MEDIOCRE O POCO INTERESANTE

Aunque dignos profesores de barba blanca intentaron convencerme muchas veces de lo contrario, lo cierto es que las encuestas suelen acaban diciendo lo que le interesa al preguntador y no al preguntado. Cuando no es así, se limitan a constatar las verdades que cualquiera que no viva en una burbuja de cristal puede cotejar a diario. Dicho lo cual, ¿a alguien le sorprende que el último trabajito de Sigma Dos diga que la mayoría de los españoles considera que el cine español es mediocre o poco interesante? ¿Y si en otra encuesta resultara que la mayoría de los españoles cree que el sol sale por el este?
Lo mejor del caso es que no me imagino a las mentes pensantes de las grandes productoras (grandes en subvenciones, que no en público, visto lo visto) llevándose las manos a la cabeza y preguntándose qué han hecho mal. No, estarán demasiado ocupadas asistiendo a una ceremonia de premios en Alpedrete, en uno de esos saraos en los que el gremio se besa y se despelleja al tiempo, festejando su maravillosa genialidad y mirando de soslayo al populacho que no aprecia sus modos y formas, que dejan a David Lynch a la altura de un participante de Vídeos de Primera. "No te preocupes, Manolo: a los genios no se les entiende en su tiempo".
¿Por qué habrá dicho el vulgo falaz tales desfachateces? No sólo no van a ver MIS películas, sino que se atreven a decirme que me las puedo introducir por el orto. Bueno, quizá no tanto, pero muchos de estos ganapanes osan decir que las subvenciones que me dan estarían mejor empleadas en crear más plazas de guardería en el barrio o en renovar los ejemplares de la biblioteca, que no hay dios que los lea de tan sobados que están.
Ciertamente, no sé cómo en un país donde conviven Cesc Gay y Fernando Esteso -cada uno regurgitando en registros diferentes, pero regurgitando al fin y al cabo-, alguien pueda calificar de mediocre el cine en su conjunto. No calará el mensaje, pero si yo fuera productor, director, actor o camello/peluquero de grandes estrellas nacionales, sacaría estas enseñanzas:
1) Que puedo contar las historias que quiera como me dé la gana, pero que, por más que mi mamá, los críticos adormilados en la butaca y mi profesor de Edición Digital en la academia CCC digan que soy un genio con muchas cosas geniales, siempre correré el riesgo de que el público, que va a lo suyo, opine otra cosa y pase de mi genio.
2) Que puedo contar las historias que quiera como me dé la gana, pero que el Estado (esto es, todos los currantes que apuramos el momento de entregar la declaración de la renta) no está obligado a financiármelas, y mucho menos a promocionármelas y a llevarlas de paseo. Desarrollar una industria que canalice realmente la creatividad y el talento que -sin duda- existe en el mundo audiovisual requiere tiempo y empresarios que asuman riesgos. Mientras tanto, sólo aflorará un Amenábar cada lustro, y por pura chiripa, que destacarán como meteoritos y dejando tiñosos de envidia a la gran masa de mediocres, pero habrá 100.000 Amenábares que tendrán que hacer oposiciones a notaría, porque no hay una industria que se aproveche de su valía, y las subvenciones no llegan para todos.
3) Que puedo contar las historias que quiera como me dé la gana, pero que recurrir al mismo argumento seudocómico de enredo facilón con los mismos actores -que, pese a salir en todas las películas y series del país, siguen sin saber vocalizar- puede fatigar a los espectadores, a quienes, por otra parte, no les gusta ser tratados como imbéciles.
4) Que puedo contar las historias que quiera como me dé la gana, pero no puedo llamar lerdos a los espectadores que prefieren ver la última de Clint Eastwood y excusarme diciendo que el presupuesto de Eastwood es 100 veces el de mi peli.
5) Que puedo contar las historias que quiera como me dé la gana, y que incluso puedo convencer a cualquier productor y a tres bancos suizos para que me firmen un cheque en blanco, pero siempre he de tener presente que hay una cosa que, si careces de ella, no la puedes comprar, ni siquiera con una subvención autonómica: el talento.
Y una última reflexión. Francia protege, subsidia y acuna a sus agricultores y ganaderos, y se asegura de que trabajen a gusto y sin incordios arancelarios (de ahí la fruta que tiran de los camiones de cuando en cuando). A los franceses, eso les cuesta una pasta gansa, pero a cambio comen excelentes camemberts, sanguinos Borgoñas y otras miles de perfumadas delicias que salen de la verde tierra francesa. El Estado español se gasta -y cada vez se gastará más- mucha pasta en proteger, subsidiar y acunar a la gente del cine, y se asegura de que trabajen a gusto, sin incordios de Hollywood. A los españoles, eso nos cuesta un riñón, pero a cambio disfrutamos de El otro lado de la cama, El penalti más largo del mundo o la última masturbación montañesa de Cesc Gay. Y digo yo: ¿no preferiríais una buena rebanada de pan con roquefort, en vez de tanto cognazo patrio? Sólo es perdono que escojáis el cine español antes que el queso francés si estáis a régimen o perdisteis las papilas gustativas en un pavoroso incendio.
¿He sido duro? Lo siento, es que mi dieta no es rica en fibra, y de alguna forma tenía que liberarme.
Comentarios » Ir a formulario
Autor: anro
Fecha: 13/06/2007 10:51.
Autor: Chewica
Lo que no entiendo es como en un país de 45 millones de habitantes solo hay dos actrices, dos actores y tres directores buenos. Aunque solo fuera por probabilidad, tendría que haber algo más. ¿No?
Fecha: 13/06/2007 12:05.
![]()
Autor: El Fary
Fecha: 13/06/2007 12:46.
Autor: Chewi
Fecha: 13/06/2007 14:15.
Autor: El futurible ingeniero
Fecha: 14/06/2007 14:44.
Autor: manuel
(no lo digo por ti, Fary, sino por el resto de actores, por supuesto)
Fecha: 15/06/2007 09:23.
![]()
Autor: El Fary
Fecha: 15/06/2007 10:12.


