Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2008.

Resumen

EN LA ESPAÑA INHÓSPITA

20081201014947-esculturaosomadrono-copia.jpg

"Visitamos los lugares más inhóspitos de la Península", dice el reclamo de Comando Actualidad (el solo nombrecito ya estomaga, suena a dejà vu regurgitado, a periodismo viejuno, rancio y apolillado), un programa de reportajes de esa TVE que hiede un poco más cada día. "Los lugares más inhóspitos de la Península". Como lugares inhóspitos de la Península pienso en un sótano donde se hagan apuestas chinas ilegales, en una herriko taberna en la que entre una andaluza de faralaes cantando Suspiros de España, en el metro de Madrid un lunes a las ocho de la mañana, en unas jornadas de convivencia neocatecumenales o en la mesa de trabajo de un becario de Jiménez Losantos. Pero parece que los osados reporteros de Comando Actualidad y yo disentimos en nuestro concepto de lo inhóspito, porque el reportaje va de pueblitos pequeños y apartados donde nieva y hace mucho frío.

Fíjense si eran inhóspitos esos lugares que un un pueblo gallego que visitaron se encontraron a más gente que en un concierto de La Oreja de Van Gogh. Estaba en el Camino de Santiago, y en un ratito al reportero le pasaron por los morros varios italianos, algunos alemanes y hasta algún señor de La Rioja. Vamos, igualito que el desierto de Arabia. Por supuesto, en todos esos sitios inhóspitos, al reportero le recibieron con los brazos abiertos, y en un pueblo de Teruel le pusieron delante un plato de judías con morro que tenía una pinta estupenda y nada inhóspita.

Se pueden comentar muchas cosas de ese despropósito de reportaje, pero yo prefiero interpretarlo como una muestra mostrenca de un mal que aflige a muchos conciudadanos nuestros y que ya va siendo hora de que salga a la luz: la madrileñitis.

La madrileñitis tiene resabios medievales. Los cartógrafos de la Edad Media ponían una raya delante de Finisterre y escribían la leyenda "a partir de aquí, monstruos". Los afectados de madrileñitis se mueven por la vida con un mapa parecido, pero del metro de Madrid. Todo lo que queda en el blanco de ese esquema de colorines y rayitas entra dentro de la categoría de inhóspito. De ahí que cuando a un reportero de Comando Actualidad le dicen que se tiene que ir a Teruel, se rasque la cabeza, consulte en un atlas dónde cojones se encuentra eso y, asustado por los terribles relatos de bucaneros que ha oído en su infancia, diga: "¡Pero eso es muy inhóspito!".

Los afectados por madrileñitis se sienten más o menos seguros en la más inmediata meseta, pues las viejas leyendas cuentan que sus antepasados se arrastraron desde esos eriales hasta la capital, pero les gusta pasar de largo por ella. Fuera de Madrid, el único sitio donde se encuentran a gusto es en "Levante", territorio mitológico situado al final de "la carretera de Valencia", donde crecen los apartamentos turísticos de una y dos habitaciones y los establecimientos de la cadena Spar donde se puede llenar la nevera portátil de cerveza Mahou.

En su visión de "la piel de Toro" (así la llaman los cretinos) identifican con meridiana claridad el "problema catalán" y el "problema vasco", que ellos arreglarían "en dos patás". Del resto de la ignota Península saben algo de unas mantas de Zamora, una virgen mañica, un pulpo a la gallega y una feria en Sevilla. Jacobinamente -pero no les hablen de los jacobinos, que los confundirán con los sanjacobos-, aglutinan todo ese magma informe peninsular que no es Madrid bajo el genérico "provincias". Según su visión, en esas "provincias" no hay atascos, ni prisas, ni madrugones. La gente va andando a trabajar y vive en una arcadia feliz y preindustrial donde se alimentan de guisos tradicionales preparados por la abuela de fabada Litoral. Envidian a los moradores de esa arcadia, pero hasta cierto punto, porque también saben que en "provincias" falta lo elemental: no hay musicales de la Gran Vía ni domingos en el Bernabéu. Por no hablar de que en "provincias" carecen también de calefacción, agua corriente, sanidad y escuela pública, de ahí que sus habitantes sean de frente chata y entrecejo matojil. Lo decía Buñuel en un documental muy famoso que no han visto, pero que alguien les ha contado.

La madrileñitis es una dolencia difícil de extirpar, una lacra que nos jode especialmente a los que amamos esa ciudad demasiado poblada de cretinos. Pero no sufran por nosotros: los que vivimos en la España inhóspita estamos curtidos ante la adversidad.

HETEROFOBIA

La madrileñitis de ayer tiene un reverso para el que no se me ocurre nombre, pero que estaría compuesto por todos esos prejuicios e infundios que muchos españoles tienen sobre Madrid. Hay quien la considera un nido de facciosos y quien la ve como una pestilente bacanal progre. El mito de Babel, la decadencia de la civilización, el aleph donde se arremolina con fuerza de huracán todo lo que repugna del mundo. Tanto en la madrileñitis como en su reverso el sentimiento que domina es el de la heterofobia, neologismo que significa "miedo al otro" y que Javier Rodrigo utiliza profusamente para explicar el germen de la violencia fascista en su intensísimo libro -para ser de historia, claro- Hasta la raíz.

Ocurre constantemente: construimos un mundo de referencias que oponemos a un exterior mítico y simple y así asentamos nuestra vida. El paletismo viene del miedo a descubrir al otro y de la pereza por conocerlo. Cuando la heterofobia se mantiene en niveles bajos, se puede vivir en un país. No es más que un ruido molesto de fondo, son muestras de ignorancia que, a su vez, se pueden ignorar. Pero cuando la heterofobia se organiza, crece y grita, arrastra a todo el mundo y termina a bombazo limpio. Cuando el otro, además de una amenaza temida, es una masa deshumanizada, se abre la puerta al exterminio. Podemos fingir que no escuchamos los comentarios del taxista facha, pero no podemos ignorar Auschwitz. Eso sí, conviene que tengamos presente que Auschwitz, en el fondo, no es más que los comentarios del taxista facha llevados hasta sus últimas consecuencias y al pie de la letra. Cuando escuchen a alguien decir "habría que matarlos a todos", recuerden que nuestros abuelos ya intentaron matarlos a todos de verdad. Y casi lo consiguieron.

La teoría económica dice que mediante la propiedad privada los humanos poseemos cosas. Es mentira. El anhelo de todo humano es justamente el contrario: ser poseído por otra cosa. Pertenecer a algo: una tribu, un dios o un club de bádminton. O una casa. Algunos buscan ese refugio con desesperación, y muy pocos escogen la intemperie y el vaivén del vagabundo. Una pena, porque el anhelo de pertenencia es destructor y peligroso.

Una parte de mi familia se exilió a Venezuela después de la guerra. Toda la familia de mi abuela menos mi abuela, que se quedó en Madrid. Habían combatido por la República. La primera hija de mi abuela, que nació cuando aún humeaban las bombas, se marchó a Caracas de jovencita, buscando en América una vida que mis abuelos no le podían ofrecer en España. No tendría ni 18 años cuando partió. Mi tía ha vivido en Venezuela toda su vida, y siempre la ha vivido como española, agarrándose desesperadamente a sus orígenes y rechazando integrarse en un país que se empeñó en no ver como el suyo. Cuando viene a España le pido que me haga sancocho, arepas y platos tropicales, pero siempre se hace la loca, alegando que aquí no encuentra los ingredientes. Hasta que mi prima (su hija) me desveló el verdadero motivo de su negativa: "¡Pero si mi mamá nunca hace platos criollos! No le gusta la cocina venezolana, siempre hace guisos españoles".

Qué queréis que os diga, me dio un vuelco el corazón. Mi tía ha llevado su españolismo hasta el delirio: se ha negado a solicitar la nacionalidad venezolana pese a que puede tenerla sin renunciar a la española, y se empeña en mantener la identidad española de su familia contra viento y marea. Una vez, jugando con uno de mis sobrinos segundos, un chavalín de madre venezolana y padre colombiano, le espeté: "¡Pero baila con más gracia, que se note que eres caribeño!". Mi tía, que estaba delante, me recriminó solemnemente: "No es caribeño, es español".

Mi tía tiene mucho acento venezolano para un oído español y mucho acento español para un oído venezolano. Ha llegado al tramo final de su vida metida en un limbo: se sigue aferrando a su españolidad, pero cuando viene a España apenas se maneja en un país absolutamente extraño para ella. Y en Venezuela tampoco se siente una verdadera venezolana -ni la tienen por tal, pues se ha pasado toda su vida negando la mayor-.

El doloroso desarraigo que siente hoy es consecuencia de la heterofobia, de no querer conocer y amar a los otros, de oponer nuestra mismedad a una otredad que consideramos hostil a priori, por si acaso.

El único remedio consiste en dejarse fluir e influir, en disfrutar del viaje y en no enrocarse en nada. En mirar por la ventanilla, en probar los platos que nos ponen delante, en besar los labios que se ofrecen a nuestra boca y en romper el impermeable y la capucha con los que caminamos por la vida.

Para mi tía es muy tarde ya, pero los demás podemos romper el círculo vicioso de la heterofobia y hacerle un corte de mangas al que nos quiera enrolar en su cruzada de estulticia. Mézclense, que en todas partes hay buena simiente, y aparten la molesta paja a un lado.

DON NICOLÁS

20081203014722-nicolas-salmeron.jpg

Nicolás Salmerón no tiene calle en Zaragoza. Ni en Barcelona, ni en Bilbao, ni en Valencia, ni en Sevilla ni en ninguna de las principales ciudades de España. En Madrid sí que hay una calle suburbial al lado de la M-40, al sur de San Blas, que lleva su nombre. No es una calle céntrica ni una avenida con árboles. Ni siquiera una glorieta. Por supuesto, tiene un paseo en su pueblo natal, Alhama de Almería, y en la capital de su provincia natal, Almería, tiene calle y parque. El tributo normal de la patria chica a su hijo, aunque sea bastardo. En el callejero del resto de España, silencio.

Es una ausencia normal: Roma no paga a traidores, y Nicolás Salmerón fue un traidor. No merece ver su nombre honrado en placas.

El 18 de julio de 1873, Nicolás Salmerón fue elegido presidente de la República de España. Ocupó el cargo hasta el 7 de septiembre. Ese día, presentó su dimisión. Aquella mañana le habían puesto en la mesa del despacho varias sentencias de muerte, y él se negó a firmarlas, pues era un republicano humanista contrario a la pena capital. En consecuencia, dimitió, que era la única forma de negarse a ser verdugo. Le horrorizaba poner su nombre al pie de una sentencia de muerte. Su caso es único en la historia de España, una historia de personajillos patéticos dispuestos a vender a su madre troceada con tal de seguir en el poder. Los mandamases españoles han sido siempre expulsados del poder, nunca se han ido por propia voluntad. A lo sumo, han corrido a ponerse a salvo antes de que empezasen a llover chuzos de punta sobre su cabeza, como hizo Alfonso XIII cuando escuchó cómo empezaban a afilar la guillotina en la Puerta del Sol.

Nadie entendió el gesto de Salmerón. Nadie entendió sus remilgos y nadie se lo perdonó. Después de la Primera República, trató de volver a dar clases en su cátedra de Metafísica en la Universidad Central de Madrid, pero era ya un apestado y no estaban dispuestos a dejarle vivir tranquilo, así que tuvo que coger el camino del exilio en París. Murió muy cerquita de Aragón, en Pau, en 1908. Por supuesto, nadie le había quitado la cátedra universitaria, que sólo quedó vacante tras su muerte. Salió a oposición y la ganó un joven portento llamado José Ortega y Gasset. Sucesor más que digno. Qué menos.

Pienso en Nicolás Salmerón, en ese burgués que siempre quiso hacer lo que creía correcto y que dio su mejor lección fuera de la universidad, y creo que sus huesos estarán retorciéndose de asco al ver como todo un señor feudal, el Gran Duque de Luxemburgo, echa para atrás una ley aprobada por un parlamento en esta Europa tan democrática y buenrollera. También por remilgos morales, pero qué distintos, ¿verdad? Y qué distinta la dignidad de un presidente democrático -con muchos peros, pues el sufragio de la Primera República no era universal- y la de un botarate que dirige un Estado por tradición de endogamia monárquica.

Pienso en Nicolás Salmerón y en su ausencia del callejero. Y también en su ausencia en las escuelas. ¿Cuántos chavales de hoy sabrían quién fue y por qué dimitió? Lo dicho: Roma no paga a traidores. Pero no se apuren, que al Gran Duque de Luxemburgo no le faltará de nada.

FIESTA GOFRERA

20081204171816-gofres.jpg

Este verano escribí un post hablando de mi vicio gofrero, y la casualidad internetera quiso que Alex Patternotre, hijo del belga que fundó los gofres Manneken Pis, lo leyera y se quedara encantado con mi desmedida declaración de amor hacia los bollos que él fabrica. Es una familia de gofreros, y el puesto de la estación de Sol del que hablaba lo fundó su hermana. Hoy he recibido, cortesía de Patternotre, una caja de gofres empaquetados que no sé cómo voy a conservar, porque casi no me caben (igual me los tengo que comer de una sentada, para que no se estropeen). Son los auténticos Manneken Pis, con la receta de la felicidad. Es una caja de las que distribuye para los puestos gofreros, y ahora está en mi casa. Me siento como si Isabel Gemio me hubiera dado una sorpresa, sorpresa.

Para testimoniar mi felicidad y agradecimiento, he hecho esta foto con algunos de los monstruos que decoran nuestro humilde hogar. El robot Bender está presidiendo, y al lado tiene a dos Bad Taste Bears, el que bebe lejía y el Elvis cagón. Los tres están encantados en la fiesta gofrera que les he montado.

NICE BOYS DON'T PLAY ROCK AND ROLL

20081205234137-use-your-illusion-ii.jpg

Es estupendo que justo cuando la industria del disco se va a la mierda, reviva el viejo vinilo. La Fnac empezó dándole un espacio marginal y cada vez ocupa más expositores: muchos nuevos lanzamientos se sacan también en vinilo, y se reeditan viejos discos remasterizados constantemente. Hoy he olisqueado un poco por allí y me he dado un caprichazo comprando los cuatro discos de Use your illusion, el magnum opus de Guns n’ Roses. La chorrez esa de Chinese Democracy me suena a autopsia, y paso de necrofilias. Me quedo con los clásicos, con los que no se puede ser necrófilo porque son inmortales, nunca acusan rigidez cadavérica.

Es una pequeña revancha de pijo con tarjeta de crédito, la verdad, porque con esta compra me siento como un conde de Montecristo que adquiere un traje después de pasar por la cárcel. Estos discos han sido claves en mi educación sentimental, pero cuando salieron, los chavalillos del barrio no teníamos dinero para comprarlos. Eran dos discos dobles, un despropósito, un dispendio inasumible para un protoadolescente. Por suerte, a algún amiguete se lo regalaron por su cumpleaños y todos los demás nos hicimos copias en cintas Maxwell de 120 minutos. Las escuché hasta desgastarlas, pero para cuando ya empecé a tener mi colección de discos y dinero para comprarlos, Guns n’ Roses me habían dejado de interesar, así que nunca me compré el CD.

Redescubrí a Guns n’ Roses hace relativamente poco. En un arrebato de nostalgia me compré el Appetite for Destruction y tuve que concluir, aplaudiendo, que sí, que qué cojones, que Guns n’ Roses tenía razón, que el rock era eso, que si existe una idea platónica de rock, ellos son los que más se han acercado a ella. Así que con esta compra ejecuto dos venganzas: la del chaval de barrio que no tenía un chavo para comprarse esos carísimos discos y la de todos los que siempre supimos que el rock era una cuestión de suciedad, berridos y adrenalina, pero que nos vimos obligados a elaborar un discurso intelectualoide para justificar nuestro vicio. Los Guns están ahí para recordarnos que no tenemos que justificar nada.

La frase clave la dan en una canción: "Nice boys don’t play rock and roll". Eso es: los niños bien no tocan rock and roll. Pueden intentarlo, pero no les sale. Al final, siempre se les descubre. Las raíces proletarias del rock están incrustadas en la pelvis de Elvis. El rock no es para remilgados.

Cuando los Guns irrumpieron, las dos grandes tradiciones del rock duro estaban casi estancadas: el punk ya no daba más de sí, y aquel dislate virtuoso del rock progresivo había evolucionado hasta un heavy de gimnasio y ascensor, una cosa más artificial y playera que las tetas de Pamela Anderson. Pero hete aquí que unos chavales de Los Ángeles se pusieron a tocar, y transmitieron a un público aborregado y saturado de laca y sintetizadores una sensación desconocida: la de la autenticidad. Se subían a un escenario y tocaban dejándose las tripas, sin dar tregua y sin para mientes en arreglos ni en corsés de género. De repente, el público recordó por qué le gustaba eso: porque le divertía, porque le permitía descargar adrenalina, porque su descarga era adictiva y te dejaba como nuevo. Los Guns devolvieron al rock todo lo que la política y el virtuosismo le habían robado. Dejaron el rock desnudo, sin adornos ni maquillajes, y lo escupieron al mundo con toda la fuerza de la que fueron capaces.

Del punk rescataron la actitud y el descaro, y de los viejos maestros, la técnica artesanal de construir canciones sólidas y bien hechas. Sólo les faltaba una cosa para completar el invento: comportarse como superestrellas, con toda su inconsciencia, su consumo compulsivo de drogas, sus berrinches de niño pequeño y esa certidumbre tan bien fundada de que el mundo entero gira en torno a ti y te debe pleitesía. Siguieron bien el guión. Cumplieron hasta la parte en la que la guerra de egos entre guitarrista y cantante pone fin a la banda.

Pasaron fugaces, y con ellos se reconfirma aquello de que lo bueno, si breve, mil veces bueno. Su primer disco, de 1986, ya anticipaba en su título lo que iba a venir después: Live like a suicide. En él se contenía la canción Nice boys, todo un manifiesto. En otra canción decían: "No resulta fácil vivir como un gitano" (en inglés, gypsy no sólo hace referencia a la raza, sino a la gente de vida nómada y errante). Al año siguiente sacaron su obra maestra, Appetite for destruction, con sus greatests hits y varias canciones que no han sido superadas en fiereza, que suenan como relámpagos perfectos, como My Michelle, Think about you o Rocket Queen.

Después vino Lies, un buen trabajo, pero no tan emocionante. Con los cuatro discos recogidos bajo el título de Use your illusion se permitieron el desfase que todo rockero en la cima pasado de roscas de ego y droga debe permitirse. Calamaro hizo algo así con El salmón, pero le salió mal. A los Guns, por suerte, les fue bien: son cuatro buenos discos, donde su trabajo está a la altura de su ambición, pero no alcanzaron las cumbres del Appetite (normal: el Appetite era instinto puro, espontaneidad apenas pulida por un productor poco entrometido, es difícil superar enamoramientos pasionales tan poderosos). El genio empezaba a notarse gastado y lo que antes era fresco ya empezaba a oler a enquistamiento. La cuesta abajo se adivinaba al final de ese esfuerzo monumental. Digamos que con Use your illusion quisieron demostrar que su talento no era espontáneo, que eran capaces de hacer algo serio, profundo y currado. Y lo hicieron, sin duda, pero parece que la presión les abrumó un poco: demasiados arreglos, demasiados retoques en la mesa de mezclas, demasiado poco directo. La actitud punk se había perdido, pero no nos importaba, porque los Guns seguían estando ahí, seguían divirtiéndonos. No se habían convertido en unos nice boys.

Pero ya estaba, se acabó. El siguiente disco, The Spaghetti Incident, fue bochornoso. Los Guns estaban agotados, habían perdido definitivamente el touch. Poco después, se separarían. Hicieron bien, pero no tendrían que haber tardado tanto. Por coherencia, tendrían que haberse ahorrado ese último bodrio. Use your illusion hubiera sido un cierre precioso a su carrera, sin borrón ni mancha, un adiós bien hecho. Pero no, tuvieron que meter su coda. No importa. Para mí -y sé que para mucha más gente- los Guns se acabaron con Use your illusion. Cuatro discos, cinco años de carrera. Bien poquito, pero, bien mirado, ¿para qué más? Cinco años y cuatro discos son más que suficientes para decir todo lo que hay que decir.

Ahora que estoy a punto de sacar Malas influencias envidio a los que son capaces de concentrar todo lo que llevan dentro en muy poco. Yo no quiero crear una obra literaria extensa. Me gustaría escribir pocos libros, porque eso significaría que he encontrado enseguida lo que andaba buscando. Sólo hay dos explicaciones para los que persisten libro tras libro o disco tras disco: o se han enquistado en una fórmula banal que les resulta fácil repetir o no alcanzan a encontrar lo que quieren contar, por lo que tienen que seguir buscando. Y sería horrible pasarte la vida buscando y no encontrar nada al final. Por eso envidio a los creadores poco prolíficos, porque creo que han encontrado algo parecido a la paz de espíritu.

05/12/2008 23:41 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Música Hay 1 comentario.

PERLAS DE PADRE DE FAMILIA

20081207185334-familyguy-stewie-brian02.jpg

Stewie: Cállate, o acabarás colgado en el jardín trasero como un vulgar galgo.

Brian: No bromees con eso. Para nosotros es como el Holocausto.

Stewie: Sí, claro. Cuando los galgos dirijan The New York Times y el Banco Mundial, me lo cuentas.

07/12/2008 18:53 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 1 comentario.

¿HAY ALGUIEN AHÍ?

20081208020523-bay-bridge-print-c10054950.jpeg

A pesar de la crisis, me da la sensación de que todo quisqui anda de puente. Desde luego, muchos visitantes de este blog se han ido. Lo sé, que llevo la cuenta, y estos días echo a faltar unos cuantos cientos.

Salimos de vermú y nos encontramos a un montón de turistas, también de puente. ¿Zaragoza sigue de moda?, nos preguntamos con un vermú con sifón y unas anchoas en Casa Paricio, en ese barrio de la Magdalena donde viví tiempos de inconsciencia y tontunez.

TRES AÑOS

Alzo un vasito de grappa -de la botella que S. y A. me han traído de su último viaje a Roma- y me lo bebo a la salud de este blog, que hoy cumple tres años de vida.

Nunca pensé que fuera a dar tanto de sí. Empezó como un divertimento y, en buena medida, sigue siendo sólo eso, pero me ha aportado mucho más que un pasatiempo.

He escrito una barbaridad de textos, casi compulsivamente, y he convertido en una rutina tan inexcusable como cepillarme los dientes o leer novelas el hecho de sentarme casi a diario al ordenador a escribir el post del día, casi siempre con la noche bien oscura y la avenida en silencio, interrumpido tan sólo por algún coche despistado que se para junto al semáforo fantasmal que regula el no tránsito.

Claro que es un ejercicio puramente onanista. Claro que persisto en él por puro placer privado, porque me divierte y me satisface. Pero no es menos cierto que lo hubiera dejado de actualizar hace mucho si no hubiera tenido respuesta del otro lado, si el contador de visitas nunca hubiera marcado una cifra superior a diez personas y si nunca hubiera recibido un comentario en ninguna entrada. Inexplicablemente, este blog tiene lectores, muchísimos más de diez, muchísimos más de los que cabrían en un bar y muchísimos más de los que van a los conciertos de la Oasis (lo de este sábado con los New York Dolls fue deprimente: no habría ni 200 personas).

Unos pocos de ellos comentan -incluso casi a diario- las tontadas que segrega mi cansado y torrefacto cerebro. Vosotros habéis retroalimentado este blog y lo habéis mantenido vivo y coleando. Vuestra persistencia es más vigorosa que la mía, así que este trago de grappa va por vosotros, parroquianos. A algunos os puedo llamar, sin exageración ni retórica, amigos, pues hemos ido más allá de este garito virtual y hemos bebido cerveza juntos.

Esta experiencia me ha aportado mucho. Ha puesto a prueba mi agilidad y me ha curtido en el duelo que todo juntaletras libra con ese enemigo artero y tan difícil de domar llamado lenguaje. Es una gimnasia que me fortalece, una disciplina que me obliga a estar despierto. Creo que soy mejor juntaletras desde que hago el blog. Creo que soy más exigente y autocrítico. Me lo noto. Me noto en forma, preparado para enfrentarme a los libros y reportajes por venir sin miedo escénico.

Empieza ahora un cuarto año de blogueo que va a estar lleno de retos muy ilusionantes que espero seguir compartiendo cada día con vosotros. En 2009 habrá cambios, probablemente cambios muy importantes en mi vida, y la publicación de Malas influencias va a ser sólo el primer mojón. Espero que las ilusiones no se frustren y pueda seguir contando aquí todos esos cambios (a mejor) que me esperan a la vuelta de pocos meses.

Gracias por leer (y por comentar).

TELE ANDALÚ

Quería hacer una fiesta para celebrar el cumpleaños del blog, pero como tenía miedo de que la cosa fuera un poco muermo, Los Giraos me recomendaron que contratara los servicios de Tele Andalú. En este anuncio podéis ver en qué consiste este negoción (y sí, uno de los desustanciados que actúan en el vídeo es mi hermano, pero no diré quién es, que bastante nos avergonzamos ya de él en la familia).

 

¿HASTA CUÁNDO?

Que no, que no y que no. Que una mentira no se convierte en verdad a fuerza de repetirla. Que ser político no es una profesión. No al menos en una democracia. Que no es un trabajo sometido a convenio colectivo, que no hay nadie de recursos humanos que valore tus aptitudes, que no necesitas estudiar, que no, que no y que no. Que todos los ciudadanos, según esa Constitución que acaba de cumplir treinta tacos, tienen el derecho de elegir y de ser elegidos para cualquier cargo representativo. Que nadie estudia para parlamentario ni para concejal, cojones.

¿Por qué nos empeñamos en mezclar churras con meninas, que diría Belén Esteban? Un cargo público en una democracia no es un puesto de trabajo. La remuneración que reciben no es un sueldo, sino el equivalente al óbolo griego, un sustento para que puedan ejercer sus funciones con plena dedicación y sin depender de intereses espúrios. ¿Prefieren que sea Botín quien pague a los políticos? Él estaría encantado de tener un parlamento a sueldo, y seguro que estaría dispuesto a quintuplicar los salarios actuales de sus miembros.

Por tanto, si los cargos públicos electos no son empleados y el dinero que reciben (de nuestros impuestos, sí, ¿de dónde si no?) no es un sueldo, en consecuencia, no pueden acogerse al régimen de los trabajadores y reclamar sus ventajas. No tienen vacaciones, ni tiempo libre, ni baja por enfermedad ni por ningún otro concepto. Su dedicación es plena, y si no pueden asumirla, pueden dimitir y volver a su trabajo, donde podrán acogerse a todo lo que diga el convenio colectivo de su sector o empresa.

Una diputada valenciana ha votado por e-mail porque estaba disfrutando de su "baja de maternidad".

¿Su baja de qué?

¿Una diputada?

Lo siento, pero los diputados no tienen que conciliar nada. O están o no están. Puede llevarse a su crío al parlamento y darle la teta en el escaño, pero si quiere votar, tendrá que asistir a la sesión. O está con su hijo o es diputada. Las dos cosas no pueden ser. La conciliación es para las currantas, y lo suyo es un cargo público. La conciliación es para mí, que trabajo exclusivamente por un sueldo, no como responsable y representante de quienes me han elegido.

Si seguimos dando por sentado que la política es una profesión como cualquier otra, la democracia pronto será pura retórica. Quizá ya lo sea. Quizá ya sea imposible la participación ciudadana en el debate público. Y la política nos incumbe a todos, no es asunto de profesionales que reclaman bajas de maternidad. 

Me alarma que nadie más plantee estas cosas. ¿Es que nadie ve que la profesionalización de la política es la puntilla de muerte de la democracia? ¿Hasta cuándo vamos a consentir que una cuadrilla de autoproclamados políticos profesionales monopolice el debate público?

11/12/2008 00:05 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 2 comentarios.

COMARCAS

Una más y dejo de hablar de política, que me sube la tensión. Dice Biel (para los que no sufran Aragón, vicepresidente de esta comunidad y mandamás de modales protocaciquiles) que "Aragón es la única comunidad que ha creado un modelo territorial propio como las comarcas". Y se queda tan ancho. Dicen que hasta se fumó un puro.

Biel dividió Aragón en comarcas que responden a criterios más o menos históricos y reflejan bastante bien la realidad geográfica política de esta complicada tierra. Pero no se las inventó él. El proceso de comarcalización de Aragón lo copió de Cataluña, donde las comarcas funcionan desde hace bastante más tiempo, pero con una diferencia sustancial: en Cataluña, los consejos comarcales, un nivel administrativo situado entre los municipios y la comunidad autónoma, se eligen por sufragio universal cada cuatro años. ¿Alguien sabe cuándo se han convocado elecciones comarcales en Aragón? Nunca. Los consejos comarcales aragoneses los eligen los alcaldes de los municipios que integran la comarca. Son, por tanto, un órgano de legitimidad democrática más que dudosa.

Por supuesto, ni Biel ni nadie quiere oír hablar de elecciones, porque el tinglado comarcal le viene estupendamente bien para sus tejemanejes: yo te doy el control de esta comarca a cambio de que hagas coalición conmigo en tal ayuntamiento, si me das tal comarca no te monto una moción de censura en tal municipio... Se cambian cromos y todos tan contentos.

Así que Biel no sólo plagia a Cataluña y encima lo niega, sino que plagia sólo lo que le interesa. Las elecciones -esas mismas elecciones en las que él nunca ha logrado más que un puñado de votos, pese a lo cual gobierna, porque el PSOE así lo quiere-, pa los demás. Será que las elecciones no responden a la idiosincrasia aragonesa. Pensará Biel que aquí somos más de pucherazos que de urnas. O que las comarcas son algo demasiado importante como para dejarlas en manos del populacho.

11/12/2008 21:32 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 3 comentarios.

¿ES UN PÁJARO? ¿ES UN AVIÓN? ¡NO, SOY YO MISMO!

20081213013641-img-7433.jpg

Maite Fernández andaba haciendo fotos a Supercoco esta mañana, porque se estrena en el Príncipe Felipe el show de Barrio Sésamo. He pasado por ahí y me ha gritado, con su entusiasmo habitual: "¡Venga, coño, Sergio, ven aquí, que te hago una foto con Supercoco!". ¿Quién podría resistirse? Ha sido el momento cumbre del día.

Gracias, Maite.

Y gracias, Supercoco.

MAINSTREAM LUXURY

Este domingo hemos estado ayudando a unos amigos en su mudanza de piso. Luego nos han invitado a comer, hemos bebido mucho vino y me he ido a trabajar unas cuantas horas al periódico, donde me he escrito una paginita entera bastante fatigosa de redactar. Así que no sólo no he respetado el descanso del día del señor (del señor que sea, yo me imagino a un notario con papada), sino que me he deslomado literalmente. Tengo el 90 por ciento de mi ser en modo off, y el 10 por ciento que sigue vivo se siente incapaz de bloguear nada. Así que permitidme que rescate una columnita de opinión que publiqué hace dos viernes en el suplemento MVT. Mañana más.

Uno de mis ídolos es Angus Fontaine, presentador de ’Viajero cinco estrellas’, una serie de reportajes sobre los hoteles y resorts más insultantemente caros del planeta. Fontaine, que tiene una de esas caras pánfilas que no te cansarías de abofetear, se da unos soberanos homenajes en sitios donde te cobran 5.000 euros solo por darte los buenos días, y siempre termina cada capítulo con una reflexión sobre la hospitalidad y lo amigable del servicio. Solo le falta decir, poniendo cara de ingenuo entrañable: "Qué curioso, cuando saco la Visa Platino, me salen amigos por todas partes". Yo rabio por ver lo que nos hurta el programa: la satisfacción que debe sentir el camarero que escupe en un cóctel de 20.000 euros.

Que yo sepa, Angus Fontaine no ha venido a España, y no parece que vaya a hacerlo. No lo hará si lee el estudio ’Country Brand Index 2008’, que coloca a este país que habitamos -junto a Japón- a la cabeza del ’mainstream luxury’. Lo traducen como "lujo para mayorías". En otras palabras, que según este índice, en España el turista puede gozar como un sátrapa a precios de mendigo. El socialismo turístico, amigos. ¿Entrará el arroz con ojos -llamado así porque de las gambas solo aparecen las cabezas, sin que nadie dé razón del resto del cuerpo- que los guiris degluten con pasión y sangría en la categoría de ’mainstream luxury’? Es más, ¿no es el concepto de ’mainstream luxury’ una paradoja o una contradicción en los términos? Si el lujo se hace masivo, ¿en qué se diferenciará de la vulgaridad? Para que los guapos se sientan guapos y los listos, listos, tiene que haber una mayoría de feos y tontos. Y para que Angus Fontaine se sienta "viajero cinco estrellas" tiene que haber una masa de mochileros apiñados en un tren con olor a pies.

Perdónenme, pero yo quiero que el lujo siga siendo lujo, incluso en estos tiempos de ERES. Yo quiero que Angus siga teniendo sitios donde beber coñacs de la bodega privada de Napoleón mientras siete vestales le hacen la pedicura. Quiero que la envidia y el escándalo sigan vigentes. Quiero jeques yemeníes y lords ingleses. Quiero decadencia y derroche. Quiero seguir teniendo personajes crueles y refinados para escribir sobre ellos.

15/12/2008 01:08 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión No hay comentarios. Comentar.

MADOFF, HÉROE DEL PROLETARIADO

Por la mañana, Don Batracio de la Minga Tiesa Wartington del Rocío abrió su ejemplar de Expansión y se enteró de que un pájaro de Wall Street le había estafado. Estafa piramidal, lo llamaban. Sin terminar el desayuno, cogió el móvil y llamó a su agente de Bolsa, pero estaba apagado o fuera de cobertura. Maldición. Buscó en la agenda al director de la sucursal de Banif con el que estuvo jugando unos hoyos el miércoles pasado, pero una voz le dijo que ese número tenía restringidas las llamadas entrantes. Doble maldición.

-Esto es intolerable, y exige una respuesta inmediata -dijo levantándose-. ¡Walter, venga aquí ipso facto!

-¿Qué desa, señor De la Minga Tiesa?

-Walter, he sido objeto de una estafa. Una estafa manifiesta, diría yo, y esta afrenta exige una respuesta inmediata.

-Cómo no, señor. ¿Llamo a los Miami por el procedimiento habitual? ¿A quién deben dar el aviso, señor?

-No, nada de violencia. Esto hay que resolverlo con dignidad, que sepan que no somos de su calaña. Walter, vamos a manifestarnos ante la sede del banco para exigir que nos devuelvan lo que es nuestro.

-Sí, señor. ¿Cómo desea ir a la manifestación el señor?

-En el Ferrari, que es más rápido.

-Lo cogió su hijo anoche y aún no ha regresado.

-Triple maldición. Tendremos que ir en el Rolls. Prepare pancartas.

-¿Pancartas, señor?

-Sí, Walter, pancartas.

-¿Y qué escribo en ellas, señor?

-Pues... No sé, Walter, usted es un subordinado, se supone que sabe de estas cosas. Lo que se suele escribir en las pancartas de las manifestaciones. ¿Es que lo tengo que pensar yo todo? Algo sutil, pero enérgico. Algo como "Non fuyades, malandrines" o "La bolsa o la vida". Ya sabe, esas cosas que gritan los operarios cuando montan huelgas.

-Así se hará, señor. ¿Quiere que inscriba yo mismo las leyendas sobre la tela?

-No, llame a la agencia que lleva la imagen corporativa de la empresa, que hagan algo vistoso. En media hora quiero una presentación en la sala de juntas y en otra media quiero que estemos manifestándonos frente al banco.

-De acuerdo, señor.

¿A que da mucho placer comprobar que los ricos no sólo también lloran sino que se la pueden meter doblada como a cualquier pringadete? Toma Madoff.

16/12/2008 00:30 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 1 comentario.

JOYAS DE PADRE DE FAMILIA (2)

20081216235800-580-meg-griffin-posters.jpg

Esto es como cuando torturaron a Meg haciéndole ver los peores sketches de los Monty Python.

(Flashback donde sale Meg llorando frente a un televisor)

Meg: ¡No! ¡Soy una chica! ¡Ni siquiera me gustan los sketches buenos de los Monty Python!

16/12/2008 23:58 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 6 comentarios.

SILVIA SOLA: UNA MIRADA A LO PRIMIGENIO

20081219161909-silvia.jpg

Aviso para navegantes: he publicado esta pieza en el MVT de hoy, como previa al concierto que Silvia Sola dará en la Oasis esta noche, pero Silvia no es una desconocida para mí. La conozco desde que los dos éramos unos adolescentes tontacos que descubrían el rock con The Black Crowes y Pearl Jam. Nos hemos seguido las vidas de reojo y a intermitencias, ella peleándose con los pentagramas y yo con las letras, y creo que es de las pocas personas a las que conozco de antiguo que es razonablemente feliz y vive como quiere vivir. Cuando la ves no sientes esa frustración y esa ansiedad que aprecias en otros a los que la vida va derrotando. Siempre me da gusto reencontrármela y tomar una cerveza con ella. Obviamente, puse un cariño especial en este artículo. Espero poder pasarme esta noche por el concierto.

Silvia Sola es uno de los secretos mejor guardados de Zaragoza. Su voz, tímida y cálida como ella, ha ambientado suavemente muchas noches en muchos garitos zaragozanos. También en El Páramo, que es una de sus casas en la ciudad, donde anima muchas veladas pinchando ese rock puro, guitarrero y desnudo que tanto le gusta.

La historia de Silvia es la historia de una desnudez. De una desnudez musical, que de las otras ya se ven muchas en El Plata. Empezó apasionándose con el rock bronco que salía del sueño grunge en los 90; llenó de emoción el repertorio pop de Sola, su primer grupo de verdad, y exploró la vanguardia sonora de la mano del ex Héroe del Silencio Alan Bugoslavsky, de cuyo elenco formó parte. Tocó muchos palos del pop y del rock, se vistió de muchas formas, pero la eclosión esperada -ese despegue, ese empujón definitivo que todo artista necesita para saber hacia dónde tirar- no llegó, y se quedó en punto muerto.

"Hubo un momento en el que dejé de componer y me planteé dejar de cantar -confiesa-. No había nada en Zaragoza que me motivara. Estaba vacía, no me salía nada". Así que hizo la mochila y se largó a Inglaterra con lo puesto, haciendo honor a su apellido artístico: totalmente sola.

"En Oxford me encontré de frente con el folk -cuenta-. Conocí a un montón de músicos muy jóvenes que exploraban formas musicales muy viejas, y hacían con ellas lo que les daba la gana. Me enamoró la simplicidad de esas canciones, su espíritu primario, y volví a componer y a tocar".

Allí grabó un disco y hace un año regresó a Zaragoza, donde ha ido volviendo a los escenarios (teloneó hace poco a The Jayhawks en La Casa del Loco). Con José Javier Gracia a la guitarra, Guillermo Mata al bajo, Jaime Lapeña al violín y Nines Cárceles en los coros, prepara un segundo asalto musical, esta vez desde el lado del country y del folk. Sin las fanfarrias rockeras ni alternativas de antaño: desnuda. "E imperfecta", añade. Para 2009 anuncia disco, pero el lujo de su voz se disfruta más en directo.

PS: el concierto se ha suspendido. El Ayuntamiento ha cerrado la Oasis. Pintan bastos en la noche, amigos. Próximamente, un post sobre el cierre y sobre la Oasis.

19/12/2008 16:19 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Música No hay comentarios. Comentar.

VISTAS DE ZARAGOZA

20081219170712-vista-zaragoza.jpg

Nos paseamos por la exposición Vistas de Zaragoza: pinturas de la modernidad (en el Centro de Historia). Interesante, pero bastante incompleta. Echo de menos más Gárate, más obras de finales del XIX y de la primera mitad del XX. Hay un excedente de cuadros actuales de interés más que dudoso, y la disposición es algo apelotonada, echo de menos una propuesta museográfica más ambiciosa. Pero si conoces la ciudad y te gusta, es una ocasión maravillosa para pensar sobre ella, para enfocar tu mirada a través de la de los artistas. Absténganse quienes no hayan pateado Zaragoza con fruición durante años.

Lo mejor, con diferencia -y perdónenme los demás-, los lienzos de Pepe Cerdá, que creo que se ha convertido en el pintor aragonés más sólido, coherente y ambicioso. Un artistazo que ofrece unas visiones de Zaragoza atrevidas y sin complejos. Me encanta un cuadro nocturno donde Zaragoza es una franja de luces amarillas en el horizonte. Cuántas veces, volviendo de Madrid o de cualquier sitio a las mil de la madrugada, tras pasar los cerros de La Muela, ha aparecido ante mí esa franja horizontal. Un brochazo iridiscente sobre la oscuridad inmensa del valle, como un ovni recién aterrizado. Esa horizontalidad luminosa tan potente es tan icónica y tan característica que no me explico cómo no ha inspirado a más artistas.

Me gusta mucho la parte de la exposición dedicada a los barrios y al cinturón industrial. Quizá para el turista sea el frontal del Ebro con la monstruosidad barroca del Pilar la estampa que resume la ciudad, pero creo que somos pocos los que nos identificamos con ella. Mi Zaragoza no es de iglesias ni de torres ni de puentes. Mi Zaragoza son edificios de sindicatos franquistas, arquitectura del desarrollismo y fábricas abandonadas donde juegan los chavales del barrio. Mi Zaragoza se parece más a Bilbao, con su herrumbre y su chatarra, que a una postal provinciana de cigüeñas y curas cruzando el Arco del Deán.

Es un gusto adquirido de una ciudad dura y esteparia. Sus habitantes -a la vista está, con los solares llenos de basura y los palacios en ruinas- han vivido de espaldas a su legado histórico de retablos y catedrales. La vida ha crecido en barrios industriales que conservan en su callejero la memoria de un pasado rural, con avenidas que siguen llamándose caminos, y serpentean entre edificios como antes lo hacían entre huertas. La vida ha crecido alrededor de la fábrica de cervezas de San José, en torno a la fundición Averly o la Tudor en La Almozara y Delicias, en torno a las azucareras y harineras en el Rabal, o alrededor del matadero de Las Fuentes. Edificios oscuros, de estética monstruosa emparentada directamente con la estética estalinista (este verano, viajando por lo que fue la RDA, vimos lo parecidos que son los barrios comunistas a Zaragoza), han marcado el paisaje en el que han arraigado los zaragozanos de hoy.

Ahora son herrumbe. Sólo unas pocas fábricas persisten en el casco urbano. El cinturón industrial se ha desplazado y ha dejado unos barrios que han ido reinventándose. Hay algunos artistas que son capaces de ver la fuerza que tiene ese paisaje urbano decadente y gris. Podría ser el primer paso para reivindicarlo y hacerlo nuestro, para adaptarlo a la vida que queremos vivir, de la misma forma que los artistas neoyorquinos ocuparon Tribeca y el Soho o de la misma forma que los jóvenes berlineses ocupan y transforman en arte y cultura los monstruosos bloques y barrios de Berlín Oriental.

¿Seremos capaces? Creo que talento e imaginación hay de sobra en esta ciudad. Quizá falten las ganas.

Foto: no la vi en la exposición, pero esta Vista de Zaragoza de Gárate, pintada en 1908, es muy famosa.

19/12/2008 17:07 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Arte Hay 2 comentarios.

EL HORROR Y LA CONTENCIÓN

20081221182651-william-shirer-1-sized.jpg

Hasta que mi vecina maquinera ha decidido ambientar a todo el bloque con los grandes éxitos de los politonos y de Cadena Dial, obligándonos a todos a abandonar nuestros pensamientos y actividades, estaba embebidísimo en el tocho de Diario de Berlín, de William Shirer, que acaba de editar Debate.

¿Cómo ha estado tanto tiempo este libro sin publicarse en España? ¿Cómo no se había fijado antes ningún editor en él? Qué laguna más grande. Subsanada, por suerte.

William Shirer fue corresponsal en Berlín de la CBS entre 1937 y 1941, y se hizo famosísimo por sus crónicas radiofónicas de la Segunda Guerra Mundial desde el corazón del nazismo. Heredero de la generación perdida, Shirer fue un tipo sutil, inteligente y un periodista fuera de serie, de los que no sólo entienden lo que pasa, sino que lo saben contar. Estos diarios los escribió en secreto, consignando en ellos lo que la censura nazi no le dejaba meter en sus crónicas. Los pasó de contrabando, camuflados cuando regresó a Nueva York en 1941, y ese mismo año los publicó.

No hay retórica ni presunción en sus páginas: como buen periodista americano, va al meollo del relato, sin circunloquios ni preámbulos. Cuando retrata a un personaje, lo hace de dos brochazos precisos, apuntando lo esencial. No pierde el tiempo en espesuras líricas, y eso hace que su relato sea especialmente intenso, porque las emociones están en el contenido, no en el continente.

Shirer evita especular sobre los significados profundos de los sucesos que está contemplando en primera línea. Y no por falta de recursos ni bagaje intelectual, pues pertenece a ese grupo de estadounidenses que, como Hemingway, se quedaron varados en París mientras buscaban las esencias de su legado europeo, mientras se emborrachaban de la vital y añeja cultura del viejo continente de la que su país -creían ellos- andaba tan falto. Shirer era uno de esos escritores aventureros y pasionales para los que no había separación entre la vida vivida y la vida leída, que lo mismo se entusiasmaban con un pasaje del Decamerón o un cuadro del Greco que con la tienda nómada de un campesino pakistaní o las nieves del Kilimanjaro con las que flipaba Hemingway. Por eso, ver y dejar constancia de lo visto era más importante e imperioso que elucubrar a oscuras sobre ello.

Pero Shirer era humano. Un humano sensible y afectado profundamente por todo lo que estaba viendo, así que hay ratos en los que no puede evitar usar sus diarios clandestinos como desahogo. A los dos meses de estallar la guerra, febril, después de haber recorrido los campos quemados de la Polonia dominada por el Tercer Reich, después de semanas sin dormir apenas nada, emitiendo tres y cuatro horas diarias con el censor nazi pegado a la chepa, Shirer se para un instante, se mira en el espejo y escribe:

¡Qué borroso está en mi memoria aquel tiempo en que reinaba la paz! Aquel mundo se acabó y, para mí, en conjunto, a pesar de sus fallos, injusticias y desigualdades, fue una buena época. Me hice mayor en ella, y la vida que me dio era libre, civilizada, intensa, llena de pequeñas tragedias y alegrías, de trabajo y de diversión, con nuevos lugares, nuevas caras; rara vez vulgar y nunca falta de esperanza.

Y ahora ha llegado la oscuridad. Un nuevo mundo. Oscurecimiento, bombas, matanzas, nazismo. Ahora nos han caído encima la noche, los alaridos, la barbarie.

En entradas escuetas y breves cuenta cómo algunos judíos acuden a él en busca de ayuda y las cartas que recibe de madres que le piden que averigüe en los medios diplomáticos que él frecuenta el paradero de sus hijos. Va a ser verdad una vieja máxima del periodismo que aprendí hace mucho que dice que la barbarie y el terror no necesitan adjetivos ni adornos estilísticos: el horror no admite figuras retóricas, y la única manera de transmitirlo en una crónica es siendo conciso y escueto en la descripción. El efecto de esta austeridad suele ser demoledor en quien lo lee, pero se lo he visto hacer a muy poca gente. Por lo general, las crónicas de guerras y de grandes crisis están llenas de adjetivos banales y abstractos que redundan en tópicos resobados. Lees que "el campo devino un infierno" o que -¡horror, horror!- el espectáculo era "dantesco" (deberían cortar las manos de cada periodista que utilizara "dantesco" o "kafkiano" en su trabajo). Nada nos dicen esas frases vacías. Sin embargo, cuando Shirer nos cuenta que al avanzar por los bosques de Pomerania sentía "el olor dulzón de los cadáveres recientes en descomposición" no necesita echar mano del diccionario de sinónimos ni agredirnos con metáforas insulsas para que nos dé una punzada en el estómago.

Muchos juntaletras deberían fijarse en Shirer y en su magistral contención descriptiva, en especial en estos tiempos de yoísmo donde las pelusas de los ombligos devienen destellos épicos que refulgen en la noche de la egolatría.

En fin, parece que mi vecina se ha ido con los politonos revientacráneos a otra parte. A lo mejor puedo seguir leyendo en esta primera tarde de invierno. Ya os contaré.

PS: veo que hay una peli de 1990 titulada The Nightmare Years basada en este Diario de Berlín. No está en español.

21/12/2008 18:26 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Memoria Hay 6 comentarios.

PA TAPAR AGUJEROS

20081222174139-tunel-engana.jpg

Si por lo menos me hubiera tocado algo, llevaría con humor el monstruoso desfile de gente borracha a las 12 del mediodía empapando a su pueblo de champán barato (estírense con un Moët & Chandon, que se note que le ha tocado el gordo, coño), pero como sigo siendo tan pobre como ayer, me toca las narices tanta felicidad lotera ajena y suburbana. Así que si queréis tapar agujeros, empezad por este de la foto.

MELILLA

20081223010552-melilla-map.jpg

Hace unas semanas vi un Callejeros dedicado a la gente que trapichea en la frontera de Melilla con Marruecos, y esta mañana he leído un post en el blog de David Torres donde cuenta un paseo por los alrededores de Melilla. Las dos cosas me han recordado los días que pasé allí en 2005. En el momento no fui consciente, ha tenido que pasar el tiempo, pero ahora estoy convencido de que me afectaron muy hondamente, y esta noche de niebla y hielo me apetece escribir sobre ellos.

Muchos lo recordaréis: en el otoño de 2005 se produjeron varios asaltos de inmigrantes a la verja de Melilla que colapsaron la ciudad. La gendarmería marroquí abrió fuego varias veces y hubo muertos, pero por lo visto la Guardia Civil no se quedó corta, y una cámara grabó una paliza a un chaval en la misma verja. Para controlar la crisis, el Gobierno desplegó a la Legión en toda la línea de la frontera y mandó destacamentos de la Guardia Civil desde la Península. Una fotógrafa y yo viajamos allí para hacer una serie de reportajes. De esos días intensos en los que apenas dormí un par de horas seguidas quiero hablar.

Aterrizamos en Melilla a primera hora de la tarde, con la cabeza zumbona porque viajamos en un pequeño avión de hélices que hacía un ruido espantoso. En el aeropuerto nos esperaba Pepe Marqués, nuestro contacto en la ciudad, que nos ayudó muchísimo a movernos y a manejarnos por el terreno. Nos presentó a gente que nos facilitó el trabajo y nos ayudó a cambiar euros por dirhams en una tienducha del barrio del Real.

Tras un encontronazo con un guardia civil en la verja, que quería requisarnos la tarjeta de la cámara de fotos, fui a protestar a la Delegación del Gobierno, donde me atendió un jefe de prensa desbordado, que en su vida había tenido que tratar con tanto periodista y que intentaba disuadirnos de acercarnos a la verja. Nos denegaba los permisos para hacer cualquier cosa. No querían que viéramos el CETI por dentro (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, un pequeño campo de concentración donde se retenía y se hacinaban los inmigrantes que alcanzaban la ciudad), no podíamos cruzar la frontera, no podíamos acercarnos a la verja... Así que nos saltamos a la torera todas las proscripciones y echamos a andar. Melilla me pareció una ciudad antipática, hostil y miserable, y mi opinión no cambió en toda la estancia.

De entre todas las sensaciones de aquellos días, pasar a Marruecos fue lo más intenso, y de ese día en concreto quiero escribir.

Sin apenas dormir, para aprovechar el día, nos plantamos al punto de la mañana en el puesto fronterizo de Beni Enzar, para vehículos y peatones. En teoría, para informar desde Marruecos necesitábamos un visado temporal de periodista, pero el gobernador de Nador los denegaba todos, así que decidimos pasar como turistas, confiando en que el equipo de fotos profesional no despertase sospechas.

El paso de Beni Enzar es repugnante. Centenares de personas se apelotonan junto a la garita de la Guardia Civil cargados con mantas, petates y paquetes, a pie y en bici. En el lado español no hacen muchas preguntas a quien sale, y menos si eres español, así que enfilamos con nuestros pasaportes al puesto marroquí. Mientras andábamos por ese callejón lleno de mugre y polvo, un gendarme detuvo a un chaval que iba en bici a mi lado. Le empezó a gritar en árabe, muy violento, y el chaval se bajó de la bici y se protegió la cara con las manos. El gendarme le dio un par de guantazos y unas patadas en la cadera mientras seguía gritándole. Nadie se sobresaltó, a nadie le llamó la atención. Yo temía por la cámara de María, que se haría añicos con un par de zurriagazos como esos.

Aturdidos, llegamos a la ventanilla de la aduana marroquí, rellenamos los impresos, respondimos en francés a cuatro preguntas de protocolo y obtuvimos el permiso para entrar. Todavía quedaban unos 50 metros de pasadizo por delante, y los pasamos presurosos, sin mirar atrás.

Estábamos en la parte marroquí de Melilla: un barrio separado por la verja, con las calles sin asfaltar, sin aceras, sin luz. Un foco de miseria con unos locales miserables donde se trapicheaba con el contrabando de la frontera, la principal fuente de ingresos de la gente de esta zona del Rif. Andábamos a la búsqueda de campamentos de negros que esperaban a la noche para asaltar la verja. El ejército marroquí se había desplegado por los alrededores y había dispersado a la mayoría, pero nos habían dicho de buena tinta que en el Gurugú encontraríamos algunos.

El Gurugú es una montaña que se alza a los pies de Melilla. En los años 20, las tropas rebeldes de Abd el Krim instalaron allí una modesta artillería y bombardearon con ella la ciudad. A los españoles les costó mucho desalojarlas, y después de conocerlo entiendo muy bien por qué: el Gurugú tiene mil recovecos y desfiladeros. Es muy fácil esconderse y disparar sin ser visto contra todo aquel que venga a por tí. Los inmigrantes lo descubrieron enseguida también, y lo utilizaron como refugio. Creo que todavía lo hacen. Además, desde él se ve toda Melilla y se puede estudiar cómo bajar hasta ella y alcanzarla por el lado más seguro.

A las puertas de Beni Enzar había una hilera de taxis esperando. Pactamos un precio con el que parecía el jefe y le dijimos que queríamos ir al Gurugú. Se rascó la cabeza: "¡En Gurugú sólo negros, no hay nada!". Al final, le convencimos. Supongo que nos estafó a base de bien, pero le pagamos los dirhams que nos pidió y nos montamos en el taxi de un conductor suicida que enfiló a toda leche la carretera a Nador... hasta llegar al centro de Nador, muy lejos de donde queríamos ir.

El chófer no sabía hablar castellano ni francés -esto último indicaba que no había ido a la escuela y que probablemente era analfabeto-, y nosotros no sabíamos árabe, así que no podíamos hacerle entender que queríamos subir al monte. Perdimos mucho tiempo hasta que encontramos en la medina de Nador a un hombre que chapurreaba español y le explicó lo que queríamos. El chófer empezó a jurar en árabe, supongo que maldiciendo nuestra excentricidad: ¿para qué cojones queríamos ir a ese sitio dejado de la mano de Alá, si en Nador había de todo? Por unos dirhams más entró en razón y nos dejó junto a un campamento del ejército marroquí, casi en lo más alto del Gurugú.

Allí nos quedamos. Efectivamente, en medio de la nada. Nuestro plan era pasear sin rumbo y, si teníamos suerte, toparnos con uno de esos campamentos. O con sus restos, al menos. La suerte se nos alió.

Después de andar unos metros carretera abajo, se paró otro taxi junto a nosotros y bajó una chica con una cámara de fotos al hombro. Se acercó sonriente y nos dijo en inglés que nos había visto en el hotel de Melilla, que ella también era periodista y que andaba buscando lo mismo que nosotros. Pero jugaba con ventaja, porque ella sabía un poco de árabe. Era una chica francesa encantadora que trabajaba en Tánger como corresponsal freelance de varios periódicos. Nos caímos bien y echamos a andar los tres. Si no encontrábamos nada, por lo menos charlaríamos unas horas en agradable compañía.

Al rato, la chica francesa nos llamó la atención y señaló a un grupo de pinos ladera abajo. Nos acercamos en silencio y, efectivamente, vimos lo que parecía la manga de un chándal. Al otro lado del tronco había un chaval negro sudoroso y muy asustado. Estaba solo, hambriento y hecho mierda. Por señas, le dijimos que no hiciera ruido, que el ejército marroquí estaba acampado dos curvas más abajo y que si le veían le arrestarían y le enviarían a Oujda, en la frontera con Argelia, o al desierto, donde estaban abandonando a algunos grupos. Le llevamos ladera abajo y allí charlamos e hicimos fotos, cruzando los dedos por que ningún soldado de patrulla nos pillara.

Nos contó su historia en un francés atropellado, pero con ese acento africano que se entiende tan bien. Era la de tantos, pero escuchada allí me impresionó mucho más. Creo que era mecánico y había llegado andando desde Mali. Ya no le quedaba dinero y llevaba unos días sin comer. La última vez que se había llevado algo a la boca fue por la caridad de un tendero en un pueblo (aunque los marroquíes tenían fama de ser muy cabrones con los afrikans, como los llamaban, de estafarlos, extorsionarlos y torturarlos, también descubrí que muchos rifeños más pobres que las ratas, conmovidos ante el drama de los inmigrantes, les daban lo poco que tenían sin pedir nada a cambio). Se señalaba las zapatillas deportivas destrozadas y decía que había ido a pie con ellas desde su casa. Llevaba una gorra roja muy llamativa y no hacía nada por esconderse. Viajaba en un grupo del que se había descolgado y parecía muy desvalido. Era milagroso que ni los gendarmes ni los militares le hubiesen echado el guante, y no tenía ni idea de cómo entrar en Melilla.

Mientras hablábamos se acercó un niño pastor con su rebaño de cabras y tuvimos que esconder a nuestro amigo, llevándonoslo unos metros pinar adentro. Le dimos un poco de dinero para que comprara comida cuando pudiera y le señalamos con el dedo dónde estaba el campamento de Médicos sin Fronteras instalado a este lado de la frontera. Allí le atenderían y podría descansar, pero no le dimos muchas esperanzas para cruzar la valla, pues hacía dos noches que nadie conseguía saltarla. Le deseamos suerte y nos separamos. Espero de corazón que le fuera bien y que ahora esté trabajando en algún lugar de Europa, llevando una vida tranquila.

Con las fotos y la charla que tuvimos escribí un reportaje que titulé El último del Gurugú, que fue bastante bien acogido. No lo presenté a ningún premio, aunque me insistieron en ello. De hecho, en su momento no le di mucha importancia, casi me pareció un trabajo más. Pero hoy sé que aquel día significó mucho para mí.

He querido escribir algún cuento sobre Melilla, sobre el último del Gurugú y sobre la harira y el té con menta que tomábamos en los bares morunos cuando terminábamos el trabajo del día. He querido fabular sobre la noche que pasamos en vela junto a la verja, helados de frío, acosados por patrullas de la Guardia Civil que expulsaban a todo el que se acercaba por allí y sobrecogidos por el canto de los muecines de las mezquitas de uno y otro lado de la frontera cuando llamaron a la primera oración del día. He intentado inspirarme en las sombras que acechaban en los pinares de Rostrogordo a la espera de saltar la verja, y en las caras resignadas que hacían cola en la puerta de la comisaría. He querido construir personajes tan mezquinos y racistas como muchos de los melillenses que tuve el disgusto de tratar. Pero nada. No hay forma. Quizá la experiencia no ha sedimentado todavía. Quizá aún necesite sacarla de forma explícita y lineal para terminar de desbastarla.

FELICES FIESTAS

Aquí os dejo el mejor villancico de mi repertorio para estos días entrañables. Que lo disfrutéis y cuidado con los polvorones.

 

23/12/2008 22:56 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Intrascendencias No hay comentarios. Comentar.

¿JUSTICIA POPULAR?

Me alegra ver que hay voces que empiezan a llamar la atención sobre algo que me preocupa mucho desde hace unos años y que a todo el mundo parece darle igual. El otro día, en El País, la magistrada María Sanahuja escribía un valiente alegato contra la ley de violencia de género de 2004, sólidamente argumentado, y hoy, en Público, Rafa Reig se salía de la corriente "correcta" sobre la sentencia del juez Tirado y recordaba de paso algunos de los fundamentos del Estado de Derecho. Espero que estos islotes sean los primeros mojones de un debate amplio del que estamos muy necesitados antes de que sea demasiado tarde y los vengadores nos dominen.

Desde unos años a esta parte parece que hay un clamor que pide más severidad en las leyes y en los castigos penales. Las víctimas piden mano dura, y eso entra dentro de lo normal: en el dolor se clama venganza. Lo grave es que toda la sociedad empieza a secundar ese clamor y pide venganza a unos gobiernos que echan cuentas electorales, suman votos, y se apresuran a acallar al gentío vociferante.

La última reforma del Código Penal da miedo. Se ha legislado atendiendo el amarillismo de los medios de comunicación y las demandas histéricas de los exaltados. ¿Qué será lo siguiente? ¿La cadena perpetua, los trabajos forzados, la pena de muerte? Tenemos una cárceles saturadísimas incapaces de cumplir su propósito de reinserción social. Si ahora, además, la sociedad les exige que renuncien a ese propósito de reinserción y se centren en el ojo por ojo, diente por diente, vamos dados.

¿Qué justicia queremos? ¿Una que siga basada en leyes que tengan como objetivo garantizar la convivencia y solucionar los problemas para todos -y en ese todos van incluidos los delincuentes también-? ¿O una que vengue satisfactoriamente a las víctimas, que aplique algo parecido al ojo por ojo, que haga sufrir de verdad a los reos para satisfacción del gentío? ¿Queremos cadalsos públicos, escarmientos ejemplares? Digan abiertamente si es eso lo que quieren, porque yo me bajo en la siguiente parada y pido asilo al norte de Dinamarca.

Creía que habíamos llegado al convencimiento racional y justo de que la víctima no está capacitada para dictar el castigo de su verdugo. Creía que habíamos aprendido lo que significaba la presunción de inocencia y que habíamos desterrado los capirotes y las ejecuciones públicas con aplausos y vítores. Pero cada vez veo más pasos atrás: listas públicas de pederastas que ya han cumplido su condena (y, por tanto, no deben dar explicaciones a nadie de nada, están en paz), pero que la ven prolongada a perpetuidad, con una invitación constante de sus vecinos al ostracismo y a la vigilancia desconfiada -cuando no a la denuncia falsa o a la agresión jaleada por el barrio-; presunciones de inocencia pasadas por el forro de los fiscales en casos de presunto maltrato; denunciantes que pueden acusar alegremente a cualquiera sin aportar pruebas y sin sufrir consecuencia alguna por su falsa denuncia; ministros que dicen que se asegurarán de que un etarra que ha cumplido su condena no podrá vivir al lado de una víctima, como si alguien que ya ha pasado por la cárcel, y me da igual la circunstancia que le haya llevado allí, no pudiera vivir donde quiera o pueda, como cualquier otro ciudadano; jueces presionados hasta el punto de meter en la cárcel a quien la opinión pública señala... Cada nuevo episodio nos aleja del modelo democrático ilustrado y nos acerca a las tinieblas de la Edad Media, con sus inquisiciones y sus Torquemadas.

El caso de Dolores Vázquez, que pasó por la cárcel sólo porque un grupo de periodistas se ensañó con ella, debería habernos hecho reflexionar muy seriamente hacia dónde estamos yendo. La seguridad jurídica, uno de los pilares básicos que deben regir el ordenamiento jurídico de una democracia, como cualquier estudiante de derecho que lleve una semana en la facultad sabe bien, se está resquebrajando delante de nuestros ojos.

¿Tan excepcional es el caos que nos rodea como para que haya un clamor que pida mano de hierro para restaurar el orden? ¿Vivimos en un estado de emergencia y no me he dado cuenta? ¿Hay tiroteos en las calles, las mafias controlan los barrios, la policía se ve desbordada por las bandas criminales, no se puede pasear tranquilamente sin que los pederastas/violadores/agresores de género/terroristas de ETA nos apuñalen, la corrupción ha colapsado la administración? ¿De qué tenemos miedo hoy, en este país, a 25 de diciembre de 2008, qué nos asusta tanto? ¿Acaso entran constantemente en nuestras casas, acaso tirotean a nuestras madres cuando van a hacer la compra o secuestran a nuestros vecinos de camino al trabajo?

¿Qué paranoia de mierda es esta? Porque yo veo un país casi aburrido de puro tranquilo, con bares y restaurantes llenos; con un sistema sanitario que, con todos los peros del mundo, funciona de puta madre; con unos ciudadanos que saben algo más que leer y escribir gracias a una educación pública universal y saben buscarse las castañas del fuego, y con una administración que, a grandes rasgos, funciona bastante bien: la basura se recoge a diario, la luz llega a las casas, el agua es potable, las carreteras están practicables y bien conservadas y las cartas no se pierden en el camino. También veo un país donde el grado de violencia es muy bajo en comparación con otras épocas o con otros países. Si la población española envejece es porque en este país se puede llegar a viejo. ¿No ven que en los países dominados por la violencia y la miseria la población es muy joven, pues en cuanto los ciudadanos crecen un poco, o mueren en algún rollo chungo o emigran? Miren Marruecos, miren Argelia, miren Colombia, países todos ellos llenos de chavales. Si en un sitio domina la senectud, es porque es próspero y tranquilo. ¿Tan ciego estoy? ¿Tan alejado de la realidad vivo?

La España de los años 70 era mil veces más chunga e insegura que esta y, sin embargo, estaba poblada por gente que supo valorar la seguridad jurídica por encima de su seguridad personal. ¿Qué quiere decir esto? Que para vivir en libertad necesitamos un sistema legal que nos proteja contra vengadores, denunciantes falsos y policías con la porra floja. Que el protocolo de los procesos judiciales no es un folclore accesorio, sino un complejo mecanismo que pretende evitar ensañamientos, torturas y linchamientos. No es perfecto, claro que no, pero yo prefiero saber que las reformas de ese sistema imperfecto se encaminan a reforzar la seguridad jurídica de los ciudadanos y no a reforzar los deseos de venganza de la turba.

¿Queréis venganzas y mano dura? Muy bien, pues yo me apeo. No cuenten conmigo, que no voy a encender mi antorcha para unirme al gentío que exige al sheriff que le entregue el forajido para colgarlo en la plaza del pueblo. Yo no quiero eso, y seguro que hay más personas como yo. Si las hay, deberíamos hablar antes de que la turba consiga sacar al reo y lo linche.

25/12/2008 21:22 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 5 comentarios.

CORONAR ROLLOS CON BOMBOS

Según Natonal Geographic, las dos características básicas que definen a la especie de los ministros es que están dotados de un umbral de sorpresa bajísimo, de una mano especialmente floja a la hora de estampar rúbricas en cheques millonarios y que reaccionan de forma lúbrica y entusiasta ante neologismos polisilábicos que suenen a jerga especializada. Tú vas a un ministro, pongamos el de Sanidad, y le dices que tienes un lipograma vocálico que va a frenar la proliferación de las enfermedades de transmisión sexual entre la población joven, y el ministro se corre de gusto ahí mismo (sin condón ni nada) y te firma un cheque de 2.200.000 euros (sí, 2.200.000 euros, lo que no ganaremos en toda una vida de sufrido machaque lumbar) para que desarrolles ese proyecto magnífico que le has presentado en PowerPoint.

Luego tú coges la panoja, te vas a un bar de Moncloa y preguntas en voz alta: "¿Cuántos camareros de este local son actores a la espera de ser descubiertos por Almodóvar?". De entre las veinte manos que se levantarán ansiosas ante tí, escoges a dos propios, un tordo y una torda, les sueltas sendos billetes de diez euros y un catering de bocata calamares y te los llevas a rodar. "Vais a interpretar un lipograma vocálico", les dices. "Ah, no, yo no me desnudo por menos de 15 euros", te responderán. "No hay que despelotarse, que es un anuncio del ministerio", y zanjas la cuestión.

En el interín, has contratado también a un mandril apestado por la manada que presenta severas deficiencias cognitivas causadas por una coprofagia compulsiva combinada con tres siglos de endogamia. Le das un portátil Apple y le ordenas que escriba el lipograma vocálico a cambio de dos cáscaras de cacahuete. El mandril con severas deficiencias cognitivas escribe: "Yo no corono rollos con bombos". Bravo, se ha ganado una cáscara de cacahuete extra.

Así que ya tienes tu anuncio. Explicas a los legos que eso del lipograma vocálico no es una afección del páncreas, sino una figura retórica consistente en componer un texto usando una sola vocal. La o en este caso. Y ya está. Descuenta a tu minuta de 2.200.000 euros los 20 euros y los dos bocatas de calamares de los honorarios de los actores y las tres cáscaras de cacahuete del mandril (porque el ordenador Apple en realidad era uno de Fischer Price de cuando eras pequeño al que le habías puesto una pegatina de la manzana) y listo. Te lo has llevado crudo.

Te ha salido redondo: "Señor ministro -le dices en el cóctel de presentación, a cargo del ministerio, claro-, con este lipograma vocálico los jóvenes no sólo van a follar con condón y se van a reducir al mínimo los embarazos y las enfermedades, sino que el consumo de condones aumentará a niveles estratosféricos, lo que provocará un aumento desaforado de la producción, que repercutirá en una merma más que considerable de las listas del paro. El lipograma vocálico es la solución a la crisis".

Todo es perfecto. Por eso te jode tanto que aparezca un gañán con pintas de no gustarle el jabón que dice que le has plagiado, que lo del lipograma vocálico ya lo había hecho antes, que él es un rapero de pura cepa y que os vais a enterar, co. La pregunta es, como dice David Torres: ¿se puede plagiar la mierda? En teoría, todas las mierdas son bastante parecidas, pero, ¿puedo denunciar a mi vecino por deposicionar zurullos que se parecen sospechosamente a los míos? El gañán, que responde al nombre de Nach, cree que sí, aunque los que han salido defendiendo su honor y llevando a los tribunales han sido los de la agencia de publicidad. Normal, el pringao del Nach ese seguro que no tiene 2.200.000 euros en su cuenta corriente para pagar abogados.

¿A vosotros no os recorre un escalofrío por el espinazo cuando veis este anuncio?

 

27/12/2008 12:40 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión No hay comentarios. Comentar.

ITALIA EN PROHIBIDO FIJAR CARTELES

20081228211501-semen.jpg

No le hago apenas caso, pero por petición popular he añadido diez nuevas pintadas y carteles a la colección de Prohibido fijar carteles, el blog paralelo donde, muy de cuando en cuando, cuelgo una selección de mi colección de chorreces. Quizá vosotros, en vuestros viajes, hacéis fotos del acueducto de Segovia, de la estatua de la Libertad y del Big Ben. Yo, sin embargo, me fijo en las paredes y retrato los carteles y los grafitis que me hacen gracia. Un vicio como otro cualquiera.

En esta nueva tanda he colgado pintadas y carteles vistos en Argentina, Italia y Francia. El especial dedicado al amor en las paredes de las ciudades italianas ha sido posible gracias a la colaboración de A. y S., que me han pasado algunas fotos de su último viaje romano. Aprovecho para decir que Prohibido fijar carteles admite colaboraciones espontáneas. Las podéis mandar al mail que aparece en la barra de la derecha. Todas serán bien recibidas.

PROHIBIDO FIJAR CARTELES

COMENTARIOS DE 2008

Acaba el año, amiguitos. De entre los comentarios que ha recibido este blog en estos doce meses he escogido una brevísima y mínima selección de algunos de los que más cariño hacia mi persona destilaban, aunque otros los he elegido porque me han parecido tiernos, graciosos o, directamente, porque no he entendido una sola palabra de lo que me decían (el LSD fluye a gusto por la blogosfera, queridos). De estos últimos, mi favorito es el que firma Kabilio Cubilio. Puede que a Poe le diera buen resultado escribir beodo, pero por lo general, escritura y alcohol no hacen buenas migas. Téngalo en cuenta, señor Cubilio. Unos pocos comentarios son de los habituales (no os menciono para no dejarme ninguno: gracias mil por animar este lugar con vuestra chispa casi diaria), pero la mayoría son de gente que no suele estar al quite en cada entrada y que ha aparecido esporádicamente. Feliz 2009 a todos y cuidado con las uvas.

El nick va en negrita y sigue el comentario cortipegado tal cual, sin retoques. Para reclamaciones sobre ortografía, gramática o dislexia, diríjanse a los interesados.

Oye tu cabrón

AQUI COMO SIEMPRE, TODOS INTENTANDO NINGUNEAR A LOS HEROES DEL SILENCIO!!! BUNBURY ES DIOS Y LOS DEMAS UNA PUTA MIERDA!!!! 

Disconforme

Estimado Sergio: No querría pecar de insistente, pero comentarios como los tuyos son los que me reafirman en la convicción de que muchos ciudadanos de este país que se identifican con posiciones políticas de izquierdas merecerían sufrir permanentemente un gobierno de derechas, dada la simplicidad e ingenuidad de sus posiciones políticas. Me asombra que, tras vivir los ocho años terribles de gobierno de Aznar, todavía consideres que no hay diferencias reales entre PSOE y PP. Y todavía más que afirmes que, aunque Zapatero sacó las tropas españolas de Iraq (la decisión difícil y comprometida), no está del todo claro que no las hubiera llevado allí si hubiera estado en el poder (la decisión fácil y sencilla, como hicieron por ejemplo Francia y Alemania). Y también me asombra que olvides que en el último año de Aznar se trató de instaurar la asignatura de Religión como valorable para el currículo escolar (el gran deseo de la Iglesia y una manera de perpetuar su poder educativo), y que fue el gobierno de Zapatero quien anuló esta disposición y creo la Educación para la Ciudadanía (que no soluciona los problemas de la educación en España –aunque detesto usar la palabra “solución”– pero que al menos pone un granito de arena, ofreciendo un conjunto de herramientas para el razonamiento y análisis con las que los alumnos puedan formarse sus opiniones morales y cívicas, que no es poco). Y, para colmo, dices que, a lo mejor en otro momento, el Gobierno del PP sí hubiera aprobado la ley de matrimonio homosexual... Bueno, esto mejor no comentarlo, se descalifica por sí solo. Yo, por el contrario, me voy a ceñir a hechos concretos. Por ejemplo: ha sido el PSOE quien ha aprobado la Ley de Igualdad, no el PP (quien, por cierto, la impugnó ante el Tribunal Constitucional, no se nos olvide); ha sido el PSOE quien ha aprobado la Ley de la Memoria Histórica, no el PP (que también se opuso con virulencia); ha sido el PSOE quien ha aprobado la Ley de Dependencia, no el PP; ha sido el PSOE quien ha derogado el trasvase del Ebro, no el PP (que sigue amenazando con retomarlo), y así hasta un largo etcétera, por no hablar de las maneras y los modos ejercidos por los líderes de ambos partidos durante estos 4 años, incluyendo el apoyo de varios miembros del PP a la paranoica Teoría de la Conspiración, que pone a las claras la catadura moral de estos (y su caradura, añado también). Y por si faltaran más pruebas de las diferencias entre ambos partidos, tomemos por ejemplo la última propuesta de Rajoy sobre el llamado “contrato para inmigrantes”: no me digas que no es para echarse a temblar. Y, de postre, otro pequeño ejemplo de con quien nos la estamos jugando; te pongo a continuación, por si las desconocías, las declaraciones de Filip Dewinter, líder del Vlaams Belang, partido de ultraderecha belga: "Hoy no hay verdaderos partidos de derechas en Europa. La mayoría se están convirtiendo en socialdemócratas que abusan de la corrección política y no hablan de las preocupaciones reales de la gente como la inmigración. Tal vez la excepción sea el Partido Popular español, un verdadero partido de derechas, pero los demás...". Creo que con esto está todo dicho. 
 
Cuando Labordeta dijo que Zapatero era el primer presidente de izquierdas de la democracia no lo decía por hacer una gracia. Y me sabe muy mal la ingratitud de algunos ciudadanos de izquierdas (me refiero a la izquierda democrática, no estalinista, que conste) que ahora quieren volverle la espalda a un buen presidente de gobierno que no ha dudado en apostar por políticas sociales de fuerte impacto y cierto riesgo. Eso es lo que personalmente más me duele. 
 
Saludos.

 

Cerdito

Qué fácil es apelar a Extremoduro para enternecer a los adoslescentes noventeros, ahora mileuristas. Qué recurso más fácil, que pocas ganas de escribir del presente en todo este blog. 
Quítate las gafas de ciego y mira de verdad cuando salgas a la calle y dime qué ves. Porque si ves a rockeros trasnochados, drogatos metasídicos y peludos sin fronteras es que no vives en 2008, sino en la caverna de Platón.
 
 

Kabilio Cubilio 

La MaRSELLESA ES DE UN GERMANO EN CONCRETO LOREDANO ASLACIANO 
Pero esa bandera sabras que la diseño un uhp que el rojo por la rev. el blanco por la monarquia y el azul por francia ytambien por...
 

 

Dado de alta 

un musico analfabeto de esta roma de los siglos 21,que vive entre sus poesias y muere entre sus preguntas improbisando con palabras sin destino o se podria desir sin la cara del receptor pregunta...¿como puedo luchar por lo que quiero,si soy un pobre loco que labura dia y noche y no tiene nada ni tiempo para escribir un miserable renglon?...¿como puedo soñar sin siquiera dormir en paz?...¿como un ser de barrio como vos pensando que su realesa nacio de la umildad se miente asi mismo?...¿como yo por momentos paso ambre por la realidad que me toco y no tengo posibilidad de nada?...¿por que tengo el presentimiento de que ni siquiera vas a cansar tu mirada con estas perdidas palabras?...en fin es la primera ves que visito esta pagina soy de uruguay mdeo tengo 21 años y nada dejo mi telefono por si algun buen humano tiene una propuesta venenosa... 

 

Sor Presainthenight

Un día amanecieron pintadas todas las papeleras de mi querido barrio rural. Unas mejor y otras peor. Pero todas pintadas. Un color bonito de fondo y decoradas como buzones, filas de hormigas, otras como si llevaran corbata... El efecto fue el deseado: sorpresa. El que todos los vecin@s al día siguiente, cuando fueran a trabajar o a comprar el pan, se tropezaran con algo nuevo. "El cacharro verde ese... hostia..." Supongo que alguien pensaría eso. Las papeleras parecían decir: "Eh, mírame... estoy guapa, ¿no?. Pues méteme tu mierda hasta el fondo..." 
 
La cosa es que, como suele pasar en los núcleos pequeños, durante varios días hubo tema de conversación en la panadería y la peluquería. Había quien decía que habían sido los niños de la ludoteca... Otros que unos gamberros de Fuentes de Ebro (no sé por qué de Fuentes). Había a quien le gustaban y había a quien le daba igual. Pero para la alcaldía era un acto vandálico inadmisible. Aun más, hizo público un escrito donde decía que la "reparación de los daños" (que en realidad es volverlas a pintar de verde) alcanza la cifra de 6.000€. Así se criminalizó esa sorpresa. Tras el repintado, hubo quejas de algun@s vecin@s a los que les habían gustado las papeleras de colores. 
Pero la cosa no acaba aquí. Mes y medio o dos meses después del crimen de las papeleras, el Ayto. de Zaragoza emprende la genial campaña de decorar sus papeleras con pegatinas y lemas. Más sosas que para qué. Pero bueno, se buscada el recordar a la gente con algo nuevo el uso de esas tristes papeleras que nos ven llegar a casa borrach@s por las noches o mañañas y nunca dicen nada. Lo de mi barrio, papeleras coloreadas por la gente, fue algo muy malo que hace la gente mala. Lo de Zaragoza, las pegatinas esas del Ayto. fue una idea genial y sorprendente. Pues eso. 
Todo esto es para acabar diciendo que parece ser que el derecho de sorpresa está en manos de las autoridades.
 

 

Marmota

Hace años, mi exnovio guardaba un cartón de leche en el que, si no recuerdo mal, aparecía una vaca vestida de Supermán. Creo que se llamaba "Supervaca", o algo así (o igual lo pienso porque sería lo más lógico). Todo un mundo por descubrir.  
 
Sólo me queda añadir que no esperaba esa frase final de un periodista tan fino como usted...  
 
:)
 
 

 

ACRey

Puede que sea humor lo que has escrito o puede que no. Es posible que sea crítica sin matiz hacia la creación del "manifiesto" en defensa del Castellano o puede que en realidad no alcance al concepto de crítica. Pero algo parece ser cierto: no es humor crítico ni crítica humorística. No porque lo diga yo, sino porque no dices qué tiene exactamente de bueno las patatas bravas. ¿Mayonesa? 

 

María

Idolatrado Sergio: 
 
He dejado pasar un tiempo para ver si entrabas en razón, pero ya veo que no. Tú andas por ahí emborrachándote con los comunes y a mí me dejas los especiales: sabes que tienes un hijo  
y ni el apellido le vienes a dar. Llorando junto a la cuna me dan las claras del día, mi niño no tiene padre, qué pena la suerte mia. 
 
Así no podemos seguir, amor mío. Reconoce a tu Sergito, dale tu apellido, para que pueda ir por el mundo con la frente bien alta. 
 
Si no te avienes, soy capaz de cometer una locura. Que lo sepas. 
 
Eternamente tuya, 
 
María
 
 
 

A la manera de Pérez Reverte (por alusiones)

El señor Del Molino patina. No se trata de una serie de televisión, sino de épica, con dos cojones: Gerona, Bailén o Zaragoza; incluidos otros lugares donde los franceses, pese a su motivación patriótica indiscutible y a su brillante cultura nacional anterior al siglo XX, se llevaron una enorme mano de hostias. Y en lo que a glorificación se refiere, precisemos que en las historias de Alatriste no se trata de eso, sino de todo lo contrario. A lo mejor es que el artista habla de oídas, pues lo desafío a demostrar que su España es más sórdida o descarnada que la que ven los ojos de Diego Alatriste. La palabra gloria no cuadra a esta nación, no por antigua menos infeliz, ingrata y miserable, ni a tanta bandera manipulada por tenderos sin escrúpulos e historiadores a sueldo. Sólo un imbécil puede confundir glorificación pomposa o patriotería barata con el acto de narrar desde la Historia y la memoria, como si en las bibliotecas españolas sólo figurase la colección del Guerrero del Antifaz. El señor Del Molino no es un imbécil, pero vive en España –él diría en el Estado español– de dar coba a los que sí lo son. Por eso no huele a honrado el pan que come. Decir que España que no sejugó su existencia el 2 de mayo de 1808 (tengo un libro al respecto) y que no existe como nación secular ni como cultura nacional es imitar a Jacques de Thou, quien el mismo año en que se publicaba la segunda parte delQuijote, negaba que en España hubiese cultura, fuera de Nebrija y el Pinciano. Así, negar lo innegable es ignorar, por la cara, la Ispania de Estrabón, la Spania de Artemidoro y la Hispania de Tito Livio; y más allá del simple –o no tanto– concepto geográfico, también es negar la monarquía hispano-visigoda, el concilio de Toledo, el «Yo són I chomte d’Espanya que apela hom lo chomte de Barcelona» de la Crónica de Bernat Desclot, los «Quatre reis que ell nomená d’Espanya, qui son una carn e una sang» de Ramón Muntaner, los privilegios otorgados a «la nación española» en Brujas, la Pragmática de Guadalupe, las referencias a España en los textos hostiles de Guicciardini y Maquiavelo, el Salón de Reinos del Buen Retiro de Madrid, la pugna del tomismo con el luteranismo, el padre Mariana, la Pepa del año 12, los cuernos del toro de Osborne y cuanto colguemos en ellos por delante y por detrás.  
 
Otra cosa es que España sea un putiferio lleno de envidia, incompetencia y mala fe, donde en vez de Estado tenemos un infame bebedero de patos. Pero eso lo sabemos de sobra. No hace falta que nos lo diga un pendolista mil leches, instalado bajo ubérrima sombra mientras sus agradecidos patrocinadores le trastean con entusiasmo la entrepierna. Y viceversa.
 
 

 

Luis

Disculpe Sergio, pero de la misma manera que, según usted, se malinterpreta la palabra inhóspito (que por cierto, el resto de seres humanos de este planeta en seguida entendió a qué se refería el reportaje con lo de "inhóspito"), usted está malinterpretando al Madrileño. Que me acusen de paleto por ser de Madrid es lo que me faltaba por oir. Y si de lo que se trata es de corregir a los de Televisión Española, resulta ridículo hacerlo con tamañas barbaridades.  
 

Javivi

Javier Rodrigo? Me suena ese nombre