¿HASTA CUÁNDO?
Que no, que no y que no. Que una mentira no se convierte en verdad a fuerza de repetirla. Que ser político no es una profesión. No al menos en una democracia. Que no es un trabajo sometido a convenio colectivo, que no hay nadie de recursos humanos que valore tus aptitudes, que no necesitas estudiar, que no, que no y que no. Que todos los ciudadanos, según esa Constitución que acaba de cumplir treinta tacos, tienen el derecho de elegir y de ser elegidos para cualquier cargo representativo. Que nadie estudia para parlamentario ni para concejal, cojones.
¿Por qué nos empeñamos en mezclar churras con meninas, que diría Belén Esteban? Un cargo público en una democracia no es un puesto de trabajo. La remuneración que reciben no es un sueldo, sino el equivalente al óbolo griego, un sustento para que puedan ejercer sus funciones con plena dedicación y sin depender de intereses espúrios. ¿Prefieren que sea Botín quien pague a los políticos? Él estaría encantado de tener un parlamento a sueldo, y seguro que estaría dispuesto a quintuplicar los salarios actuales de sus miembros.
Por tanto, si los cargos públicos electos no son empleados y el dinero que reciben (de nuestros impuestos, sí, ¿de dónde si no?) no es un sueldo, en consecuencia, no pueden acogerse al régimen de los trabajadores y reclamar sus ventajas. No tienen vacaciones, ni tiempo libre, ni baja por enfermedad ni por ningún otro concepto. Su dedicación es plena, y si no pueden asumirla, pueden dimitir y volver a su trabajo, donde podrán acogerse a todo lo que diga el convenio colectivo de su sector o empresa.
Una diputada valenciana ha votado por e-mail porque estaba disfrutando de su "baja de maternidad".
¿Su baja de qué?
¿Una diputada?
Lo siento, pero los diputados no tienen que conciliar nada. O están o no están. Puede llevarse a su crío al parlamento y darle la teta en el escaño, pero si quiere votar, tendrá que asistir a la sesión. O está con su hijo o es diputada. Las dos cosas no pueden ser. La conciliación es para las currantas, y lo suyo es un cargo público. La conciliación es para mí, que trabajo exclusivamente por un sueldo, no como responsable y representante de quienes me han elegido.
Si seguimos dando por sentado que la política es una profesión como cualquier otra, la democracia pronto será pura retórica. Quizá ya lo sea. Quizá ya sea imposible la participación ciudadana en el debate público. Y la política nos incumbe a todos, no es asunto de profesionales que reclaman bajas de maternidad.
Me alarma que nadie más plantee estas cosas. ¿Es que nadie ve que la profesionalización de la política es la puntilla de muerte de la democracia? ¿Hasta cuándo vamos a consentir que una cuadrilla de autoproclamados políticos profesionales monopolice el debate público?
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Autor: Anakrix
Fecha: 11/12/2008 02:26.
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Autor: Tejero en el congreso
Ya que Sergio hace referencia a Grecia, quizás deberíamos tomar ejemplo de sus habitantes. Todos a las calles, destruyamos ministerios (aunque sea metafóricamente). Pero no; siempre hace falta una gota que colme el vaso, y tendremos que esperar a que maten a un crío de 15 años para saltar.
Salud.
Fecha: 12/12/2008 10:25.



