PATERAS DE POLVO

La editorial Libros del Asteroide sigue recuperando joyas de los anaqueles de viejo, lavándoles la cara y empaquetándolas para el lector del siglo XXI, y ahora le ha tocado el turno a John Steinbeck, lo que me viene de perlas para mi revisión de los mitos U Ese A.
Los vagabundos de la cosecha es una colección de reportajes que Steinbeck publicó en 1936 en The San Francisco News sobre los agricultores arruinados que llegaron desde Oklahoma y Arkansas para trabajar en las plantaciones de California. Estaban hambrientos y agotados. White Trash: basura blanca, como se les llama allí. Con esta experiencia y con los personajes que conoció durante su trabajo periodístico, Steinbeck construyó Las uvas de la ira, con la que ganó el Pulitzer en 1939 y la amistad de Henry Fonda un poco después, cuando interpretó a Tom Joad en la primera versión cinematográfica de John Ford.
Steinbeck es un tótem-paria de la cultura americana, como Hemingway y como Dos Passos. Su trabajo, primero como periodista y después como novelista, le valió una reputación de abanderado de esa izquierda ruda y animosa que tomó Washington en los 60 cantando versos de Joan Baez. Pero por poco tiempo: resultó que Steinbeck, el escritor que había hecho llorar a varias generaciones de estadounidenses con su relato sobre las penurias de los temporeros y de cómo el hombre es un lobo para el hombre, estaba de acuerdo con la guerra de Vietnam. Hasta sus hijos se avergonzaron de él, y pasó de tótem a paria en un plis plas.
Todos se olvidaron de su mirada de reportero y de la historia que les contó en Las uvas de la ira. Pero resulta que había otro individuo que también vio lo mismo que él, contó lo mismo que él, y que fue igual de ignorado que él en sus últimos años. La cuestión no era su postura ante la guerra, sino que pertenecían a una América distinta, tan "gone with the wind" como la de Scarlett O'Hara. Esa persona se llamaba Woody Guthrie y fue uno de esos campesinos que cruzaron el desierto hasta California para huir del hambre. Más tarde, cantautor de culto -con una pegatina en su guitarra que decía que era una máquina de matar fascistas- e inspiración reverencial de Bob Dylan, que le conoció en sus últimos estertores.
Los campesinos estaban arruinados porque una gran tormenta de polvo hizo inservible la tierra y tuvieron que emigrar. Algún periodista, al ver el polvo posándose sobre el gran valle central, tituló su crónica "Dust Bowl": "Cuenco de polvo". Y así fue como tituló Woody Guthrie el disco en el que contaba el drama de aquellas gentes.
El libro viene acompañado por las famosas fotos que Dorothea Lange hizo por encargo del Gobierno de U Ese A para documentar el éxodo. Sugiero compararlas con las que nos llegan todos los días de las pateras. Haciendo abstracción de dos o tres detalles sin importancia, como el mar o el color de la piel, parece que las fotos de Lange se hubieran hecho ayer mismo. ¿Es que siempre van a ser necesarios Steinbecks que cuenten estos éxodos?
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Autor: Gabriel
Me vienen a la cabeza situaciones que se repiten a los largo de la historia. Cambian los personajes, pero el trasfondo es el mismo.
Fecha: 08/06/2007 06:57.
Autor: anro
Fecha: 08/06/2007 10:35.
Autor: Mario
Fecha: 08/06/2007 18:17.



