LOS CRÍMENES DE AMARCORD

Iba contento y feliz al preestreno de Los crímenes de Oxford. Aunque 800 balas no me tocó ninguna fibra y Crimen Ferpecto me dejó un sabor de comedieta televisiva española insulsa tirando a rancia, ninguna de sus cagadas ni de sus múltiples y orondas imperfecciones me han hecho olvidar que ese peazo de animal llamado Álex de la Iglesia dirigió Acción mutante, El día de la bestia y Mirindas asesinas. La tríada de una generación, la mía. Así que un respeto. Es el tío que ha dado sentido generacional al anuncio de Schweppes de la Gran Vía de Madrid, el que nos enseñó a ser satánicos y de Carabanchel, el que devolvió a la vida las mirindas. Un puto genio. Perdita Durango y su empeño por hacerse el Tarantino no se lo tengo en cuenta, y La comunidad me pareció simplemente la gloriosa consagración de un contador de historias que es ya perro viejo y conoce todos los trucos. Lo que los pedantes llaman un ejercicio de estilo.
Digo todo esto para que luego nadie me acuse de tener inquina a Álex de la Iglesia. Yo adoro a ese gordo barbudo. Entiendo su mundo, comprendo las historias que me quiere contar y creo que ha moldeado la sensibilidad de parte de una generación española en la que me incluyo por fuerza. No sé si es la X. Creo que sí, que yo soy de la generación X: burra, inmadura, analfabeta y fundadora del botellón cuando todavía no se llamaba botellón. Historias del Kronen es una pajilla pretenciosa al lado de El día de la bestia.
Por eso estoy tan cabreado con lo que acabo de ver, porque no me puedo creer que Álex de la Iglesia haya dado por buena una peli que no merece el calificativo ni de mediocre. Sí, técnicamente es impecable, desprende aroma victoriano del güeno. Y John Hurt está en su línea, o sea, magistral aunque se pase de rosca. Elijah Wood sigue siendo Frodo Bolsón, pero está correcto. Lo mejor de todo: los pechos bamboleantes de Leonor Watling en cinemascope. Qué tetas tan enormes y tan bien puestas. El pobre Frodo se ahoga en ellas.
No he leído la novela en la que se basa la peli, así que no puedo juzgar si las inconsistencias se deben al novelista, al director-guionista o a los dos, pero empecemos por una cosa básica que un erudito de los géneros como Álex de la Iglesia conoce a la perfección, pero que misteriosamente ha decidido pasarse por el forro escrotal: en los relatos detectivescos, el narrador no puede hurtar información al lector. Éste tiene que tener en su mano las piezas para resolver el crimen en igualdad de condiciones que los detectives. Si el narrador se saca un as de la manga en el último momento hace trampa. Y Álex de la Iglesia hace varias trampas.
El relato es muy de best-seller. Traduzco: previsible y plano. Como planos son los personajes. Casi puedes adivinar su siguiente línea de diálogo. Es una pésima historia policíaca con un falso tono de profundidad filosófica cogida por los pelos de algún manual de bachillerato.
Esto que acabo de decir parece demoledor, pero podría pasar tan sólo como una pequeña pega si el relato tuviera un ritmo y un tono adecuados, con tiempo para un desarrollo lógico y verosímil. Pero no es así. Todo está contado deprisa y corriendo, como si le faltara rollo de película y no pudiera perder minutos en tonterías. De repente, hay dos que se enamoran, pero no hemos visto el enamoramiento. Nos lo tenemos que creer porque el director nos dice que están enamorados. Pos bueno. También hay un profesor genio que pasa de humillar a un chaval a admirarle profundamente. Sin que medie gran cosa de por medio. Es así y punto.
Hay un loco resentido con cara de loco resentido, una bruja amargada con cara de bruja amargada y una buena chica interesante con las tetas muy grandes con cara de buena chica interesante con las tetas muy grandes. No son personajes: son actores con careta que hacen lo que pueden frente a la cámara. Son caricaturas andantes. No, ojalá fueran caricaturas, pues tendrían profundidad. Son como estampitas. Tanta obviedad estomaga.
Menos mal que cuando empiezas a sentir que tu inteligencia ha sido gravemente insultada, va Leonor Watling y se desata el sostén, devolviendo a todos los espectadores a su fase lactante. La escena recuerda a Amarcord, porque Leonor parece la madre de Elijah Wood, que se ahoga entre esas dos mamas. Leonor es una Mrs. Robinson latina, pero Frodo no da la talla. A ella sólo le falta gritar, como en la peli de Fellini: "¡He dicho que chupes, no que soples!".
He divagado imaginando que era Elijah Wood y pensando en los buenos ratos que pasaría entre esas tetas que no caben en una mano humana, y así se me ha hecho más soportable todo.
Qué pena. ¿Se le habrá acabado la savia a Álex de la Iglesia? ¿Tan pronto?
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Autor: Rondabandarra de la Iglesia
Por cierto, aquí tienes el libro: http://www.sectormatematica.cl/Regalos2/crimenes%20imperceptibles.pdf
Fecha: 18/01/2008 09:15.
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Autor: Severiano
Fecha: 18/01/2008 13:14.
Autor: S. del Molino Tetudo
Severiano: he buscado, pero no he encontrado ninguna que les haga justicia.
Fecha: 18/01/2008 13:34.
Autor: Javivi
Fecha: 18/01/2008 20:03.
Autor: S. del Molino
Fecha: 18/01/2008 20:45.
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Autor: jcuartero
Fecha: 19/01/2008 11:39.
Autor: Javivi
Fecha: 19/01/2008 14:20.
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Autor: jcuartero
Fecha: 21/01/2008 00:11.
Autor: Anakrix
Fecha: 21/01/2008 11:04.



