SUTILEZAS

No he visto todavía María Antonieta, pero he dedicado el fin de semana a la familia Coppola y a mi querido amigo S., que se recupera en el hospital de una reciente operación que me ha obligado a vencer mi aversión a los hospitales para pasar con él un par de tardes. Me siento culpable por hacerle reír, ya que le tiraban los puntos cada vez que le venía una carcajada, pero creo que no le ha sentado mal. De lo que más nos hemos reído (bueno, nos reíamos los demás, él sólo hacía muecas y se llevaba la mano a la herida) ha sido del descubrimiento que ha hecho en uno de sus paseos por el pasillo. Cuenta S. que uno de los armaritos que usan las enfermeras para almacenar cosas estaba abierto, y dentro había un montón de cajas rotuladas con letras grandes: "SUDARIOS". "Joder, podían disimular un poco y llamarlos 'sabanitas especiales' o algo", se ha quejado. Le he dicho que vigile si falta alguna sabanita especial durante el día. Así, si nota un sabor extraño en la carne que le sirvan de cena, ya sabrá a que se debe.
Fuera del hospital, he reflexionado un poco sobre lo implícito y lo explícito, comparando la anécdota de los sudarios con El Padrino II, que nos hemos chupado en alegre panzada de inactividad findesemanera. La mafia es el eufemismo a la enésima potencia. La enfermera que rotuló esas cajas, en cambio, es prosaica y no entiende de segundas intenciones. Los personajes de Mario Puzo sólo hablan de muerte y destrucción en términos crudos cuando están fuera de sí o la situación es desesperada. Si no, se dan un beso que lo dice todo o se lanzan una mirada mucho más despiadada que cualquier vocablo. Un Corleone jamás escribiría "sudarios" en una caja.
Siguiendo con la panzada fílmica, nos hemos tragado Las vírgenes suicidas, con la insinuante Kristen Dunst, y me reafirmo en mi idea: Sofia Coppola es una niña pija con preocupaciones de niña pija, es verdad, pero sabe acercarse tan bien a la anécdota y observa de una forma tan humana y fascinada, que te convence. Por oposición a daddy, hasta María Antonieta, Sofia había huido de los grandes relatos con personajes corales y tramas de enredadera. Escribe historias sobre sí misma, sobre su condición de niña pija, y por eso lo hace tan bien. Pese a que habla de mundos y seres ajenos a mí, puede activar en mi desabrido corazón el mecanismo de la empatía. A mí, al menos, me gusta, pero ahora estoy en horas bajas, muy sensible por varias razones, y es fácil convencerme. A ver si sigue enganchándome cuando me sienta cínico y duro. A ver qué tal se da María Antonieta.
Para concluir, y con riesgo de que me llaméis plasta insufrible, reproduzco un genial diálogo de Padre de familia. Las frases de Peter van en negrita:
-Ahora que estamos a punto de morir, he de confesaros algo que no le había dicho a nadie: no me gustó El Padrino.
-¿Quéeeeeeeeee?
-Que no me gustó El Padrino. Hala, ya está, ya lo he dicho.
-¿Cómo no puede gustarte? ¡Es la obra perfecta!
-Para empezar, es larguísima, dura como seis horas o así.
-¿Cómo puedes decir eso? ¡Tiene un reparto espléndido! Robert Duvall, Rober DeNiro, Al Pacino...
-Sí, sí, unos actores excelentes, pero no lo soporto. Y esa escena de los sillones... ¿En qué idioma se supone que hablan?
-¡Es italiano!
-Es una escena cumbre, Peter, y hablan un idioma de sutilezas, algo incomprensible para tí.
-Me gusta Esta casa es una ruina. Ésa es mi respuesta a tu afirmación.



