UNA TRAGEDIA GRIEGA

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"Un muerto no pide demasiado, con dos metros de tierra se arregla lo más bien, unos rezos que vengan del corazón, no de los labios, flores vivas o cosas chiquitas, de la casa, que hayan absorbido mucho amor. Es tan poco lo que pide... Eso sí, si se lo niegan suele ser despiadado".

Quizá ya sabíamos que las relaciones entre los vivos y los muertos no son como las pintan los cuentos de fantasmas, pero sus consecuencias -el vacío, la desolación, el vértigo- suelen ser parecidas. La Ña Agripina -voz de la cita de arriba-, curandera de Malihuel, provincia de Santa Fe, Argentina, lo sabe muy bien. Sabe que el terror de las apariciones no viene de la culpa, que es algo muy cómodo que controlamos a placer. Viene de lo que se nos escapa, de lo que nunca llegamos a controlar: quizá de una madre desquiciada con un pañuelo en la cabeza que se pasea todas las mañanas bajo la ventana del despacho del asesino de su hijo.

Dictadura argentina, sí. Desaparecidos. Como podría decir nuestro Isaac Rosa, "otra maldita novela sobre los milicos". Pero no, porque Carlos Gamerro no ha escrito una novela de tesis, aunque en realidad quería hacerlo. Y precisamente por eso es una buena novela (buena, no deslumbrante, aunque a ratos acongoje y apriete los higadillos del lector con fiereza maestra), porque se ha resistido a la voluntad de su autor de escribir literatura memorialística o política. El secreto y las voces habla de desaparecidos, de hipocresías, de ciudadanos brechtianos que miran hacia otro lado, que justifican con medias palabras los horrores que dicen no ver, que carraspean y se cambian de acera. Efectivamente, es una narración sobre los crímenes de la dictadura militar, pero si se hubiera quedado en eso no interesaría más que como testimonio o como alegato político. No acongojaría ni apretaría los higadillos de nadie si el texto no hubiera volado por su cuenta, ajeno a los corsés que Gamerro le quería imponer, y convirtiéndose en una tragedia griega, y por griega digo universal.

La acción transcurre en un pueblo decadente de la pampa llamado Malihuel. El año, 1977. El desaparecido, Darío Ezcurra, un bon vivant deslenguado que se las da de periodista y ha tocado mucho los cojones al cacique local. Los culpables: todos los vecinos del pueblo, que contribuyen, cada uno a su manera, a que el crimen se consume. Todo eso se sabe ya al principio de la novela, y el narrador-protagonista, que no sabemos quién es, ha regresado 20 años después al lugar para escribir un libro o algo así (tampoco se dan pistas al respecto). Habla con todos los vecinos de Malihuel, y sus voces van dando forma a un relato sobrecogedor que apunta al corazón mismo de la mezquindad humana. Es un pueblo argentino, pero igualmente podría ser un pueblo vasco en los años 80, o un barrio de Belfast en los años 70, o el gueto de Varsovia, o -por supuesto- un pueblo mesetario español en 1936, o una villa francesa bajo ocupación nazi, o el pueblo en el que transcurre la acción de Los demonios, de Dostoievski. Añadid lo que queráis. Cambiarían los nombres, los acentos, el paisaje y los licores que se sirven en la taberna, pero la historia sería la misma. Porque El secreto y las voces no es una novela sobre la dictadura argentina, sino sobre nosotros, sobre nuestras palabras y nuestros silencios, sobre nuestro instinto de supervivencia y sobre lo barato que estamos dispuestos a poner en venta nuestra dignidad.

Es una novela imperfecta. Tarda en arrancar. Carlos Gamerro intenta domar el texto, llevar las voces de Malihuel hacia la justificación de su tesis: la de la recuperación de la memoria y la demanda de justicia frente a la impunidad. Pero llega un momento en que, vencido por el propio peso de la narración, se abandona -por suerte-, afloja las riendas y, hacia la parte central del libro, vemos asomar un horror tan crudo que quema los ojos. La acumulación de voces -y de puntos de vista sobre un mismo personaje y unos mismos hechos- da una perspectiva redonda, tridimensional, que escuece. De repente, cada frase se convierte en una nueva puñalada. Vemos cómo se destruye una vida y cómo una sociedad entera cae con ella sin posibilidad de levantarse nunca del fango, y agradecemos que Gamerro se abstenga de añadir ninguna apostilla suya. Los personajes del drama lo dicen mejor sin decir nada.

Hacia el final, por desgracia, Gamerro quiere reorientar un texto que se le ha ido de madre y trata de llevarlo a la tesis original, por lo que la conclusión suena forzada. Pero no importa, porque es prescindible. La presencia que adquiere el narrador -cuya identidad, para entonces, ya ha sido desvelada- en las últimas páginas no aporta nada a la historia, pero tampoco la estropea. Lo que había que decir ya se había dicho.

De Carlos Gamerro ya había medio reseñado aquí La aventura de los bustos de Eva , que creo que sigue siendo su única novela publicada en España. De este último viaje a Buenos Aires me he traido El secreto y las voces y otros tres títulos más que he rascado en las librerías. No se vende en España, pero seguro que a través de internet se encuentra con facilidad si estáis interesados. Creo que es uno de los autores argentinos más interesantes de la última hornada -mucho más que el reconocidísimo Rodrigo Fresán, por ejemplo; de Martin Kohan, ganador del último Herralde, todavía no he leído nada, así que no puedo comparar-, y lo más destacable de su estilo es su poderosa fuerza cinematográfica, ya que es guionista. El secreto y las voces, por ejemplo, da la impresión de estar pensado como la transcripción de un documental de testimonios, y si alguna vez se rodase, sería un excelente falso reportaje.

En fin, seguiremos informando, si la gripe que me ataca en estas entrañables fechas me deja ánimo para seguir con la lectura del maletón de libros que nos hemos traído del lado de allá.

27/12/2007 00:27 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura.

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Autor: David

Hola Sergio. Aunque sea fuera del tema principal, dado que nos situamos en Argentina, quería hacer mención de un comic que encontré la semana pasada, argentino, titulado "El Eternauta", reeditado con motivo de su cincuenta aniversario. Lo he empezado a leer y es buenísimo. Sólo quería compartirlo, ya que estoy disfrutando mucho con él.

Un saludo

Fecha: 27/12/2007 16:12.


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