SOMARDA

No hay intelectual catalán (militantemente catalán, se entiende) que no aproveche la excusa más tonta para reseñar que la lengua de Josep Pla tiene un verbo y un sustantivo intraducibles. El verbo enraonar y el sustantivo seny. Dicen que estos vocablos no tienen equivalente castellano y, en su defecto, se traducen por "charlar" y "sensatez". Es verdad que es una traducción cogida por los pelos y que enraonar hace alusión a una forma específica de conversar, a una actitud entre dos conversadores, y que seny tiene unas connotaciones semánticas pragmáticas, oportunistas y casi maquiavélicas que no posee la palabra castellana "sensatez". De acuerdo: cada lengua tiene sutilezas imposibles de decir en otras lenguas, pero es que los catalanes ejercientes tienden a poner estos dos vocablos como ejemplo de que existe una forma de pensar genuinamente catalana. Ya saben, la filosofía del lenguaje, el señor Wittgenstein y todos esos rollos. Pos bueno, pos fale, pos malegro.
En Aragón hay un caso idéntico a los de enraonar y seny, pero adelanto desde ya que no creo que demuestre la existencia de una forma aragonesa de pensar. Es la palabra "somarda", que intuyo que será uno de los pocos detritus léxicos que han quedado de la lengua aragonesa, que dejó de hablarse en el siglo XV, cuando fue sustituida por el castellano como lengua culta (aunque se ha mantenido hasta hoy en algunos valles pirenaicos, con variantes ya muy débiles). Un somarda es un socarrón, un irónico sin llegar a ser cínico, un tipo al que le gusta tomar el pelo a los demás y que sabe sacar punta, que extrae la esencia de una gran verdad a la que los filósofos han dedicado tratados enteros y la concentra en una sola frase. No existe equivalente castellano exacto. Además de ser una palabra estupenda, es el principal atributo del sentido del humor aragonés.
Porque así como creo que atribuir una forma de pensamiento autóctona en función de dos o tres palabros peculiares es de un aldeanismo muy tontuno, sí que estoy convencido de que el sentido del humor adquiere tonalidades distintas en función del paisaje y del paisanaje. El humor es como los acentos y dialectos de una lengua: los siglos dejan un poso en él en forma de implícitos compartidos por una comunidad que los de fuera deben aprender si quieren formar parte de ella con todas las de la ley. Decía Cortázar que toda ciudad exige un peaje de unos años hasta que te haces con ella, y parte de las tasas que pagas consiste en hacerte con los mecanismos del humor local. Elvira Lindo dijo el otro día en un artículo que no estás realmente inmerso en una cultura extranjera hasta que no te ríes de los chistes al mismo tiempo que los demás. Es cierto. Y, en el caso de Aragón, nadie puede sentirse realmente parte de esta tierra hasta que no es capaz de reconocer a un somarda al primer golpe de vista. Eso es integración, y lo demás, chorradas.
¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Han sobrevivido los aragoneses a las desgracias y miserias de su historia gracias a su espíritu somarda o lo han desarrollado como medida defensiva ante los chuzos de punta que la historia les ha arrojado? Porque Aragón es un lugar muy desgraciado que sólo en los últimos 20 años ha empezado a resultar atractivo, cómodo y habitable. Antes, la gente salía huyendo del hambre, del adobe, de los guerracivilismos enquistados, del cierzo y de los caciques. Y lo cierto es que aquí he percibido siempre una distancia y una ironía sana y bonachona al enfrentarse a las cosas que no he encontrado en otros sitios.
El somardismo, y no los chistes de faja y bota de vino que ya nadie cuenta, es lo que define el sentido del humor de los aragoneses. Se lo decía Cano (a quien le he leído dos o tres monumentos del humor que merecerían estar en todas las antologías, aunque otros días no haya dios que lo entienda) a mi querida Ana Usieto en un reportaje hace unas semanas. Preguntado sobre si existe o no un humor aragonés, Cano puso dos ejemplos típicos sacados de su anecdotario erudito:
Cuando Alejandro Magno se encontró con Diógenes, le preguntó: "¿Quieres algo de mí?". Y el filósofo le dijo: "Que te apartes, que me quitas el sol".
Pregunta a un rabino: "¿Qué es peor, la ignorancia o la indiferencia?". Respuesta del rabino: "Ni lo sé ni me importa".
Diógenes y el rabino, he aquí dos grandes somardas dignos de Aragón. Y lo demás, los ruralismos, las boinas y los gritos, al armario de los tópicos de donde nunca debieron salir.
PS: Para los que no sepáis por qué he escrito esto, se trata de la continuación del debate sobre humor aragonés empezada en los comentarios del anterior post.
Foto: el gran Supermaño, creación del inigualable genio Alberto Calvo, que es también autor de esa caricatura pequeñita mía que hay en la barra de la derecha, debajo del Acerca de.Comentarios » Ir a formulario
Autor: Anakrix
Fecha: 16/10/2007 00:42.
Autor: Anakrix
Fecha: 16/10/2007 00:43.
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Autor: Severiano
Sin ánimo de polemizar, el castellano es utilizado mucho más como lengua inculta.
Fecha: 16/10/2007 09:49.
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Autor: Enrique
Fecha: 16/10/2007 12:38.
Autor: S. del Molino
Y por supuesto que hay muchas cosas sin gracia en muchos presuntos humoristas aragoneses, pero yo me refería más a una actitud generalizada, a una forma de reírse de la vida, un estilo con sello de origen, que actúa con unos resortes distintos a los que se dan en una taberna de Sevilla, un bar de Chamberí o una tasca de la Barceloneta.
Fecha: 16/10/2007 13:05.
Autor: S. del Molino brasas
Fecha: 16/10/2007 13:09.
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Autor: Enrique
Fecha: 16/10/2007 13:30.
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Autor: juanroyo
Fecha: 16/10/2007 22:20.
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Autor: Enrique
Fecha: 16/10/2007 22:59.
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Autor: lexico
htpp://www.somarda.com
Fecha: 07/09/2008 17:48.
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Autor: Oz somardilla
En ocasiones, como aprendiz de somarda, colecciono bonitos ejemplos de esta castiza actitud. He aquí un par: http://oz.izarbe.com/suicidiario/?p=236 y http://oz.izarbe.com/suicidiario/?p=293
Fecha: 08/09/2008 16:58.



