GASTON LAGAFFE, 50 AÑOS

Es bien conocida la pasión que los franceses tienen por las BD (bandes dessinées; tebeos, vaya), y no es extraño que los álbumes de cómic se cuelen en los puestos de arriba de las listas de libros más vendidos. Esta semana había dos de ellos, y uno -en el cuarto lugar según Libération- es el volumen que conmemora el 50 aniversario de Gaston, la obra cumbre del único belga que le ha hecho sombra a Hergé: Franquin. Estará en los best sellers por poco tiempo, porque sólo se va a vender una única edición de 100.000 ejemplares que se agotan como si fueran agua. Por suerte, llegué a tiempo y ya tengo el mío.
Curiosamente, ninguno de los dos grandes personajes de Franquin, Gaston y Spirou (este último, heredado de dos dibujantes anteriores), ha conseguido ganarse el corazón de los españoles. Y eso que en Francia está al mismo nivel que Tintin o Astérix, pero por los lares iberos no alcanza la categoría de fenómeno de masas. Pienso que el motivo es que Gaston tiene en España un hijo bastardo llamado Botones Sacarino que comparte con su alter ego francófono profesión, torpeza y algunos rasgos de dibujo. ¿He dicho que el Botones Sacarino es un plagio de Gaston? No, por dios, en algún sitio tenía que inspirarse Ibáñez en los difíciles y hambrientos años 60. Recuerdo de niño que lo leía en la ochentera revista Guay!, y las páginas traducidas de Spirou y de Gaston iban justo detrás de la historieta de Chicha, Tato y Clodoveo, de profesión, sin empleo, del maestro Ibáñez, que ocupaba siempre la portada del semanario. Desde entonces, Monsieur Gaston Lagaffe ha sido de mis favoritos.
Gaston Lagaffe nació en 1957 como una nueva tira de la revista Spirou, y poco a poco fue ganando autonomía. Vestido con unas alpargatas azules rotas y un jersey verde, es la pesadilla de la editorial donde trabaja como chico de los recados. Alocado, gandul, espontáneo, inconsciente, surrealistamente tierno, muy torpe e irritante a ratos. Nunca está en lo que se celebra. Los amigos le salvan de su propia inocencia y de la jeta que le echa a la vida, y los tejos que la secretaria Jeanne -loquita por sus enclenques huesos- le lanza constantemente, rebotan en su dura mollera sin que él perciba ni por asomo que le mola a la chica. La eterna facha del gracioso bufonesco que nos hace la vida más soportable y cuyo humor apunta al sistema límbico de la humanidad entera, sin distinción de edades, sexos, naciones ni credos políticos. Un monumento de la cultura europea, qué demonios.
Gaston tiene varias aficiones con las que sofroniza a su entorno. Tocar un arpa con forma de zapato de su propia invención es una de ellas, pero también lo son escuchar los discos de la tía Hortensia, cocinar soufflés que sus compañeros de piso confunden con cojines, escaquearse del trabajo, inflar globos y, sobre todo, disfrazarse de cosas absurdas que le impiden mover los brazos y ante las que siempre duda, a la hora de ir a la fiesta de disfraces, diciendo: "Pero, ¿y si bailamos?".
Me contaba un dibujante de la revista Malavida que anda impartiendo talleres de cómic a niños, que los chavales de hoy no leen cómics. Que justo les va para saber quién es Mortadelo, y que de Gaston ni les hables, que les suena a chino. Me dijo que se las veía y se las deseaba en los talleres para explicar cosas que no tendría que explicar si los chicos hubieran pasado alguna tarde con Tintin y Astérix. Y yo me pregunto: ¿con qué se inician entonces en el placer de la lectura y de la cultura impresa, que es un placer de resistencia, un vicio que se educa y se entrena? Gaston ha aguantado 50 años con buena salud, pero creo que lo mantenemos vivo los niños grandes que crecimos con él. No sé si se incorporan nuevas hordas de pequeños monstruos a la rueda. No sé si la estimulación electrónica deja sitio para una humilde viñeta. ¿Aguantará Gaston otros 50 años? Yo, por si acaso, voy a dejar los cómics en un estante al alcance de la mano de nuestra sobrina, por si algún día le pica la curiosidad y le apetece agarrar un Gaston para descubrir parte del placer de vivir mirando su tronchante cara redonda.
Porque a lo mejor ése es el problema, que hemos "dignificado" tanto los tebeos que los ponemos en los estantes de arriba, donde los niños no pueden cogerlos.
En cualquier caso, bonne anniversaire, M. Lagaffe!
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Autor: anro
Ten por seguro, te lo puedo garantizar, que mientras haya una persona que tenga en su casa un comic habrá un lector potencial que se iniciará en el ejercicio más maravilloso de la imaginación. Tengo ahora en mi casa una comiteca de más de dos mil tebeos. Allí están todos los clásicos y todas las nuevas tendencias. Gracias a todo ese material hay muchos chicos en Canarias que se han beneficiado, gracias a un taller que ha montado mi hijo en "Canarias espacio digital", donde se han acercado chicos de barrios humildes interesados en el tema.
De mí te puedo decir que gracias a los tebeos pude edificar a mi alrededor un mundo mucho más ilusionador que el entorno real que me rodeaba....en fin no quiero seguir hablando de este tema porque se me salta la vena sensible y ya no estoy para estos trotes.
Fecha: 19/03/2007 09:40.
Autor: S. del Molino
Y qué gusto escuchar (leer) interjeciones canarias (ño, chacho), que me traen muchos y muy buenos recuerdos de los canariones que, en Madrid, nunca me trataron de godo hediondo (ni de godo a secas) y que enseñaron a beber ron, a comer aguacates y a pronunciar la ch como ellos.
Por cierto, Anro, he incluido tu blog en la lista de enlaces, ya que te has convertido en un habitual de este rinconcito.
Fecha: 19/03/2007 12:17.
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Autor: Piluca
Fecha: 19/03/2007 14:55.
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Autor: gilgamesh
Esta es la sentencia -aunque no hubiera sido tu intención, supongo- que he leído en mi vida sobre los cómics y la lectura en general. Enhorabuena, Del Molino.
Fecha: 19/03/2007 23:00.
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Autor: jose luis
Fecha: 01/07/2008 16:44.
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Autor: Cellino Aldebarán
Fecha: 19/08/2008 03:13.



