EL CAMINO REAL (VUELTA A CASA)

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Escribo el último post desde 10.000 metros de altura sobre el Atlántico, como pasatiempo para mitigar la sensación de no sentir las piernas y para alejar el cacareo adolescente de un viaje de niños pijos que vuelven de estudiar inglés en Estados Unidos (ja, qué risa). En el aeropuerto no he encontrado wifi, así que cuando podáis leer esto yo estaré recuperándome del jet-lag con largas siestas y sesiones de tele.

En realidad, sólo me queda reseñar la visita a Santa Bárbara, a la que dedicamos nuestro último día en California y nuestra última kilometrada en el Mustang, que parecía torcer el morro al despedirse de nosotros en el aeropuerto. En el trayecto de Los Ángeles a San Francisco con el que empezamos el viaje, dejamos Santa Bárbara a un lado, y urgía recuperarla. Es un lugar extraño. Feudo republicano, poblado por rancias fortunas anglosajonas -entre ellas, la de la familia del ex presi Ronald Reagan-, en un pueblo encantador que ondula entre colinas orilleras del Pacífico. Encantador, pero falso: un terremoto destruyó la Santa Bárbara original en los años 20, y a los potentados lugareños no se les ocurrió otra cosa que reconstruirla en estilo colonial, rescatando los planos españoles originales y dando realce al legado hispano de la ciudad. Leída, la idea me horrorizaba. Estaba convencido de que me iba a encontrar con la enésima guarrería kitsch del peor gusto americano, pero he de confesar con humildad que mis prejuicios eran infundados: Santa Bárbara da el pego como ciudad colonial. Si nadie te informa de que aquello es un decorado pagado con los remanentes de Wall Street, cualquiera diría que estamos en San Cristóbal de las Casas, versión blanca encalada.

Pero hay una cosa en Santa Bárbara que no es falsa: la misión, que sólo sufrió daños parciales durante el terremoto y se conserva en un admirable buen estado. Dicen que es la reina de las misiones californianas, aunque fue fundada tras la muerte de Fray Junípero Serra, el padre colonizador de California. Para un español que ronde por aquellos pagos, la visita es inexcusable, pues da una idea muy correcta de cómo era la vida de los monjes que tomaron posesión de California en nombre de su fe y de la Corona española.

La iglesia, como ocurre en casi todo México, tiene elementos sincréticos en su decoración, pues el altar y todos los ornamentos fueron diseñados por indios en el siglo XVIII. En 1820, cuando California se independizó de España y pasó a pertenecer a México, el culto cristiano se contaminó de referencias indígenas, y así se mantuvo cuando la República de California se incorporó a Estados Unidos en 1848. Al igual que en muchas partes del Caribe, esa mezcla se palpa y se respira en la misión de Santa Bárbara.

Aunque el espíritu hispano domina por encima del mestizaje. El paseo por la misión, especialmente por su claustro (con palmeras y cactus del desierto), recuerda al del convento de Palos de la Frontera donde Colón planificó su viaje. Se nota que ambos espacios los construyeron y poblaron temperamentos gemelos, movidos por las mismas ansias. En el cementerio del complejo, los nombres españoles resaltan sobre los anglosajones y, de entre ellos, sobresalen los apellidos vascos, pues fueron vizcaínos los primeros colonos potentados. Cuando llegaron los colonos anglosajones, se mezclaron con la oligarquía local española sin desplazarla, y todavía hoy algunas de las principales familias de Santa Bárbara tienen nombre vasco (corrompido y anglosajonizado por el paso de los siglos, claro).

Nos despedimos de Santa Bárbara y de la estatua de Fray Junípero Serra y enfilamos la carretera hacia Los Ángeles y hacia nuestro vuelo, que sale de madrugada. Por cierto, volvemos por la Highway 101, construida sobre El Camino Real (escrito en las señales como “Historic El Camino Real“), la vía que los primeros pobladores españoles de California construyeron a lo largo de la costa para comunicar sus asentamientos. Nosotros deshacemos su camino.

PS: Aterrizamos en Madrid a una hora imposible, cuando los borrachos ya se han empiltrado y los madrugadores todavía no han tomado el café. Deshechos y rotos, decidimos no molestar a ningún amigo de los Madriles y seguir ruta a Zaragoza. En la estación de Atocha, que sigue hecha un asco por la construcción del túnel, nos damos cuenta de que ya estamos en nuestro querido país. Un coche pasa a poca velocidad junto a las obras y grita: "Joder, ¿todavía está levantao esto? ¡Esto es más largo que las obras del Escorial!", a lo que uno de los obreros (que no estaba en el frenesí de su actividad, precisamente, sino más bien zampando un bocata en la sombra), le responde: "¡Vete a tomar por el culo, gilipollas!".

Ah, qué gusto da volver al solar patrio y reconocerlo en sus pequeñas cosas.

26/07/2007 22:53 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Viaje USA 07.

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Autor: anro

¡¡¡Welcome home¡¡¡¡Ha sido una verdadera gozada toda tu crónica.

Fecha: 27/07/2007 20:46.



Autor: S. del Molino

Muchas gracias, Anro. El placer ha sido escribirlas, la verdad.

Fecha: 27/07/2007 23:52.


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