ADICTOS A LA NOSTALGIA

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Si no existe ya, alguien con talento tendría que ponerse a escribir un ensayo sobre la sociedad de la nostalgia en la que vivimos. Claro que también tendría que resignarse a enseñárselo sólo a sus amigos, porque dudo que le interesara a ningún editor. Al fin y al cabo, los editores viven de la nostalgia y no van a permitir que un listillo les joda el chiringuito.

Cuando era (mucho) más joven, una tarde lluviosa de verano en Francia me puse a trastear con la radio y descubrí una emisora que me pareció horrible: Radio Nostalgie. Fue la primera vez que tomé conciencia de que había gente que podía sacar tajada de la sensiblería ajena. No sé si por entonces funcionaba ya M-80 en España, su equivalente, pero al menos M-80 no enuncia tan a las claras sus intenciones en el nombre.

Antes sólo tenían nostalgia los emigrantes. Si eran gallegos tenían morriña. Si franceses, mal du pays. Si pedantes, añoranza. Si iletrados, ganas de suspirar y un nosequé en el pecho. Ahora, la nostalgia la padece todo bicho viviente y, por supuesto, la de los inmigrantes no le interesa a nadie ya. Ahora la nostalgia se aplica a cualquier pasado, incluso a los pasados no vividos.

La industria cultural vio hace tiempo el filón y lo explota a conciencia: los grupos de la movida vuelven con su artrosis y sus caras chupadas a exprimir de nuevo sus años de gloria; George Lucas engrosa su indecente fortuna exhibiendo la nostalgia que siente de sí mismo; Lou Reed ya no se aguanta ni él de puro plasta; el rock y el pop viven en un bucle sin fin de revivals y resobeteos de lo ya sobado; para qué hablar de Cuéntame cómo pasó; eBay es un colosal y multimillonario rastrillo de nostalgias; YouTube, otro tanto, y lo más grave: hay toda una corriente literaria empeñada en decir sin decirlo (porque decirlo sería inaceptable) que aquella épica guerra del 36 fue un tiempo majo, de gente con principios y valerosa. Hasta de un bombardeo se puede sentir nostalgia.

Incluso La hora chanante (¡chanante!) vive de la nostalgia que inexplicablemente sienten los treintañeros de hoy por su infancia ochentera. Todo pasa por el tamiz de aquello que fue y ya no es, y mientras tanto, cada tres días, nos cuelan una efeméride, una conmemoración oficial y un ¿te acuerdas de cómo éramos?

Yo entiendo la nostalgia que siente mi tía, que se marchó de Madrid siendo una chavalilla adolescente y dejó un noviete en Zaragoza para irse a Venezuela con la parte exiliada republicana de mi familia. Hoy, casi medio siglo después, habla con acento venezolano y es una caribeña de pro, pero se ha pasado la vida añorando un país y una gente que sólo han existido en su imaginación. Cuando vuelve a España y comprueba que nada ni nadie se parece a lo que ella guarda en la cabeza, el desarraigo se recrudece. Mi tía sí que padece un dilema irresoluble, el mismo que sentirán y han sentido millones de inmigrantes en todo el mundo y que Sebald retrató en Los emigrados. Eso sí que es un sentimiento poderoso que puede arrastrar a una persona a fosas terroríficas. No hay nada agradable en él, ni puede acompañarse con una sonrisa candorosa y bobalicona.

¿Por qué nos hemos vuelto adictos a la nostalgia? ¿En qué momento dejaron de interesarnos el futuro y el presente? Es significativo que la ciencia-ficción ya no tenga el favor de las masas y que la novela histórica sea el género que se lleve el gato al agua en las listas de ventas. También lo es que las fantasías futuristas hayan menguado en el repertorio temático de los cómics, donde la nostalgia y el pasado han arraigado con fiereza: uno de los mejores tebeos del siglo XX, Maus, de Art Spiegelman, es una exploración escalofriante en la nostalgia menos complaciente.

Lo dicho, alguien con talento debería reflexionar sobre estas cosas en clave filosófica. Seguro que descubre cosas muy interesantes sobre lo que somos y por qué somos.

15/05/2008 13:52

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Autor: Simone

Desengáñate, cher ami. La nostalgia ya no es lo que era.

Fecha: 15/05/2008 14:40.


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Autor: Enrique

No sé si alguien debería hacerlo. Lo que está claro es que tú lo acabas de hacer y creo que has expuesto muy a las claras lo que muchos tan sólo intuíamos desde hace ya un tiempo. Estoy muy de acuerdo con lo que dices. A lo mejor el mecanismo psicológico o la explicación filosófica o social que se esconde detrás de eso es tan sólo la vagancia, la falta de imaginación y el dinero fácil. No sé.

Fecha: 15/05/2008 16:40.


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Autor: anro

La nostalgia es una mierda, pero los que somos mayores volvemos a ella como los drogatas a su vicio. No hay más cáscaras...pero sí, llevas razón , Sergio, lo que verdaderamente cuenta es el futuro y el rabioso presente...pero parece ser que eso no da dividendos.
Un saludete.

Fecha: 15/05/2008 17:52.


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Autor: gumbagboy

Hola. En primer lugar, creo que hay que diferenciar entre memoria y nostalgia. Por otro lado: quien viva en la nostalgia cual feto en bote de formol, tendrá que plantearse si su vida actual tiene sentido. Vamos, que igual es una mierda. Y otra mierda la que se va a comer en su futuro. Quizás por eso muchos se montan en el delorian ese de la peli y se pegan todo el día hablando de lo que fueron, o les gustaría haber sido. De lo que hicieron, o de lo que les gustaría haber hecho.
Lo de que sólo se hagan historias históricas puede ser por el hecho de que ahora el futuro es aburrido. Antes podías tener ilusión por viajar en globo, ir al centro de la tierra, ir a la luna... Ahora ¿qué? ¿el Julio Verde ese murió ya, no? Si acaso podemos soñar con un nuevo modelo de coche o con que todos los años saquen un nuevo pro (con los últimos fichajes y uniformes) y un nuevo gta (en el que incluyan las armas de destrucción masiva y a Ramoncín). Y eso que la esperanza de vida es cada vez mayor. Yo creo que se debería morir antes, a los 50 o así... como hacían nuestros antepasados... que nostalgia que me da... o que me entra... ¿Cual es el verbo correcto para usar la nostalgia?

Fecha: 16/05/2008 00:27.


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Autor: S. del Molino

Simone: ¿Simone qué? ¿De Beauvoir? ¿Weil? ¿Ortega?

Enrique: gracias, pero yo sólo he puesto un par de apuntes. El tema se merece un esfuerzo intelectual serio que vaya más allá de mis chuminadas.

anro: no sé si cuenta más el futuro y el rabioso presente (que no tiene por qué ser rabioso, también puede ser calmo), pero creo que interesa menos.

gumbagboy: distinguir entre memoria y nostalgia no tiene sentido porque pertenecen a categorías dinstintas. Una cosa es recordar (memoria) y otra cosa es la actitud ante ese recuerdo (nostalgia). Interesante tu reflexión sobre el fin de las ilusiones, muy postmoderna. Yo tengo un cuento -que un amigo teatrero quiere adaptar para una pieza teatral, valga la rebuznancia- de un personaje que es asesinado por aburrimiento vital. En cualquier caso, habría que explorar eso que apuntas de que no se habla del futuro porque ha desaparecido el imaginario sobre el futuro.

Very interesting, my dear Watsons.

Fecha: 16/05/2008 20:01.


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Autor: Simone Signoret

La nostalgie n'est plus ce qu'elle était (autobiographie), 1976.

Fecha: 17/05/2008 09:52.


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