UN ARGENTINO CON MAL DE ALTURA

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Quería colgar por entregas la crónica de la aventura boliviana de nuestro querido amigo argentino J.R. -no confundir con el JR de Dallas-, pero he pensado que, pese a que es muy divertida para quienes le conocemos, puede ser demasiado larga e incomprensible para los profanos, así que he hecho una selección de dos momentos gloriosos que manifiestan dos cosas: a) Bolivia puede ser un lugar terrible; b) Bolivia siempre será un lugar salvaje y terrible a los ojos de un porteño descreído.

La noche que conocimos a J.R. en Buenos Aires, acababa de llegar de Montevideo de un viaje de trabajo y contaba con total naturalidad que, unas horas antes, había estado a punto de ser secuestrado por un taxista uruguayo. En los días siguientes, mientras nos cebaban con pizzas y empanadas y nos emborrachaban con cerveza Quilmes -helada, para sobrellevar el tórrido verano austral-, descubrimos a un tipo algo más que guasón, que nos bautizó a los españoles como los "hastalogos" (así nos despedíamos, según ellos, y siempre con gran profusión de tacos, como "hostia", "joder" y "puta", marca de fábrica de la Madre Patria) y que no perdía una sola oportunidad para lanzar pequeñas cuchilladas irónicas cargadas de inteligencia. Un tipo genial, vaya, que además de no soportar la condición humana (ajena), es un hipocondríaco de cuidado y siempre sufre un sinfin de catastróficas desdichas cuando sale de casa. Con esos antecedentes, no se le ocurrió otra cosa que ir a pasar el fin de año a La Paz, precisamente a casa de una aragonesa ex compi eventual del Heraldo que ahora trabaja en la delegación de la Agencia EFE en Bolivia. La vista de la foto es la que se ve desde su ventana. Por supuesto, el mal de altura le amargó la estancia y todo le pareció horroroso. De su larguísima crónica entresaco estas dos anécdotas. La primera es el relato de un viaje en autobús (colectivo) de Potosí a Cochabamba. Los acentos venían así de mal debido a los insondables misterios de las conexiones a internet bolivianas. Os ruego que no me obliguéis a corregirlos, que me quemaré las pestañas. Nótese su hipocondria aguda y su actitud de lord inglés:

En Potosí la gente me cayó mal y pensé en irme cuanto antes. No me interesaba hacer el tour de las minas en el cerro Rico porque debìa subir a casi 5000 metros para meterme en las cuevas y galerias donde los bolivianos seguìan trabajando como en la època medieval. Tampoco querìa ir al Salar de Uyuni que seguramente es bàrbaro pero implicaba ir en una camioneta por dos o tres dìas a un lugar desolado. Ya conozco otros salares y con tanta sal me podìa subir la presiòn. Entonces llamè a las aerolìneas para saber còmo podìa escapar de ahì lo antes posible y en aviòn. Los vuelos de o a Potosì ya no existen, los vuelos desde Sucre, la ciudad màs cercana, estaban llenos. La ùnica opciòn era irme en òmnibus hasta Cochabamba (viajando toda la noche) y desde ahì tomar otro colectivo o un aviòn a La PAz. Colectivos directos a La Paz estaban llenos tambièn.
 
Fui a la terminal que era un caos y parecìa un mercado y busquè la ventanilla que tuviera mejor aspecto. No habìa manera de saber cuàl era mejor. Deberìa haber hecho lo que hizo una neozelandesa, ir a ver los colectivos y pedir ESE. Saquè el pasaje màs caro que supuestamente era coche cama. Volvì a la ciudad a recorrer la nada porque todo los museos estaban cerrados. Dormì una siesta en el hotel por la que me cobraron media tarifa y a la noche fui a la terminal.
 
El "mercado" habìa empeorado y hasta habìa un montòn de mochileros argentinos. Yo no uso mochila y tenìa la valijita a ruedas. La ùnica en el mercado terminal. Me comprè una botella de agua enooorme para ir todo el viaje tomando. Confirmè que el colectivo tuviera baño. Pero ya debìa haber sabido muy bien que para los bolivianos sì o no o no sè es todo lo mismo. Subì y bajè 4 veces las escaleras de la terminal porque no estaba claro por donde despachar mi valijita. Despuès la bajaron con una soga (Què tercermundista!!!) desde las ventanillas de la empresa del primer piso hasta el òmnibus. Llegò el òmnibus, subì y comprobè que no era coche cama ni tenìa baño. Los asientos se reclinaban, eso sì, màs que los otros. Pero eso era todo. En mi asiento encontrè una botellita de Pepsi con pis. Ese era el baño. O sea yo tenìa mi propio baño, una botella de 2 litros de agua mineral que debìa vaciar. Casi me bajo para tomar un taxi hasta LA PAz a 500km. pero pensè que serìa màs inseguro que el colectivo. Mientras esperàbamos que suba màs y màs gente (con muchos bebès, eso es algo que sobra aquì, la mitad de las mujeres tiene un bebè colgando de la espalda) subiò un niño cantor al que casi le pago para que se callara la boca pero dijo que el que no contribuirìa no sè què le pasarìa con el baño (los bolivianos hablan en boliviano y no siempre se entiende lo que dicen) asì que pensando que me harìa encima por una maldiciòn inka, le di un peso. El òmnibus se llenò de gente y por ende de olor. Aclaro que no quiero discriminar pero los bolivianos o un gran porcentaje tienen un olor penetrante, mezcla de la comida fuerte que comen y del sudor. (Despuès de haber vivido en el Altiplano por siglos no se dan cuenta de que por màs que a la mañana haga frìo , al mediodìa el sol quema y que tendrìan que sacarse todos esos ponchos y aguayos y medias de lana de llama que usan). Con todas las fuerzas intentè abrir la ventanilla y como cediò me tranquilicè un poco. Me venìan oleadas de olor boliviano y yo me pegaba a la ventanilla para respirar.
 
Los bebès dejaron de joder y se durmieron. Yo no. Solamente de a ratos.  A las 2 de la mañana paramos en el medio de la nada. Literalmente. En un caserìo de mierda. Era el medio de Bolivia. Me bajè para buscar un baño. Una chica nos ofrecìa pasar al baño de un bar asqueroso como quien ofrece pasar a un espectàculo. Adelante adelante, pasen pasen, el baño es gratis, decìa. Tres chicas argentinas, los bolivianos y yo nos bajamos tipo zombi.  El baño  era un patio inmundo en el que los hombres meaban contra la pared y las mujeres en unas letrinas hechas de tablitas de madera, todos juntos. No me salìa ni un chorrito del asco. Antes de volver al colectivo algunos pasajeros  compraron comida frita para llevar en el viaje. A quièn se le ocurre comer eso a las 2 de la mañana y en un colectivo sellado!!!!!! A los bolivianos!  Alguien me habìa dicho, creo que fue Florencia, que si en un viaje en colectivo en Bolivia el colectivo paraba, que no me bajara porque no podrìa volver a subir. Sabias palabras. Cuando subì casi vomito. El olor boliviano era tan fuerte, que abrì por completo la ventanilla a pesar del frìo y saquè medio cuerpo. El resto del viaje lo pasè  con la ventanilla abierta y congelandome, no me importaba. Cuando lleguè a Cochabamba me tomè un taxi al aeropuerto, comprè un ticket a La paz y vine a matar el tiempo a Cochabamba. Què lindo el aeropuerto, todo limpio, hay bolivianos pero bueno... y no es que sea hijo de puta, pero son algo de no creer. Por ejemplo, voy a pagar el ticket con american y me dicen ayyy es que se terminaron los vouchers.... todo es asì. Siempre dicen NO, de vagos que son. Ayer estaba almorzando en un bar, entraron por lo menos tres personas y preguntaron si servìan almuerzo y el del bar les dijo que no. Se fueron . Una se sentò a comer una torta y descubriò que sì servìan comida! Cuando fui a tomarme la presiòn despuès de recorrer 10 farmacias, llego a un puesto de salud que debìa ser derribado con una bomba atòmica o de gamexane, que parecìa una villa miseria y la enfermera me dice, ayy no està el doctor. Tomèla usted! le contestè. Y ahì, cuando le das la soluciòn, como que reaccionan y hasta quizàs son simpàticos. Sè que es un comentario tìpico de gringo, pero es asì. Una gran diferencia cultural.

El siguiente y último extracto da cuenta del nivel de miseria del país del Altiplano. A mí me resulta tragicómico y me recuerda a uno de los relatos de Historias mínimas, una película que transcurre en la Patagonia argentina, que para el caso...

Me habìa olvidado de contarles sobre un programa muy còmico. Se trataba de un programa conducido por una chola a la que llamaban los televidentes para participar de un concurso con unos dados, un juego tipo La Generala, o no sè què. Lo còmico fue el premio que entregò la chola. Si me lo cuentan, no lo creerìa: el premio fue un chorizo!!! Sì, de carne de cerdo. Lo mostraron en primerìsimo plano y no era un chiste. como la cholita estaba tan contenta, dio un premio extra_: un paquete de harina. Esto dice bastante de Bolivia.

¿He dicho ya que no me importaría nada viajar a Bolivia este verano? Lo digo completamente en serio. Aunque, de momento, estoy haciendo campaña pro Venezuela, que me parece vergonzoso no haber pisado Caracas todavía teniendo tanta familia allí.

26/01/2007 02:34 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Viajes.

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Autor: listillo

J.R. era de Dallas, no de Dinastía.

Fecha: 26/01/2007 11:00.



Autor: S. del Molino

Coño, es verdad, listillo. Ahora lo cambio.

Fecha: 26/01/2007 12:27.


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Autor: la chica del anuncio

Muy significativos tus extractos, Sergio, pero faltó la convocatoria de Evo a conferencia de prensa, el 31 de diciembre a las 23.30... ganas de joderle la Nochevieja (¿así se dice en España?) a tus coleguitas... Encima, a las 23.45, decidió desconvocarla. Eso de ser soltero y no tener una "Eva" que ponga los puntos lo tiene al Morales muy incordioso...

Fecha: 26/01/2007 17:15.



Autor: S. del Molino

Y también me he dejado la película boliviana "Quién mató a la llamita blanca?", pero no hay que abusar, jeje. Besos, chica del anuncio.

Fecha: 26/01/2007 19:13.


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Autor: JR El Autor

Escribo de nuevo mi comentario, no sé què pasa con este formulario. Les decìa que hola, que como les iba y que sepan disculpar mis faltas de ortografía en los mails desde Bolivia porque escribir con dial up a 4200 metros sobre el nivel del mar es muy difícil y que además les recomendaba llevar un tel satelital (no celular) a Bolivia y una notebook con un procesador Intel Core 2Duo para estar comunicados. Un abrazo!
Javier

Fecha: 27/01/2007 16:20.



Autor: S. del Molino

Ya nos imaginábamos que las crónicas no estaban enviadas en las mejores condiciones. Un fuerte abrazo de los hastalogos!

Fecha: 27/01/2007 21:06.


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Autor: Gabriela Rached

Hastalogos no quiero ser antipatica pero quien los apodo "los hastalogos" fue mi amiga Gabriela, la mañana en que llegaron a Buenos Aires Ana y Santi. Despues de tomar un hermoso y cargado desayuno en Café Martinez, de donde los visitantes se despidieron con un HASTALOGO.

Besos,
Gabi

Fecha: 29/01/2007 16:43.



Autor: S. del Molino

Bueno, bueno, hay queda constancia del copyright de hastalogo

Fecha: 29/01/2007 18:05.


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