SÓLO TE AHORCAN UNA VEZ

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"Hay cuatro reglas para seguir a alguien: mantente detrás de tu sujeto todo lo que puedas, no intentes esconderte de él, actúa con naturalidad ocurra lo que ocurra y nunca le mires a la cara. No te las saltes, salvo en circunstancias excepcionales, y seguir a alguien será lo más sencillo que tenga que hacer un sabueso".

Sabiduría de sabueso. Lo cuenta el detective sin nombre de la agencia Continental que protagoniza muchos relatos de Dashiell Hammett. Este consejo aparece en el cuento Traiciones en zigzag, incluido en la antología Sólo te ahorcan una vez, que Seix Barral sacó hace poco más de un año. Son las narraciones cortas que Hammett publicó en revistas y en papeles sueltos desde 1922, mucho antes de Cosecha roja, su primera novela (el cuento que abre el libro, Ciudad de pesadilla, es claramente un ensayo de esa novela, que desarrolla su tema y su trama).

Me encanta Dashiell Hammett. Hubo un tiempo en el que estuve muy enganchado a la novela negra. Devoré a Hammett, seguí con Raymond Chandler y, cuando me metí con el trurbio mundo de McCain, me di cuenta de que estaba desarrollando una obsesión patológica. Así que lo dejé, pero de vez en cuando retomo el vicio, y Hammett sigue siendo mi niño bonito.

Lo es por su estilo, que ni siquiera una traducción tan infame como la que sufren sus textos logra apagar. Chandler y McCain son más "intelectuales". Hammett es intuición pura, el autodidacta soberano y supremo, la inteligencia sin pulir ni adoctrinar. Un sabueso con las suelas comidas de tanto patear calles. Porque él es ese detective sin nombre de la Continental, ese buscavidas que conoce a todos los tipejos de San Francisco. Sólo que en la vida de Hammett, la Continental se llamaba en realidad Agencia Pinkerton. Sus oficinas estaban en Union Square, y él comía bistecs en un restaurante cercano. Lo sé porque le he seguido el rastro este verano en San Francisco. No me he curado del todo de mis vicios.

La prosa de Hammett es eficaz, limpia de literatura y artificio. Apunta y dispara con precisión: certero en el detalle, nunca da información redundante ni de relleno. Cuando aparece un pañuelo es ese pañuelo y no un pañuelo cualquiera. Lo ves, lo palpas, lo hueles, y no ha sido mencionado por azar: encaja en la trama como una pieza de un puzzle. Es fantástico. Y consigue ese efecto con una parquedad de recursos que da miedo. Cuenta la historia con las mangas remangadas, jugando limpio con un lector que también quiere resolver el crimen, pero no se queda en el juego de salón. El pasatiempo del acertijo es sólo un andamiaje, una estructura conocida y cultivada que le permite contar lo que de verdad le importa: retratar una sociedad obtusa, violenta, sucia (en el sentido literal de mugrienta, de poco higiénica) e hipócrita. En el conjunto de su obra asoman un país, una época y una condición, la humana, que es universal y atemporal. Por eso no puede extrañarle a nadie que los grandes escritores que también han sido grandes lectores (circunstancia que pocas veces se da junta en una misma persona) sientan predilección por Hammett.

En cualquier caso, de Sólo te ahorcan una vez, cuya lectura estoy rematando, me quedo con un cuento muy atípico en la producción de Hammett y que demuestra que fue un escritor versátil, con sensibilidad, amplitud de registros y arrestos para probarse a sí mismo. Se titula La mujer del rufián, y está escrito en tercera persona, pero desde el punto de vista de una mujer espectadora que sólo entiende a medias la historia que está observando. Es magistral la forma en que construye y respeta al personaje a través de cuyos ojos fluye el relato. Cómo le deja respirar, cómo le deja expandirse y ganar peso, y cómo acaba encajando tan perfectamente el mecanismo de empatía con el lector. Chapeau.

Es un gustazo de libro. Si me permitís la osadía, os lo voy a recomendar.

Foto: la hice este verano. Es una placa situada en la esquina de Bush con Stockton, cerca de Chinatown, en San Francisco. La leyenda dice: "Aproximadamente en este sitio, Miles Archer, socio de Sam Spade, fue liquidado por Brigid O'Shaughnessy". Lo siento para los que no hayáis leído/visto El halcón maltés (¿cómo se puede vivir tan tranquilo sin conocer a Sam Spade?), porque esa placa os acaba de joder el final.

27/01/2008 01:36 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura.

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