ASOCIAL
Como estoy perezoso en este domingo laborable (¿y creiais que vuestro curro era chungo? Pues probad a pasar una noche de domingo de guardia rodeados por la sección de Deportes en pleno -que comparte planta en la redacción con mi sección- cantando los goles del Real Zaragoza), he rescatado un viejo texto publicado como columna de opinión en el fastuoso suplemento MVT que coordina la simpar Ana Usieto, donde sigo dejando mis detritos mentales cada quince días, alternándome con el omnisciente e inagotable Pablo Ferrer. Esta chorrez salió publicada el 20 de mayo de 2005, hace ya casi dos añetes.
Al principio me gustaba. Me iba el rollo de tirarme el pegote. Presumía incluso y me regodeaba en mi propia asocialidad. No estaba enamorado de la moda juvenil y no soportaba las películas de Almodóvar. Así de crueles son algunos pasados. Entre el amplio surtido de tendencias que la posmodernidad abría ante mí, no me decidía por ninguna y las despreciaba todas.
Y las había probado, no se crean que uno habla por hablar. Empecé con unas rastas y un poquito de drogas blandas, pero acabé con carraspera y, qué quieren, a mí estas cosas me ponen mal cuerpo. Así que cambié las rastas por unos rizos y me lancé a encandilar a oficinistas de ojos tristes a ritmo de Bisbal en el Casco. Nada, acabé con agujetas, calabazas y bastante vergüenza. En un arrebato resacoso, me alisé el pelo, me compré cuarto y mitad de camisetas negras y me puse al día en death metal y rock gótico, pero los elásticos oprimieron en tal grado mis testículos, que a punto estuvieron de convertirlos en granitos de uva. No podía soportar aquella tortura jíbara, por lo que me corté definitivamente el pelo, me compré una gorra reversible, pantalones anchos contra la claustrofobia y monté mi propio trío de hip hop, pero me costaba horrores rimar una simple estrofa. El resultado final se acercaba más a una égloga que a una agresiva denuncia urbana. Huyendo de mi mediocridad letrística, me refugié en el minimalismo de la electrónica, pero mi sueldo era demasiado exiguo para los disparatados precios de su ropa de diseño. Al borde de la depresión, busqué la alegría en la frescura y el desenfado del pop, pero me disloqué un hombro al ensayar una pose lánguida en la barra de un bar.
Mientras me recuperaba en el hospital, decidí convertirme en el anticristo de la moda juvenil y vivir en una moderada felicidad con mi consecuente amargura. Me vestí con lo primero que pillé y aprendí a tocar de oído en los teclados todas las composiciones de Mike Oldfield. Tras eso, hasta mi madre dejó de hablarme. Logré mi objetivo y me convertí en un asocial. Y, hasta ahora, me iba bien en mi buscada soledad. Pero hace unos días empecé a recibir cartas de solidaridad y visitas de informáticos vestidos de Darth Vader. “Eres de los nuestros”, me decían. Horrorizado, me he comprado todas las revistas de tendencias y me estoy poniendo al día antes de que me secuestren. ¿Lograré salir del lado oscuro?
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Autor: El Fary
Fecha: 07/05/2007 09:16.
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Autor: Felipe
Fecha: 07/05/2007 10:42.
Autor: S. del Molino
Fecha: 07/05/2007 12:32.
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Autor: Severiano Delgado
Los billetes de 500 euros alcanzan un máximo histórico.
Los billetes de 500 euros alcanzaron en el tercer mes del año el 64% del valor total del efectivo en manos de los españoles, por un importe de 56.319 millones de euros.
A ver ¿quién se ha quedado con los billetes que me corresponden?
Fecha: 07/05/2007 14:12.
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Autor: Antonio
Describénoslos y si vemos alguno, te decimos algo.
Fecha: 07/05/2007 17:02.
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Autor: Severiano
http://www.discapnet.es/Discapnet/Castellano/Guias/Euro/Euro007.htm
O si no, dale al botón superior Imágenes.
De verdad que yo una vez vi uno de 500, y ya está, esa es toda mi experiencia con esos misteriosos papeles dignos de un monográfico de Iker Milenio.
Fecha: 07/05/2007 18:34.
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Autor: Lider asocial
Fecha: 24/09/2007 00:56.


