PARIS, JE T'AIME / I LOVE YOU, PARIS

Será que quedan menos de dos semanas para que callejee embobado por el Marais y arrastre mis pies por el Museé d'Orsai en una inminente y ansiada escapada a París, pero hoy he visto Paris, je t'aime y me he reconciliado con el mundo. 20 pequeños cuentos dirigidos por otros tantos directores y con unos actores impresionantes. Es un regalito para cinéfilos y pariséfilos. 20 historias de amor y desamor. 20 historias ambientadas cada una en un barrio distinto. Ya digo que lo mismo estoy sugestionado porque dentro de unos días estaré aterrizando en el aeropuerto Charles de Gaulle y todo lo que huele a París me toca la fibra. Será que el espíritu de Cortázar vuelve a poseerme después de haberme abandonado como un mal desodorante. Será lo que sea, pero la peli me ha molado un huevo.
Como en todas las obras colectivas, lo que menos importa es que el conjunto sea homogéneo. En esos 20 cuentos los hay sublimes, brillantes, buenos, correctillos, flojos, malos, muy malos, pésimos y aborrecibles. Todas las escalas del gusto y de la sensibilidad cinematográficas están representadas en Paris, je t'aime, donde cada director ha querido dejar bien marcada su huella, para que los espectadores reconozcamos en cada pieza esa maravilla inaprensible llamada estilo, que es algo así como el sabor del cocido de tu madre o la caída de ojos de esa chica que se te mete en el tuétano.
Menudo reparto, por cierto: Natalie Portman, Nick Nolte, Steve Buscemi, Juliette Binoche, Willem Dafoe, Elijah Wood, Leonor Watling... Un buen porrón de caras amadas en apariciones fugaces, como si fueran encuentros de una noche que se desvanecen sin dejar siquiera un aroma. De las 20 historias, hay tres o cuatro horribles, pero mencionaré las que más cerca se han quedado del espíritu cortazariano que entra por la Galerie Vivienne y sale por el pasaje Güemes de la calle Florida de Buenos Aires.
Muy divertido el segmento que dirigen los hermanos Coen con Steve Buscemi en la estación de metro de Tuileries. Decadentemente teatral el diálogo entre Gena Rowlands y Ben Gazarra dirigido por Gérard Depardieu. Vinzenzo Natali narra sin palabras un bello cuento de vampiros gótico-poético, muy Poe, con Elijah Wood de prota. Wes Craven e Isabel Coixet están muy flojos en sus dos turnos, y hay dos directores, Christopher Doyle y Sylvain Chormet, que directamente merecerían ser abofeteados por hacernos perder el tiempo con sus moderneces pretenciosas de anuncio de colonia, pero hay dos historias sencillitas, pequeñitas y poderosísimas, que me han tocado la fibra. Una es la realizada por Walter Salles (Diarios de motocicleta) e interpretada por una sublime y dulce colombiana llamada Catalina Sandino (la admirada prota de María llena eres de gracia). La otra historia la firma Alexander Payne y la protagoniza Margo Martindale, que hace de una turista yanqui despistada en París que experimenta una epifanía y no sabe cómo describir su sentimiento. Sólo por esos dos trocitos, ya merece la pena ir a ver Paris, je t'aime, pero de verdad que hay muchas otras razones. Es un regalito maravilloso que quizá sólo peca de ofrecer una visión excesivamente estadounidense de París, redundando en los tópicos fácilmente asimilables por una audiencia cursi de centro comercial. Quizá por eso le iría mejor el título I love you, Paris. Pero es un pecadillo menor.
PS: He dicho que Paris, je t'aime me ha reconciliado con el mundo, y eso que he vivido un episodio en la sala que bien podría haber alimentado mi misantropía. Las primeras historias avanzaban y dos matrimonios de septuagenarios sentados detrás de nosotros no paraban de hablar en voz alta, como si estuviesen en un bar. Les he chistado varias veces sin éxito, y en una de estas, una de las señoras se ha indignado y ha exclamado: "A ver si no vamos a poder ni hablar". Me ha descolocado por completo y he estado a punto de decirle que a mí, si me chistan en el cine, me muero de la vergüenza y me callo, pero no me pongo gallito encima. Quizá hubiera añadido que, ya que yo cotizo y ellos no, y por tanto estoy pagando mi entrada y la suya, podían callarse en nombre de la Seguridad Social, pero no dije nada de eso, claro. Yo creía que ya se había zanjado el asunto, pero los niños de 70 años que tenía detrás no estaban dispuestos a que yo quedara por encima, así que me han llamado cabezón y me han empezado a hacer pedorretas. He flipado tanto que no sabía si reírme, liarme a guantazos con ellos o hacer campaña pro eutanasia para la tercera edad. Bueno, pues Paris, je t'aime es tan buena, que ni ese pequeño incidente me ha amargado la noche ni me ha quitado la sonrisa que llevo puesta mientras escribo esto. Pero hay que ver cómo está el mundo geriátrico, chavales. Intratables, oigan, intratables. Les sueltas una semana con el Imserso en Benidorm y se te suben a la chepa.
Foto: Natalie Portman. Próximamente, engrosará la galería de mitos eróticos del blog.
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Autor: Carmen
Gracias
Fecha: 26/02/2007 00:57.
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Autor: ENRIQUE
Fecha: 26/02/2007 10:18.
Autor: Carmen
Imaginarme a unos ancianos haciéndome pedorretas no me hace más que gracia y que les trate como niños y no como adultos responsables de sus actos.
Habrá que ser un poco benevolentes con los octogenarios, ya que tendremos que vernos a nosotros mismos con sus años.
Fecha: 26/02/2007 11:31.
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Autor: Rondabandarra Hilton
Saludos
Fecha: 26/02/2007 12:24.
Autor: manuel
los mayores maleducados son igual que los niños maleducados o los jóvenes maleducados. son maleducados y es necesario hacérselo ver.
montal el pollo en el cine, o les haces ver que si, que pueden hablar pero fuera de la sala. lo malo es que te quedas sin ver la peli y además quedas como un gerontófobo. tu verás.
y las pedorretas...eso si que es humor.:-)
Fecha: 26/02/2007 13:23.
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Autor: valencia
De todas maneras el que llega a mayor siendo un mal educado, es por que ha sido un mal educado toda su vida
Fecha: 26/02/2007 13:56.
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Autor: Viviana
Saludos!
Fecha: 21/08/2007 23:35.



