UN FANTASMA VINTAGE

Llevo todo el día tarareando mentalmente un tango que canta Cristóbal Repetto y, ¡oh, casualidad!, buscando en el archivo de Heraldo documentación para un reportaje me he topado con esta columnita que publiqué en el suplemento MVT de Heraldo en noviembre de 2005 (joder, cómo pasa el tiempo sin que te enteres) y que titulé "Un fantasma vintage". Como hace poco colgué los disparates bolivianos del amigo Roberti y aquí no sólo aparece Repetto, sino Buenos Aires y aquel viaje estupendo lleno de tantas cosas geniales, la cuelgo aquí como emotivo souvenir. Quienes hayan escuchado los tangos de Repetto entenderán de que hablo. Pero también, como dijo el poeta Hamilton: "No sabrán de qué hablamos quienes no sientan dolorosamente esta versión de la historia".
Pocas, muy pocas cosas me sacan del letargo y del vaivén diario. Lo nuevo me sabe a viejo apenas empiezo a mascarlo y la tensión arterial se me desploma con tanto moderno y tanto descubridor del Mediterráneo. Pero, de vez en cuando, una pequeña chispa asoma entre lo amorfo y gris y me despierta. Entra por mis ojos y mis oídos, se mete por mi sistema circulatorio, se mezcla con mi densa sangre, se desliza por todas y cada una de mis vísceras y acaba pinchándome en ese rincón cercano al páncreas donde se esconde en mí esa cosa que algunos llaman alma.
Me pasó hace casi un año en Buenos Aires y lo provocó una voz que viene a Zaragoza este domingo y que -puerca miseria- no voy a poder escuchar. Me conformaré, por tanto, con evocar a Cristóbal Repetto.
Era noviembre, la primavera había sacado a los porteños a la calle y yo andaba como drogado -para diversión de mis amigos- por los rincones de los cuentos de Cortázar y de los delirios de Sábato. Hasta que, una noche, nos llevaron a un concierto de tango electrónico. El grupo se llamaba Bajofondo, y Gustavo Santolalla, gigante del pop y del rock latinoamericanos, era su artífice.
El concierto iba bien y la cerveza sabía fresca y ligera. Lo que se dice una buena velada. Hasta que el runrún de proyecciones y de samplers enmudeció y, en su lugar, apareció un fantasma de los años 20. Plantado ante el micro, con una guitarra y un bandoneón detrás, el espectro vintage se marcó sin despeinarse media docena de tangos viejos que parecían salir arañados de un gramófono.
Hasta el amigo que me acompañaba, poco dado a efusividades, se quedó en el sitio. “Es Gardel resucitado”, me gritó. Era más que eso. Era el amor por la música, la voz trabajada pero surgida de las tripas y, por encima de todo, la capacidad de hipnotizar y de tocar la fibra de los cínicos y pasotas de hoy con sentimientos de ayer.
Habré escuchado los tangos que canta Repetto miles de veces desde entonces y no me canso de ellos. “De tardecita”, “La que murió en París”... Los versos entran sin horma en su garganta. Sus cuerdas tensan la emoción de los viejos poemas sin ahogarla en lo cursi del bolero. Repetto canta el tango como un canalla despechado de facón, gomina y saco. Uno de esos lujos que escasean.
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Autor: valencia
Un saludo para el futurible ingeniero.
Fecha: 12/02/2007 10:12.
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Autor: Morris
Cristóbal Repetto hoy es la máxima expresión de la memoria colectiva del tango, una voz rescatada de los antiguos sonidos de las radios AM.
Saludos
Morris
Fecha: 16/02/2007 23:24.



