Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2007.

Resumen

03/10/2007

¡HA LLEGADO LA GRIPE!

Nuevo síntoma del cambio climático: la gripe se adelanta y utiliza mi cuerpo como campo de pruebas. Este año ataca con dolores generales, sinusitis, atontamiento (aunque eso, en mi caso, apenas se percibe, ya que me paso el año agilipollado), aparato digestivo tocado y a punto de ser hundido, y garganta muy irritada. Creo que no llego al 30 por ciento de mi ser normal, así que me arrastraré laboralmente hasta el viernes por la noche. Si sobrevivo, lo contaré aquí. Suerte con los virus.

04/10/2007

SEÑORAS Y PERIÓDICOS

20071004012514-escanear.jpg

Con la lluvia no sólo salen las setas. Los chaparrones hacen brotar una especie urbana que hiberna en su madriguera el resto del tiempo: las señoras con paraguas. Parecen señoras normales, como las que ves a diario, con su permanente, su laca y sus pendientes de oro que pueden usar eventualmente como arma arrojadiza contra algún joven drogadizo, pero son una especie distinta. Las que llevan paraguas van más reconcentradas en sí mismas, aunque, en realidad, están fingiendo para que sus víctimas se confíen. En las aceras, se colocan estratégicamente debajo de los aleros y salientes para que los que vamos sin paraguas no nos podamos resguardar de la lluvia. Al acercarse a nosotros, no sólo no ceden el cobijo del alero (si ya llevan paraguas, ¿para qué van pegadas a la pared? Son pura maldad), sino que realizan sutiles movimientos de kung fu para intentar clavarte una varilla en un ojo. Hay que ser muy rápido para esquivar sus silenciosos ataques. Si te las encuentras en una acera estrecha y avanzan en tu misma dirección, no puedes adelantarlas. Como los murciélagos, tienen un radar en el culo que les indica por qué lado intentas rebasarlas y te cortan el paso. Hasta que no te has empapado hasta los calzoncillos, no te sueltan. Y una última característica: si te toca esperar en un paso de cebra junto a ellas, el autobús que pasa pisando el charco pringa a todos menos a ellas: tienen inmunidad municipal porque las cría el propio Ayuntamiento para mantenernos irritados y activos. Por suerte, cuando escampa, huyen como ratas a las cloacas de las que han salido, donde esperan agazapadas a que el cielo se nuble otra vez.

Pero hoy, día lluvioso, no sólo me he tropezado con esos entes de pura maldad. También he podido por fin adquirir un ejemplar de Público. Resulta que se han acabado ya las promociones y, si antes se agotaban a las nueve de la madrugada (sí, para mí son de la madrugada y no de la mañana: me levanto tarde, qué pasa, ¿pero a que ninguno de los madrugadores curritos que me maldice se acuerda de mí cuando está sentadito en su sofá a las 11 de la noche y yo todavía ando quemándome las pestañas en la redacción? ¿No? Pues yo sí que me acuerdo de ellos cuando por casualidad me desvelo, miro el reloj y veo que son las 7 o las 8. Me doy media vuelta y pienso: con la que debe de estar cayendo ahí fuera, pobres pringaos. Y os dedico un sueñecito remolón. Fin de este largo paréntesis absolutamente inadecuado), hoy a las once mi kiosquero tenía el taco prácticamente sin vender. Me ha dado miedo: si en una semana de tirar la casa por la ventana regalando deuvedeses no han logrado fidelizar al menos al 30 o al 40 por ciento de esos compradores, las cosas pueden empezar a pintar mal. Pero no se desesperen: habrá que esperar a que la cosa cuaje. Sinceramente, creo que tienen una audiencia potencial real, vamos, lo que en marketing llaman "nicho de mercado" (que a mí me suena a entierro de sardinas). Tiempo al tiempo.

Ya hay algunos que, por lo bajini, me han pedido una valoración pública de Público, pero no me parece elegante hacerla por dos motivos. Primero, porque pertenezco al gremio, y ya sabéis el dicho de que entre bomberos no hay que pisarse la manguera -aunque en este blog he tenido pocos pelos en la lengua a la hora de hablar de periodismo-, y segundo, porque tengo algunos amigos trabajando allí, a los que admiro y respeto, y mi opinión no es imparcial. Además, habría gente que pensaría que me guardo algo en la manga, que sé más de lo que quiero decir y esas chorradas. Así que me limitaré a lanzar un gran topicazo, pero que nunca está de más: hacer bien un periódico es muy chungo, incluso aunque te rodees de los mejores profesionales posibles y dispongas de una pasta gansa para tirar papel sin conocimiento. El capital y el talento importan, pero no garantizan por sí solos ni las ventas ni los resultados (entendiendo por resultados que el periódico sea lo que profesionalmente entendemos por un buen producto, al margen de que reciba o no el favor de la audiencia, que ya se sabe que va a su bola). Quizá esperamos demasiado de lo que, a fin de cuentas, no es más que eso: un periódico. Ni más ni menos, ojo.

Ya he dicho que tengo gripe, y al desorden de mi cabeza se le junta el de mis libros. Soy incapaz de encontrar (ni de recordar el autor) un libro de uno de estos venerables periodistas ingleses que intentan enseñar qué cogno es el periodismo a las duras molleras de los que tratamos de ejercerlo. Entre muchas cosas llenas de británico y sobrio sentido común, este pobre hombre, al que por lo visto casi he olvidado, venía a decir que todos los periódicos del mundo deberían llevar en un sitio bien visible una advertencia parecida a esta: "Este diario se ha confeccionado en un plazo aproximado de 10 o 12 horas por un grupo de profesionales que, ante todo, son personas, y como tales, falibles. Con los medios de que disponen, sus capacidades intelectuales y sus dotes profesionales, han realizado el mejor producto posible. Por supuesto, es incompleto y está lleno de errores fruto de las prisas y de las circunstancias, pero trataremos de subsanarlos en la siguiente edición". Los malintencionados dirán que "excusatio non petita, accusatio manifesta", o que reconocer que eres lerdo no te excusa de ser un lerdo. Tienen razón, pero mi respuesta es simple e infantil: que intenten hacer un reportaje, uno solo, a ver qué maravilla paren sus privilegiadas meninges. No hay nada fácil en esta vida, y la profesión está muy malita últimamente.

Y paro aquí, que creo que me ha subido la fiebre.  

Foto: andaba buscando en los libros una buena estampa de una calle lluviosa y tal, pero hojeando un catálogo me he tropezado con esta maravilla y he sentido el impulso de gritarla al mundo, aunque no tenga nada que ver con los disparates que digo en el texto. Se titula "Un hombre jubilado y su esposa en su casa de un campo nudista en Nueva Jersey". La hizo la gran fotógrafa Diane Arbus en 1963. ¿A que mola un montón?

06/10/2007

DEGENERACIONES

Varias cosas me han llevado a reconsiderar estos días el concepto de degeneración, pero no el que entendemos ahora, sino el molón, el que definieron los psiquiatras en el siglo XIX. Bueno, en realidad, los abuelos de los psiquiatras actuales, llamados alienistas. Muy brevemente: en el siglo XIX triunfa Darwin y triunfa el positivismo, la convicción profunda de que el progreso científico y la evolución son lineales y de que cada nueva generación humana se acerca un punto más a la perfección en todos los sentidos, sin que nada pueda detenerlo. Sin embargo, los alienistas creían que ciertas formas de locura podían revertir la evolución y devolver al ser humano a un estadio evolutivo anterior: es lo que se llamó la teoría de la degeneración. Así, si el loco mostraba rasgos deformes en el cráneo, era un síntoma de que estaba involucionando. Más tarde, los mismos psiquiatras pudieron comprobar que aquella teoría tenía de base científica lo que yo de erótica cupletista, pero, como se suele decir, difama que algo queda. A los novelistas burgueses les moló mucho la idea de la degeneración y, con Galdós a la cabeza, la aplicaron en sus obras. Los personajes galdosianos más miserables son degenerados en el sentido alienista del término, y don Benito se empeñaba mucho en que sus retratos y perfiles encajaran bien en ese patrón seudocientífico.

De acuerdo, la degeneración humana es una estupidez sin base alguna, pero, ¿qué pasa con la degeneración de la sociedad en general? ¿No notáis como un atontamiento generalizado, como una involución colectiva progresiva? No digo que cualquier tiempo pasado fue mejor (ni de cogna), pero sí que las sociedades precedentes, en sus manifestaciones y comportamientos colectivos, parecían algo más inteligentes que las actuales. Cito tres ejemplos de gilipollismo masivo actual:

1.- La que se ha liado con el estúpido vídeo de las Juventudes Socialistas. La mera factura del vídeo ya indica una preocupante tontuna. Me imagino que los jóvenes socialistas estarían reunidos un jueves por la tarde después de la "uni" y alguien dijo: "Bueno, chicos, ¿qué hacemos? ¿Nos metemos unos picos de caballo o grabamos un vídeo en favor de Educación para la Ciudadanía?". La opción inteligente hubiera sido: "Picos de caballo, sin duda, y súbeme la dosis, que luego tengo cena con los padres de mi novia y son insoporteibols". Pues no, ellos pusieron su privilegiada neurona a hacer un vídeo que, si insulta a alguien, es a la inteligencia de los militantes y votantes del PSOE, porque es tan de vergüenza ajena que para qué. Pero la cosa podría haberse quedado ahí, sin poner en ridículo a nadie más, hasta que los del PP saltaron y se enfadaron, poniéndose ellos mismos en evidencia también y demostrando que comparten una capacidad intelectual igual de limitadilla que la de sus congéneres sociatas. La rematadera llegó cuando en Intereconomía TV (canal al que apenas se le presta atención, pero que, a su lado, la COPE es un panfleto ácrata que llama al amor libre) hicieron su parodia, igual de graciosa y chispeante que el vídeo original. ¿No creeis que una sociedad que dedica tanto tiempo y esfuerzo a esta mamonada se está degenerando? Qué vergüenza ajena tan grande, por favor.

2.-  Cultura alternativa. Recibo por correo electrónico una nota de prensa del ayuntamiento de Caspe con el programa de las III Jornadas de Cultura Alternativa. Dejando al margen que se les cuela un mensajito privado de algún concejal dirigido a su secretaria en el que dice "Añádeles el tríptico y el cartel, ok? Gracias, mona", y que suena a un hispano palmeo culero de los de antes, de los que atizaba José Luis López Vázquez a las suecas, resulta que en Caspe no tienen muy claro lo que es la cultura alternativa. O no lo tengo yo. Hace tiempos, unos amigos publicábamos una revista que se definía en la mancheta como "de cultura alternativa, debate y opinión". Podrá ser más o menos discutible, claro, pero nosotros y nuestros lectores entendíamos por cultura alternativa aquella marginal (underground se decía en tiempos del abuelo Robert Crumb), la que se queda fuera de las subvenciones ministeriales, la que habla de otros temas ajenos a los intereses de las elites... En fin, no es que estuviera muy acotado el término, pero quien quería entender, entendía. Pues mirad lo que es la cultura alternativa para el ayuntamiento de Caspe según los títulos de las charlas: "Los hábitos cotidianos como causantes del dolor de espalda", "Aplicación de la cromoterapia a las zonas reflejas", "Las técnicas orientales para el equilibrio del cuerpo y la mente". Toma ya. De las teorías culturales de Theodor Adorno y sus refutaciones, al tenderete de la bruja Lola. En eso ha quedado la cultura alternativa. Pos bueno, pos fale, pos malegro. Menos mal que en Caspe siguen teniendo un antro tabernario llamado El Cazador donde sirven unos huevos fritos con jamón con su vasito de vino que despiertan a los muertos, que si no, se me quitaba todo interés por la ciudad.

3.- Pa el Pilar sale lo mejor, y se lo llevan a Soria o así. Hoy empiezan oficialmente las Fiestas del Pilar de Zaragoza. No son unos Sanfermines ni unos carnavales de Cádiz, pero si algo interesante tienen es que son unas fiestas populares que transforman la gran ciudad por unos días y, sobre todo, que permiten ver muchos conciertos buenos y baratos en unos pocos días. Hasta ahora. Porque algún munícipe lumbreras ha decidido llevarse el recinto del jolgorio a un barrio nuevo y desangelado a unos 9 kilómetros del centro llamado Valdespartera (que tiene cojones el nombre, es bonito, bonito). De hecho, yo no lo he pisado y no lo ubico muy bien en el mapa: sé que está en algún sitio del desparramado extrarradio, donde el cierzo se pelea con las autopistas. Dicen que linda prácticamente con Soria y que se ha visto al despistado fantasma de Machado vagar entre los bloques de los pisos de protección oficial y preguntando por aquel olmo viejo entre los arbolillos enclenques que planta el ayuntamiento. Pues nada, han exiliado a las Fiestas del Pilar, unas fiestas que presumían de ciudadanas y callejeras. Pues al descampado soriano todos. Y eso, en una ciudad donde el transporte público es peor que penoso, donde no hay metro -aunque dicen que lo habrá pronto- ni nada que facilite el desplazamiento rápido de grandes masas, donde las líneas de autobús se han trazado a golpe de protesta vecinal, sin que nadie pusiera orden, y donde los autobuses tardan un montón en llegar y siempre van llenos, y los taxis son una especie más rara que el lince ibérico. Muy inteligente, señores munícipes, muy inteligente. 

Por suerte, los chicos del festival Zaragoza Latina, dedicado este año a México, han organizado un combate de lucha libre mexicana este domingo en la Plaza del Pilar. Promete mucho. Lo uno por lo otro.

 

08/10/2007

OJOS VERDES

20071008032715-mirada3.jpg

Llovía como no suele llover en Madrid. Como llueve una o dos veces al año, con rabia, con furia antigua. Un aguacero de verano en una madrugada de entre semana. La glorieta de Ruiz Jiménez, de repente, desierta. No nos importa mojarnos, pero aquello es demasiado, estamos empapados y nos resignamos: el hogar queda todavía lejos y hay que buscar un taxi (es esa extraña hora en la que hace mucho que ha pasado el último metro, pero también hay que esperar mucho hasta que pase el primero). Adiós al placer de pasar media hora más caminando y charlando con los vapores del alcohol fermentando entre las neuronas. La gente ha desaparecido y sólo unos pocos coches cruzan Alberto Aguilera (fantasmagórica, con los cines cerrados) desde Princesa hacia Alonso Martínez, salpicándonos al pasar. Hay taxis, pero van llenos, como siempre cuando llueve de madrugada en cualquier ciudad del mundo. También pienso que Madrid se pone precioso cuando llueve de madrugada, como cualquier otra ciudad del mundo.

Con pocas esperanzas, me planto en medio de la glorieta esperando cazar un taxi que vaya en cualquiera de las cuatro direcciones posibles (tres, en realidad). Estoy calado y me importa ya bien poco que pasen o no, lo hago porque es lo que se supone que hay que hacer. Mis amigos se han quedado resguardados en un portal, desde donde intentan disuadirme. De repente, alguien me toca el codo con dulzura y me coge del brazo.

-Será más fácil si compartimos taxi, ¿no?

Es una chica vestida como para una fiesta, con el maquillaje, el vestido y el peinado hechos un cisco, arruinados completamente por la lluvia. Muy guapa, con la melena chorreando y echada para atrás y unos goterones salvajes escurriéndose por la frente y los pómulos. No sé de dónde ha salido. Me vuelvo a mis amigos, que me miran desde el portal con la misma cara de sorpresa que llevo yo. La chica saca su móvil del bolso calado y dice, como si me conociera de siempre:

-Me sé un número especial de una cooperativa de taxis, pero es sólo para empresas. Yo he intentado que me manden uno pero no ha colado. Inténtalo tú, di que eres de la primera empresa que se te ocurra, a ver si cuela.

Sin preguntar nada, cojo el móvil e intento que la chica del radiotaxi me mande un servicio a cuenta de El Corte Inglés. La chica (la que me coge del brazo) se ríe de mi torpeza, pero es que no se me ocurre otra empresa en ese momento, y no voy a intentarlo con la mía, porque me queda un rastro de inteligencia. Por supuesto, no cuela y la del radiotaxi me cuelga. Le devuelvo el móvil a la chica, que se ríe y me mira con ternura mientras se aprieta más y más a mí. Yo le devuelvo el calor, cada vez menos sorprendido y con un extraño y agradable sentimiento de comodidad en la zona del pecho. "No sé por qué inspiro ternura a las mujeres sobonas", me oigo pensar. En ese momento, mis amigos me hacen señas que quieren decir: "Ya has ligao, campeón, ahí te dejamos". Discretamente, con otras señas, les digo que ni se les ocurra dejarme ahí, en medio del chaparrón, con esa mujer que bien podía ser la chica de la curva o el fantasma de una esposa decapitada de Enrique VIII. No llevan intención de hacerme caso.

Como no pasan taxis, la chica me explica que está invitada a una fiesta semiprivada chupiguay en un antro de San Bernardo, cerca de Gran Vía, pero que ya no llega ni de coña y que, en caso de llegar, fíjate qué pintas llevo. A mí me parecen estupendas sus pintas. Me dice su nombre, yo le digo el mío e inmediatamente olvido el suyo. También me dice que me vaya a la fiesta con ella, que así tendrá excusa para irse sin quedar mal y que luego me invita a algo en Malasaña, si es que queda algún sitio abierto (era la época en la que a Manzano I "el Noctafóbico" le dio por cerrar los garitos a golpe de multazo y cachiporra municipal). Rastreo en busca de una cámara oculta, pero sólo veo a mis amigos que hacen amagos peligrosos de abandonar la glorieta. Alucino: no he cambiado de desodorante y así, empapado y semiborracho, tampoco formaba una estampa muy atractiva, y mucho menos para colarme en una fiesta chupiguay. Decididamente, la chica de nombre olvidadizo está enferma, pero el corazón se me ha acelerado una barbaridad y, antes de perder la capacidad de habla y de fijarme más en lo hipnóticamente verdes que tiene los ojos, le digo que sí a todo, que lo que ella diga y donde ella diga, pero siempre que pase un taxi.

Seguimos un rato más, sin hablar, mirándonos y sonriendo tontunamente. Ella cree que estoy solo y yo sé que ella está sola. Llueve y no tenemos sueño. Es perfecto. Es todo aquello por lo que me he pasado penando media pubertad y una adolescencia entera. Y, para colmo, con los amigos observando desde el tendido mi monumental triunfo. ¿Se puede pedir más? Mi pequeño y letraheridillo corazón ya va bien servido. Pero la carestía de taxis obliga a tomar una decisión, y ella propone bajar andando por una cuesta de San Bernardo que en esos momentos es ya puro torrente de agua. Ella tira de mi brazo, pero a mi cabeza viene un flash estúpido y, sin explicación, cambio de idea. Le digo que me parece mucha caminata bajo la lluvia y que no voy a dejar colgados a mis amigos. Ella insiste un poco más, me cuenta no sé qué de la fiesta y de unas amigas suyas, pero mi decisión es firme. Baja los ojos (qué ojos, grandes, de los que da miedo mirar mucho rato), se pone de puntillas, me abraza y me da un beso. Hasta otra, se despide, y yo me quedo ahí, sintiéndome profundamente gilipollas.

Es una anécdota, una insignificante historia de mi antología personal de "todo lo que pudo ser y no fue", un episodio que sólo dejó en mí un resfriado y que ni siquiera es comentado ni recordado en voz alta jamás. Una auténtica chorrada. Y, sin embargo, pertenece a esa docena de recuerdos persistentes e indelebles que no podría borrar ni con aguarrás neuronal. No es, ni mucho menos, el más intenso ni el más evocado, pero si hiciéramos un top-10, probablemente estaría dentro de él. He pasado años enteros de mi vida junto a chicas que no han sido capaces de dejar en mí ni la décima parte de la huella que ese encuentro fugaz ha impreso en algún rincón de mi cerebro. Personas que me han querido mucho, que han sacrificado cosas por mí y que se han esforzado hasta la lágrima por hacerme disfrutar de un rato de felicidad pasan completamente desapercibidas al lado de esa chica fantasmagórica. Hay caras de seres muy importantes en mi vida que hoy apenas puedo evocar, pero los ojos de esa aparición lluviosa los tengo nítidos, los veo cuando me da la gana. Y me siento bien recordándolos, con una comodidad que se parece a la nostalgia sin serlo en absoluto. Porque la nostalgia se refiere a paraísos perdidos, a vidas paralelas que corren junto a la tuya haciéndote la burla, y la comodidad que yo siento es la de lo conocido y vivido. Me siento bien con el recuerdo de esos ojos verdes porque es como una camiseta vieja que me pongo para estar en casa: forma parte de mí, me habla de lo que soy, no de lo que fui o de lo que pude ser.

Pero también podría sentir esa comodidad hogareña con otros recuerdos de más peso, más trascendentes, más... No sé. La verdad es que no he jurado una bandera, no me he casado en El Rocío, no me he pinchado heroína con Janis Joplin y no he estado en un campo de concentración, así que tampoco ando sobrado de trascendencias en mi tarjeta de memoria. ¿Pero, aun así, por qué? ¿Por qué es tan injusta y caprichosa la memoria? Yo lo agradezco: sería una tortura que recordáramos lo que nosotros queremos recordar. Si los recuerdos van a su bola, la vida es más fácil. O eso parece.

En fin, quizá de eso se alimentan las malas canciones de amor, suponiendo que haya canciones de amor que sean buenas.

PS: por supuesto, mis amigos nunca entendieron mi acobardamiento, pero en el fondo se sintieron halagados de que prefiriera su compañía a la de una hermosa extraña, y disfrutamos charlando de camino a casa de azares y cobardías, convencidos de que la mejor forma de conseguir los sueños es renunciar a perseguirlos y esperarlos en una esquina haciendo otras cosas. En casa, pusimos un disco muy bajito, aunque quizá despertamos a algún vecino, y nos quedamos dormidos como bebés. He tenido noches más intensas con finales más lúbricos, claro, como todo el mundo. Noches en las que no he dicho que no y me han dicho que sí. Noches que jamás me atreveré a poner por escrito y ni siquiera confiaré a mi mejor amigo, pero aquella lluvia caló de otra forma. Fue una grandísima noche. ¿Me entendeis o soy un tío muy raro?

09/10/2007

CAMBALACHE MEMORIALÍSTICO

20071009135112-1arribaespana.jpg

Al final, como siempre, se ha recurrido a la subordinación. Subordinación gramatical, con frases muy largas, llenas de matices entre comas y de contradicciones tras un punto y coma. Pero también subordinación pura y dura de los beneficiarios a las camarillas de los partidos. Parece que va a haber Ley de la Memoria Histórica, al final de la legislatura y de chiripa, pero será con un texto de compromiso redactado a espaldas de quienes reclamaban y necesitaban la norma (de hecho, la necesitaban de verdad hace 30 años, ahora ya sólo es un pequeño consuelo antes de irse a la tumba). Me gustaría comentar algunos aspectos de esta nueva ley que llega tan tarde y con un nombre tan poco apropiado.

Cuando el PSOE decidió crear la Comisión Interministerial en 2004 para el estudio de esta ley, el Gobierno no tenía ni idea de dónde se estaba metiendo. Es cierto que quizá no contaba con la virulencia desaforada de un PP desgañitado y fuera de sí, pero debería haber tomado en consideración un dato: si ningún gobierno español había metido mano en el avispero del franquismo es porque el asunto era muy delicado y exigía pies de plomo. Mi impresión es que creían que con un texto de compromiso con cuatro vaguedades contentarían a los cuatro abuelos republicanos que quedan y ganarían algo de rédito electoral entre la juventud del ala más izquierdista del partido. Error: no tuvieron en cuenta al complejo y amplio movimiento en pro de la recuperación de la memoria histórica, con un nivel de debate y reflexión mucho más refinado que el de la ejecutiva federal socialista, y cuyas demandas, sostenidas por una intelectualidad joven y de nuevo cuño, iban mucho más allá de un compromiso retórico. Luego vino la utilización del PP de este asunto, el entramado vocinglero liderado por la COPE y todo lo demás. Apenas comenzó el estudio, el PSOE se quemó las manos con una patata caliente que no sabía a quién pasar. Estaban perdidos: el texto retórico y sin consecuencias jurídicas que querían aprobar les enemistaría con buena parte de sus bases y con algunos influyentes intelectuales que hasta ese momento no tenían empacho en ejercer de mamporreros gubernamentales y, al mismo tiempo, el texto inofensivo desataría la cólera de los obispos y de esa vieja Españolaza de cuartel y sacristía que sigue agazapada en muchos pueblos y ciudades de este siglo XXI.

Así que la primera consigna del PSOE fue dilatar los trámites y los estudios con la esperanza de que la actualidad acabara haciendo olvidar el proyecto, y terminar así la legislatura silbando y pasando de puntillas por el negro y espinoso pasado hispano. Pero la mecha ya estaba encendida dentro del propio PSOE, y en este último año y medio, los sectores más jóvenes han arrumbado a los pragmáticos herederos del felipismo (quienes, en los años 80, perdieron la ocasión de haber resuelto con dignidad este embrollo y ahora se apuntan al carro con gran desfachatez), así que se pusieron a trabajar contrarreloj para llegar a un amplio acuerdo parlamentario que permita sacar adelante una ley en la que ya nadien creía, como así ha sucedido. Y lo han hecho bien, la verdad. Han trabajado de puta madre, hilando adverbios y conjunciones para lograr el sí de todos los partidos, salvo del PP y de ERC. ¿Cuál es el problema, entonces? El de siempre en esta partitocracia: que se han antepuesto las filigranas parroquiales de cada partido a la opinión y necesidades de las víctimas a las que se pretende dotar de dignidad y reconocimiento.

Lo que se ha filtrado del texto que se votará en el Congreso es interesante, porque revela una estrategia muy típica de la política española y que empezaron a practicar los gobiernos de Suárez: echar balones fuera. Hilando fino, la norma no deroga las sentencias dictadas durante el franquismo por motivos ideológicos, religiosos o de discriminación, pero sí deroga formalmente las leyes franquistas que amparaban esas sentencias. Derogación innecesaria, pues la mayoría de esas normas ya perdieron vigencia al entrar en contradicción con la Constitución y la mayoría de las leyes sociales aprobadas desde 1977 (parece que no recuerdan como funciona el ordenamiento jurídico: la norma de rango superior o dictada con posterioridad deroga automáticamente a la vieja que regula la misma materia, aunque la nueva ley no lo establezca explícitamente), pero bueno, fale, dacuerdo, que deroguen lo que quieran. El caso es que, con esta argucia, tiran la pelota al tejado de los jueces: las víctimas que, voluntariamente y de una en una, quieran reclamar ante los tribunales la nulidad de las sentencias que les condenaron durante el franquismo por su condición de activistas demócratas, homosexuales o lo que quiera que sea, tienen ahora un potente argumento legal a su favor, pero para conseguir su objetivo dependen de la habilidad de su abogado para utilizar ese arma y de la sensibilidad del juez, ya que el articulado es muy vago y lleno de perífrasis y puede utilizarse de muchas formas en un juicio. Pero el Gobierno y sus aliados han cumplido su objetivo: dotar de valor jurídico (y no sólo sentimental) a la norma sin mancharse las manos. Ahora, que los tribunales apechuguen.

Vaya rollo que os estoy metiendo, pero es que este tema me interesa mucho, ya perdonaréis. Si habéis leído hasta aquí, ya sólo queda daros mi modesta opinión sobre la Ley de Memoria Histórica. Muy simple: para este viaje no hacían falta tantas alforjas. La demanda social (de las víctimas y de las personas que pensamos que una democracia digna de tal nombre debe dar un tijeretazo a los restos de cordón umbilical que le unen con el franquismo, que 30 años son muchos años) era muy sencilla: restitución moral y jurídica para las víctimas represaliadas por el franquismo. ¿Por qué sólo las del franquismo, cuando es cierto que durante la guerra hubo muchos franquistas y derechistas injustamente reprimidos y asesinados? Porque estos últimos ya fueron honrados y resarcidos por el régimen anterior, y la democracia no ha anulado esas honras ni esas restituciones morales y materiales: no hay más que pasar por cualquier iglesia de cualquier pueblo de España para leer la lista de los "mártires que dieron su vida por España", por no hablar de la cantidad de estancos que siguen perteneciendo a viudas de guerra. Quedaban los otros, los que defendieron la República. La deuda está ahí, y era muy sencillo pagarla, incluso con el complicado tema de las fosas comunes de por medio. Sin embargo, todo el circo y la cobardía de los partidos ha envilecido el propósito de origen. Tienen suerte de que las víctimas son ancianos agradecidos que se emocionarán y ondearán banderas republicanas el día que se apruebe en el Congreso, en lugar de responderles que se introduzcan por el orto su ley de la memoria histórica, que no se han pasado una vida de cárcel y exilio para andar mendigando nada a su país.

Pero como no lo dirán ellos, que bastante tienen con lo que tienen, lo diré yo: métansela por el culo, señores artistas del compromiso y del cambalache.

Y ya. Ahora, por favor, ¿podemos hablar de otras cosas?

09/10/2007 13:51 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Memoria Hay 2 comentarios.

10/10/2007

IL CACCIATORE

20071010134112-il-cacciatore-the-deer-hunter-9901477.jpg

Quería ver el concierto de anoche de Asian Dub Foundation, una de las poquitas cosas de las fiestas del Pilar que mis horarios me permiten disfrutar (suerte que el show empezaba a la una de la madrugada), y allá que fuimos, a ese sitio en medio de ninguna parte llamado Valdespartera. Ya les había visto en Barcelona, en el Teatro Apolo del Paralelo, rodeado por toda la juventud de la colonia pakistaní de la ciudad. Ahora actuaban en el M2, el Monegros de invierno que se celebra en Zaragoza, y la verdad es que estuvo muy bien. Al menos hasta la mitad o así, porque para entonces, al ir a buscar una cerveza, me encontré con algo mejor: allí estaba Il Cacciatore, en escapada fugaz a Zaragoza para ver el concierto de Héroes del Silencio. Estoy por abroncarle por no llamarme con tiempo, pero entonces recuerdo que yo también soy un desastre y que cuando voy a un sitio donde tengo amigos nunca llamo a todos los que quisiera. O no llamo a ninguno y paso de incógnito. Rarezas que tiene uno.

Il Cacciatore no es italiano, es navarro de pro. Y muy de pro. Un tipo que combina en su persona la sensibilidad y sutileza de alma de un Luis Cernuda con la rudeza de un pastor ágrafo de las montañas. La inteligencia y profundidad de un Hegel con el desparrame de un bertzolari borracho. Es un periodista desaprovechado, de los más ingeniosos y afinados escritores de prensa que me he encontrado, puntilloso hasta el extremo de tener una gramática latina en su mesa de trabajo. Lo sé bien, porque hemos pasado demasiadas horas juntos tratando de achicar agua de una redacción que se hundía y hemos bebido también demasiadas cervezas juntos en la terraza de la enorme casa en la que vivíamos en aquella fea ciudad mediterránea. Pero ahora su firma casi no aparece en los diarios. Una verdadera lástima, pero que se joda el periodismo. Si la gente ha elegido la falta de estilo de Aquí hay tomate en lugar de la elegancia de Il Cacciatore, ellos se lo pierden, porque Il Cacciatore es feliz con su vida. A él le puedes quitar muchas cosas y seguirá siendo feliz mientras le dejes sus libros, su partida semanal de mus en el bar y su pase a los frontones de la Txantrea o de la Rochapea, en Pamplona.

Con Il Cacciatore recorrí Londres por primera vez. Era San Fermín y celebramos el chupinazo en la estación de metro de Highgate, cuando perseguíamos la tumba de Marx. Fue un viaje importante y revelador para ambos, y cuando los dos hemos vuelto a la capital británica, ya por separado, hemos recordado la larguísima discusión que mantuvimos de madrugada, sentados junto a uno de los leones de Trafalgar Square e inspirados por la columna del almirante Nelson. Porque a Il Cacciatore, como hombre íntegro que es, le desquicia mi costumbre de llevar la contraria por diversión. Para él, la retórica y la dialéctica son cosas serias y yo las banalizo demasiado con jueguecitos seudointelectuales. Aún así, sé que se lo pasó bien. Sólo lamento no verle más a menudo, ya que en realidad sólo nos separan 175 kilómetros o así. El encuentro de ayer fue muy estimulante y emocionante. Nos pusimos al día, recordamos batallitas etílicas e hicimos propósito de no ser tan huevones y vernos más, pero no sé si podremos dejar de ser tan huevones, nos va en el carácter. Por lo menos, y como ocurre con otra gente, él me sigue a ratos a través de este blog, por eso le escribo estas líneas que nuestro viril concepto de la amistad hace imposible que sean dichas en voz alta sin sonrojo.

En fin, ¡aúpa Il Cacciatore! 

PS: perdonad que no os conteste los comentarios últimamente, pero voy justito para actualizar el blog. Los leo todos, eso sí. 

10/10/2007 13:41 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Intrascendencias No hay comentarios. Comentar.

11/10/2007

ORGULLOS EXTRAÑOS

Qué cosas tiene el patriotismo. Rajoy está orgulloso de ser español y sabe que todos los españoles nos sentimos igualmente orgullosos, por lo que nos insta a proclamarlo el 12 de octubre. Me parece muy bien que el señor Rajoy se sienta orgulloso de lo que le plazca sentirse orgulloso, pero yo me he puesto a enumerar los motivos de orgullo que acumulo en mi vida y, la verdad, la banderita roja y gualda no aparece por ningún lado.

Me siento orgulloso de tener la pedazo de pareja que tengo, que no me merezco en absoluto. Me siento orgulloso de que mi hermano sea más listo que yo. Me siento orgulloso de haber logrado perfeccionar mi cocido madrileño hasta el punto de casi (sí, casi, me falta ese toque imposible de imitar) igualarlo al de mi madre, que es una de las cosas más soberbias que me he llevado nunca a la boca y, sin duda, comerlo una vez más sería una de las cinco o seis razones que me impulsarían a no suicidarme. Me siento orgulloso de algún que otro reportajillo que he publicado (de algún otro borraría la firma si pudiera, también es cierto, pero la hemeroteca es cruel). Me siento orgulloso cuando hablo en un idioma que no es el mío y la gente me entiende y yo les entiendo. Me siento orgulloso de que la vida trate bien a mis amigos. Me siento orgulloso de haber cruzado Arizona en coche. Me siento orgulloso cuando percibo que mi compañía es grata a otros. Me siento orgulloso cuando alguien deja un comentario diciendo que le ha molado algo que he depositado en el blog. Me siento orgulloso cuando encuentro un disco que hacía mucho que no escuchaba y que creía perdido. Me siento orgulloso cuando compro un cacharro para la casa y Cris pone cara de aprobación en vez de arrinconarlo en un rincón donde las visitas no puedan apreciar mi mal gusto. Me siento orgulloso cuando la vida me cruza con alguien a quien hice daño y compruebo que es feliz a pesar de mis torpezas.

En fin, tengo mil motivos de orgullo, todos ellos fruto de mis elecciones, mi trabajo o de las cosas que he hecho en mi vida. Pero no concibo sentirme orgulloso por un azar que no he elegido. Nací hombre en un país un determinado día de un año como podía haber nacido mujer en otro país otro día de otro año. ¿Por qué habría de sentirme orgulloso de esa chorrada? De hecho, más que orgullo, lo que siento es una profunda vergüenza ajena cuando veo vídeos como el de Rajoy. Que disfruten de su fiesta nacional, señores, que yo tengo otras cosas que hacer. 

11/10/2007 14:00 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 11 comentarios.

14/10/2007

EL FUSILAMIENTO DE LA VIRGEN DEL PILAR

20071014164738-sitios.jpg

Pasó durante la ofrenda de flores del 12 de octubre. Yo no estuve, pero me hicieron una estupenda crónica y Cebollada, el fotógrafo de Efe, dejó constancia en este documento gráfico. Así que lo que cuento es de segunda mano, pero contrastado, vaya.

Los de la Asociación Los Sitios, que recrean batallitas de la Guerra de la Independencia con uniformes de época y tal, quisieron rendir homenaje a la virgen que no quiere ser francesa con unas salvas de honor. Llegaron en desfile marcial a la plaza del Pilar, se plantaron en posición pelotón de fusilamiento y, en vez de apuntar al aire, apuntaron a la Virgen. ¡Pum!, sonó la descarga ante la mirada atónita de todos. Recogieron sus fusiles, gritaron ¡Viva la Virgen del Pilar! y se fueron por donde habían venido. Les fallaron los detalles escénicos: si le hubieran puesto una venda en los ojos a la talla, la cosa habría tenido más dramatismo. Por suerte, tenían tan mala puntería que no le dieron, pero habría sido muy divertido que la virgen se hubiera caído de espaldas.

No negaré que Andalucía es el mayor yacimiento de hilaridades hispanas, pero yo le voy cogiendo el punto a Aragón, que no se queda manco en absurdos. Qué grande es esta tierra, de verdad. ¿Dónde está Luis Carandell, con lo bien que sabía comentar él estos sucedidos celtibéricos? 

16/10/2007

SOMARDA

20071016000704-supermano.jpg

No hay intelectual catalán (militantemente catalán, se entiende) que no aproveche la excusa más tonta para reseñar que la lengua de Josep Pla tiene un verbo y un sustantivo intraducibles. El verbo enraonar y el sustantivo seny. Dicen que estos vocablos no tienen equivalente castellano y, en su defecto, se traducen por "charlar" y "sensatez". Es verdad que es una traducción cogida por los pelos y que enraonar hace alusión a una forma específica de conversar, a una actitud entre dos conversadores, y que seny tiene unas connotaciones semánticas pragmáticas, oportunistas y casi maquiavélicas que no posee la palabra castellana "sensatez". De acuerdo: cada lengua tiene sutilezas imposibles de decir en otras lenguas, pero es que los catalanes ejercientes tienden a poner estos dos vocablos como ejemplo de que existe una forma de pensar genuinamente catalana. Ya saben, la filosofía del lenguaje, el señor Wittgenstein y todos esos rollos. Pos bueno, pos fale, pos malegro.

En Aragón hay un caso idéntico a los de enraonar y seny, pero adelanto desde ya que no creo que demuestre la existencia de una forma aragonesa de pensar. Es la palabra "somarda", que intuyo que será uno de los pocos detritus léxicos que han quedado de la lengua aragonesa, que dejó de hablarse en el siglo XV, cuando fue sustituida por el castellano como lengua culta (aunque se ha mantenido hasta hoy en algunos valles pirenaicos, con variantes ya muy débiles). Un somarda es un socarrón, un irónico sin llegar a ser cínico, un tipo al que le gusta tomar el pelo a los demás y que sabe sacar punta, que extrae la esencia de una gran verdad a la que los filósofos han dedicado tratados enteros y la concentra en una sola frase. No existe equivalente castellano exacto. Además de ser una palabra estupenda, es el principal atributo del sentido del humor aragonés. 

Porque así como creo que atribuir una forma de pensamiento autóctona en función de dos o tres palabros peculiares es de un aldeanismo muy tontuno, sí que estoy convencido de que el sentido del humor adquiere tonalidades distintas en función del paisaje y del paisanaje. El humor es como los acentos y dialectos de una lengua: los siglos dejan un poso en él en forma de implícitos compartidos por una comunidad que los de fuera deben aprender si quieren formar parte de ella con todas las de la ley. Decía Cortázar que toda ciudad exige un peaje de unos años hasta que te haces con ella, y parte de las tasas que pagas consiste en hacerte con los mecanismos del humor local. Elvira Lindo dijo el otro día en un artículo que no estás realmente inmerso en una cultura extranjera hasta que no te ríes de los chistes al mismo tiempo que los demás. Es cierto. Y, en el caso de Aragón, nadie puede sentirse realmente parte de esta tierra hasta que no es capaz de reconocer a un somarda al primer golpe de vista. Eso es integración, y lo demás, chorradas.

¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Han sobrevivido los aragoneses a las desgracias y miserias de su historia gracias a su espíritu somarda o lo han desarrollado como medida defensiva ante los chuzos de punta que la historia les ha arrojado? Porque Aragón es un lugar muy desgraciado que sólo en los últimos 20 años ha empezado a resultar atractivo, cómodo y habitable. Antes, la gente salía huyendo del hambre, del adobe, de los guerracivilismos enquistados, del cierzo y de los caciques. Y lo cierto es que aquí he percibido siempre una distancia y una ironía sana y bonachona al enfrentarse a las cosas que no he encontrado en otros sitios. 

El somardismo, y no los chistes de faja y bota de vino que ya nadie cuenta, es lo que define el sentido del humor de los aragoneses. Se lo decía Cano (a quien le he leído dos o tres monumentos del humor que merecerían estar en todas las antologías, aunque otros días no haya dios que lo entienda) a mi querida Ana Usieto en un reportaje hace unas semanas. Preguntado sobre si existe o no un humor aragonés, Cano puso dos ejemplos típicos sacados de su anecdotario erudito:

Cuando Alejandro Magno se encontró con Diógenes, le preguntó: "¿Quieres algo de mí?". Y el filósofo le dijo: "Que te apartes, que me quitas el sol".

Pregunta a un rabino: "¿Qué es peor, la ignorancia o la indiferencia?". Respuesta del rabino: "Ni lo sé ni me importa".

Diógenes y el rabino, he aquí dos grandes somardas dignos de Aragón. Y lo demás, los ruralismos, las boinas y los gritos, al armario de los tópicos de donde nunca debieron salir. 

PS: Para los que no sepáis por qué he escrito esto, se trata de la continuación del debate sobre humor aragonés empezada en los comentarios del anterior post. 

Foto: el gran Supermaño, creación del inigualable genio Alberto Calvo, que es también autor de esa caricatura pequeñita mía que hay en la barra de la derecha, debajo del Acerca de.

17/10/2007

SINDERÉSICOS

Me apuntan por lo bajini mis amistades eruditas que la traducción correcta de seny en castellano es sindéresis, término usado por Gracián y definido por el diccionario de los académicos como "Discreción, capacidad natural para juzgar rectamente". Constato que yo tengo la sindéresis tan atrofiada como mis bíceps, ya que mis juicios tienden a torcerse y a fofear.

¿Cómo será tener una sindéresis vigorosa, con bien de chicha, con la que puedas atizar un buen hostión? Envidio a los atletas sinderésicos. Los torpes normalitos solemos dejarnos deslumbrar por una chica en la barra de un bar y, a la mañana siguiente, descubrimos con la luz del día que es una besuga con menos interés que una ameba. Los sinderésicos, sin embargo, perciben a la besuga-ameba al primer golpe de vista. La miran y la juzgan rectamente: es una besuga-ameba, sentencian, y le dan otro trago al gin-tonic (que juzgan rectamente como garrafón del chungo, pero se lo beben por no incomodar a sus torpes amistades, ya que son tan discretos como eficaces juzgadores).

Los sinderésicos crecen en los jardines del Queen's College de Cambridge, mimados por eficientes gardeners de bigote ralo y leve cojera. De pequeños, ganan a sus padres al ajedrez, y de mayores resuelven conflictos de Oriente Medio en dos sentencias yuxtapuestas que contienen sendos juicios rectos. Por supuesto, nadie les hace caso (por eso el mundo va como va), pero adornan un montón, como unas hermosas gardenias para tí o unos clavelitos de mi corazón.

Si son críticos literarios, los sinderésicos reconocen una obra maestra por el lomo. Si son jurados del premio Planeta, también, pero por el lomo de la chequera o del fajo de billetes. Aunque las transacciones con tarjeta de crédito les han puesto las cosas díficiles, porque todas las tarjetas son iguales y se hace difícil juzgar rectamente cuál de ellas está asociada a la cuenta de más ceros. Eso sí, siempre con la discreción y la prudencia que les caracteriza: se la guardarán en el bolsillo interior de la americana y hablarán de otras cosas.

Los sinderésicos te juzgan rectamente y concluyen, en la mayoría de los casos, que eres un gilipollas. Por eso te invitan amablemente a salir de su despacho con un suspenso, una carta de despido o un crédito denegado.

En fin, los sinderésicos son esos individuos que siempre ganan las guerras, aunque quieren aparentar (mirada melancólica, falsa actitud reflexiva, si hubiera sabido que íbamos a acabar así...) que las han perdido.

18/10/2007

UN TIPO DURO QUE NO BAILA

20071018024930-norman-mailer.jpgNorman Mailer se muere en el Monte Sinaí de Manhattan. Está hospitalizado en cuidados intensivos, y a sus 84 años esas cosas nunca pintan bien. Quizá ya esté muerto cuando leais esto. Es probable que a nadie le importe -y no me parece mal: no veo por qué la desaparición de un escritor debe preocuparle a alguien que no sea lector suyo-, pero con Mailer se disolverán los restos de una cultura (o contracultura, qué más da) en la que nos hemos formado un par de generaciones, pero que hace tiempo que dejó de dar respuestas a nuestro mundo. Yo, de todas formas, me quedaré con el placer oscuro que sentí cuando le descubrí a través de Los tipos duros no bailan, ese homenaje obsceno a John Updike con un título que parece prestado de Dashiell Hammet.
18/10/2007 02:49 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 1 comentario.

20/10/2007

GRANDES FRASES: FUTURAMA

20071020135722-bender.jpg

Dice Bender, al borde del llanto, cuando Lilla está a punto de ser devorada por un extraterrestre:

"Sé que sólo eres una insulsa forma de vida basada en el carbono, pero en el fondo de mi corazón siempre consideré que estabas hecha de titanio".

También Bender, en el funeral de Fry, llorando su pérdida:

"Cuando decía que mataría a todos los humanos, siempre añadía en voz baja: 'menos a uno'. Fry era ese uno, y nunca se lo dije".

A Bender le han instalado una bomba que se activa cuando dice la palabra culo. Intentan quitársela, pero no lo consiguen y deciden cambiar la palabra de activación por otra que no usa nunca. Bender intenta adivinarla:

"¿Una palabra que nunca uso? ¿Cuál es? ¿Por favor, gracias, lo siento, sin alcohol? 

20/10/2007 13:57 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 2 comentarios.

21/10/2007

ADIÓS, MURCIÉLAGO

20071021141733-210x140-1192954999-portada.jpg

Me despierto con la noticia de que ha muerto Juan Antonio Cebrián. De repente, de un infarto. Uf. Con la muerte resulta casi imposible decir algo que no sea tópico, y lo tópico, en estos casos, siempre hiere más que el silencio. Por eso nunca he sabido dar un pésame.

Llevaba tiempo sin saber nada de él. Ni escuchaba ya su programa ni le había visto en años, pero hubo una época en que fue una presencia muy perseverante en mi vida. Especialmente por las noches. Mi vocación insomne me lo descubrió en Turno de noche. A comienzos de los 90, él se había inventado un estilo de hacer radio de madrugada que cristalizó en ese programa que tantas ojeras me causó. Hasta entonces, en España la radio la cerraba Butanito y los gritones deportivos. No había contenidos para insomnes que no fueran repeticiones o radiofórmulas, pero Cebrián descubrió ese hueco, esas células no durmientes necesitadas de un poco de atención en esas horas de nadie llenas de vigilantes jurados, camioneros, amas de casa a punto de divorciarse e insomnes vocacionales como yo. 

Turno de noche, en Onda Cero, la emisora que nunca abandonó pese a los muchos disgustos que le dieron en ella, no era nada del otro jueves. Era un magacín elegante, construido con ritmo, que se articulaba en torno a una sección central llamada La Zona Cero. En ella, Cebrián, el cascarrabias profesor Germán de Argumosa -que parecía sacado de las páginas de TBO- y un grupo de pipiolos (sacados en parte de un programa de Radio Heraldo de Aragón llamado Cuarta dimensión, en el que participaba un jovencísimo chaval de Teruel llamado Javier Sierra) hablaban con mucho humor y distensión de casas encantadas, ovnis y todas esas cosas misteriosas. Pero sin la pose peliculera de Iker Jiménez. Era muy entretenida su forma de hacer pasar miedo a la audiencia con fantasmas que se sentaban a los pies de las camas. 

Con Turno de noche, Cebrián llegó a liderar las modestas audiencias de la madrugada -antes de que Hablar por hablar le fulminase-, y estableció un vínculo muy estrecho con sus oyentes, como yo no he visto hacer a nadie en este país. De verdad que había algo muy cálido en su voz, en su forma de marcar los ritmos, en su estilo de narración oral. Algo muy agradable y muy bien construido. Sus oyentes éramos los murciélagos.

Más tarde, como Onda Cero ha cambiado más de manos que ciertos apéndices en Chueca, empezó el vaivén. A Turno de noche le sucedió La rosa de los vientos, el programa que ha durado hasta hoy con muchos cambios de horario e interrupciones. El espíritu y el estilo eran idénticos, y la calidad técnica de la producción mucho mayor, pero los que hemos sido murciélagos nos quedamos con ese je-ne-sais-quoi de Turno de noche

Yo le conocí recién estrenada La rosa de los vientos, en los estudios que Onda Cero tenía en la calle Ortega y Gasset de Madrid. Lo recuerdo bien porque fue una de mis primeras entrevistas, cuando era todavía un pipiolo que empezaba a ver mi firma impresa en papeles de aquí y de allá, y hacía algunos programas de radio absurdos en emisoras marginales y destartaladas (de hecho, Cebrián alimentaba mi voraz pasión por la radio, el único medio por el que abandonaría la prensa escrita si tuviera ocasión de participar en un proyecto bonito). Charlamos en un estudio vacío tras cruzar una redacción llena de sillas de ruedas y rampas (Onda Cero había sido un proyecto de integración de la ONCE, y todavía había muchos periodistas de la primera época: Cebrián era uno de ellos), y me llamaron gratamente la atención dos chorradas, aparte de su extremada afabilidad: que en persona soltaba con placer todos los tacos que reprimía en antena y que fumaba como un carretero, llenando ceniceros a su paso.

Después se convirtió en autor de éxito con sus textos divulgativos y espectaculares sobre episodios históricos (y muchos historiadores le tacharon de intrusista), y coincidimos en presentaciones de libros, en recepciones de hoteles donde alguien solía acudir a pedirle un autógrafo... Siempre, con la guardiana y cariñosa presencia de Silvia, su mujer y productora en la radio. Incluso me ha llegado a sacar de más de un apuro con algún reportaje. Sabía que podía llamarle y siempre estaría disponible para mí. Era un lujo.

He dicho que no le había visto en años. Mentira. La última vez que estreché su mano fue el año pasado. Fugazmente. Vino a la Fnac de Zaragoza a presentar su libro sobre los Borgia, con Silvia, por supuesto. Le saludé rápidamente ("Hombre, Sergio, ¿qué tal te trata la vida?", siempre tan solícito, con una sincera predisposición a escuchar), y me escabullí, pues la sala estaba abarrotadísima de fans suyos ansiosos por una firma y dispuestos a reírle con entusiasmo todos sus chistes. Daba gusto verle disfrutar del sorprendente cariño que despertaba en sus acólitos, y cómo los premiaba con su retórica cálida de locutor fuera de serie. Si hubiera sabido que no le iba a ver nunca más, me habría quedado a esperarle y a tomar un café.

A mí me reconciliaba un punto con mi profesión ver que, en unos medios desgañitados, apisonadores y prepotentes, un caballero de la vieja escuela como Cebrián seguía teniendo su parcela de público. Por eso, no me arredraré y me atreveré a escribir un tópico: siempre se van los mejores.  

21/10/2007 14:17 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Noticias Hay 3 comentarios.

22/10/2007

¡QUE VIVA EL FRÍO!

20071022230219-cocido.jpg

Llega el frío. Parece que sí, que ya llega de verdad. Me gusta, soy así de cenizo. Hay quien se deprime debajo de tanta ropa, con las orejas congeladas y la nariz moqueante, pero a mí me gusta esta temperatura que me oxigena la cabeza. Adiós jaquecas, adiós somnolencia. Sólo echaré de menos los gazpachos y los tomates aliñaos que he devorado por toneladas estos meses de atrás. Tremendos tomates los de esta temporada. Me gusta comerlos aliñaos como te los sirven en Andalucía cuando aprieta la caló: cortados en rodajas sobre las que se espolvorea un ajo picado, pimienta negra recién molida, sal gorda, orégano y un buen chorro de aceite de oliva. Y ya. Pobre, pero honrao. Los echaré de menos, pero los sustituiré por el no menos racial cocido, monumento gastronómico que debería tener una estatua en todas las ciudades de España.

El agua de Zaragoza (esa cal...) no es como la de Madrid, por eso no hay que tener miedo a dilapidar un par de botellas de agua mineral en la olla (exprés), pero conviene echarlas cuando nadie te mira, para que no te llamen pijo o sibarita de los cojones. En la olla, unos garbanzos leoneses puestos en remojo la noche anterior, acompañados de su buena ración de carnes: morcillo de ternera, pollo o gallina, tocino (no es indispensable, digan lo que digan por ahí), una punta de jamón, un hueso de caña con su tuétano, una morcilla (igualmente prescindible, pero si se le echa, que sea asturiana) y el ineludible chorizo que teñirá de rojo el caldo. Ésa es la primera cocción, antes de añadirle las verduras: mucho puerro, col o lombarda (que da un caldo morado), zanahorias, algunas hierbas, apio y unos cuantos ajos. Ésa es la segunda cocción. Hay quien prefiere dejarlo todo en una sola cocción, pero a mí me gusta demorarlo en dos fases, respetando el ritual antiguo y moroso. Para entonces, el caldo está ya casi perfecto. Se retira un poco de la grasa que ha quedado arriba y se añaden las patatas, que cogerán todo el sabor del guiso. Como toque final, cuando las papas ya casi estén, se pueden añadir un par de hebras de azafrán y una cucharada de pimentón dorado sobre un ajo en la sartén. Un regusto picante que se agradece, pero que no altera mucho el resultado final.

En la mesa, se repite la tríada del fogón: primero, la sopa, con unos fideos finos y un puñado de garbanzos para dar color. Después, los garbanzos con las patatas y las verduras, con un chorro de aceite de oliva crudo por encima. Y para terminar, las carnes: un poco de jamón, otro poco de morcillo y el remate del delicioso chorizo. El vino, tinto y un poco fresco. A una amiga mía, que entendía perfectamente la importancia de este ritual, le gustaba derramar un poco de vino de la copa al plato de sopa, un gesto maravilloso de un carpetovetonismo subido. Después, la siesta es obligada: se recomienda una buena película o una buena charla en posición recostada con un coñac o un orujo que ayude a los jugos gástricos. Para las siete de la tarde, el cuerpo ya está recuperado y se puede salir a la calle. Hasta entonces, reclusión festiva.

Los ateos faltos de ilusiones como yo necesitamos algún rito que ordene nuestras desastradas vidas y las dote de sentido, y para mí, el rito del cocido es mi misa sin dioses ni plegarias. Estoy decidido a probarlo en algunos sitios de postín a 60 euros el cubierto. Si cubren mis expectativas, estoy dispuesto a pagar el doble. También lo puedo hacer yo y nunca está del todo mal, pero siempre hay una forma de mejorarlo: que sea mi madre la que se pringue en la cocina para alimentar a su crecida camada.

El resto de la semana, las sobras del cocido pueden dar todavía muchos placeres: esas croquetas, ese humus con su ajo y pimentón o esos arroces con setas que se pueden hacer con el caldo. Dios, qué maravilla invernal.

¡Que viva el frío con sus cocidos!

25/10/2007

LAS CUITAS DE LA MADRE PATRIA

20071025010544-dscn0166.jpg

El otro día nos enzarzamos en un absurdo cruce de mails a los dos lados del Atlántico con nuestro contacto en esa ciudad de la que vivo platónicamente enamorado y a la que sólo puedo sacar el defecto de que está a 12.000 kilómetros de donde resido: Buenos Aires (aviso: el verano austral va a comenzar y a mí me están dando muchas ganas de tomar el sol en una terracita del barrio de Palermo con una buena cerveza Quilmes. Quien quiera entender, que entienda). Con el asunto de "¿Qué está pasando en la madre patria?", nuestra amiga platense nos remitió, escaneada, la primera página de la sección de Internacional del diario Clarín del otro día. En ella, el corresponsal en Madrid del periódico argentino publicaba una crónica resumiendo el encontronazo entre Esperanza Aguirre y el ciudadano Borbón a propósito de Federico Jiménez Losantos (por cierto: el corresponsal escribía mal Losantos y le singularizaba en Losanto. Me temo que no es oyente suyo, no sé por qué me da).

Correcta la crónica, veraz y rigurosa. Salvo en el error al transcribir el nombre de nuestro querido y mesurado locutor, resumía con precisión y elegancia lo que está pasando en este país, contextualizando con el clima enrarecido que se respira en los partidos y en los medios. Y, sin embargo, es cierto que daba una impresión alarmista. Un lector distraído podría llevarse las manos a la cabeza y pensar que realmente está pasando algo gordo en España. Si es así, la gente ha debido lanzarse a una orgía para morir con las botas puestas (de manduca), porque no hay más que ver lo difícil que es encontrar mesa en un restaurante un sábado y la tensión que se palpa en los bares de tapas. Vamos, que no estaría de más -aunque sólo sea para tranquilidad de los muchos argentinos que tienen familia aquí- que hubieran añadido la morcilla en la crónica de que lo único que realmente preocupa a los habitantes de la octava o novena potencia mundial es el nivel de colesterol de sus arterias. Vamos, problemillas de país rico que no tiene problemas serios de verdad (de verdad de la buena: hambrunas, ejércitos de niños mendigos como los que sí se ven en Buenos Aires al caer la noche, guerras, narcotraficantes que controlan gobiernos... En fin, lo que se dice problemas chungos de los que hacen la vida imposible de verdad) y se los tiene que andar inventando.

Uno cree que estas operetas cutres que conforman el día a día de la política nacional son vistas fuera como lo que son: pantomimas ridículas de vergüenza ajena (ajena para mí también, habida cuenta de que yo sólo respondo de mí mismo), pero resulta que la prensa argentina es más respetuosa de lo que se merecen los politicastros, y entra al trapo de sus mamarrachadas. ¿Se está perdiendo el sano odio por las viejas metrópolis? ¿Van a desperdiciar los porteños una ocasión tan maja de reírse de las cuitas de la madre patria? Quizá la explicación de que no perciban las dimensiones cómicas del tinglado español es que en Argentina la tienen montada muy gorda con la entronización de la gran Cristina, que no ve el momento de salir al balcón de la Casa Rosada a cantar en inglés "Don't cry for me Argentina...".

Ahí va mi solución para acabar con los problemas políticos de ambos países. Si ya compartimos un mismo gobierno de facto (el señor Botín y los gerifaltes de Repsol y de Telefónica mandan lo mismo en Madrid que en el Río de la Plata), ¿por qué no compartirlo de verdad con todas las consecuencias? Que se las apañen para que Cristina sea entronizada en las dos orillas del Charco, que se abra la veda para que el Boca Juniors juegue en la Primera División española; que Calamaro, en señal de protesta, saque un disco con 1.500 danzas sanabresas en bable, y que Ariel Rot pueda salir del armario lingüístico al fin y confesar sin rubor que perdió el acento argentino hace 30 años y que sólo lo usa para ligar y vender discos, pero que en realidad habla como una peluquera-esteticien de Parla. Y, de paso, que Bunbury deje de vosear.

Creo que de la unión hispano-argentina saldría un país muy bonito, desquiciado y divertido. Así pues, Cristina, cuando conquistes la Casa Rosada, envía tus huestes a la Península y anexiónala. Eso sí, la primera medida tras la anexión tiene que ser el destierro de Esperanza Aguirre, Jiménez Losantos, los Borbones y los actores de Matrimoniadas. Que se vayan todos a vivir a Polaris World y a Marina d'Or Ciudad de Vacaciones, enclaves que serán cedidos a Francia a cambio de un cargamento de camenbert y seis botellas de buen coñac.

¿Qué os parece mi proyecto político?

Foto: una cena memorable en el restaurante Olsen de Buenos Aires. De izquierda a derecha, un servidor con cara de jet lag combinado con vino y un par de litros de Quilmes, mi sufrida partenaire, mi amigüito S. P. (que no son las siglas de Servicio Público), y la troupe argentina que nos emborrachaba en el Río de la Plata. Perdonad que no ponga sus nombres, pero es que algunos son espías quisquillosos que quieren mantenerse en el anonimato (la realidad es peor: esas tres chicas son influyentes periodistas bonaerenses, y el chico es un genio aquejado de cínica lucidez e hipocondría a partes iguales). Aún así, son muy buena gente y mejores cicerones.

25/10/2007 01:05 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 4 comentarios.

28/10/2007

ESCAPADA ITALIANA

20071028202718-img-3062.jpg

Vuelvo de una escapada rápida (vía Ryanair, los vuelos baratos que están haciendo más por la "construcción europea" que Giscard d'Estaing) a tierras lombardas. Milán, Lago Como, Bérgamo... Risottos, café y grappa. No conocía el norte de Italia, con sus coches que paran en los semáforos, sus ciudadanos que no gritan, su asquerosamente europea urbanidad... ¿Dónde están las mammas romanas y napolitanas? ¿Y los vendedores ilegales de pescado, y el recaudador de la mafia paseándose ufano por los comercios? Sé que decir esto es de un romanticismo ingenuo y absolutamente desfasado, pero yo me quedo con el salvaje y ruidoso sur, con las montañas de basura de Nápoles. Prefiero beber de la misma botella que el Che Garibaldi antes que fumarme un puro con Cavour. Qué le voy a hacer.

Al margen de todo, dos apuntes. Primero, el de la foto, una campaña de la Sanidad pública italiana en el metro de Milán. Sencillamente genial, ¿no? Quizá le falte un aire más Mamma Ciccio, con su escote insinuando (¿insinuando o desbordando?) unos brutales pechos del catálogo VIP de un cirujano estético, pero así va bien. Me encanta la cofia de la chica, probablemente rescatada del vestuario de Conchita Velasco en Las chicas de la cruz roja.

El segundo apunte es una conversación robada en la cola de embarque del avión de vuelta. Detrás de nosotros, un cura con alzacuellos,  un señor que no lleva alzacuellos pero que igualmente parece un cura y tres sonrosados mozalbetes de unos 18 años bien repeinaos y encamisaos. ¿Excursión espiritual, ejercicio espiritual, algo espiritual? Quién sabe qué, pero algo espiritual sin duda. El señor párroco les comenta una noticia que leyó hace poco en Diario de Navarra (acabáramos). Al parecer, una familia que tenía varios gatos decidió adoptar un perro de la perrera, pero como no consiguieron que el perro y los gatos se llevaran bien, la protectora de animales les retiró la custodia del perrillo. "Y fíjate -apunta con sorna el párroco, que yo he bautizado como Don Nicanor-, la familia está triste". Uno de los mozalbetes repeinaos remata: "Sí, claro, con los perros mucha tristeza, pero con los niños, aborto, ¿no?". Sólo he podido pensar que ese mozalbete será algún día un ministro. 

28/10/2007 20:27 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Viajes Hay 7 comentarios.

30/10/2007

GINEBRA SOLA O CON TÓNICA

Después de toda una vida bebiendo ginebra con tónica, ya anciano y desahuciado, descubre que le gusta mucho más el sabor de la ginebra sola. "Demasiado tarde para cambiar de gustos", piensa, y a mí me entran ganas de dejar el libro en el suelo, levantarme y aplaudir. Qué grande es un buen escritor cuando es grande. Momentos como ése, en el que un simple chasquido de lengua abre el abismo de toda una vida, hacen que perdones la pedantería, la egomanía, los adjetivos manidos, los errores de cronología histórica y hasta las inconsistencias en la construcción de la novela. John Banville es grande por momentos como ese, por personajes que descubren demasiado tarde que han estado bebiendo una combinación que no les iba, y no les queda más remedio que aceptarlo.

El personaje del que hablo es el protagonista de El intocable, una novela sobre los espías de Cambridge que pasaron secretos de Estado británicos a la URSS. El espía, que hace mucho que dejó de serlo, es una eminencia que ha sido descubierta y está sufriendo la vergüenza pública y el acoso de la prensa. Lo ha perdido todo: su posición de caballero del Imperio británico, sus cargos públicos, sus prebendas, su relación con la familia real... Sólo le queda una historia de cinismo y su cuadro favorito: La muerte de Séneca, de su idolatrado Poussin. El descubierto espía, un vejestorio abandonado y despreciado, aprovecha el ambiguo interés de una presunta escritora que quiere escribir su biografía para evocar en primera persona los oscuros recovecos de su vida, llenos de episodios violentos, divertidos y tragicómicamente británicos. Y al final, todo se resume en eso, en que prefería la ginebra sola y no con tónica. Bueno, en realidad hay mucho más, que luego decís que chafo los finales y en realidad no he contado nada de la trama, pero la esencia de la alegoría está ahí.

Cada vez estoy más convencido de que las verdades más horribles de nuestra vida se nos presentan de esa forma. No es que los pequeños detalles importen, es que no hay nada más allá de los pequeños detalles. Podemos intentar vivir en un orgasmo contínuo, buscando el escalofrío de la experiencia, pero siempre habrá una sábana arrugada que nos dirá más sobre nosotros mismos que todas las meditaciones trascendentes del mundo.

30/10/2007 01:44 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

31/10/2007

MONSIEUR LE PRÉSIDENT

20071031030508-nicolas-sarkozy.jpg

Cosa buena: Sarkozy mete caña a los franceses y anima un cotarro aburridísimo. Parece que efectivamente va a sacar de su letargo a Francia. Quizá no le devuelva la grandeur ni evite el lánguido declinar de la francophonie, pero está despertando a un país dormido que amenazaba con acabar siendo su propia caricatura. A los franceses les gusta que les pinchen, les va la marcha, las crisis y los tipos excesivos. Como buenos burgueses de hábitos reposados y digestiones lentas, ansían que alguien les saque de su rutina y rabian por que descubran sus perversiones secretas. Eso está bien.

Cosa mala: Sarkozy tiene ademanes napoleónicos. Se ha pasado los últimos años perfeccionando su papel de Monsieur Le Président y no ha reparado en que entre la dignidad republicana y la pantomima versallesca hay una finísima línea sobre la que él camina haciendo eses. Lo que está haciendo con la prensa es de un cesarismo tremendo, pero mucho más tremendo es que la otrora quisquillosa y levantisca prensa francesa tolere sus aspavientos con la cerviz gacha. Primero, atendieron su ruego de no emitir las imágenes en las que aparecía con un buen cogorzón de sobremesa, y ahora se ha levantado en mitad de una entrevista con la CBS (ni más ni menos que en el programa 60 minutes) porque no le daba la gana responder una pregunta sobre Cecilia (you're breaking my heart, you're shaking my confidence daily, que cantaban Simon y Punset). Pues no respondas, hijo mío, sal por peteneras, pero no montes ese numerito. Entre estos dos incidentes, los medios franceses han sufrido todo tipo de presiones para no informar sobre tal o cual cosa que molesta a Monsieur Le Président. Y como casi todos los dueños de los medios son amiguitos de Monsieur Le Président, a callar toca. Claro que le sale el tiro por la culata, porque al final se acaba todo sabiendo, incluso el detalle de que lo ha querido ocultar con formas no muy decorosas para un presidente que se quiere democrático.

Un mandamás con ganas de repartir leña y una prensa dispuesta a recibir con sumisión de meretriz bien pagada todos los fustazos que tengan a bien darle. No pintan bien las cosas allende los Pirineos, pero lo más preocupante es que, para nosotros, Francia es el modelo a seguir, así que tendremos que poner las barbas a remojar. Si ya tenemos encima de nosotros a un buen montón de lobbys queriendo dictarnos las páginas, y nosotros apenas podemos oponer un par de disuasorias sonrisas (ellos son más, tienen más dinero, son muy pesados y atacan desde todos los flancos posibles, mientras que nosotros somos cuatro muy mal avenidos, y sólo tenemos nuestro ordenador, nuestra agendita de teléfonos y una grabadora), verás tú cuando en La Moncloa y en los corralitos autonómicos descubran que pueden mangonear como mangonea Sarkozy, aunque algunos caciques autonómicos ya lo descubrieron hace mucho. Si nos quejamos de cómo estamos ahora (y es para quejarse bien, nadie que no esté dentro del cotarro mediático sabe hasta qué punto, aunque se lo pueda oler), echaremos de menos los tiempos actuales cuando los nuevos Césares nos aticen con sus laureles.

Así que yo me voy a abrigar bien de cara al invierno, voy a seguir con mis temitas dominicales -que nunca he cometido el error de tratar como menores: si los publicamos es porque tienen interés, y me da igual la opinión que algunos colegas lenguaraces o con complejo de inferioridad puedan tener de los reportajes que sacamos. Allá cada cual con su pequeño mundo, yo me limito a trabajar- y voy a procurar defender sin fisuras ni escapes malolientes todo lo que lleve mi firma. Ahora y siempre, es lo único que nos queda a los plumillas que seguimos en esta prensa no global. Y no es poco.

Y, por lo demás, intentar ser felices, brindar a menudo con los amigos e ignorar a los profesionales de la ponzoña. Por lo menos, que los lacayos de Sarkozys por venir no nos amarguen la juerga.

31/10/2007 03:05 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 4 comentarios.


Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con 1001 relatos.]