¿A QUIÉN LE IMPORTA?
Mis columnas de opinión del suplemento MVT son chorizos. Ana Usieto, la coordinadora del suplemento -y, sin embargo, amiga mía del alma, del corazón y de todas mis vísceras-, me suele gritar en medio de la redacción a mitad de semana: "Sergio, ¿me haces un chorizo?". Y yo, fino y delicado, le respondo también a grito: "Venga, ¿y dónde te lo meto?". Los no iniciados se asustan un poco y no saben si hablamos de excrementos o de sexo, pero la mayoría de la gente ya sabe que nos referimos a mis columnitas de opinión. Esta la publiqué ayer, viernes:
Madrid se ha quedado sin La Riviera. La capital de la octava potencia mundial se ha quedado sin sitio para dar conciertos de mediano aforo -los que permiten mantener una programación de espectáculos durante toda la temporada, porque los estadios y las plazas de toros se llenan una vez al año, con suerte-. En otras palabras: que se acabó la música en directo en Madrid. Se pueden venir a Zaragoza, donde todavía tenemos algunas salas donde programar esos conciertos. Cuando el frío arrecia, se agradece la masa humana apretujada.
Algunos popes se han rasgado las vestiduras por el cierre de La Riviera, pero no hay que tomarlos en serio: interpretan su papel, son plañideros contratados para la ocasión. A ellos, como a la mayoría de la gente, todo esto se la trae al fresco. Esto no es el capricho de un Gallardón que se saca de la manga abstrusas normativas -leyes que los garitos nocturnos deben cumplir como cualquier otro negocio: lo que no entiendo es cómo funcionaba sin tener los papeles en regla-, ni una ofensiva neopuritana. Esto solo es un nuevo episodio de una agonía que dura más de veinte años. Si de verdad hubiera un público concernido, las normativas municipales se adaptarían a él, y no al revés. Las salas desaparecen porque nadie las quiere, porque su afición se compone de cuatro gatos. Como cuatro gatos somos los que compramos libros que no haya escrito Ruiz Zafón o los que intentamos ver pelis en versión original. No somos un país tan grande como para que los que hormigueamos fuera del 'mainstream' resultemos rentables. En Estados Unidos, una minoría suma fácilmente veinte millones de consumidores. En España, apenas llenamos la plaza de un pueblo.
La pregunta es: ¿por qué países con un peso demográfico parecido o muy inferior al de España tienen cientos de salas como La Riviera a reventar, circuitos editoriales 'indies' muy activos y cines que ponen pelis 'raras' a tope de espectadores? Quizá la Logse tenga algo que ver. Y quizá también ese modelo de ciudad hecho de centros comerciales y arrabales inmensos y deprimentes que solo invitan a la reclusión hogareña. La cultura solo crece en el foro público, esa plaza que hemos dejado desierta.
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Autor: Ángel
Es verdad que en Madrid no hay salas para aforo medios. Las pequeñas (Caracol, el Sol, Galileo-Neu Club, ...) sobreviven a duras penas, pero todo hay que decirlo, es una gozada asistir a un concierto en una de estas pequeñas salas, en ellas todavía se pueden ver algún grupo alternativo, Indi, o como quiera llamarse, que, de verdad, merece la pena.
Madrid hace tiempo que dejó de ser una ciudad cultural para pasar a ser una capital financiera. Y la inversión en cultura, a parte de comérsela los “popes” y enteradillos del negocio, se queda en los adornos navideños, eso sí con firma de artista, qué es más in. Oh sagrado Barceló!!!!, cuándo nos ofrecerás una cúpula, aunque sea pequeñita, al pueblo madrileño, tan necesitado de un arte de verdad.
Fecha: 30/11/2008 14:45.



