HOMO LUDENS
Dedica hoy El País dos paginones a la polémica sobre los videojuegos violentos, con el lanzamiento de GTA 4 (qué lejos queda mi cumpleaños, día en el que espero poder jugar a él por fin) como trasfondo. Asumo que el reportaje está escrito pensando en padres timoratos y asustadizos y no en mí, jugador descerebrado, pero algunos de los testimoniantes dicen unas burradas de tal calibre que me han sacado del sopor de la siesta dominical. Un señor que preside una asociación llamada Protégeles (¿de qué, de quién?) dice:
Tras la consola, uno adopta un papel proactivo, es el protagonista. No es lo mismo presenciar violencia, como sucede con el cine, que practicar violencia. Uno puede manipular al personaje de forma que viole, extermine. Es totalmente diferente.
¿Papel proactivo? Podría habernos ahorrado el pleonasmo. ¿Sabéis qué otros personajes puede manipular un niño para que violen y exterminen? Los clics de Playmobil. O una Barbie mutilada por un G-Joe. O una canica de cerámica hecha añicos por otra de cristal (qué rabia daba eso). ¿Cuál de las dos violencias "proactivas" es más aceptable? De niños, mi hermano y yo jugábamos a que el barco de Playmobil, transformado en una nave espacial interestelar del siglo XVII, se estampaba contra el parking de Moltó. Había decenas de muertos espantosos, y los G-Joe siempre pasaban a cuchillo al capitán del barco y secuestraban a la clic hembra. ¿Deberían nuestros padres haber puesto coto a tan horribles matanzas?
Otra perla, esta vez de un psicólogo (una profesión tan charlatana y vacua como la que tengo el gusto de ejercer, pero con un pedigrí ligeramente superior):
En ocasiones, los niños no son conscientes del papel que están representando, y pueden llevar a cabo acciones que les dicta su imaginación. En un adulto es más difícil que suceda, porque su personalidad ya está forjada, pero aún podemos recordar el desdichado acto criminal cometido por el asesino del juego de rol, que llevado por su psicopatía, convirtió en realidad una ficción. Y fíjese que los juegos de rol son juegos de carácter muy educativo, que desarrollan la imaginación y las relaciones sociales.
No seré un experto, ni siquiera padre, pero he sido niño (y me gusta pensar que en algunos aspectos no dejaré de serlo nunca), y cuando un niño dice "vamos a jugar" activa los mecanismos de la representación, empieza a funcionar en un mundo paralelo al real. Si un niño que juega a policías y ladrones no sabe que está ejecutando una representación (un rol), quizá ese niño tenga un problema mental, pero es problema del niño, no del juego. Que haya psicópatas que sean incapaces de activar los mecanismos lúdicos de teatrillo no hace perversos los juegos, de la misma forma que mi fantástico, variado y muy afilado set de cuchillos de cocina no me convierte en asesino.
Pero hay más, porque con una condescendencia que raya lo miserable, el psicólogo dice que el niño no es consciente del papel que está representando porque su personalidad no está forjada, pero que en el adulto "es más difícil que (esto) suceda". Con todos mis respetos: ¡y una mierda! Al revés, es el adulto constreñido por las obligaciones y las coacciones (sutiles o groseras) de la sociabilidad el que suele tener problemas para discriminar persona y personaje. Cuando un niño juega sabe perfectamente que se mueve en los parámetros del juego. Cuando un adulto juega, suele tomárselo todo muy en serio. El ejemplo más claro es el sexo: un juego muy divertido que el adulto es incapaz de tomarse como tal y en el que se sumerge con mueca de trascendencia. A veces, como si en vez de estar jugando estuviese representando un drama cósmico. A los adultos se nos insta a despojarnos de esa capacidad lúdica innata que poseen los niños. Algunos llaman a eso madurar. Yo prefiero hablar de idiotez supina.
Entiendo que, como fenómeno todavía novedoso, haya padres que no sepan enfrentarse a esa forma de jugar con esa violencia tan descarnada. Pero que no se engañen: GTA sólo es un policías y ladrones sofisticado donde tú juegas a ser ladrón. ¿Que podrías ser policía? Sí, claro, pero sólo los pringaos pelotas quieren ser polis. Lo que mola es ser el malo y quedarse con la chica.
Lectura recomendada a propósito de todo esto para padres preocupados y concernidos: Homo ludens, de Johan Huizinga. Un clásico de la antropología donde se reflexiona muy atinadamente sobre cuestiones como esta.
En cualquier caso, estaría bien que empezáramos a tener claro que los niños, los púberes y los adolescentes no son imbéciles por ser menores de edad. Hay niños, púberes y adolescentes imbéciles, claro, pero su imbecilidad no proviene del hecho de ser niños. Si tanto se preocupan por ellos, trátenlos con más respeto y menos condescendencia.
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Autor: El futurible ingeniero
Fecha: 18/05/2008 19:51.
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Autor: S. del Molino
Fecha: 18/05/2008 20:55.
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Autor: Anakrix
Fecha: 18/05/2008 22:02.
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Fecha: 19/05/2008 10:50.
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Autor: Anakrix
Fecha: 20/05/2008 00:26.
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Autor: Ex-compañero de piso
Fecha: 20/05/2008 13:10.
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Autor: Chelita
Si muchos adolescentes de ahora son violentos y maleducados es más bien por una educación inexistente, complaciente y donde el respeto a los mayores, los 'no' y los ocasionales cachetes en el culo cuando nos portábamos mal (y aquí estamos todos tan sanos) se ha sustituido por conceder todos los caprichos y por no regañar nunca.
Fecha: 20/05/2008 14:24.



