LOS FALSOS NAZIS DE TERUEL
Como se acerca peligrosamente mi cumpleaños, fecha en la que soy consciente de que el tiempo, efectivamente, pasa ("As time goes by...", cantaba Sam en Rick's), me permito el gustazo de contar una batallita del abuelo. A propósito de leyendas urbanas, que decíamos unos posts más abajo, se me olvidó reseñar una menor que desmonté hará dos o tres años. Es muy menor, claro, pero es lo que hay.
El caso es que se contaba en Zaragoza y en algunos mentideros de Teruel, y me imagino que se sigue contando, la historia siguiente: unos oficiales y civiles nazis huyeron de Alemania en 1945, y se refugiaron en la amiga España, que les libró de los juicios de Nurenberg. Se repartieron por el país y unos pocos se instalaron en el remoto y escondido Matarraña turolense, junto al pantano de Pena. Allí seguirían viviendo sus descendientes y alguno de los nazis originales.
La historia tenía su miga, no me lo van a negar, y venía certificada por gente poderosa que me aseguraba que aquello era cierto. Incluso adornaban sus relatos dibujando siniestras veladas en las que el boticario, el cura y el alcalde se jugaban los cuartos al mus en el casino con un melancólico oficial prusiano. Además, sonaba verosímil (como toda leyenda urbana), dado que es cierto que muchos nazis encontraron refugio y reposo en tierras españolas. En menor medida que en Argentina y Brasil, pero había datos e investigaciones que indicaban que aquel relato podía ser cierto. Había antecedentes. Imaginaos cómo me froté las manos: ¡una colonia de nazis en el sur de Teruel! Menudo historión.
Me puse las pilas, recopilé toda la información que pude e intercambié impresiones con José María Irujo, un periodista de El País autor de un libro sobre nazis en España. Irujo me dijo que también había oído, de boca de varias fuentes, la historia de los nazis turolenses del Matarraña, pero que no había podido investigarla. Localicé, efectivamente, una colonia de residentes alemanes en el sur de Teruel, en los alrededores de Beceite, y escudriñé la historia de un tal Hans Dieter que, al parecer, había fundado la colonia. Había un Hans Dieter que había participado en la invasión de Polonia y que estaba desaparecido. Empezaba a cuadrar, pero nada me decía que esos dos Hans Dieter fueran la misma persona.
Pasé un par de días en Beceite y me interné en la famosa colonia: un grupo de chalés desperdigados por la escarpada orilla del pantano de Pena. La mayoría de ellas estaban vacías. Al final, encontré a Hans Dieter, cuyo domicilio oficial estaba en Alicante. Y de nazi, por supuesto, nada de nada. Es un acomodado vecino de Colonia enamorado de las montañas de Teruel que no tendrá más de 65 años. Podría ser hijo del Hans Dieter nazi, pero no era el caso. Allá por los años 50, Hans se hizo una casa en el paraje aragonés para descansar en verano y durante las vacaciones. Compró unos terrenos, difundió las bellezas del paraje en su entorno de Colonia y vendió una docena de casas a otros alemanes, que formaron una urbanización rústica a unos cinco kilómetros de Beceite. Comprobé su historia y, obviamente, era escrupulosamente cierta. Quizá la técnica del teléfono roto difundió el bulo de que aquellos apacibles germanos eran peligrosos nazis. Probablemente, muchos lo crean todavía.
Ya he dicho que era una leyenda urbana muy menor, pero es el material que me han ofrecido para desmontar. Otro, quizá, habría sido menos escrupuloso y habría publicado la leyenda en forma de reportaje. Yo me quedé sin historia, pero con la conciencia tranquila (y una posible querella menos).
De hecho, más tarde, sí que encontré a algunos posibles nazis que habitaron entre nosotros. Pero ese es otro cuento, y no lo voy a contar aquí.
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