entonces a las respuestas individualizadas, si seguís comentando mis tonterías, claro está. De momento, tanto a los que comentan como a los que se limitan a leer (esa mayoría silenciosa del contador de visitas), gracias y bienvenidos de nuevo. Espero no dejarme dominar por la depresión postvacacional y volver recargado. Desde luego, ganas de empezar de nuevo traigo unas pocas. A ver cuanto me duran...

¡Salud, compañeros blogueros!

06/08/2006 23:32 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Hay 4 comentarios.

08/08/2006

LOS GIRAOS, AL ESTRELLATO

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Las vacaciones me han impedido anunciarlo con la necesaria antelación, pero lo comento ahora: Los Giraos, ese grupo de locos que hacen vídeos absurdos por las calles de Zaragoza, optan a un millón de euros y no porque hayan echado una primitiva. La panda de mi hermano (el Petrus) participa como invitada en un nuevo programa de La Sexta presentado por Yolanda Ramos, El vídeo del millón de euros, que premia la producción amateur más ingeniosa, mejor producida o más impactante. A Los Giraos les llamaron tras comprobar el éxito que están teniendo por internet. Ayer emitieron la entrevista que les hicieron en el plató y emitieron algunos vídeos, pero yo sólo llegué a ver el titulado El higadito Luis. Yolanda Ramos se metió con mi hermano diciendo, entre otras cosas, "¿Tú quién eres, el listo del grupo?" y my brother, digno compañero de genes, toreó como un maestro a la profesional del cachondeo. Pues nada, que Los Giraos optan al millón de euros (ya hablaremos de mi porcentaje, ejem) y a la fama catódica, que es la única fama posible. Suerte, amigos.

Foto: casi no se ve, pero es un fotograma del vídeo Timy el epiléptico.

08/08/2006 01:05 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 1 comentario.

MÁS ESTRELLATOS CERCANOS

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Desde Buenos Aires, nuestra anfitriona y amiga, Mercedes Gabino, nos envía su ascenso al estrellato (¿es que todo el mundo a mi alrededor se está convirtiendo en una estrella mediática y yo no voy a sacar ningún rédito?). Aquí la vemos, más chula que un ocho, posando para un anuncio de American Express en unas dobles páginas de La Nación. Dice que todo empezó como una broma con una amiga suya que ha terminado en este anuncio. Mis bromas entre amigos suelen tener otro tipo de consecuencias, y ninguna de ellas ha terminado con mi cuerpo serrano en uno de los principales periódicos de habla hispana del mundo diciendo lo feliz que soy con mi American Express y regando mis inexistentes plantas. Me da envidia, mucha envidia.

Para colmo, hace un tiempo descubrí en los sótanos del centenario periódico donde echo las tardes los anuncios-panel de una campaña de publicidad que creo que no llegó a salir. Mi sorpresa fue que uno de los reclamos era mi amiga Chela Márquez en una foto que se hizo para otra historia del suplemento Muévete. En fin, que me siento como el dueño de la mansión de Playboy, rodeado de modelos.

09/08/2006

TELEFILIA VERANIEGA

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Probablemente me equivoque, pero creo que fue mi tocayo Sergi Pàmies quien acuñó el término "telefilia", en un intento de hermanarla con la "cinefilia". Yo me confieso aprendiz de teléfilo y me gusta que cada vez haya más gente que reconozca este vicio, porque poco a poco, si la cosa va a más, iremos creando un cuerpo crítico como el de los cinéfilos. Pero todavía nos queda un largo camino por recorrer: ser cinéfilo no sólo está bien visto, sino que es una forma elegante de acceder a la cultura. La telefilia, sin embargo, se disculpa como una excentricidad que no se puede tomar en serio, pero eso es porque no se asumen como intercambiables ambos términos y se juzga al teléfilo como un ente frívolo deglute "pogramas". Pocos entienden que, de la misma forma que el cinéfilo cultiva su gusto y educa su criterio para no tragarse sin más American Pie 28 o Torrente 56, el teléfilo refina su sensibilidad y cultiva sus gustos personales. Es más, los teléfilos suelen ser los primeros que abominan con razón de la bazofia que inunda las parrillas, como los cinéfilos despotrican de la última simpleza adocenadora que sale de los grandes estudios.

Si de verdad el mundo audiovisual tuviera la unidad a la que parece tender, no haría falta distinguir entre teléfilos y cinéfilos, pero como el cine es cultura y la tele es la anticultura, no está mal la taxonomía. Algunos teléfilos -incluso los aprendices como yo- tenemos dos dramas comunes con algunos cinéfilos: a) nos parece que la calidad de las producciones "made in Spain", salvo dos o tres destellitos, hace aguas por todas partes, y aguas putrefactas, por eso miramos al extranjero; b) los estrenos de verano son una tortura añadida a los calores y a los aires acondicionados a tope.

Como aprendiz de teléfilo, me remito a las parrillas en vigor para ratificar la frase a). Si encuentran algo español (ojo, que hay mucho formato extranjero que se vende como español) verdaderamente original, ambicioso, digno y agradable de ver, díganmelo. En cuanto a la segunda, en lo que a mí respecta, dos estrenos han salvado este verano, y los dos han sido en Cuatro.

El primero, Queer as Folk, me cayó muy gordo al principio. La serie -que es una versión americana de una británica- pretende retratar el loco loco loco mundo homosexual de comienzos del siglo XXI. El primer capítulo no me gustó nada. Me pareció falsamente provocadora, tópica y de una superficialidad tan superficial que no percibí trama alguna. Sin embargo, la retomé una noche después de un paseito por la playa y -quizá por mi apacible disposición- la he encontrado más que digna. Personajes bien dibujados que parecen volverse más redondos conforme avanza el "culebrón", pasablemente interpretados por actores contenidos -con unos guiones que invitan al histrionismo- y unos conflictos admirablemente bien resueltos. El montaje tiene ritmo, los ambientes están bien escogidos y los diálogos, quizá el punto más débil de la serie, son correctos. No es la bomba ni creo que cumpla su ambicioso propósito de labrar un friso sobre el mundo homosexual contemporáneo, pero se deja ver y engancha.

El otro estreno, de una calidad sensiblemente inferior, es una serie de amigos treintañeros en trance de decidir el rumbo de sus vidas, con todas las pajuelas mentales simplistas consecuentes. Se llama Amor, secretos y sexo, y lo que más me gusta -quizá lo único que me gusta- es su estética y su estructura. Con técnicas sacadas de la publicidad y del vidio-clip, cada episodio se compone de secuencias cortas muy eficaces y efectistas a la vez. La serie bebe de la tradición filoadolescente de Melrose Place y los guiones no son nada del otro jueves, pero están presentados con corrección. Lo peor: su afán de trascendencia y lo pasados de rosca que están algunos actores, como Eric Balfour (el novio de Claire en A dos metros bajo tierra, cuya tercera temporada, por cierto, ya ha salido en DVD). Como curiosidad, la directora de esta serie, Rachel Talalay, fue la realizadora de la sexta parte de Pesadilla en Elm Street y su currículum está llenito de incursiones en el género del terror. Esta serie supone para ella un cambio de registro considerable.

Y ya está por mi parte en lo que a tele estival se refiere. Las reposiciones de House y de Anatomía de Grey animarán un poco las noches catódicas, porque está muy malita la cosa, oiga. Y si no, siempre nos quedará el DVD: voy a por la quinta temporada de Los Soprano y a por la tercera de A dos metros... Aquí hay cuerda para rato.

Foto: fotograma de Queer as Folk.

09/08/2006 00:44 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 7 comentarios.

10/08/2006

NOSTALGIA CAVERNÍCOLA

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En la contra de El País dice Juan Luis Arsuaga -el atapuerquista que, cuando tiene el día inspirado, exhibe una lucidez poética que ya la quisiéramos muchos- que los seres humanos actuales somos como los dioses griegos: podemos, gracias a los poderes de la tecnología, cambiar el curso de los ríos, levantar ciudades subterráneas y charlar a miles de kilómetros de distancia, pero tenemos sentimientos humanos. Ésa era la gran tragedia de los dioses griegos, y ésa es nuestra gran tragedia. Es hermoso verlo así.

Arsuaga conversa en esa página con la presidenta de IBM España, Amparo Moraleda, y a mí me da por pensar, tras mirarme en el espejo, en el "retrosexual" que la dictadura de la publicidad quiere imponer (ay, ¿qué fue de aquella otra dictudura, la del proletariado?). Según la nomenklatura de Benetton y Marlboro, este verano se llevan los hombres sin depilar, rudos y que acostumbren a beber latas de cerveza de siete en siete acompañadas por eructos capaces de apagar los fuegos gallegos. Los neanderthales de Arsuaga triunfarían en los pueblos de playa bailando la versión de King África de Paquito el Chocolatero...

Alta tecnología, dioses, neanderthales, Chuck Norris, José-Pepe Bono soltándose el cinturón después de un atracón de pisto manchego... El batiburrillo de imágenes me crea un malestar filosófico y me lleva a sentir nostalgia cavernícola. Es una sensación que me viene a veces y que supongo que sentirán todos los que trabajan con el coco y sólo ejercitan las puntas de los dedos al escribir sobre el teclado. No hago deporte ni me van las manualidades, y el sexo, por más calorías que queme, no lo considero actividad física. Pero de vez en cuando me dan arrebatos y necesito hacer algo con mis manos, necesito encontrarme con el homo faber que llevo dentro. Ésa es la razón por la que me engancho al canal de cocina y me paso algunos sábados provocando cataclismos en la encimera. Sí, soy un neurótico, pero un neurótico que no cocina del todo mal.

Hay mujeres esbeltas y estilizadas que fueron obesas en su infancia y ya no pueden quitarse nunca ciertos complejos de niña gorda. En la serie Friends, construyeron el personaje de Mónica Geller recurriendo a ese tópico. Pues bien, dado el machismo social realmente existente, el equivalente de una niña gorda es un niño torpe, y yo nunca me sacudiré de encima a aquel chaval enclenque que sólo logró meter un gol en su vida, y fue en propia puerta. Por eso, cuando termino una tortilla de patata con la jugosidad y el punto de sal correctos, cuando saco del horno una empanada doradita y crujiente y cuando el guacamole sale con la textura homogénea, me siento mucho más satisfecho que cuando le pongo el punto y final a un reportaje majo. Será porque ya doy por supuesto que sé hacer reportajes, pero nunca tengo del todo claro que un trabajo manual me vaya a salir bien.

Inseguridad de niño torpe y satisfacción de niño torpe. Cada plato servido es un corte de mangas retrospectivo a esa panda de mangarranes atléticos y manitas -en la clase de pretecnología también era un desastre: no sé a quién se le ocurriría poner un soldador de estaño en mis delicadas manos- que amargaron mi infancia. Pero hay algo más profundo que los complejos retenidos. Creo que detrás de este hobby culinario mío hay una nostalgia cavernícola real, un desfogue, una necesidad de sentir el cuerpo como herramienta -para cazar, para transformar, para destruir. Vivo entre símbolos, trabajo con símbolos, modifico símbolos. Me relaciono con gente tan asquerosamente civilizada como yo, que sólo recurre a la violencia verbal, y a veces de forma tan sutil que parece violencia verbal de guante blanco. No está mal desfogarse un poco de vez en cuando, sin necesidad de ser por ello un retrosexual full-time.

Pues eso, que somos dioses griegos, pero con mente y sentimientos de adolescentes, y así no vamos a ninguna parte. ¿O sí?

Foto: Juan Luis Arsuaga.

11/08/2006

BERTOLT NAVAJA, BERTOLT POETA

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La casualidad hizo que durante estas vacaciones, el iPod hiciese sonar varias veces el Makie the Knife de Frank Sinatra. Es el mismo Makie Messen que protagoniza La ópera de cuatro cuartos -y la canción original en alemán forma parte del repertorio compuesto para la obra; Frank la cantaba en inglés-. También es ese Maki Navaja que Ivá puso en la Barcelona charnega y desarbolada de antes de las olimpiadas, junto a sus amigos el Popeye, el Pirata y el Moromielda. Todo el mundo sabe tararear la melodía de la canción y todo el mundo ha leído un cómic o ha visto una peli de Maki Navaja. Sin embargo, ¿cuántos saben que es el hálito frío de Brecht el que está detrás de todo esto? Por cierto, a Jim Morrison también le gustaba cantar otra canción de una obra de Brecht.

Se cumplen ahora cincuenta años de su muerte y, según las encuestas, el 42 por ciento de los alemanes no tienen ni puta idea de quién fue este señor. Pero es que ni flores, oiga. Los gurús literarios, que han organizado un completo programa de festejos, se llevan las manos a la cabeza: "¡Pero cómo! ¡La figura literaria más importante de las letras germanas del siglo XX!". "Ejem", les interrumpe alguna mosca cojonera: "¿Y Thomas Mann? ¿Y Günter Grass? ¿Y Herman Hesse?". "¿Y Robert Musil?", salta uno desde la última fila. "Vamos, no me jodas", le contestan al unísono. (Pregunta al aire: ¿alguien ha sido capaz de leer El hombre sin atributos, de Musil? Lo he intentado varias veces, la primera cuando supe que era uno de los autores preferidos de Cortázar, pero es que no hay manera. Si alguien lo ha leído, que me pase un resumen, por favor. Logré terminar un volumen de cuentos suyo, Uniones, y también me costó mis sudores).

En fin, dejémoslo en que es el mejor dramaturgo alemán del siglo XX y el peor director de cine alemán del siglo XX, con permiso de Werner Herzog. Brecht respetaba mucho a su ídolo Chaplin y no se metió en camisas de once varas toquiteando camaritas, aunque le fascinaba el invento del cine. No sólo eso: gracias a que dejó trabajar tranquilo a Georg Wilheim Pabst, podemos disfrutar de una maravillosa versión fílmica de la Ópera de cuatro cuartos rodada en 1931 al más puro estilo expresionista de una Alemania a punto de meterse en la cama con el nazismo.

No conocen a Brecht. ¿Y qué querían? Lo extraño sería que Alemania y Europa conocieran a Brecht al dedillo. Yo mismo me extraño de haber leído tanto a Brecht. No sé por qué lo hice, pero la verdad es que empecé por su teatro, seguí por su prosa y terminé con su poesía. Y luego, me fumé varios puros. Fue una lectura disciplinada y febril, de las que cada vez me siento menos capaz de hacer debido a un cáncer de hedonismo que me crece año tras año. Me fascinaban sus primeras obras, flipé con El círculo de tiza caucasiano (que, junto a Estoy en Puertomarte sin Hilda es para mí el mejor título de la literatura contemporánea) y me aburrí soberanamente con Madre Coraje y sus hijos (la de Gorki tampoco la trago). Luego vi pelis de propaganda con guiones suyos que alentaban a los campesinos a someterse a las exigencias del plan quinquenal y a luchar contra el quintacolumnismo fascista que anida en sus aldeas. Salí de la filmoteca y pensé: "Hay que joderse, qué cosa tan insultantemente mala", pero me la tragué enterita, y hoy me saldría de la sala al cuarto de hora. En fin, que he comido mucho Brecht y, vistas las cosas desde mi frivolidad actual, lo que más me gusta de todo es su figura trágica y lo ingrato y cabrón que fue con Walter Benjamin, que lo adoraba y que le dedicó algunas de sus mejores páginas ensayísticas, pero sólo recibió burlas a cambio.

Brecht, engullido por el naciente monstruo del socialismo realmente existente, atrapado en una pesadilla orwelliana y demasiado orgulloso como para dar su brazo a torcer. Encerrado los últimos años de su vida en el Berliner Ensemble, tolerado apenas por el régimen y convertida toda su obra en despojos de gloria que ya nadie quería. Ni su amigo Chaplin se acordaba ya de él. Walter Benjamin se había pegado un tiro en Portbou, cuando se dio cuenta de que pasar a España no le iba a librar de la persecución nazi, y Theodor Adorno estaba en California, demasiado ocupado criticando la música de jazz como para prestarle atención. A Brecht le habían echado de su exilio en Estados Unidos por comunista, y languideció sin pena ni gloria en la RDA por comunista. ¿Cómo van a saber sus compatriotas quién fue?

Hay una serenata suya -era un gran conocedor de la música y de la poesía populares- que dice: "Ahora sólo velan la luna y el gato / las gentes todas duermen ya / y Bert Brecht trota con su farol / por la plaza del ayuntamiento". Pues eso: Alemania duerme mientras Brecht vaga por la plaza del ayuntamiento, donde le dan una subvención para montar la efeméride, pero nadie va a verla.

Leed a Bertolt Brecht. Diga lo que diga yo, está muy bien. Es de los que dan que pensar. Pero mucho.

11/08/2006 00:59 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 11 comentarios.

12/08/2006

PARADOJAS ERÓTICAS

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El cine erótico ha fracasado. No como Eros, pero sí como cine. Lo pensé el otro día, cuando TCM programó en sesión doble dos joyitas del primer Verhoeven (director de Instinto Básico), Delicias turcas y El cuarto hombre. La segunda la vi de niño, supongo que recién estrenada, y me causó un fuerte impacto. Maldigo retrospectivamente la manía de mi madre de no hacer caso a los rombos de la tele y dejar que el niño viera lo que le diera la gana. Un poco de moralidad à la ancienne me habría ahorrado algún que otro disgusto infantil. ¡Maldito progresismo sexual hogareño! Mi madre no utilizaba lo de la semillita ni lo de las florecitas: a las explicaciones de mi madre había que ponerle siete rombos por lo menos. Mamá, por favor, no hace falta que seas tan gráfica, ya lo hemos captado, le decíamos mi hermano y yo.

Voviendo al cine. Lo que me dio mal rollo de El cuarto hombre no fue su erotismo, sino la asesina malota que se cargaba a sus amantes. Utilizar el sexo como una mantis religiosa me parecía terrorífico, mucho más terrorífico que Poltergeist, Al final de la escalera y La profecía juntas. Qué ruin era que mientras estuvieras disfrutando, tan a gusto, tu amante te asesinara. No, hombre, no, eso está muy feo, pensé. Luego he aprendido que Eros y Tanathos están mucho más cerca de lo que parece. Freud y el Marqués de Sade sabían un montón del tema, como pude descubrir años después. Por eso, he llegado a la conclusión de que el sexo, lejos de un impulso primario, es un pacto muy civilizado y cortés, y hay que dar las gracias al amante porque reprima sus instintos asesinos. Cada nuevo encuentro, hay que pensar: "Otro polvo del que salgo ileso. La civilización funciona. Al menos, aquí, en esta cama, el cosmos converge correctamente, aunque fuera el caos lo gobierne todo".

Total, que estoy muy disperso hoy y no sé de qué hablo. Viendo el otro día Delicias turcas (me negué a atormentarme con El cuarto hombre) pensé que el cine erótico ha fracasado. Salvo casos muy puntuales y puramente casuales, no ha logrado transgredir sus propios corsés para fabricar un repertorio estilístico y crear eso que llamamos género. No hay un pie forzado erótico: la etiqueta no se corresponde con un género real, como el negro, el western o la comedia costumbrista. El solo empeño de crear tal género es estúpido, pues el erotismo es consustancial a la vida, y es de la vida de lo que habla el cine. Por tanto, en todo cine va incluido Eros. Querer aislarlo es jugar a ser alquimista.

Existe el cine porno, pero para existir ha tenido que renunciar a ser cine. No podía ser de otra forma. El porno alcanza su majestuosidad cuando decide ser porno y no finge ser cine. Entonces es cuando vuela libre y da lo que tiene que dar. Pero el cine erótico como una versión digerible y mass media del cine porno es un concepto absurdo que ha tenido su culminación en insultos a la inteligencia del calibre de Lucía y el sexo y Nine songs. Hablando en plata: o se folla o se hacen versos, pero las dos cosas a la vez, no.

De la misma forma, sólo cuando el cine se ha desprendido de la obsesión erótica ha sido capaz de crear monumentos eróticos. He hablado en este blog de la secuencia de Jo, qué noche en la que Rossana Arquette aparece desnuda y muerta-dormida. Hay miles más, pero ese erotismo se ha logrado cuando el director en cuestión se ha preocupado por los personajes y por la historia que contaba y no por cómo fingir una penetración. Cuando eso sucede, cuando se da esa "imitación a la vida" en la que el creador (dios, qué palabro más cristianófilo, pero me da pereza borrarlo) se ha sumergido, surge el chispazo de Eros, de forma casi inevitable. Ese desnudo lo requiere el guión, pero antes del guión lo requiere la vida. Y si la actriz que se tiene que desnudar se llama Scarlett Johanson, por ejemplo, el subidón está garantizado.

"Hay que follarse a las mentes", decía un sobreactuadísimo Eusebio Poncela en la siempre recomendable Martín (Hache). Unas secuencias después, el mismo histrión aparecía desnudo junto a una yonqui de bajón a la que "puedes echarle un polvo, total, no se va a enterar". Dejando aparte incoherencias narrativas más o menos buscadas, yo diría que más que follarse a las mentes, en cuestión de cine y erotismo, es la mente la que debe follar -y, si puede, correrse en el clímax de la peli-. Y sólo los grandes narradores saben llevarnos a la piltra sin necesidad de cultivar el inexistente género erótico.

Foto: cartel de una proto-Lorena Bobbitt en El cuarto hombre.

12/08/2006 19:34 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Cine No hay comentarios. Comentar.

A FAVOR DEL FUNESTO VICIO DE PENSAR (5)

Al margen de su figura y de su obra, Fernando Savater es un gran creador de sentencias redondas, de aguijonazos certeros y dolorosos para el que los recibe. Hace tiempo, le detecté este destello de brillantez, referido a los dibujos de Máximo en El País: "Dice Máximo que sus chistes no son chistes, sino pensamientos. Pues si como chistes no hacen ninguna gracia, como pensamientos dan mucha risa". Hoy, entreverada en un artículo largo, ha soltado: "Una imagen vale más que mil palabras, sobre todo para los analfabetos".

Y para que sean tres las frases, ahí va otra. Leyendo al joven Josep Pla, me encuentro: "La mediocridad debe tener el aspecto y el gusto del café con leche".

Bravo, bravo, bravo.

13/08/2006

BERTOLT NAVAJA, BERTOLT POETA (2)

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Los corresponsales españoles en Berlín dicen que el estreno de la versión de La ópera de cuatro cuartos que inauguraba los fastos del 50 aniversario de la muerte de Bertolt Brecht ha sido vergonzosamente abucheado, aunque algunos de sus actores recibieron aplausos, como el mítico cantante punk Campino, que interpretaba a Makie.

Varios detalles extra dramáticos a señalar:

1. El montaje de la obra, uno de cuyos monólogos es una loa a los ladrones de bancos y una feroz crítica a la voracidad capitalista, estaba financiado por el Deutsche Bank. ¿Dónde queda aquello de que la ética es estética?

2. El presidente del Deutsche Bank, ya que apoquinaba el parné, no sólo asistió al estreno, sino que se sentó en el mismo palco reservado para Adolf Hitler y los jerarcas del partido nazi cuando acudían a ese teatro. En términos de protocolo, es una gran cagada. La prensa, obviamente, se ha cebado con el asunto, pero es que cuando ponen los chistes en bandeja, ya no hacen gracia.

3. El montaje ha costado tres millones de eurazos. ¿No han leído el título de la obra? Por lo menos, la podrían haber cambiado por La ópera de tres millones, y que Pavarotti hiciera de Makie. 

4. Hay que ver, hay que ver... Se está poniendo Berlín fatal, señó Antonio, pero fatal, fatal.

Foto: obviamente, Bertolt Brecht.

13/08/2006 11:40 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 2 comentarios.

ESTOS ALEMANES ESTÁN LOCOS

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Este blog cada vez se parece más al Corte Inglés. Esta semana, por lo visto, celebramos "la semana alemana". Disfrútenla, amigos, porque espero que después de este artículo Alemania no aparezca por aquí en una temporadita. Hoy, sin embargo, no puedo resistirme a hablar de Günter Grass y de sus confesiones a media luz.

Se está liando gorda en un país siempre propenso al debate (costumbre que todos deseamos que se mantenga, porque cuando les da por ponerse de acuerdo y seguir a señores bajitos y chillones...). Grass dice en sus memorias a punto de publicar que perteneció a las Waffen-SS con 17 años, y la caja de pandora se ha desatado. Le están poniendo a caldo y algunos le piden que renuncie al Nobel y al Príncipe de Asturias, pues los ganó haciendo trampa. ¿Por qué se ha callado durante tantos años que perteneció al cuerpo encargado de vigilar los campos de exterminio? Es más, ¿por qué lo cuenta ahora? Las preguntas son un poco ociosas, y la indignación de muchos me suena a rencores reprimidos y a vendettas más propias de latitudes latinas que de sosegados parajes germanos. Mal remedio tiene el embrollo: esta temporada, el mundillo literario y periodístico alemán va a comer picadillo de Grass hasta hartarse. Se van a poner las botas, aunque no faltarán voces que le defiendan.

Al margen de que, según tengo entendido, el Nobel que le dieron a Grass fue debido a una obra literaria que tiene valor en sí misma sin que importe si su autor es tal o cual cosa, el asunto -y lo que te rondaré, morena- dice mucho de nuestro infantilismo y sectarismo. Infantilismo, porque nos comportamos como niños acomplejados que buscan referentes paternos sin mácula; niños que no soportan descubrir que sus papás no son como ellos imaginan. Sectarismo, porque vamos por la vida buscando referentes, luces entre las tinieblas, gurús adorables.

La culpa de todo, como dirían Def Con Dos, no la tiene Yoko Ono (aunque también), sino Émile Zola, que se sacó de la manga el concepto de intelectual. Desde entonces, el canon dice que el intelectual es una persona que ha alcanzado la excelencia en el campo de las artes, de la literatura, del periodismo, de la música o de la ciencia y, una vez alcanzado ese reconocimiento, aprovecha la proyección pública ganada por su labor para ser la conciencia de la ciudadanía. De ahí a convertirse en un referente, van pocos pasos. Esta concepción nos lleva a escuchar estupideces como esta todos los días: "Ahora no hablo como escritor/periodista/filósofo, sino como ciudadano". ¿Cómo? ¿Es que los escritores/periodistas/filósofos no son ciudadanos? ¿Tienen que bajar de la tribuna? Hay que joderse.

¿Cuál es el principal peligro de todo esto para el autor? Que su imagen pública termine valiendo más que su obra. Eso le ha pasado a Grass, que ya no era querido por ser un buen narrador, sino por sus discursos y artículos, por sus apariciones públicas abanderando una moralidad sin mancha. Cuando los alemanes han flaqueado en su sentimiento de culpa y han menudeado los discursos de contemporización con aquellos abuelos que, al fin y al cabo, vivieron la sociedad que les tocó vivir, Grass siempre ha salido al paso firme y atronador recordando a sus compatriotas que no hay contemporización que valga: Alemania es culpable del horror y todavía tiene mucha culpa que expiar, así que todo el mundo debe agachar la cabeza.

Un amigo que conoce bien la sociedad alemana siempre me insistía: "No hay país más avergonzado de su pasado que Alemania. Se nota en todas partes". Günter Grass es uno de los que han forjado esa conciencia de vergüenza, y ahora ha decepcionado a muchos que le creían faro en las tinieblas. Decepciones así pasarán siempre que nos empeñemos en buscar luces y no asumamos que hay que avanzar a tientas. Günter Grass es un ser humano. Un ser humano que, por azar, nació en Alemania en 1927 y que en 1944 era un chaval de 17 años. ¿Qué esperaban, que plantease una objeción de conciencia, que supiera entonces lo que ha sabido después? ¿Qué angustia, qué culpa y qué vergüenza ha arrastrado todos estos años? ¿Y para qué? Todo esto, ¿para qué?

Si por lo menos con esto aprendemos que el tiempo de los héroes quedó en la Odisea, la confesión de Grass tendrá un componente de catarsis social que trascenderá su catarsis personal. Pero como sustituiremos a Grass por otro escritor de voz potente y ademanes dignos -pongamos Saramago, por ejemplo, que también tiene un Nobel en su vitrina-, me temo que el autor de El tambor de hojalata ha ofrecido su cabeza en vano. ¿Seremos tan lerdos como para leer ahora sus libros con otros ojos, como hemos hecho con otros autores? ¿Cuándo dejaremos de ser tan infantiles y tan sectarios? A un escritor hay que pedirle buena literatura y adjetivos certeros, y de eso, el pobre ha dado ya buenas raciones. Ha cumplido.

El día que los artistas dejen de ser intelectuales, todos podremos ser ciudadanos de verdad.

13/08/2006 14:04 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 8 comentarios.

15/08/2006

LA BELLEZA ESTÁ EN EL INTERIOR

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Ahora que muchos vecinos de los detenidos en Londres por esa presunta trama terrorista aseguran que debe tratarse de un error, porque aquellos chicos tienen de terroristas lo que yo de concejal marbellí -hay un chaval brasileño acribillado en el metro que justifica esas dudas sobre el buen hacer de la policía británica-, me da por pensar en la tiranía del aspecto, pero no en la tiranía publicitaria, sino en la reaccionaria. Pienso en los inconvenientes que, en este siglo XXI, me ha provocado mi look. Me los tomo todos como anécdotas divertidas, pero que sacan a la luz ese núcleo rancio y asustadizo capaz de justificar la muerte de un chaval brasileño a manos de la policía como un "mal menor" necesario para su seguridad.

Anécdota 1:
Hace años, en la línea 3 del metro de Madrid. Es ya tarde, vuelvo a mi casa en Embajadores y hay poca gente, pero un señor de poblada y larga barba lleva un buen rato mirándome. Pasado Lavapiés, me levanto hacia la puerta y él se levanta conmigo para ponerse a mi lado sin dejar de observarme. De pronto, me dice:
-Aksental-ólico.
-¿Perdón?
-Aksidental-ólico.
-Oiga, no le entiendo.
-¡Ocsidente! ¿No estamos en ocsidente? -vocaliza con un marcado acento árabe.
-Sí, claro, según por donde lo mires, pero sí.
-Pues eso: ocsidental diabólico.
-Aaaaaah. Bueno, pues sí, muy diabólico todo, oiga.

El tren se para y las puertas se abren, pero yo no me libro del mulá Omar. No daba crédito: el individuo aquel, que espero que no estuviera implicado luego en la trama del 11-M, me había tomado por un camarada de lucha, o al menos, por alguien a quien iniciar en sus batallas coránicas. No había forma de quitármelo de encima. El tipo decía:
-Si Dios bajar tierra, matar todos judíos.
-Hombre, tanto como eso...
-¡A todos! Los judíos no son personas normales. No saben hablar como tú y como yo. Tú eres hermano, contigo puedo hablar.

Y vaya que si hablaba. Me resumió el credo wahabista en dos minutos. Menos mal que salimos ya a la glorieta. Le pregunté hacia donde iba, y resultó que se metía por la misma calle que yo, así que le dije que iba para el lado contrario y subí Embajadores hasta Lavapiés, donde me tomé una caña sin saber si reír o llorar. Espero que esta anécdota no me incrimine en nada, señores agentes.

Anécdota 2:
Llego a Zaragoza en tren, a la antigua estación del Portillo. Llego reventado, muerto de sueño, con ojeras hasta los tobillos y bastante despeluchado. Sólo pienso en dormir porque al día siguiente me espera un día duro de trabajo, pero en la estación hay montado un dispositivo especial de seguridad por motivo de no recuerdo qué cumbre con ministros o jefes de gobierno o algo. Todavía no he puesto el pie en el andén y un señor de gabardina me toca en el hombro, me enseña discretamente una placa y me pide que le acompañe. "¿Pasa algo?", le pregunto. "No, un control rutinario aleatorio". Ya, aleatorio las narices, pienso yo, pero le sigo hasta el puestecito de la policía. Una vez dentro, los buenos modales rutinarios y aleatorios se desvanecen y un hombre con media sonrisa relamida me grita:

-Venga, chaval, saca lo que lleves, porque si no lo sacas por las buenas, lo sacarás por las malas.

¿Ein?, acerté a decir después de mi siesta de tres horitas en el tren. ¿Que saque qué?

-La droga, la mercancía, joder. Mira, no te hagas el listo, chaval, que te metes en un lío.

Iba a decir algo, pero la incredulidad me paralizaba. No sabía que las películas imitaban tan bien la sordidez policial, o al revés, no sabía que los maderos habían aprendido tantas frases de las películas. Cuando ya por fin encontré las palabras en la cabeza para protestar, una agente que manoseaba mi cartera y comprobaba mi DNI, dio con el carnet de prensa. El hallazgo les bajó los humos. Me preguntaron -amablemente, eso sí- en qué medio trabajaba y el trámite rutinario se aceleró bastante.

Tiempo después, un reportaje me llevó a los despachos de la jefatura superior de policía para entrevistarme con un cargo. Entré, tomé asiento y, ¿adivináis quien era? Efectivamente, el tipo de la media sonrisa dispuesto a sacarme la droga por las malas. Ni él ni yo mencionamos aquello, aunque era evidente que se acordaba de mí. Me hice una idea bastante correcta de cómo servía al ciudadano aquel individuo. Estoy convencido de que el carnet me libró de algún que otro tortazo.

Anécdota 3:
Un amigo y yo pasamos un día campestre en un pueblo pequeño donde mis padres tienen una casa. Es invierno y cogemos el tren bien temprano, por lo que nos abrigamos con nuestras respectivas chupas de cuero. Hace mucho que no voy a ese pueblo, así que dudo que nadie me reconozca. Decidimos comprar unas cervezas y algo de comer en la tienda, y a ella entramos. Dentro, sólo está la tendera y una señora mayor sostenida por dos muletas. El silencio se hace cuando entramos en el local. Un silencio tenso que nuestras sonrisas no lograron relajar. Creían que íbamos a atracar el negocio. La señora de las muletas, en un acto heroico, dijo:

-Bueno, yo ya me voy -y guiñando el ojo a la tendera, añadió-: pero si me necesitas, me quedo.

Señora, por dios, pase que sea desconfiada y paranoica, pero mida sus fuerzas, que se enfrenta a dos muchachotes bien desayunados. Después de unos tensos minutos, logramos salir con las cervezas, unas patatas fritas y algo de embutido, pero el corazón de aquellas dos mujeres rozó la taquicardia durante la transacción.

Estas tres anécdotas forman parte de un repertorio mucho más amplio, que cada vez se prodiga menos, pero que sigue ofreciendo episodios. Por tanto, terroristas y malhechores del mundo, yo os recomiendo que, si queréis pasar desapercibidos, os compréis un buen traje, os afeitéis y vistáis como un numerario del Opus. Así podréis poner bombas y atracar tiendas a tutiplén sin que nadie os ponga el más mínimo reparo. Suerte.

Foto: tiene mala pinta, ¿verdad? No le querrían como novio de su hija, ¿no? Scotland Yard le dispararía primero y le preguntaría después. Pues se perderían la compañía de uno de los músicos más interesantes del siglo XX, Mr. Frank Zappa.

16/08/2006

QUE TE DEN, HENDRIX

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"Felicidades", me ha dicho el cajero automático cuando he sacado pasta esta mañana. Era el primer ente no hogareño que me recordaba que hoy cumplo 27 tiernos añitos, que hasta ahora he celebrado ganándome la tarta de cumpleaños con el (copioso) sudor de mi frente. Estoy hecho un chaval y, además -me digo-, he superado la barrera crítica. Parece -si el día acaba bien- que no emularé a mis ídolos Janis Joplin, Jim Morrison y Jimi Hendrix, todos ellos muertos a mi edad. Tampoco les emularé en sus logros vitales y creativos (snif), pero al menos yo no estoy criando malvas. En fin, que no hay perspectivas de que en las próximas horas me ahogue en mi propio vómito o me inyecte una sobredosis de heroína. Con mirar a los dos lados antes de cruzar la calle, creo que tengo la supervivencia asegurada hasta mañana.

Por tanto, a chincharse, Hendrix; ahí te quedas, Joplin, y que te den mucho por el orto, Morrison. Yo, a diferencia de vosotros, enfilo a gusto la autopista de la ancianidad y de la alopecia. Que os zurzan, James Deanes del mundo.

Alguien que sabía leer las manos aseguró hace años que mi línea de la vida era corta, profunda y de final abrupto: "Morirás joven, de forma violenta y después de una vida intensa", me dijo, y luego se fumó un puro y se bebió una copa de coñac Lepanto de trago. No le he hecho nunca mucho caso, pero me gusta repetirlo porque queda bien. Creía que los 27, edad maldita, iban a marcar esa frontera. De momento, sin embargo, todo es calma y rutina. Deliciosa rutina. Y que dure.

PD: Me acabo de acordar de que Mariano José de Larra, con quien al parecer comparto profesión, también la diñó a los 27. Pero yo no tengo pistola y sólo uso el espejo para recolocarme la pelambrera.

17/08/2006

A COCINAR, A COCINAR

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Mira tú por donde, uno de los regalos de mi onomástica ha sido el último libro de Julian Barnes traducido al español, El perfeccionista en la cocina. ¿Cómo? ¿Un inglés hablando de fogones? ¿Qué será lo siguiente, un ministro saudí hablando de feminismo? Hace unos meses leí un reportaje en The Independent sobre las cocinas y los platos más repugnantes de Europa. En un divertido pero nada apetecible periplo por patatas cocidas lituanas y coles polacas, el autor llegaba al último párrafo diciendo a sus lectores: "No se crean que el Reino Unido sale indenme. Lo que comen lituanos, alemanes, croatas y polacos, al menos, puede seguir recibiendo el calificativo de 'comida', y no puede decirse lo mismo de la dieta inglesa actual".

Por suerte para todos, Julian Barnes es un afrancesado lo bastante inteligente como para no escuchar los cantos de sirena de la nouvelle cuisine. Es profesor de literatura francesa, creo que vive la mitad del año en Francia y tiene un volumen de relatos -que recomiendo a todo el mundo- titulado Al otro lado del canal donde, a través de historias ambientadas en las costas de ambos países, habla de la difícil relación de amor-odio que domina esa frontera de agua llamada Canal de la Mancha. Además de todo eso, Barnes es un tipo dotado de un enorme sentido del humor que convierte algunas de sus páginas en carcajeantes.

También he de decir que no todo está perdido en el "old Empire". Yo disfruto mucho de los "today's dishes" de algunos pubs acompañados con una buena pinta de "beer of the day", y el haggis escocés me parece una cumbre de una parcela deliciosa muy poco apreciada, la de la casquería. Pero el libro no va de eso, sino de cómo un cocinero amateur puede volverse loco entre recetarios imprecisos, contradictorios y pedantes. ¿Qué significa "una pizca"?, se pregunta Barnes y, con buen juicio, apunta: "¿Por qué un libro de cocina iba a ser menos preciso que un manual de cirugía? (Suponiendo , como hacemos todos con angustia, que los manuales de cirugía, en efecto, sean precisos. Quizá algunos suenen igual que los de cocina: 'Vierta una gota de anestésico por un tubo, corte un trozo del paciente, observe la efusión de sangre, tómese una cerveza con los amigotes, cosa la cavidad...')."

Barnes, como cocinero amateur que ha tenido que aprender solo, sin una madre que le guiara en el mundo de las cocciones y los puntos de sal, exige precisión. Él no quiere creatividad, sino seguir a pies juntillas una receta que, a poco que se analice, resulta imposible de seguir. Aunque Ferran Adrià ha convertido el arte culinario en ciencia química exacta, muchos chefs de la vieja escuela defienden todavía con ardor el estilo de redacción de los recetarios clásicos, como los de Caius Apicius o Bartolomeo Scapi, que nunca dan indicaciones exactas y utilizan unidades de medida y de tiempo tan subjetivas como "un pellizco", "unas gotas", "un leve hervor", "infusione sutilmente" o "un generoso chorro". Los que defienden estas indicaciones aluden al criterio y a la sensibilidad del cocinero: de la interpretación personal que haga de estas insinuaciones depende su "toque maestro". Por tanto, dar decilitros y minutos sería tan insultante como dictarle los adjetivos a un poeta.

Todo eso está muy bien, prosigue Barnes, pero el novato necesita ser atado en corto, no volar con libres interpretaciones. En otras palabras, precisa de homilías católicas, no de sermones protestantes. Más concepto del pecado y menos libre examen. En fin, que es un librito muy divertido que demuestra por enésima vez que el buen comer y el buen leer son vicios complementarios que maridan a la perfección. Como último apunte, me encanta la forma en la que dio a conocer a sus padres su afición secreta y les invitó a cenar en su apartamento: "Mi padre observó esta novedad con la misma suspicacia benévola y liberal que había mostrado cuando me sorprendió leyendo El manifiesto comunista o cuando le obligué a escuchar los cuartetos de cuerda de Bártok. Si no va a peor, parecía expresar su actitud, es probable que pueda soportarlo".

17/08/2006 07:00 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 3 comentarios.

18/08/2006

A COCINAR, A COCINAR (y 2)

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Sin ánimo de convertir este fumadero de opio cibernético en una página para gourmets y cocinillas, me apetece hablar un día más de la relación entre los fogones y la letra impresa. Las circunstancias vacacionales me han dejado solo con el suplemento Heraldo Domingo y, por tanto, ayer me tocó corregir con minuciosidad las pruebas de todas las páginas. Y he de decir que, con permiso del resto de compañeros y de yo mismo, que también firmo unas cuantas hojas, lo que más he disfrutado ha sido la sección "Pucheros y placeres", que escribe con elegancia y tronío el gran José Luis Solanilla. En serio, creo que el maestro Solanilla -que no engorda un gramo pese a tener la mesa llena de invitaciones de restaurantes- está haciendo el mejor periodismo gastronómico que se ha hecho nunca en esta pequeña gran región de la Unión Europea. En una parcela periodística tan dada al compadreo, al capillismo y a la publicidad encubierta, José Luis se guía por su solo criterio y su buen gusto, y eso acaba por notarse.

Ayer le dije que su prosa se acerca cada día más a la de los clásicos, transmitiendo una serenidad que abre el apetito de la más anoréxica. Él se lo toma a cachondeo, pero es verdad. Es más, a ver cuando nos obsequia con un librito que recopile esos artículos semanales. Tendrá que darse prisa y aprovechar el tirón, porque la gastronomía está de moda también en las librerías. Ya se han acabado los tiempos en que los únicos libros de cocina eran recetarios con erratas y faltas de ortografía. Ahora, la competencia se ha puesto dura: algunos escritores han descubierto que no se les da mal la agradecida afición de gourmet, y algunos cocineros -menos, muchos menos- han descubierto que con la palabra pueden ser casi tan sublimes como con la cazuela. No es el caso, siéntolo mucho, de Sergi Arola ni de Ferran Adrià (de quien un pajarito me ha dicho que no sabe hilvanar dos frases seguidas sin decir "hostia puta", "joder", "mecagüen").

Uno de esas 'rara avis' que combinan los dos talentos es Abraham García, que se ha hecho famoso por sus artículos en El Mundo, que participa en varios blogs gastronómicos y, de cuando en cuando, nos obsequia con un librito. Todavía ninguno de ficción, pero ha confesado alguna vez que tiene escritos unos cuentos con el mundo de las setas y de los montes de su infancia como denominador común.

El estilo de Abraham es como su cocina: de una austeridad castellana que tiende a desbordarse por el lado barroco de la adjetivación y la metáfora, pero sin caer en extremos caribeños. Creo que leer su prosa y comer en su restaurante, Viridiana, son experiencias parecidas. Yo sólo he comido una vez en Viridiana (muy cerquita del Retiro, en Madrid), pero nunca olvidaré esa presa ibérica preparada en una olla de piedra poblana y servida en tortillas mexicanas, ni esos huevos de corral con foie. Dios, qué hambre me está entrando. Viridiana es un pequeño local muy discreto, que pasa desapercibido al paseante, pero que durante muchos años ha sido referencia y punto de encuentro de cierta "gauche divine" madrileña. En sus mesas han fumado puros y bebido copas García Márquez, José Hierro, muchos directores de cine y muchos actores extranjeros de visita en la ciudad. En realidad, cualquier amante del exceso y de la carcajada tiene un hueco en el lugar, siempre que pueda pagarlo (la cuenta se gana allí el apelativo de "dolorosa") o logre ser invitado por el dueño.

Ahora, Abraham está viajando por todo el mundo para documentarse para su gran proyecto: escribir el gran libro de la casquería. De sus peripecias por Albania, país virgen para los gourmets, dejó un ramillete de artículos preciosos. Es un gran cronista que da la impresión de estar dejando de lado los hornos por la pluma. En fin, que cunda el ejemplo y salgan más cocineros como él. Mediáticos, sí, pero no fashion.

PS: Como no podía ser menos, Abraham admira mucho a Josep Pla, que ha sido, es y será el gran escritor gastronómico de este país. Pero eso es otra historia.

PS 2: Me olvidé de comentar mi tragedia culinaria en tierras portuguesas. Nada que objetar a las maravillosas tascas ni a los restaurantes, pero un día, comiendo en la Alfama, vimos que el telediario cubría la información del "día de las francesinhas". ¿Lo qué? Al parecer, se celebraba en Oporto y consistía en algo parecido a la Octoberfest pero con una especie de sandwiches extraños en vez de jarras de cerveza. Un tipo gordo y hermoso hablaba a cámara satisfecho de haberse zampado unas 350 francesinhas sin apenas inmutarse. Al día siguiente, pasamos por un sitio que ofrecía francesinhas, y a mí se me antojó una. A ver que es esto, me dije. Grave error. Lo que me sirvieron fue un sandwich de carne de cerdo (imposible adivinar de qué parte del animal) recubierto por queso de gratinar pasadito por el grill de un microondas y servido en una cazuela metálica inundada literalmente por un mar de salsa concentrada de carne Perrins. Woody Allen dijo que la tortilla de patata del Ritz parecía "vulcanizada". Pues pídase una francesinha en Portugal, Mr. Allen, a ver qué cuerpo se le queda. Yo me tuve que lavar los dientes a conciencia después de aquello.

18/08/2006 07:09 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

19/08/2006

RECUERDOS, RECUERDOS

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Añadiendo nuevos libros a la biblioteca me encontré el otro día con un poemario de un viejo amigo al que perdí la pista. Su móvil es uno de esos que te apetece marcar en momentos solitarios, pero nunca llegas a pulsar la tecla porque no se te ocurre una buena excusa para entablar una conversación. El sentido del ridículo es ese sentido inútil que nos hace añicos. El caso es que hojeé de nuevo sus poemas -editados como él quiso, imponiendo al editor sus caprichosas condiciones, como la de imprimir los textos sólo por una carilla, duplicando así el coste de papel- y recordé algunas historias suyas. Como no sé si le gustaría aparecer por aquí, llamémosle M.

Cuando la distancia física y vital nos alejó, M. luchaba por terminar Ciencias Políticas. Había hecho Periodismo, pero un verano de becario en un periódico de su tierra, Canarias, le convenció de que aquello no iba con él, así que me temo que sucumbió a las presiones familiares, que le decían que eso del periodismo y la literatura estaban bien como pasatiempos, pero que debía pensar en algo más serio para ganarse la vida. Cuando nos perdimos de vista, M. aspiraba a ingresar en la escuela de Altos Estudios Políticos de París o a empezar una carrera diplomática. Pero esa era su fachada ante el mundo. Ante la vida, M. era un sentimental, y como tal se hacía querer.

Por aquel entonces, yo desdeñaba los detalles y pretendía ir al fondo de las cosas, pero M. me convenció de que el fondo estaba precisamente en los detalles. M. se enamoró de una chica asturiana a la que llamaba "el Amor", así, con el artículo determinado delante. Decía: "He quedado con el Amor" o "Ahora va a venir el Amor" o "El otro día, el Amor me contó...". Al llegar un puente o unas vacaciones de Semana Santa, a M. le llegó el momento de conocer a la familia del Amor, y compró un billete de tren a Oviedo. Pero a M. le asaltaba una duda. La madre del Amor tenía una peluquería, y M. quería conquistar a los padres del Amor de la misma forma que un día había conquistado al Amor. Por tanto, pidió consejo acerca de qué champú llevar. "¿Te imaginas que aparezco con un champú inapropiado? Una peluquera jamás perdonaría eso", decía, angustiado. La madre del Amor no resolvió gran cosa: el champú apropiado dependía de su tipo de pelo, y como todavía no le conocía, no podía aconsejarle ninguno. Las opciones se contaban por decenas, y M. se mordía las uñas ante los estantes. Al final, desesperado, metió en la maleta su champú de siempre, encomenándose a todos los santos republicanos (Salmerón y Pi i Margall) y literarios (Borges, Bioy y Sábato) que admiraba.

M. era un incansable activista republicano. Pero intelectual. Lo suyo eran las cenas, los encuentros literarios y las charlas inagotables. El trabajo de masas se lo dejaba a otros. Una vez, en un aniversario de los últimos fusilados por el franquismo, quiso organizar una mesa redonda con ex miembros de las tres formaciones represaliadas, el FRAP, el GRAPO y ETA. Del primero y del tercer grupo no le fue difícil encontrar gente: la universidad está llena de profesores ex militantes de ambas dos. Lo del GRAPO parecía más difícil, pero no imposible. M. se presentó una mañana de domingo en la plaza Tirso de Molina de Madrid (para quien no lo sepa, tradicional lugar de reunión de organizaciones de extrema izquierda las mañanas de Rastro) y se acercó al puesto del PCE(r), regentado por una señora de edad indeterminada -entre los 60 y los 300 años-, llamada "mamá GRAPO". M. contó a "mamá GRAPO" su situación. "¿Y qué quieres que yo le haga?", respondió, arisca. "Hombre, como el PCE(r) es el brazo político del GRAPO, nosotros...". "¿Qué? ¿A tí quién te ha dicho eso, desgraciado?". Glups. La situación era tensa. M. llegó a pensar que no necesitaría comprar champú porque le iban a arrancar la cabellera, pero la sangre no llegó al río. Al final, obtuvo sus dos ex convictos del GRAPO. Y, con diferencia, fueron los más siniestros de aquella mesa redonda que heló la sangre de los asistentes. M. tuvo que concluir a regañadientes que el debate no había sido una buena idea.

¿Qué habrá sido de M.? ¿Estará a punto de ser el nuevo Moratinos? Tengo fe en él. Una fe un poco paternal. Odiosamente paternal, pero estoy convencido de que oiré hablar de él. No será por sus poesías -desgraciadamente, pues tenía madera-, pero seguro que, tarde o temprano, le veré en el escaparate mediático. Era seductor y tenía voz profunda.

Creo que el Amor le abandonó cual perro herido, pero seguro que se ha rehecho del golpe con una sobredosis de ron de su isla y de versos de su corazón. En fin, M. A lo mejor, un día de estos, marco tu móvil. Un viril abrazo mientras tanto.

PS: Acabo de darme cuenta de un detalle -los detalles, siempre los detalles- que puede restar credibilidad a estas historias. Los GRAPO, nacidos en 1975, no fueron represaliados en las últimas ejecuciones del franquismo. Sin embargo, los ex miembros del grupo terrorista participaron en esa mesa redonda con motivo del aniversario.

20/08/2006

ENTREVISTA A DEEP PURPLE

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Aunque el concierto de Deep Purple en Zaragoza se suspendió por la inundación del pabellón Príncipe Felipe, antes de irme de vacaciones yo había dejado enlatada una entrevista que hice al bajista Roger Glover por teléfono desde Italia. Pese a la suspensión, Heraldo la publicó el 20 de julio pasado. Ahora, como fan de Deep Purple, la cuelgo aquí.

Son supervivientes de la generación rockera de los primeros 70. ¿Cuál es su secreto para mantenerse en la brecha durante casi 40 años?

Bueno, somos incluso más viejos: ¡Empezamos en los 60! ¿Por qué nos mantenemos en pie mientras la mayoría de las bandas que nacieron con nosotros han desaparecido? Es un constante misterio para mí. Me lo he preguntado a veces y he llegado a la conclusión de que nuestra permanencia se debe a que hacemos música honesta. No nos metimos en esto para ser ricos y famosos, sino para hacer música. Las poses y las ansias de fama son fugaces, pero, al final, queda la música.

Muchos les consideran los padres del heavy metal. ¿Qué piensan de eso?

No sé, es algo difícil de decir, correspondería a otros afirmarlo. En cualquier caso, el heavy metal es una música muy comercial, y nosotros hacemos rock duro. Tratamos de transmitir una serie de sensaciones relacionadas con la vida, con el amor y con nuestra visión del mundo. El heavy habla de cosas como la guerra o la muerte, y lo hace en un tono grandilocuente y retórico que nada tiene que ver con lo que hacemos nosotros o compañeros como Led Zeppelín o Black Sabbath. Es cierto que los heavies nos reclaman como influencia, pero creo que ellos tienen mucho más que ver con el punk que con nosotros.

Parece que, en los últimos tiempos, han reorientado sus espectáculos hacia un estilo más sencillo y directo, tras montajes con orquestas y otro tipo de parafernalias...

Los miembros de Deep Purple venimos de diferentes tradiciones musicales, con trayectorias muy dispares, y eso convierte al grupo en una mezcolanza muy heterogénea. Por eso, cambiamos a menudo nuestras actuaciones: lo mismo podemos arroparnos por una orquesta que adoptar un tono más blues o más sucio. Pero, por encima de todo, nuestras influencias se resumen en el hard rock. Somos un grupo de hard rock y, sobre el escenario, ésa es nuestra actitud.

Creo que tienen una relación intensa con el público español. ¿Qué lo distingue de otros?

En todo el mundo, la gente viene a vernos por idénticas razones, por lo tanto, las diferencias entre países son escasas. Es verdad que los españoles son más emotivos y se entregan más. Hay "feedback" en el escenario, hasta el punto de que tienes la sensación de que no somos una banda tocando frente a un público, sino algo más homogéneo haciendo algo conjunto.

¿Qué queda de los poderosos Deep Purple de los 70?

Han cambiado muchas cosas, pero hay una que se mantiene, y que nos sitúa en un extremo contrario al del heavy metal: el sentido del humor. El heavy es una música muy seria y aburrida. Nosotros siempre nos lo hemos pasado muy bien con nuestro trabajo, pero no buscando una diversión de adolescente, sino, digamos, buscando el placer intelectual. Y eso se aprecia entonces y ahora. En mi caso, lo que ha cambiado es que ahora me siento más cómodo en el escenario. Cuando eres joven, te preocupas mucho por quedar bien, por la pose y por cómo te iluminarán los focos. Intentas ser guay, pero cuando creces, te vuelves más seguro y disfrutas de la actuación. Eres más tú, y eso el público lo nota.

¿No les cansa tocar todas las noches su himno "Smoke On The Water"?

No, porque tenemos en cuenta que, cada noche, tocamos delante de un público que la escucha interpretada por primera vez, pues nuestros seguidores se renuevan y son cada vez más jóvenes. Por tanto, es una experiencia refrescante, nada monótona. Da gusto ver cómo disfrutan y se emocionan cuando oyen los famosos acordes. ¿Cómo nos va a aburrir eso?

¿Cuánto tiempo le queda a Deep Purple? ¿Morirán con las botas puestas?

Le queda mucho tiempo, porque no somos una banda de chicos guapos, sino un grupo de músicos que se divierten y, al tiempo, se lo toman muy en serio. Me gustaría morirme haciendo esto.

20/08/2006 17:34 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Música Hay 9 comentarios.

21/08/2006

MADURE, IMBÉCIL

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"Jane es la típica adolescente: insegura, malhumorada, que todo lo ve negro... Me gustaría decirle que se le pasará con el tiempo, pero no quiero engañarla". La frase la pronuncia Lester Burnham (Kevin Spacey) en American Beauty, cuyo guión lo firma Allan Ball, creador de la serie A dos metros bajo tierra. Creo que la frase resume gran parte de las intenciones artísticas de Ball: no querer engañarnos, precisamente lo contrario de lo que hacen sus personajes y de lo que hacemos nosotros mismos.

Recuerdo que en el instituto armamos una vez una buena bronca con una revistita fotocopiada que hacíamos por nuestra cuenta y riesgo, pero con la multicopista del centro. No recuerdo qué barbaridades escribimos, pero la dirección nos obligó a publicar una rectificación si no queríamos pagar los costes de las fotocopias ni tener un expediente abierto. Publicamos la rectificación a nuestra manera e incluimos dos páginas de reacciones a nuestra barrabasada recogidas entre los profesores. De los corifeos de indignación académica, destacaba una frase que se me ha quedado. Un docente resumió así nuestra fechoría: "Es como el acné, una típica adolescentada". Nos encantó la sentencia y la destacamos en negrita.

Al llamarla "adolescentada", descalificaba nuestra acción subversiva (qué malos éramos, chico, chico) tachándola de inmadura, de propia de elementos infantiloides que no saben medir las consecuencias de sus actos. Pero erraba, pues nuestra barrabasada era realmente fruto de cierta madurez, y perseguía el efecto que tuvo, luego sí que habíamos medido las consecuencias. Es más, nos valíamos arteramente de nuestra juventud para desviar lo peor de esas consecuencias. Si hubiéramos sido adultos, se nos hubieran exigido unas responsabilidades que, al ser menores de edad, esquivamos alegremente. Sabíamos perfectamente lo que hacíamos. Éramos unos cabrones resabiados que merecíamos ser atados en corto, pero no éramos inmaduros. De hecho, habíamos dado muestras de haber asimilado a la perfección el espíritu de ciertas vanguardias artísticas, pero nuestra revista no fue colgada en el MOMA junto al urinario de Duchamp. Es más, creo que ni yo mismo conservo ningún ejemplar, aunque me gustaría que apareciese en alguna de esas cajas que te acompañan de mudanza en mudanza y nunca llegas a abrir. A lo mejor languidece en el trastero de la casa de mis padres.

Hablando de teorías del arte, creo que Eugeni d'Ors erró en su teoría del péndulo: los extremos entre los que oscila su imagen no son el barroquismo y el clasicismo, sino la pulsión de madurez y la pulsión de inmadurez. Esas son las tendencias dominantes en cada momento, eso es lo que conviene valorar para saber en qué ambiente social y cultural nos movemos. Hay épocas en las que se valora la madurez, y entonces aparece la novela francesa y su imitador Galdós. Hay épocas en las que se valora la inmadurez, y entonces aparecen la música pop y el pensamiento de Antonio Escohotado. Creo que vivimos en una época dominada por la segunda pulsión, pero que presenta ciertos síntomas de agotamiento. Es probable que los peterpanes que cortan hoy el bacalao cultural dejen paso pronto a seres taciturnos y moralizantes. Pero estos también se agotarán, y así sucesivamente.

De momento, sin embargo, Peter Pan está de moda. Los libros de autoayuda te invitan a explorar ese niño que llevas dentro, la juventud se prolonga hasta los 35 o los 40 años y L'Oreal se forra vendiendo potingues para él y para ella. Todo lo contrario de lo que desean los padres: que madures, hijo, que sientes la cabeza de una vez y hagas ingeniería como tu primo, que le va muy bien y acaba de reformar el chalet. Fuera del microcosmos familiar, las fuerzas represoras del Estado globalizado ofrecen descuentos en albergues juveniles, billetes de avión de bajo coste y Erasmus prorrogables por décadas para que te pongas las botas de intercambiar fluidos corporales con personas de todos los países. Nunca antes el discurso paterno-burgués había estado tan desprestigiado ni había tenido tantas resistencias. El pelo verde de Baudelaire, el panfleto La necesidad del ateísmo de Percy B. Shelley (que le costó la expulsión de Oxford -¿o de Cambridge?-) y los vómitos de los punk son gracietas infantiles al lado de este circo, que cuenta con el apoyo del complejo urbanístico-inmobiliario-marbellí, que sube los precios de la vivienda para mantener a los jóvenes alejados de perniciosas comodidades burguesas.

La estrategia de infantilizar la sociedad va cuajando en un inverosímil nihilismo optimista facilón y atractivo. No seré yo quien moralice con la vara de predicador, líbreme Marx, pero siento una innata repugnancia por la homogeneidad. Cuando todos van en una misma dirección, me entra miedo, e igual de invivible me parece un mundo lleno de severos ascetas amargados como Javier Marías que uno lleno de despreocupados remedos intelectuales de Al salir de clase (adolescentes con arrugas y canas, vaya).

"Me gustaría decirle que se le pasará con el tiempo, pero no quiero engañarla". Y, para no engañarla, no le dice nada. Ya lo descubrirá ella misma. Sin fronteras ni requisitos de madurez -que es una imagen literaria [la madurez] penosa, por cierto-. Yo sólo lucho por librarme de consignas, aunque eso mismo sea una consigna. No admiro a los peterpanes porque siento que hay una barrera insalvable entre ellos y yo, una barrera que impide la comunicación: hablamos idiomas distintos. Tampoco me voy a ir al bando de los que nacen viejos y admonitorios, porque me aburren soberanamente y yo necesito gente que utilice su ingenio para algo más que para vestir de negro el mundo. ¿Adónde voy, pues? Le preguntaré a Fernando Fernán-Gómez, que parece un hombre vivido, sensato y sensible:

-¡A la mierda! ¡Váyase a la mierda!

Pues nada, a ella me dirijo. Hasta pronto.

22/08/2006

MÁS STRANGEHAVEN

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Estas manitas que se han de comer la tierra ya tienen la tercera parte de Strangehaven, cómic británico del que ya se ha hablado en este rinconcito (copiad y pegad esta dirección en vuestro navegador, porque temporalmente no me funcionan los hipervínculos: http://sergiodelmolino.blogia.com/2006/041001-strangehaven.php). Recién editada en España. Una gran incorporación a la cada vez menos modesta sección "cómic" de mi biblioteca. No voy a repetir lo ya dicho, pues la historia sigue con los mismos planteamientos y la misma sobriedad enigmática que comenté aquí, por lo que os remito a lo ya dicho.

Esta nueva entrega del cómic de Gary Spencer Millidge viene con prólogo de Dave Gibbon (veterano historietista de DC, donde ha dibujado a Superman, a Batman, a Watchmen...). Un prólogo que no hace honor al libro que preludia. Su argumentación básica es que Strangehaven es un cómic muy británico. Y esto, en un momento en el que ciertas complejidades globales y ciertas amenazas terroristas conduzcan a que ya ni The Times (de capital australiano, por cierto) sepa qué coño es ser británico. Pero Gibbon lo tiene claro, y para sustentar su aseveración, dice: "Es un cómic muy educado. No reclama atención para sí mismo, no grita ni se pavonea (...). Es un cómic muy contenido (...). Es un cómic con los pies en la tierra (...). Es un cómic hecho con calma. Como el seguimiento de la pelota por los comentaristas de criquet, se desarrolla de forma medida y discreta (...). Es un gusto adquirido. Como la salsa HP, la Dark Mild o los huevos en salmuera (...), y la verdad es que no se hacen en ninguna otra parte del planeta".

Lo primero que hay que deducir de esto es que Gibbon tiene a sus compatriotas en muy alta estima: los británicos son educados, discretos, contenidos, calmos y originales. Ojalá pudiera decir yo lo mismo de mis vecinos. "No grita ni se pavonea" (¿como un hooligan, tal vez?). "Con los pies en la tierra" (¿como un parado de larga duración de Glasgow de vacaciones en Mallorca con un pedo fenomenal a las cuatro de la tarde y meándose en la vía pública?). "Como el seguimiento de la pelota por los comentaristas de criquet" (¿o como las orejas mordidas en un partido de rugby?). Vamos, Gibbon, no me jodas.

Lo que Gibbon atribuye a la "british way of life" no son más que generalidades aplicables a cualquier nacionalidad. Incluso el gusto por contar historias, que no he citado, pero que Gibbon considera el no va más de lo británico. Pues si algo tienen en común un esquimal canadiense, un jubilado coreano de Hyundai, una tatuadora ceilandesa, un delegado electoral suizo, un concejal de Guarromán (Córdoba), un multimillonario californiano y un niño perdido en el centro de Buenos Aires es, precisamente, que a todos les gusta contar y que les cuenten historias. Es un vicio anterior a la literatura escrita misma, y el cómic no es más que una de sus últimas manifestaciones (y, por supuesto, el cómic nació anglosajón, pero no británico).

Qué manía con nacionalizar las cosas, redios. Si Strangehaven fuera tan irremediablemente británico, no deberían esforzarse en traducirlo y editarlo en el extranjero, pues no íbamos a entender su idiosincrasia. Por fortuna, la realidad es que la historia transcurre en un pueblo pequeño, y gracias a la idea platónica de "pueblo pequeño", todos podemos entender los implícitos y las insinuaciones de la historia. Pero no se lo contéis a Gibbon, que se chinche y se quede con sus pastitas de té y su roast-beef con salsa de menta.

En fin, que me gusta Strangehaven y se lo recomiendo a todo el mundo, aunque no podamos disfrutarlo a los mismos niveles que un chaval de Essex que desayuna gachas.

22/08/2006 01:38 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Cómic No hay comentarios. Comentar.

INCOHERENCIAS SUBVENCIONADAS

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Hay algo que no termino de entender en la carta abierta de María Giménez a la ministra de Cultura. Por un lado, dice que la "limosna" de 30.000 euros que ha recibido del Estado es tan pacata que le va a obligar a cerrar su compañía de ballet clásico. Por otro lado, define su empresa como "una realidad que llena teatros y recibe calurosas críticas y felicitaciones". Me lo expliquen: puedo entender la necesidad de una magna subvención si -como les sucede a tantos y tantos grupos musicales, teatrales y de danza de este país- su público se reduce a sus papás, sus primos hermanos y la taquillera que se lima las uñas mientras bosteza. Pero, si, según propia confesión, Giménez "llena teatros", ¿para qué diantres quiere una subvención? ¿Es que el público no paga la entrada? A lo mejor, lo que necesita son guardias jurados que obliguen a los espectadores a pasar por taquilla antes del espectáculo. Hay mucho colón suelto y mucho periodista con acreditación que se apunta a un bombardeo.

En fin, pero en asuntos culturales hay que andarse con ojo, porque sucede algo parecido a lo de los israelíes con el antisemitismo: en cuanto alzas una palabra en contra del clientelismo y de la simonía dominantes, se te echan encima, tachándote de cerdo analfabeto que quiere que la cultura se pudra. No, señores, no quiero eso, ni mucho menos. Ni siquiera deseo la desaparición del ballet de María Giménez, aunque yo no vaya a verlo. Lo único que pido -como contribuyente- es un poquito de coherencia. Acusar al ministerio de "boicot" por no conceder la subvención solicitada me parece, por lo menos, excesivo y un punto paranoide -amén de insultante para todos aquellos que ni siquiera huelen el dinero público-. Pero qué sé yo. Aquí debajo tenéis la carta completa que ha enviado a la prensa la bailarina, para que juzguéis vosotros mismos. Mientras la leeis, voy a redactar una indignada misiva a Carmen Calvo para decirle que su subvención por el blog no me da ni para pipas. De hecho, no me da ni para un vaso de agua, y yo me desgasto mucho los dedos tecleando. A ver si me financian un dedal o algo, que para labor cultural, la mía y la de mis colegas. Ah, y si María Giménez no quiere los 30.000 euros porque le saben a poco, que me los dé a mí, que con esa pasta le pongo yo unos remates dorados a esta página, contrato a un negro que me escriba y me financio un crucero para recabar anécdotas que den contenidos nuevos al blog. Fíjese usted por cuántos conceptos puede darme subvenciones: creación de puestos de trabajo, embellecimiento de internet y difusión de los placeres del mundo entre el vulgo hispano. Traiga para acá esos eurazos, que yo pondré el arte, señora ministra.

Yo, como directora del Ballet Clásico ARTE 369, me siento en la obligación y con el derecho de comunicar públicamente a los medios, que, tras el boicot que el Ministerio de Cultura continúa ejerciéndome, el Ballet Clásico -única compañía de este género en España- tendrá que desaparecer.

La Sra. Carmen Calvo ha otorgado al Ballet ARTE 369 una subvención con la misma cuantía -o más bien limosna- que el año pasado, es decir 30.000 euros, cantidad que se gasta en 6 meses tan sólo pagando la Seguridad Social de su compañía.

La Sra. Calvo se debe sentir con el derecho de privar al gran público español de una parte del ARTE, así como no valorar, ni apoyar la iniciativa única en España de alguien que ha hipotecado todos sus bienes y ha entregado con gran generosidad toda su dedicación y experiencia para crear, de la nada y sin ayuda, lo que en un principio fue un proyecto y hoy una realidad que llena teatros y recibe calurosas críticas y felicitaciones.

Los intereses que mueven a este Ministerio no son sólo para despreciar sino para destruir lo que con tanto esfuerzo y sacrificio he logrado crear con mi equipo; y eso es algo que, aunque oculto, sigue siendo una aberración hacia la Cultura.

He enviado telegramas a la Presidencia del Gobierno y a la ministra de Cultura suplicándoles una ayuda o, al menos, una entrevista. Al parecer el Arte no les interesa, o, al menos, el Ballet Clásico. La Sra. Calvo está demasiado ocupada como para entrevistarse o enviar una carta a la persona que ha conseguido crear y demostrar lo que su Ministerio considera un costoso imposible sin interés para nadie.

Foto: María Giménez

22/08/2006 19:26 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Arte Hay 15 comentarios.

24/08/2006

POBRE PLUTÓN

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Me da pena Plutón. De la noche a la mañana, por el capricho metódico de unos científicos, ha dejado de ser planeta. ¿Cómo se lo habrá tomado? Porque ser planeta es el no va más. Incluso mola más que ser estrella, que son estériles bolas de fuego. Ser un cometa no está mal. Tiene el encanto fugaz y misterioso del amigo que aparece de improviso en una cena y anima la velada. Ser satélite equivale a una amiga petarda que siempre molesta y mira con embeleso al planeta. Pero no hay nada mejor que un planeta en el club Sistema Solar, eso lo sabemos todos. Y Plutón era un planeta que, de repente, se ha quedado sin carnet de socio.

Es muy feo eso que han hecho. Ahí estaba Plutón tan a gusto. Se acababa de pedir un gin-tonic y mariposeaba por la sala repartiendo sonrisas. Marte le había contado un chiste genial, Mercurio cotilleaba sobre la última trastada de la Tierra y Venus le lanzaba miraditas. Era el puto amo, señores. Con el segundo gin-tonic, decidió acercarse a la risueña Venus, que según Júpiter era algo ligera de cascos ("Buah, esta se lo ha hecho con todos mis satélites. No le hace ascos a nada: la guarrilla galáctica la llaman"). Plutón estaba juguetón. Tenía ganas de llevar a Venus a un aparte cerca de Andrómeda, y casi lo había conseguido cuando los astrónomos empezaron la redada. Qué barbaridad: irrumpieron en el Sistema Solar como elefantes en una cacharrería.

-A ver, Plutón, documentación.
-Te-te-tenga, señor.
-Pero oiga, esta credencial de planeta está caducada.
-Pensaba ir justo esta semana a renovarla. Se lo juro, pero no he tenido tiempo.
-Ya, ya. Pues es un poquito tarde, amigo. No nos gusta tu jeta, coleguita. Anda, lárgate del Sistema y no asomes más por aquí tu sucia materia -y, volviéndose hacia Venus, le preguntó: ¿Le estaba molestando este patán, señorita?

Cabizbajo y apesadumbrado, Plutón abandonó la sala, y ahora da vueltas en su órbita escuchando de lejos la juerga planetaria, en la que ya no puede participar.

Pobre Plutón.

25/08/2006

GETAFE CITY

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158.362 habitantes. Los suficientes como para ser considerada "gran ciudad", según la ley. Claro que se diluyen frente a los más de tres millones del monstruo de Madrid y los casi dos millones de la aglomeración sur (Móstoles, Leganés, Parla, Coslada...). Pero el alcalde de Getafe, harto de sentirse enano junto a la figura histórica del de Móstoles (que para algo declaró la guerra al gabacho) ha decidido dar el cante y proclamar su intención de batirse en buena lid con su mastodóntico vecino. El premio: la capitalidad de la Comunidad.

Getafe quiere ser la capital de la Comunidad de Madrid. Si Santiago lo es de Galicia, y Mérida, de Extremadura, ¿por qué no Getafe de Madrid? Argumentos que esgrime el desacomplejado primer edil:

a) Ser una gran ciudad conforme a la ley.
b) Tener una prestigiosa universidad, la Carlos III.
c) Tener un Obispado (glups).
d) Tener el 70 % de la industria aeronáutica española (con la base de Cuatro Vientos al lado, así cualquiera, pero Barajas tampoco anda manco).
e) Tener un hospital.
f) Tener un conservatorio.
g) Tener un equipo de fúmbor en primera división.

Sin entrar a valorar que esos seis importantes méritos son raquíticos comparados con los de Madrid, vamos a ver, señor alcalde: ¿para qué quiere meterse en semejante berenjenal, con lo tranquilos que viven ahora que les han puesto Metro y todo?

Mi (modesta) contribución al debate territorial del Estado de las Autonomías: la creación de la Comunidad de Madrid es de lo más ridículo que se ha visto nunca. Dado que España es un estado federal camuflado, en rigor y coherencia, su capital debería haber sido declarada "distrito federal" (como Buenos Aires, como Washington, como México). Así, se atenderían los problemas propios de la capitalidad, que no son pocos. Yo pienso que la actual capitalidad por partida doble no le sienta nada bien a Madrid, y cualquier alcalde que quiera llenar de burócratas su ciudad, como el de Getafe, debería ser destituido en el acto. Mientras no exista un distrito federal en condiciones -que, de hecho, llegó a plantearse en los debates constitucionales-, el absurdo crecerá y los getafenses acabarán hasta el gorro.

Dicho lo cual, ¿a qué espera Calatayud para reclamar la capitalidad de Aragón? Por favor, que se lleven ya la funcianocracia autonómica de mi ciudad. Alcaldes de municipios periféricos: ya que acogen nuestros vertederos y nuestros narcotraficantes, ¿tendrían la amabilidad de acoger también a nuestros políticos, directores generales, consejeros, presidentes y portavoces de grupos mixtos? Los habitantes de las capitales les quedaríamos muy agradecidos. Un saludo.

Foto: el alcalde de Getafe.

26/08/2006

PERROS DE PAJA

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Vive la picaresque! Pilluelos, holgazanes, bon vivants, gigolós sin gomina, ediles marbellíes, falsos tullidos que reclaman pensiones, traficantes de visados en la salida 4-A del aeropuerto de Casablanca. Todos vosotros estáis de enhorabuena, porque hoy se ha demostrado, una vez más, que la posmodernidad, la cultura, el cosmopolitismo y los fondos de la Unión Europea no pueden con vuestra cultura picaresquil.

Lugar: el Madrid de Gallardonius I. Escenario: posmodernas instalaciones aclamadas por su arquitectura exterior e interior. Sujetos: los más brillantes matemáticos del mundo, eminencias, cerebros del nivel de Newton y Einstein. En la prensa, genios inigualables. En el argot de los pillos y de los truhanes, simples pichones.

Pues bien, resulta que en este Madrid, que sigue siendo una mierda, como decía la canción, a unos espabilados se les ha ocurrido la genial idea de hacerse pasar por policías a la entrada del congreso matemático. Con la excusa de comprobar la documentación de los doctores de Harvard y de Oxford, les cacheaban y les birlaban la cartera. Lo han denunciado varios matemáticos, supongo que ofendidos y avergonzados por igual. Total: un episodio del Lazarillo en el posmoderno Madrid del siglo XXI. Fantástico.

Deberían andarse con ojito estos cachondos carteristas, pues Sam Peckinpah ya nos enseñó que un matemático enfadado puede ser temible. En Perros de paja (basada en una novela de Gordon Williams), Dustin Hoffman es un matemático estadounidense recién casado con una joven y apetecible inglesa (Susan George). Para concentrarse en su trabajo, la pareja compra una casa en las afueras del pueblo natal de ella, al norte de Inglaterra. Allí, Hoffman se convierte de inmediato en el objeto de las burlas de los pueblerinos: por partida triple, por ser americano, por dedicarse a una incomprensible actividad intelectual y por tener una mujer atractiva y más desinhibida de lo que el puritanismo ambiente está dispuesto a tolerar. La tensión va subiendo y el apocado Hoffman soporta haciendo pucheros las constantes humillaciones de los "town boys". Su mujer le considera un pelele, le exige que plante cara. Peckinpah maneja la angustia psicológica con pericia de cirujano, hasta que se produce el estallido final, en el que el apacible matemático saca la bestia violenta que lleva dentro. Y no cuento más, que seguro que hay quien todavía no la ha visto.

Si han visto Perros de paja, los carteristas estarán poniéndose a salvo de la furia de Pitágoras. Chavales, esto no es el patio del colegio: ya no puedes darle collejas al empollón y pavonearte de ello en los futbolines. Ahora son los empollones los que tienen la sartén por el mango. Y su venganza puede ser terrible. Avisados quedáis.

Foto: fotograma de Perros de paja.

26/08/2006 17:15 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Cine Hay 1 comentario.

28/08/2006

TÓPICOS DE VERANO (1): LOS RODRÍGUEZ

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***Durante julio y agosto, he publicado una serie de siete artículos en el suplemento Heraldo Domingo titulada Tópicos de Verano. En realidad, los textos eran una excusa para acompañar las fantásticas ilustraciones de Álvaro Ortiz, que amablemente me ha dejado colgar en este blog (él también tiene el suyo, que os invito a visitar pinchando aquí o buscándolo en la sección "enlaces"). Es la primera vez que textos míos aparecen ilustrados, con excepción de los cuentos que el verano pasado mejoró Alberto Calvo con sus "ex libris". Espero que esto sea el inicio de una hermosa amistad con el mundo de la ilustración y con el mismo Álvaro. Aquí os dejo los tópicos.

La situación todavía no es grave, pero empieza a ser preocupante. Las organizaciones ecologistas llevan varios años advirtiendo de la amenaza que se cierne sobre una especie ibérica, de hábitat urbano, muy querida por todos y que sólo se deja ver en los meses estivales. Conocida científicamente como "rodriguensis vulgaris", el rodríguez es una especie delicada, cuya supervivencia se ve seriamente amenazada por nuevos hábitos de la vida moderna. Por eso, para evitar su extinción, conviene conocerla a fondo.

El rodríguez vulgar hispano anida en cómodos sofás de tres piezas previamente desalojados por la cónyuge y las crías, que emigran a la costa para no importunarle. Cuando esto sucede, el rodríguez experimenta una gran mejoría en su natural abatimiento laboral de invierno. Varias son las señales que indican este mejoramiento: silbidos y sonrisas frecuentes, y la engañosa impresión percibida frente al espejo de que recupera cierta densidad capilar en la zona de la cabeza.

El rodríguez, incapacitado para la caza, precisa de grandes remesas de comida almacenadas en el congelador. Por eso, no puede vivir en hábitats sin microondas. La comida almacenada puede fácilmente sustituirse por pizzas y patatas fritas, pero el rodríguez perecería si no tuviera acceso a un suministro constante de cerveza de oferta del hipermercado. Asimismo, esta especie no puede proliferar en espacios sin televisión por cable, con varios canales de deportes incluidos. Conviene que los guardas forestales comprueben que las pilas del mando a distancia pueden aguantar todo el largo verano, pero deben poner especial cuidado en no ser descubiertos mientras realizan la comprobación, pues el rodríguez es muy territorial con este utensilio.

El rodríguez ibérico precisa también de un bar cercano donde pueda encontrarse con otros congéneres. En este espacio, y en ausencia de hembras, los rodríguez se enfrentan en temibles competiciones en las que se retan por ver quién viste la camisa más arrugada o quién lleva más tiempo sin cambiarse de muda. El campeón de estos torneos se gana el respeto y la admiración del resto de la manada, que le agasaja con cañas y pinchos de tortilla.

Varios son los depredadores que amenazan su plácido verano. La "suegris terribilis", despiadada ave rapaz, gusta de trazar círculos sobre su madriguera, pero el rodríguez ha desarrollado varias estrategias para burlarla. La suegra se vale de artimañas tales como pretender regar las plantas para interferir en el normal desarrollo del verano para lograr su objetivo: mantener informado de las actividades del rodríguez a otro depredador más peligroso, la "parientam arpiam", que aguarda el momento de regresar de la costa para destruir a nuestro pobre animal.

Pero el rodríguez sabe bandear estas amenazas; cuenta con ellas y apenas le asustan. Hay, sin embargo, otros peligros que le superan y cuestionan su existencia en futuros veranos: el acceso de la mujer al mercado laboral y las vacaciones conjuntas. Las autoridades deberán tomar medidas al respecto si no queremos ver nuestras ciudades desprovistas de rodríguez y plagadas de ordenados padres de familia.

28/08/2006 12:42 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: