EL ARRANQUE DE UN CUENTO
Esta noche he empezado a escribir un cuento que me ronda por la cabeza desde hace un par de semanas. Tengo muy claras las sensaciones que quiero verter en él, y me baso en parte en una experiencia autobiográfica. Pero sólo muy parcialmente, como apoyo para echarlo a rodar. Me gustaría compartir con vosotros este arranque. Por favor, no tengáis en cuenta los mil errores que contiene, que está recién salido de mi cabeza, sin revisar y sin pulir. Os propongo un juego, si queréis participar. ¿Sabríais decirme por qué los personajes están donde están y hacia dónde puede derivar la situación? El cuento arranca en un in media res algo sui generis. Me gustaría que imagináseis o adivináseis lo que ha pasado antes y lo que va a pasar después. O lo que os gustaría que pasase. Las humoradas y las barbaridades son bienvenidas, y si alguna de vuestras propuestas es mejor que la historia que tengo yo en mi cabeza, firmamos el cuento al alimón y ya le daremos salida.
La noche en que le abrieron la cabeza al Tocho yo andaba emporrado. El cabrón del taxista nos llevó al hospital de mala hostia. Nos miraba por el espejo muy serio, y yo pensaba que nos iba a dejar tirados en un semáforo. Me dio la risa floja, pero el Tocho me apretó la mano, me la cogió fuerte y se me bajó un poco el cuelgue. El taxista cumplió y frenó en seco en el hospital. No me acuerdo de si le pagué. Empujé al Tocho afuera y lo arrastré del brazo a la puerta de urgencias. No quería ni mirarle. Sabía que se sujetaba la cabeza con la otra mano, que se apretaba fuerte. Sabía también que sangraba mucho, que habíamos dejado sangre en el taxi y que llevaba toda la camisa chorreando. En la puerta, se soltó de mi brazo y echó la pota. Sonaba hondo, no era un vómito normal. Sonaba como si se le hubiera roto algo por dentro, como si le hubieran dado también en las tripas. Creo que salió un enfermero, lo metió para dentro y entre dos le tumbaron en una camilla, y ahí se quedó la plasta, creo que era medio roja. Yo me senté en una de esas sillas de plástico. No había nadie, era muy tarde, y la luz de los fluorescentes me mareó un poco. Un médico o un enfermero o qué me sé yo vino con unas hojas y me empezó a hacer preguntas. Yo iba muy mal, y me lo tuvo que notar. Se sacó del bolsillo un boli de esos de luz, me abrió los párpados y me lo enchufó en los ojos. Estás bien, sólo un poco colocado, me dijo. Muchos porros sin cenar, ¿verdad? Le pedí que le diera al Tocho el parte de lesiones, que lo necesitaba para la denuncia. Pero tu amigo dice que se ha caído, me dijo el tío. Joder, pensé. Joder con el puto Tocho de los huevos, siempre igual. ¿Cómo se ha hecho esa brecha?, me preguntó. Pues se habrá caído, le dije, y me recosté en esa silla donde no me cabía el culo. Bueno, allá vosotros, soltó. Tú estás bien, aparte del cebollazo que llevas. Si quieres esperar a tu amigo, ahora te diremos algo, porque a lo mejor le tenemos esta noche en observación. Avisa a sus padres o dinos a quién hay que llamar. Come algo y vete a la cama. El tipo enfiló el pasillo y se metió en la primera puerta. Cuando la abrió, vi al Tocho sentado en una camilla. Una tía con guantes le limpiaba la brecha de la cabeza. El Tocho me miró un momento y la puerta se volvió a cerrar. Eres un gilipollas, le dije, pero en voz baja, para que no me oyera.
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Autor: Gabriel
La poli pasó de intervenir cuando la cosa se puso fea, y tuvistéis que salir por patas.
Cuando el Tocho sale del hospital tras un par de horas, y os váis para casa, os encontráis a los mismos ultras que os reconocen, y os persiguen. Los esquiváis, y entráis en un bar de alterne, donde una rumana se encariña con los dos y os quiere llevar a su casa para una "fiesta privada".
A partir de ahi.... ya veremos....
Fecha: 03/11/2008 07:26.
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Autor: Rondabandarra miásmico
Fecha: 03/11/2008 10:27.
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Autor: S. del Molino
Bravo, bravo y bravo. Especialmente a Rondabandarra. Lo de las escopetas del Decathlon es genial, espero que les colgaran las etiquetas con el precio todavía.
Narrativamente, sin embargo, tengo mis peros: si al Tocho le han roto la cabeza en un concierto/partido de fútbol/evento de masas, el intríngulis de la trama se va por el sumidero, el cuento ya no tiene ningún interés. Hay que buscarle otra explicación a la brecha, y no hay que descartar que el narrador en primera persona (que no soy yo, cuidadín) pueda ser al mismo tiempo el agresor. Por ejemplo.
Fecha: 03/11/2008 12:38.
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Autor: Rondabandarra licántropo
Ahora mismo no se me ocurre nada para la brecha. Lo de la gárgola me gustaba tanto…
Seguiremos dándole vueltas…
Fecha: 03/11/2008 13:26.
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Autor: S. del Molino
Fecha: 03/11/2008 13:30.
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Autor: Severiano
Fecha: 03/11/2008 18:40.
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Autor: S. del Molino con acritud o sin ella
Yo no uso muletillas para empezar reportajes, no hay cosa que odie más. Y los becarios me suelen odiar mucho cuando se las corrijo a ellos. Dicho todo lo cual, tampoco tengo inconveniente con empezar un relato con "la noche en que" o "la mañana en que murió Rodolfo", aunque creo que en "Malas influencias" sólo uso una vez una fórmula parecida. Creo que hay que mantener una tensión entre las fórmulas resobadas y tipificadas y los recursos originales, porque las primeras te hacen sentir cómodo en una narración, te marcan el camino, es como el marco que llevan los cuadros. Su exceso lastra el texto y lo hace vacuo, pero su falta lo precipita al vacío, lo deja sin asideros. Es el equilibrio entre información y redundancia que buscaba Eco.
Pero rollos semiológicos y estilísticos al margen, sí, es un arranque que probablemente cambiaría tras una primera relectura. De hecho, un ejercicio muy sano y que recomiendo a todo el que grabatee ficciones, es recortar las primeras líneas o el primer párrafo de una narración después de escribirla. La mayoría de las veces, el texto gana mucho en fuerza e impacto, porque las primeras frases suelen ser de tanteo, y lo que queremos contar con coge forma hasta que no lo hemos dejado correr un poco. Creo que es un gesto parecido al del pintor que se aleja unos pasos del lienzo.
Fecha: 03/11/2008 20:18.
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Autor: S. del Molino erratoso
Fecha: 03/11/2008 20:28.
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Autor: Gabriel
Fecha: 04/11/2008 07:30.
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Autor: Soledad Gustavo
Iban bebidos o fumados o yo que sé de que manera pero no iban normales. Cuando la gente está en ese estado (lo sé por experiencia), se cree en otra esfera, con derecho a reírse de todo el mundo. Eso se creían los personajes, hasta que se encontraron con uno que les respondió. Le reventó un botellín de Ambar en la cabeza al Tocho, por gilipollas. Pero como iban como iban, aparte de graciosos se creían poseedores de la razón, por lo que le devolvieron la ostia al del botellín. Le devolvieron esa y alguna más (no os creáis que toda la sengre de la camisa era del Tocho). En cuanto el tipo cayó al suelo, se acojonaron y cogieron un taxi. ¿Nos llevaría a urgencias, por favor?
El Tocho estaba nervioso (yo también lo estaría con la cabeza abierta), pero el narrador todavía no se había percatado de la situación.
Nada más cerrarse la puerta de la penúltima frase, una pareja de la nacional se presentó ante el narrador. Hicieron eso que tanto les gusta hacer de sacar la placa rápido y desplegarla. ¿Sabe que ha matado a un hombre?
Igual en vez de esto se podría preguntar: ¿le suena de algo "homicidio involuntario"?
Fecha: 04/11/2008 18:53.
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Autor: Vallecano
Fecha: 05/11/2008 15:25.
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Autor: S. del Molino
Fecha: 05/11/2008 19:04.
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Autor: Rondabandarra Tochín
Fecha: 06/11/2008 11:27.



