DIME QUÉ PREGUNTAS Y TE DIRÉ QUIÉN ERES
¿Qué tienen en común un dirigente de la izquierda abertzale, un obispo y un pedante rancio? Que los tres aplican a sus interlocutores la máxima de "dime qué preguntas y te diré quién eres". Por eso todos se reservan el derecho de no aceptar preguntas o de responder con un regueldo a quien consideran que lo merece.
Desde que empecé en esta sufrida profesión que ejerzo tuve clara otra máxima que leí en un libro de uno de esos reporteros senior británicos de senectud tan pulcra: es preferible parecer imbécil y preguntar en exceso que callarse por miedo a la impresión del entrevistado. Es cierto que el arte de la entrevista tiene algo de juego de seducción o de partida de ajedrez, especialmente cuando el entrevistador busca entrar en un recoveco que el entrevistado no quiere poner al descubierto, pero a muchos periodistas les puede el ego y buscan la admiración del entrevistado. Disertan antes de preguntar, se pavonean, intentan demostrarle al músico, al político, al economista o al escritor que ellos saben tanto de música, de política, de economía o de literatura como ellos. Quieren dejarle claro al personaje que está ante un igual, que no son unos mandaos ni unos amanuenses. Puede estar bien asomar la patita, lanzar un par de estocadas para que el entrevistado no nos infravalore y se enquiste en los aterradores monosílabos, pero si el periodista se pasa de listo estropeará la entrevista. El ego es muy peligroso.
De hecho, os confesaré una cosa: hacerse pasar por lerdo da buenos resultados. El entrevistado se relaja, baja la guardia y suelta la lengua, porque piensa que eres inofensivo. Es una de las estrategias más recurrentes en Brenda, la subjefa de la policía de Los Ángeles experta en interrogatorios en la serie The Closer. Yo la empleo a veces con huesos desconfiados y duros de roer: les confirmo sus prejuicios de que los periodistas somos débiles mentales, así su imagen del mundo no se cortocircuita y me acaban contando lo que me interesa. Es una técnica infalible con la gente que tiene un ego hipertrofiado. Con otros, hay que buscar otros resortes de conversación.
¿A qué viene esta perorata de trucos de oficio? A un artículo que acabo de leer de la escritora catalana Imma Monsó en La Vanguardia (no lo encuentro en la edición digital, así que no lo puedo linkar). Se titula Monosílabos, y es una muestra de egomanía pedante formulada con una prosa ladrillesca enemiga del ritmo, la soltura y la armonía.
Cuenta Monsó, con trabajosa dificultad sintáctica, que estaba presentando un libro de su amiga Mercè Ibarz. Era un ensayo sobre Mercè Rodoreda, y las preguntas del turno de ídem se interesaban por las sutilezas estilísticas de la venerada autora barcelonesa, ya fenecida. Copio el párrafo que se me ha atragantado:
Las preguntas eran del tenor que un acto elegante como éste propicia, a saber: "¿Podríamos hablar de las dificultades de la construcción del yo literario de Rodoreda en el exilio?", en fin, preguntas sutiles, que apelaban a la razón y al intelecto, hasta que de pronto una señora que quizá había venido a sentarse porque le dolían los pies, pidió la palabra y preguntó: "¿Tuvo hijos?". Se hizo un silencio glacial. Acto seguido, Mercè Ibarz, autora del libro, respondió: "Sí". (...) En ese momento admiré su heroico laconismo: hay que tener muchas narices para mantener el "sí" mientras alguien del público te mira con ojos implorantes para que le cuentes detalles que tú conoces.
Es cierto, qué admirable laconismo. Podría haberlo rematado pegándole una patada en el estómago a la interrogadora impertinente. O quizá con un regio lapo lanzado a su rostro desde la tribuna. Sí, la mala educación y la soberbia resultan admirables.
Me dan ganas de haber estado en el acto para haber hecho frente común con la señora. Me habría levantado y habría preguntado: "¿Y la tal Rodoreda, follaba mucho allá en Francia? ¿Le gustaba hacerlo en la cama o al aire libre, en plan exhibicionista? ¿A sus hijos les daba mantequilla o margarina? En cualquier caso, ¿utilizaba la mantequilla o la margarina como lubricante en sus relaciones sexuales, o todavía no se había estrenado El último tango en París por aquel entonces? ¿Usaba bragas de encaje o las compraba tres por una en el Carrefour?". En fin, todo lo que siempre quise saber de Mercè Rodoreda y nunca me había atrevido a preguntar.
Por dios, brillantes-exponentes-de-la-literatura-catalana-actual, que la señora sólo preguntó si tuvo hijos. ¿Esas dos palabras bastan para deducir que la interrogadora es una maruja, una iletrada, una zampabollos que no sabe distinguir entre una obra de Brecht y un episodio de Matrimoniadas? Es más, si en un ensayo sobre la vida de Mercè Rodoreda, la autora obvia si tuvo o no hijos y su relación con ellos, apaga y vámonos. Porque Rodoreda, hasta donde yo sé y he leído (es cierto que sólo he leído Jardí vora el mar, y tampoco me emocionó en exceso), fue una escritora muy intimista, muy de hablar de sus cosas y de darle vueltas a lo que sucedía en su casa y en su mundo.
Pero, sobre todo, empatizo con la pobre señora a la que no sé si le dolían los pies (en cualquier caso, si a mí me doliesen los pies, antes me sentaría en un banco con mocos que tragarme ese peñazo de presentación de libro) porque a mí me pasó algo parecido hace dos o tres años. Tocaban Mötley Crüe en Zaragoza y la discográfica Universal me invitó a participar en un "meeting with the press" un par de horas antes del concierto, en el backstage. Yo era el único periodista de un diario generalista entre un selecto club de críticos musicales de revistas especializadas, y la verdad es que no sabía muy bien cómo le iba a sacar provecho a ese encuentro, porque la crónica tenía que ser para todos los públicos y con un toque simpático y colorido. El tono del "meeting" (una rueda de prensa corriente y moliente, vaya) era otro: a los asistentes les interesaban cosas muy concretas sobre la gira y sobre la situación del grupo que a mí, ni fu ni fa. De hecho, los frikis de las revistas -creo que ninguno era periodista, por cierto-, me miraban con desconfianza, como diciendo: "¿Qué pinta este tío aquí, si no lleva camisetas del grupo ni ha traído ningún disco para que le firmen un autógrafo?". Me devané mucho los sesos tratando de sacarle a Tommy Lee unas palabras que me sirvieran para la crónica del diario zaragozano para el que trabajo, y cuando me llegó el turno de preguntas, tiré por el camino de en medio y le pregunté en mi mejor inglés si habían podido ver algo de la ciudad o si sabían algo de ella. Con muy buen humor, Tommy Lee dijo que, "honestly", no tenían ni zorra idea de dónde estaban, más allá del nombre, y que no se había tomado la molestia de informarse, aunque una "ex girlfriend" (¿Pamela Anderson?), al ver el itinerario de la gira, le llamó la atención sobre Zaragoza, le dijo que conocía la ciudad y que se lo había pasado muy bien en ella, así que Tommy Lee intuía que aquel era un buen sitio. "En cualquier caso -añadió-, si hay putas y drogas, nos parecerá una ciudad estupenda". Le dije que podría tener ambas cosas en abundancia y me senté satisfecho. No era mucho, pero me había dado una frase para utilizar en el artículo.
Un mes después, en una de las revistas especializadas, leí una extensa crónica de aquel encuentro, y el tipo que la firmaba -en una prosa mucho peor que la de Imma Monsó- se permitía el lujo de reírse de mí y de tratarme de subnormal profundo por haberle hecho esa pregunta al gran Tommy Lee. Y lo decía un tipo que había aplaudido al grupo en la sala de prensa (¿dónde se ha visto una rueda de prensa donde los periodistas aplaudan? Joder, un poco de distancia profesional) y que se había hecho una foto de fan cogido del hombro de Tommy Lee. No, la mía no era una pregunta penetrante, ni sutil, ni tan siquiera simpática, pero era la única que me servía para mi trabajo. No pregunté por "las dificultades de la construcción del yo literario de Rodoreda en el exilio". Le pregunté si tenía hijos, y me quedé tan pancho. Supongo que la señora aquella también se quedó ancha y patilarga, y le importó un huevo la impresión que le ha causado a la estirada de Imma Monsó. Al menos, a mí no me respondieron con un monosílabo.
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Autor: Sergio
Hemos recibido, en el día de hoy, su CV. Queremos contrastar unos datos en él reflejados, por lo que a lo largo de mañana contactaremos con usted vía telefónica.
Cordialmente, sin acritud,
Sra. Monsó
Dpto. RRHH La Vanguardia.
Jeje...
Fecha: 09/06/2008 00:27.
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Autor: Rondabandarra miasmín
Fecha: 09/06/2008 09:58.
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Autor: Severiano
Fecha: 09/06/2008 12:04.
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Autor: Severiano
http://www.lacoctelera.com/misentrevistas/post/2006/12/13/imma-monso
Fecha: 09/06/2008 12:05.
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Autor: Gilgamesh
Fecha: 09/06/2008 12:50.
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Autor: OYE TU CABRON
Fecha: 09/06/2008 17:54.
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Autor: Marta
Tanmateix, moltes voltes, quan hom escriu a mà, pareix que l'escriptura siga més reflexiva. Li donem una oportunitat al pensament; en tot cas, en el teclat sempre podem recórrer a la tecla supr.
Fecha: 09/06/2008 18:04.
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Autor: S. del Molino en català
Jo només utilitzo l'ordinador per a baixar-me pornografria en català. Ahir vaig veure "Castellets de parrús", i l'altre dia, "Amb la barretina entra millor".
Fecha: 09/06/2008 19:00.
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Autor: Rondabandarra miasmero botifarrès
Fecha: 09/06/2008 19:13.
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Autor: Marta
Fecha: 09/06/2008 19:13.
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Autor: S. del Molino
Aixó és seny!
"Botifarra de pagès" no, pero he visto una secuela: "Botifarra amb sobrasada: aventura eròtica a les illes". Y también me gustaron mucho "Calçotada sense calçons" y "Baixant per la font del gat una noia em vaig follar".
Fecha: 09/06/2008 20:18.
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Autor: Mercè Ibarz
Fecha: 17/06/2008 13:49.



