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Resumen

01/05/2008

MARIANO SE VA DEL PAPEL

Los dos se llaman Mariano y los dos tienen una relación especial con las gaviotas, pero son personas muy distintas. Rajoy sólo conoce las gaviotas del logo de su partido, mientras que Gistaín ha descubierto una nueva especie: las gaviotas zaragozanas. La ciudad de las gaviotas era el título de la columna que, día tras día, desde hace ya unos añitos, sacaba Mariano Gistaín en El Periódico de Aragón. Ayer anunció, muy parcamente, que abandonaba esa ciudad de las gaviotas, que decía adiós al papel y que se iba a sus aventurillas interneteras. Ignoro los motivos que le llevan a tomar esa decisión, aunque él habla de un poco convincente cansancio tras llevar demasiados años haciendo lo mismo. A mí me apena como periodista. No están los tiempos para ir perdiendo firmas por el desagüe. La descapitalización humana de la prensa española ha sumado un nuevo nombre. Estoy convencido de que ningún sustituto estará a la altura. Las gaviotas de Zaragoza, esa ciudad de secano tan obsesionada con el agua y con el mar, volverán a ser invisibles, porque el único que era capaz de verlas ha abandonado la atalaya. Desde hoy, leer la prensa (en general, no sólo El Periódico ni el resto de prensa aragonesa) será un poco más aburrido.

Nos lo encontraremos en los bares, en los bloguellones y en internet, pero ya nunca más en los papeles.

01/05/2008 13:05 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 2 comentarios.

02/05/2008

EL CUENTO DE SIEMPRE

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Columna "Del revés" aparecida hoy en el MVT de Heraldo.

Pongámonos pedantes, que para eso es viernes de puente y el calor y la holganza nos han reblandecido la sesera. En el lejano siglo XX, mucho antes de que las cafeteras Nespresso e Ikea sacasen a la humanidad de su primitivismo, dos filósofos alemanes llamados Theodor Adorno y Max Horkheimer se dedicaron a teorizar sobre la "industria cultural". Ellos, que a comienzos del siglo XX empezaron a convivir con el cinematógrafo, con los dibujos animados de Walt Disney y con los pintores plastas de París, se dieron cuenta de que su viejo mundo de salones, música de cámara y deliciosas cenas con baile de gala estaba siendo conquistado por las pestilentes masas. La cultura popular, que hasta entonces solo era un repertorio de cancioncillas de pastores, estaba ganando mucha fuerza y seduciendo, inexplicablemente, a personas de sólida formación y elevadas miras. A Theodor Adorno le repateaba especialmente ese engendro llamado jazz, una chirriante bazofia que destruía el legado de los grandes compositores mediante una técnica infernal: la síncopa. Echaba sapos y culebras cuando le hablaban de la síncopa.

¡Gentuza! La civilización occidental se iba por el sumidero, y la culpa la tenía esa industria cultural. Uno se imagina a Adorno y a Horkheimer como dos cascarrabias pasados de moda rumiando su resentimiento mientras la juerga seguía en la calle, sin que a nadie le importara la rancia opinión de esos dos carrozas.

Esta semana ha salido a la venta el videojuego de los videojuegos: "GTA 4", la cuarta y acongojante entrega de la saga "Grand Theft Auto", hiperviolenta, hipernegra, hipersádica e hipersofisticada. Es como una película de Tarantino rodada por Scorsese. Es un juego para mayores de 18 años, pero ni esa advertencia ha servido para aplacar las protestas de los Adorno y los Horkheimer actuales. Se han escuchado lamentos apocalípticos y admoniciones indignadas. Hablan del fin de la civilización, de una sociedad sin rumbo, sin valores, de una Sodoma con su Gomorra. Hoy como ayer, siguen sin enterarse de dónde les viene el aire.

Foto: Theodor Adorno escuchando a Los Violadores del Verso.

05/05/2008

¿SOTANA O JERSEY DE CUELLO ALTO?

Alzheimer. Y galopante. Después de cenar vamos a tomar algo a un garito que aglutina a gente de todos los talantes y que, como el Monopoly, tiene público de 9 a 90 años. Antes íbamos mucho, ahora apenas lo pisamos. Una chica se me queda mirando y me saluda toda confiada. Pienso que me confunde con otro porque no me suena de nada, por más que rebusco en todas las capas de mi cerebro, pero disimulo. ¿Qué tal va todo? Bien, bien, ¿y tú?, respondo de perdido al río. Pone cara como de que no le van muy bien las cosas, a lo que yo respondo con la mejor de mis sonrisas: Bueno... esto... Rezo al dios en que no creo por que no se le ocurra contarme ninguna pena. Entonces ella hace una pregunta que demuestra que sabe a quien saluda, que no se ha equivocado: ¿Qué tal va todo por el Heraldo? No sé cómo logro zafarme de ella sin ser descortés, pero enseguida me veo en la barra, lejos del peligro. Uf, qué mal rato.

Hay temporadas en las que me pasa muy a menudo. Hay gente que me saluda, a veces con cariño sincero, y yo soy incapaz de ubicarlos en ningún mapa. Me apena mucho este problema de memoria que tengo, y sólo aspiro a que no se me note demasiado. En cualquier caso, lo curioso no es esto en sí, que supongo que es algo relativamente normal que le ha pasado a todo el mundo alguna vez, sino que estas personas suelen responder en serio a la pregunta "¿qué tal estás?". Ponen cara de circunstancias, esbozan un gesto torcido, empiezan a contarte que no encuentran curro, que su perro murió, que intentan dejar las drogas y no pueden... Qué sé yo. Horror, terror y pavor.

Mucha gente es incapaz de percibir el valor retórico de un saludo. Están deseando soltar sus miserias a la mínima de cambio, y se las largan al primero que pasa. Quizá por eso triunfan los programas como Hablar por hablar. Yo creía que triunfaban por el morbo cotilla del que escucha, pero ahora creo que es más poderosa la pulsión narradora de quien necesita desahogarse.

La pregunta es: ¿por qué yo? No me entendáis mal: me halaga que mis amigos me confíen sus miedos y sus problemas como yo se los confío a ellos, lo que no entiendo es por qué lo hacen personas a las que no les he dado una confianza previa. Quizá necesiten depender de la amabilidad de un desconocido, como Blanche DuBois.

Una de las cosas que más llaman la atención de un europeo en Estados Unidos es el ambiente de los bares nocturnos. Hay mucha gente que sale sola que no llama la atención. Lejos de interpretarse como un signo de patetismo o desesperación, los americanos salen solos con total normalidad. Y salen a conocer gente. Y se encuentran a mucha gente sola que también ha salido a conocer gente en los bares. Si tú llegas a un bar, tomas asiento en la barra y pides una cerveza, muy pronto se acercará alguien y entablará conversación contigo. Puede ser para ligar, pero lo normal es que sólo quieran charla. Cualquier excusa sirve para empezar a hablar, pero si eres extranjero el pie forzado es tu país de origen: "Tú no eres de aquí, ¿de dónde vienes?", y así empieza la charla, que puede derivar a cualquier cosa. Aunque se suele mantener en un tono hábilmente intrascendente que rehúye con naturalidad cualquier tema que pueda resultar conflictivo, especialmente la política y la religión, es fácil que acaben contándote su vida y, tras dos cervezas, ya has hecho un amigo nuevo. O has ligado. Pero se trata de una dinámica social muy fluida donde nadie busca un terapeuta de guardia: de lo que se trata es de relacionarse, no de lamentarse.

En España esto no funciona así, y lo que he comprobado es que las conversaciones etílicas que he mantenido con gente a la que he conocido en bares han resbalado rápidamente hacia la llamada de socorro. El alcohol suelta la lengua y te das cuenta de que tu interlocutor sólo busca echar fuera toda la mierda que lleva dentro, y mejor hacerlo contigo que con un amigo al que probablemente tenga ya harto. Los bares exacerban las pulsiones depresivas, y no deja de ser lógico que tus desgracias afloren cuando hay tantas personas fingiendo ser felices a tu alrededor.

Creo que tengo imán para ese perfil de hablador nocturno, y el Alzheimer que sufro al no reconocer a la gente que me saluda me hace más vulnerable. Me pillan con las defensas bajas. Así que tengo un dilema: no sé si salir por ahí con sotana y alzacuellos o con jersey de cuello alto de psicoanalista.

Exagero. Como siempre, exagero. Pero algo falla por ahí cuando tanta gente suplica ser escuchada y está tan poco interesada en escuchar.

Así me siento yo cuando me pasa una cosa de esas, como el prota de Jo, qué noche (está en inglés sin subtitular, lo siento):

 

06/05/2008

LAS TETAS DE LA SOBRINA

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Eróticamente, no será la mejor portada de Interviú -aunque para gustos, las tetas-, pero en cuanto a morbo, se han superado. Ahí está la sobrina de Rouco Varela, el arzobispísimo, cual virgen prerrafaelita después de haberle dado la teta al niño Jesús.

Dice el texto de Interviú:

Cuando era pequeña, Magdalena Rouco Hernández (Tenerife, 1981) rezaba a diario. Su familia era muy religiosa, sobre todo su padre, quien veneraba a su hermano pequeño, Antonio María Rouco Varela, actual cardenal arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal. “Mi padre nos hizo ver a mis hermanos y a mí que mi tío era un ser superior, una especie de santo”, recuerda Magdalena. Pero mucho ha llovido desde entonces y grandes han sido las decepciones que el arzobispo de Madrid ha causado a su sobrina, según asegura ésta: “A través de mi tío he descubierto la hipocresía de la Iglesia, que predica una cosa y hace la contraria. Mi tío no se cansa de repetir que la familia es sagrada, que hay que respetarla y luchar por ella, pero luego él desprecia y abandona a la suya”.

En los buenos tiempos del anticlericalismo -mucho más arraigado en la cultura popular ibérica que el clericalismo-, cuando alguien se refería a la "sobrina" del cura ya sabía a qué sobrina se refería. Por eso me da más morbo pensar que en realidad esto es el despecho de una hija. Walt Disney, que de eufemismos sabía un rato, nunca dejó que sus personajes tuvieran hijos. Mickey y Donald tienen tíos, y ellos, a su vez, tienen sobrinos, pero nunca aparecen padres ni hijos por ningún lado. Para evitar que los niños pregunten cosas incómodas (y, como suele ocurrir, las medidas que toman para evitar las incomodidades acaban creando mundos mostrencos y más que incómodos, traumáticos)

Pues ahí la tenemos. La sobrina, harta de eufemismos y con ganas de hacerse con unos duros y reírse un poco, se quita el sostén y le atiza un sonoro bofetón (o tetazo) a su tío el arzobispo. Qué gustazo debe dar una cosa así. Qué liberador, y no sólo por lo frescos que se quedan los pechos al aire, sin la opresión del célibe sujetador.

06/05/2008 01:12 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 4 comentarios.

07/05/2008

RECUERDOS CHUNGOS

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Está feo que me cite a mí mismo, pero seguro que vosotros hacéis cosas más feas todos los días y yo no os digo nada. Hace un mes y pico escribía aquí esto:

Hace un par de semanas, comiendo con un amigo profesor universitario que sabe mucho de estas cosas, recordábamos al cachondo de Enric Marco, aquel que se hizo pasar por víctima de Mauthausen, y de ahí divagamos un poco sobre cómo el estatus de víctima puede resultar cómodo y apetecible en el mundo actual. Lejos de estar silenciadas, las voces de las víctimas están por todas partes, hasta el punto de que sus relatos se han normalizado. "Fíjate en las historias de la dictadura argentina -me decía-: todas las sesiones de tortura están cortadas por el mismo patrón. La picana, el viaje sobre el océano...". Los tics de los relatos se repiten y se hacen muy predecibles. Por tanto, debe de resultar muy fácil fingirlos. Las falsas víctimas o las víctimas-actores estarán por todas partes.

Pues bien, hace un rato, leyendo con los ojos muy abiertos a Sebald, me he encontrado con esto en Sobre la historia natural de la destrucción:

Lejos de mí dudar de que en la mente de los testigos hay muchas cosas guardadas, que se pueden sacar a la luz en entrevistas. Por otra parte, sigue siendo sorprendente por qué vías estereotipadas se mueve casi siempre aquello de lo que se deja constancia. Uno de los problemas centrales de los llamados "relatos vividos" es su insuficiencia inctrínseca, su notoria falta de fiabilidad y su curiosa vacuidad, su tendencia a lo tópico, a repetir siempre lo mismo.

En mi trabajo, los testimonios vitales de las personas me han sorprendido realmente en muy pocas ocasiones. Porque generalmente te cuentan lo que creen que quieres oír. En cierta forma, todos interpretamos papeles, y cuando alguien se ve en la tesitura de contarle su vida a un periodista para un reportaje, acomoda sus recuerdos a las exigencias del guión de ese reportaje. Y he depurado técnicas para evitar eso en la medida de lo posible: no utilizo la grabadora a menos que sea necesario, pues coarta mucho al entrevistado y le obliga a pensar cada palabra dos veces, saco el cuaderno a mitad de la conversación, cuando ya está un poco caliente la charla, intento evitar el martilleo interrogador y me esfuerzo por que la cosa se parezca todo lo posible a una conversación amigable... Pero sólo consigo reducir los daños, no suprimirlos.

Me refiero, fundamentalmente, a los testimonios que remiten a hechos históricos, aunque pasan con todos los relatos vitales (un artista te cuenta una vida de artista, un escritor te cuenta su letraheridismo en unos términos muy parecidos a los de otro escritor, y el dueño de una casa rural te habla de su huída de la maldita urbe sin añadir muchos detalles al relato del dueño de la casa rural del pueblo de al lado). Cuando he entrevistado a un maqui, el maqui no me ha ahorrado ningún detalle previamente mistificado: el frío de la sierra, los guardias civiles que tenían más miedo que los guerrilleros, la nieve en el monte (es curioso que apenas cuentan anécdotas primaverales o veraniegas), la comida que le servían los masoveros... Cuando he entrevistado a un viejo resistente antifranquista, lo mismo: todos los tópicos que él cree que quiero escuchar van desfilando. Los relatos de la guerra civil están tan estereotipados que a veces hasta dejan que termines tú las frases. Los testimoniantes, generalmente, ponen mucho cuidado en que su verdad se ajuste a la verdad aceptada, y si hay disensos, siempre serán anecdóticos, nunca afectan al cuerpo del relato.

Ojo, no estoy diciendo que mientan ni que se inventen nada. Sólo pienso que la memoria es maleable y se contamina fácilmente. Está pasando incluso con los miembros de mi generación, que relatamos nuestra infancia como si todos hubiéramos vivido la misma, refiriéndonos a los mismos tópicos (todos televisivos, por cierto): Naranjito, Barrio Sésamo y la teta de Sabrina.

Ahora estoy metido de lleno en un asunto para el que he recogido también varios testimonios. Pero como es un asunto prácticamente inédito (o sin el prácticamente), del que no existen "relatos oficiales", las historias que me cuentan sí que resultan sorprendentes y están llenas de sombras y vericuetos apetecibles. Entre sí, se contradicen muchas veces. Unos asumen con naturalidad unos hechos que para otros son rotundamente falsos. Es maravilloso, porque me está obligando a hilar muy fino para montar las piezas del puzzle, y creo que su actitud virginal se debe precisamente a que te cuentan lo que recuerdan o lo que les ha sido transmitido en sus familias sin que un discurso externo haya contaminado su versión. En definitiva, sin que nadie les haya dicho cómo deben enjuiciar esa experiencia a priori. Pero cuando la Historia con mayúsculas se fija y se pasa a limpio, a todo el mundo le queda claro qué partes de su relato debe subrayar y cuáles debe silenciar.

La cosa va un poco más despacio de lo que yo quisiera (no por mí, que ya he hecho mis deberes, sino por terceras personas a las que tengo que andar persiguiendo), pero cuando el proyecto encuentre al fin a sus padrinos informaré debidamente de ello. Incluso puede que cree un blog paralelo y temático.

07/05/2008 01:10 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Memoria Hay 5 comentarios.

10/05/2008

UNA NUEVA IGLESIA

Un compañero prepara un reportaje sobre alguna controversia en torno al cambio climático, y conforme recaba datos de los científicos, se va escandalizando cada vez más y no puede reprimir compartir su indignación con nosotros: "Vamos a la catástrofe. Nos vamos a tener que ir a vivir todos al Ecuador". Una compañera muy inteligente con la que suelo estar de acuerdo interviene: "¿Y qué? ¿Qué pasa porque Europa se hiele o se achicharre? Son cosas del planeta. Europa ya estuvo cubierta de hielo, ya ha habido extinciones masivas, ya ha habido cambios climáticos muy grandes. Volverá a haberlos". El compañero primero la mira perplejo y creo que dice algo así como que es "nuestra responsabilidad" frenarlo, ya que somos conscientes, y entonces ella le da la puntilla y dice en alta voz lo que algunos pensamos y no nos atrevemos a decir: "¿Por qué? Tienes que dejar de mirar al planeta desde una perspectiva moral. La naturaleza no entiende de valores, el planeta va a su bola. ¿Qué más da si nos extinguimos? No pasará nada. Otros se han extinguido antes que nosotros y el planeta ha seguido con sus cosas. Y seguirá".

Yo no soy científico ni sé nada de cosas serias. El campo del saber del que soy especialista son las chorradas y las series de la tele. Pero del contacto periodístico que he tenido con estos temas, de lo poquito que he leído al margen de los medios y de todos los expertos a los que he entrevistado sobre el particular he sacado algunas conclusiones:

1. Por mucho que la ONU y Al Gore quieran fijar una doctrina, los sabios no se terminan de poner de acuerdo sobre si el cambio climático lo ha provocado la acción humana o responde a un ciclo natural de la Tierra. Algunos creen incluso que eso nunca se podrá saber con los medios y herramientas de que disponen ahora. Hay quien me ha insinuado que es muy antropocéntrico creer que en 200 años de industrialización (en Europa y en parte de Estados Unidos, en el resto del mundo la industrialización no tiene ni 50 años) hemos logrado alterar ciclos de millones de años, que ya quisiéramos nosotros ser tan poderosos.

2. Los sabios coinciden en que hay un cambio climático en marcha, eso no lo niega nadie. Pero, a partir de ahí, sólo están de acuerdo en que están en desacuerdo. Los más cautos dicen que es muy pronto para hacer proyecciones y decir en qué sentido va a cambiar el clima. La mayoría habla de "calentamiento global", pero otros dicen que esto sólo es el comienzo de un "enfriamiento global" y que estamos a las puertas de una nueva Era Glaciar. Para unos, nos achicharramos. Para otros, nos congelamos.

3. Hay miedo en la comunidad científica. Miedo a salirse del discurso "buenista" que recibe las subvenciones y los premios Nobel. Por eso, en las entrevistas, estas cosas te las dicen "off the record": "Si publicas que he dicho esto, lo negaré", amenazan. Nadie quiere dar el primer paso y decir que el emperador va desnudo. Hay una confianza ciega y religiosa en la ciencia, y los científicos no se atreven a decir que, en realidad, saben más bien poquito.

Yo sólo sé que ver estas cosas desde un punto de vista moral roza lo ridículo. Por supuesto que esto no invalida que reciclemos, que no seamos unos guarros, que no derrochemos recursos, que reforestemos y que intentemos restituir el daño que hacemos a la naturaleza. Pero hagámoslo por convivencia, entre nosotros y con el resto de especies que comparten planeta con nosotros. Hacerlo inspirados por un sentido profano de redención es de locos. Yo no quiero salvar ni que me salven de nada. Si el cambio climático nos fríe o nos congela, pues mira tú que bien. No hay dilema moral posible: si ese cambio lo hemos provocado nosotros, nos tenemos merecida la extinción, por idiotas y por suicidas, y si responde a un ciclo natural del planeta, ¿para qué sufrir tribulaciones por algo que no podemos controlar?

Veo en el horizonte una nueva Iglesia liderada por Al Gore, y yo no soy de misas. Yo reciclo, uso transporte público siempre que puedo (y en ciudad uso tracción animal, la de mis pies) y nunca como en McDonald's, pero no le doy la brasa a nadie.

11/05/2008

VIVA LA BELLEZA EXTERIOR

Columna "Del revés". Publicada el viernes pasado en el suplemento MVT de Heraldo de Aragón.

"El problema de esa chica es que es de una belleza muy obvia", escuché alguna vez a alguien sobre una actriz de las que hacen temblar el misterio cuando echan a andar. Claro, ser obviamente bella debe ser un problema grave. Qué penita tiene que dar enfrentarse al espejo y encontrarse de cara con todo ese mogollón de hermosura sin esfuerzo, sin entrecerrar los ojos, sin buscar perfiles buenos.

No hago más que escuchar y leer que vivimos en una sociedad podrida por el culto a la belleza, donde los que no se ajustan al canon van dados y están abocados a la depresión, la anorexia, la bulimia y qué sé yo cuántas cosas más. Pues yo pienso que sucede al contrario, que es la belleza la que está mal vista, casi criminalizada. En ciertos ámbitos, no puedes decir alegremente que te gusta tal o cual persona solo porque, hablando en plata, que para eso va a reabrirse -el Plata, digo-, está buena. O bueno. Solo se acepta ese supuesto si hay algo más: "Fulanito es encantador, sensible, inteligente, tiene un master en Podología y, además, unos abdominales que crujen". Eso sí, eso se puede decir, pero solo si se deja caer el asunto físico al final y como una guinda que decora las verdaderas y sustanciales virtudes.

¿Y por qué narices no podemos admirar a una persona sencillamente porque es bella? ¿Porque es innato y no tiene ningún mérito? Hay personas que nacen con una inteligencia y una agilidad mental notablemente superiores a la media y reciben toda clase de alharacas. ¿Por qué alguien cuyos genes han sido agraciados con otro don no va a poder recibir la admiración de sus congéneres sin disimulo ni medias tintas? A veces, parece que los guapos tengan que hacer un sobreesfuerzo para demostrar que no son lerdos. Algunos hasta parecen pedir disculpas.

¿Es sexista caer rendido ante un cuerpo ajeno? ¿Está bien si lo hace un pintor, pero es repugnante si lo hacemos los demás? Cuando la publicidad televisiva se llena de voces horrísonas y de alegres michelines desacomplejados (olé por ellos), hay que confesar sin miedo que nos gustan los cuerpos bien hechos.

12/05/2008

HISTORIETAS DE MAYO DEL 68

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No es porque lo hayamos hecho nosotros (qué va a decir un padre de su hijo), pero el último suplemento Heraldo Domingo nos ha quedado especialmente lucido. Ha sido una de esas semanas en las que acabas reventado y deslomado, pero contento con el resultado. Nos ha salido guapa la criatura. Las páginas sobre los aragoneses en el Mayo del 68 han quedado entretenidas y llenas de historietas, y la foto que conseguimos in extremis de Juan Alberto Belloch con 18 años paseando por París (sí, es ese, el de la portada) y las declaraciones en las que cuenta que participó en el asalto a la embajada de EE.UU. -él, que fue baranda de policías y fiscales- son geniales.

La cosa es que, aprovechando el aniversario, nos dio por preguntarnos: ¿será verdad que todos los que dicen que estuvieron en París en Mayo del 68 estuvieron realmente? Y nos dimos cuenta de que los que más fanfarroneaban de pasado "revolutionaire" en aquel entonces estaban muy lejos de París, algunos entonando cantos al Caudillo. Pero también descubrimos que había otra gente que, sin armar tanto ruido, resultaba que sí que había estado allí y lo había visto todo. Algunos, incluso habían participado.

Como este suplemento donde me deslomo sólo está en "analógico" kiosquero y se resiste a entrar en la era digital, aquí os cortipego las peripecias de Carlos Saura, que este jueves será ojomeneado en Cannes. Para los que no viváis en Oregón o no leais el periódico donde echo las tardes (o las dos cosas, que de todo ha de haber), los que ya lo leisteis en papel podéis pasar directamene a dejar comentarios hirientes o largaros a dar un paseo.

El estreno frustrado

 Al otro lado del telefóno, en un breve receso en su comprimidísima agenda, Carlos Saura (Huesca, 1932), que está rodando en Roma parte de su nuevo proyecto, "Io, Don Giovanni", recuerda con jocosidad y distancia el Mayo del 68 en el que la casualidad le hizo protagonista. No hay asomo de nostalgia ni sombra de gravedad en sus palabras: "Uf, si aquello fue una tontería -dice-. Ni siquiera sé lo que van a hacer en Cannes, solo he recibido la invitación, pero parece que todo lo relacionado con aquel año se magnifica". Lo que van a hacer en Cannes es un homenaje y un acto de justicia poética. Como en 1968 Saura no pudo proyectar "Peppermint frappé", el festival, dedicado este año a la efeméride sesentayochista, va a pagar la deuda. Y no solo con el oscense, sino con todos los directores, actores y estudiantes que intentaron convertir el certamen francés en una reflexión sobre cómo el cine podía contribuir a la revuelta, como recuerda el libro "Les Cahiers du Cinéma, histoire d’une revue", de Antoine De Baecque, que se presentará la semana que viene.

Aunque Saura no le dé importancia, cuando coge carrerilla, las anécdotas y los recuerdos salen a borbotones de su boca, y este periodista tiene que tomar nota a todo trapo para no perder ripio: la madrugada alucinada de París, las palabras de Godard, las lujosas calles de Cannes tomadas por los obreros, los paseos con Geraldine Chaplin... Todo se amontona en el cuaderno en un amasijo casi indescifrable, con la misma fuerza y confusión con la que vivió todo.

En 1968, Saura ya era un cineasta con una sólida trayectoria y muy apreciado en la escena europea, emparentado por derecho propio con los miembros de la Nouvelle Vague. Su amigo Elías Querejeta había producido su nueva película, "Peppermint frappé", y su pareja, Geraldine Chaplin, la había protagonizado. El 18 de mayo estaba previsto su estreno en Cannes, y Saura y Chaplin decidieron salir de Madrid unos días antes para disfrutar de la primavera en París y bajar luego por carretera a la Costa Azul.

"Viajamos en plan tirado en una furgoneta Volkswagen que teníamos entonces -recuerda-. Nos plantamos en un hotelito de Saint-Germain-des-Prés donde solíamos alojarnos cuando íbamos a París, y justo esa misma noche estalló todo el follón". Era la la madrugada del 10 al 11 de mayo de 1968.

"No estábamos preparados para eso -continúa-. Yo no había visto nada igual. Luego creo que se dijo que la Policía se replegó para evitar males mayores, porque los disturbios fueron muy graves, y si los hubieran reprimido con contundencia, habría habido bastantes muertos. Sin duda". Asustados, sin atreverse a salir del hotel, la pareja pasó la noche viendo por la ventana la lluvia de adoquines. "A las cuatro de la mañana nos atrevimos a bajar a la calle, y el panorama era impresionante: toda la ciudad estaba patas arriba, destrozada".

Cannes era otro mundo. La agitación todavía no había llegado y el glamur y el famoseo se paseaban tranquilos por los restaurantes y las salas de cine. Pero enseguida se contagió de la efervescencia que se vivía en Francia y, al arrancar el festival, las manifestaciones de estudiantes y obreros paralizaron el centro urbano.

"En esas condiciones -explica Saura-, los directores que participábamos, con Truffaut y Godard a la cabeza, decidimos en asamblea que el festival no se podía celebrar, y fuimos a comunicarle nuestra decisión al director, que aceptó que ’Peppermint frappé’ no se proyectase". Pero los animosos y comprometidos cineastas no las tenían todas consigo. Sospechaban que el director de Cannes, Robert Favre le Bret, no les iba a hacer caso: había mucho dinero en juego. "Por eso, a las 16.30, que era la hora a la que estaba programado el pase, nos plantamos en la sala y nos colgamos del telón para parar la proyección".

Aunque Saura asume que aquel fue un acto "muy valiente", en ese momento cree que no eran conscientes de lo que implicaba su toma de posición: "No había miedo, sino entusiasmo por lo que estaba pasando".

Lanchas y helicópteros

Quienes sí tenían miedo eran los productores y los magnates de la industria del cine, que "se atrincheraron en sus hoteles, aterrorizados". No podían salir de la ciudad porque se cortó el abastecimiento de gasolina. Pero lo solucionaron rápido: "De repente -cuenta Saura, riendo-, empezaron a llegar helicópteros que aterrizaban en las azoteas de los hoteles y lanchas que se paraban en la playa. Los productores salían corriendo con las maletas y huían por el aire o por el mar, y allí nos quedamos los directores reunidos en asamblea, mano a mano con los manifestantes. Fue muy divertido".

Providencialmente, el aragonés tenía algo de gasolina guardada en la furgoneta, y con ella, la pareja puso en marcha su vehículo y trató de llegar a España, cruzando los dedos y temiéndose las peores represalias al regresar: "Pero nadie nos dijo nada -apunta-. Como si no hubiera pasado".

Impasible ante las peripecias de la política, "Peppermint frappé" siguió su periplo y ganó el Oso de Plata en la Berlinale, convirtiéndose en una pieza clave de la filmografía sauriana. "Truffaut me envió un telegrama deseándome suerte y lamentando que la revolución fastidiase el estreno en Cannes". Pero eso ya es historia.

14/05/2008

MI MESA COJEA

Ando liadete estos días, pero para que no digáis que tengo abandonado el blog, voy a hacer una cosa que hacen mucho los blogueros: cortar y pegar cosas que leen por ahí. No asustarsen, que no me he vuelto todavía tan vago y soy demasiado narcisista como para dejar que otros acaparen la gloria de mi blog, pero es que llevo unos días leyendo la bitácora de Mi mesa cojea, que escribe un guionista de El hormiguero, y algunas cosas me parecen más que brillantes, sublimes. Quería compartirlo con vosotros. Este post se titula Argumento para la película española total:

Un hombre se despierta en mitad de Madrid. La ciudad está desierta. Él quiere saber lo que está pasando, alucina, está turbadísimo. Pone cara de “estoy turbadísimo”. Primer plano, que se entienda que está turbado.

Entonces se despierta. Todo ha sido un sueño. Se toca las tetas para comprobar que sigue siendo el mismo travesti yonki de Barranquillas de toda la vida. Tiene una vecina vieja muy dicharachera que dice cosas graciosas en tres secuencias repartidas por toda la película.

La travesti queda con sus amigas putas en paro (una de ellas argentina), que hablan como si hubiesen escrito una tesis sobre Schopenhauer cada una. Para que el diálogo no parezca demasiado irreal, de vez en cuando alguna dirá “cómeme el coño” y todas se reirán. El camarero es muy majo (¿Javier Cámara?).

La travesti se reúne luego con su abuelo. Entra flashback (o viaje en el tiempo, por definir). Contamos una anécdota ambientada en 1937 (posible cameo de Santiago Segura) que muestra la locura fraticida con un punto de amarga comicidad (o cómica amargura, por definir).

Al concluir el flashback/viaje en el tiempo, la travesti confiesa a su abuelo que a veces siente como si cayera en un túnel y, ¡flop!, saliera en mitad del cuento. El abuelo le dice que no le diga más, que eso es porque se llama Pepa, que es un nombre capicúa y los nombres capicúas son lo mejor y lo peor al mismo tiempo. La travesti le dice que Pepa no es capicúa y que además ella se llama Cristina (aunque en su DNI todavía pone Alberto). El abuelo, desconcertado en exceso, grita desconcertadamente que está atrapado en una pesadilla surreal, y exige a voz en grito que alguien le diga la verdad.

A negro. Sobre negro, la voz de cualquier mujer del mundo menos Najwa Nimri susurra: “Graminauer”.

El abuelo se despierta. Todo ha sido un sueño. Vuelve a estar en su casa, que es 10 veces más grande de lo que debería ser para alguien de su clase social para que quepan los focos y eso.

El abuelo se asoma por la ventana y ve, en el piso de enfrente, un desnudo completamente gratuito. Pubis sin depilar, negro como el alma humana (relación hipertextual con la anécdota de la guerra civil). Al bajar la vista a la calle, el abuelo presencia un atentado de ETA (un pistolero dispara en la nuca de un policía). Mientras el etarra huye por la calle, de pronto, cae postrado de rodillas. Vemos el arrepentimiento en su mirada. Se ha redimido.

Pero el abuelo, al comprender la terrible negrura que habita en el corazón de las personas (inserto fulminante del pubis negro), convoca a la prensa para hacer público su deseo de una muerte digna, pero la prensa no va porque está cubriendo una manifestación contra la guerra y contra el terrorismo y a favor del 0´7 y el ecologismo.

En este momento el espectador se percata de que la puta travesti era Javier Bardem, solo que estaba tan bien caracterizado que ni se le reconocía (¿soy yo o huele a Goya por aquí?).

El abuelo abandona la idea de la eutanasia y comprende que la vida es luminosa, colorista, maravillosa (para agilizar el final de la película nos ahorraremos la evolución del personaje).

Acabamos con planos de la ciudad urbana, con sus semáforos, sus inmigrantes y sus cosas, y una voz en off esperanzada que concluye diciendo: “La vida es una mierda, pero al menos hay fútbol” sobre música de Alberto Iglesias. Funde a negro y títulos de créditos.

Nota: eliminar las referencias a España de cara a un posible remake americano

14/05/2008 02:16 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Cine No hay comentarios. Comentar.

15/05/2008

ADICTOS A LA NOSTALGIA

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Si no existe ya, alguien con talento tendría que ponerse a escribir un ensayo sobre la sociedad de la nostalgia en la que vivimos. Claro que también tendría que resignarse a enseñárselo sólo a sus amigos, porque dudo que le interesara a ningún editor. Al fin y al cabo, los editores viven de la nostalgia y no van a permitir que un listillo les joda el chiringuito.

Cuando era (mucho) más joven, una tarde lluviosa de verano en Francia me puse a trastear con la radio y descubrí una emisora que me pareció horrible: Radio Nostalgie. Fue la primera vez que tomé conciencia de que había gente que podía sacar tajada de la sensiblería ajena. No sé si por entonces funcionaba ya M-80 en España, su equivalente, pero al menos M-80 no enuncia tan a las claras sus intenciones en el nombre.

Antes sólo tenían nostalgia los emigrantes. Si eran gallegos tenían morriña. Si franceses, mal du pays. Si pedantes, añoranza. Si iletrados, ganas de suspirar y un nosequé en el pecho. Ahora, la nostalgia la padece todo bicho viviente y, por supuesto, la de los inmigrantes no le interesa a nadie ya. Ahora la nostalgia se aplica a cualquier pasado, incluso a los pasados no vividos.

La industria cultural vio hace tiempo el filón y lo explota a conciencia: los grupos de la movida vuelven con su artrosis y sus caras chupadas a exprimir de nuevo sus años de gloria; George Lucas engrosa su indecente fortuna exhibiendo la nostalgia que siente de sí mismo; Lou Reed ya no se aguanta ni él de puro plasta; el rock y el pop viven en un bucle sin fin de revivals y resobeteos de lo ya sobado; para qué hablar de Cuéntame cómo pasó; eBay es un colosal y multimillonario rastrillo de nostalgias; YouTube, otro tanto, y lo más grave: hay toda una corriente literaria empeñada en decir sin decirlo (porque decirlo sería inaceptable) que aquella épica guerra del 36 fue un tiempo majo, de gente con principios y valerosa. Hasta de un bombardeo se puede sentir nostalgia.

Incluso La hora chanante (¡chanante!) vive de la nostalgia que inexplicablemente sienten los treintañeros de hoy por su infancia ochentera. Todo pasa por el tamiz de aquello que fue y ya no es, y mientras tanto, cada tres días, nos cuelan una efeméride, una conmemoración oficial y un ¿te acuerdas de cómo éramos?

Yo entiendo la nostalgia que siente mi tía, que se marchó de Madrid siendo una chavalilla adolescente y dejó un noviete en Zaragoza para irse a Venezuela con la parte exiliada republicana de mi familia. Hoy, casi medio siglo después, habla con acento venezolano y es una caribeña de pro, pero se ha pasado la vida añorando un país y una gente que sólo han existido en su imaginación. Cuando vuelve a España y comprueba que nada ni nadie se parece a lo que ella guarda en la cabeza, el desarraigo se recrudece. Mi tía sí que padece un dilema irresoluble, el mismo que sentirán y han sentido millones de inmigrantes en todo el mundo y que Sebald retrató en Los emigrados. Eso sí que es un sentimiento poderoso que puede arrastrar a una persona a fosas terroríficas. No hay nada agradable en él, ni puede acompañarse con una sonrisa candorosa y bobalicona.

¿Por qué nos hemos vuelto adictos a la nostalgia? ¿En qué momento dejaron de interesarnos el futuro y el presente? Es significativo que la ciencia-ficción ya no tenga el favor de las masas y que la novela histórica sea el género que se lleve el gato al agua en las listas de ventas. También lo es que las fantasías futuristas hayan menguado en el repertorio temático de los cómics, donde la nostalgia y el pasado han arraigado con fiereza: uno de los mejores tebeos del siglo XX, Maus, de Art Spiegelman, es una exploración escalofriante en la nostalgia menos complaciente.

Lo dicho, alguien con talento debería reflexionar sobre estas cosas en clave filosófica. Seguro que descubre cosas muy interesantes sobre lo que somos y por qué somos.

17/05/2008

NO ME CHILLES QUE NO TE VEO

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Hay fotos impagables: Rita Barberá y Luisa Fernanda Rudi en el balcón del ayuntamiento de Valencia. La segunda, por aquel entonces era alcaldesa de Zaragoza. La primera todavía lo es de Valencia, y lo que te rondaré morena. Presencian una mascletà fallera y el fotero las sorprendió tal que así. Alguien por aquí ha propuesto hacer camisetas con esta secuencia. Seguro que triunfaban.

Feliz noche de sábado, criaturillas crapulosas.

18/05/2008

HOMO LUDENS

Dedica hoy El País dos paginones a la polémica sobre los videojuegos violentos, con el lanzamiento de GTA 4 (qué lejos queda mi cumpleaños, día en el que espero poder jugar a él por fin) como trasfondo. Asumo que el reportaje está escrito pensando en padres timoratos y asustadizos y no en mí, jugador descerebrado, pero algunos de los testimoniantes dicen unas burradas de tal calibre que me han sacado del sopor de la siesta dominical. Un señor que preside una asociación llamada Protégeles (¿de qué, de quién?) dice:

Tras la consola, uno adopta un papel proactivo, es el protagonista. No es lo mismo presenciar violencia, como sucede con el cine, que practicar violencia. Uno puede manipular al personaje de forma que viole, extermine. Es totalmente diferente.

¿Papel proactivo? Podría habernos ahorrado el pleonasmo. ¿Sabéis qué otros personajes puede manipular un niño para que violen y exterminen? Los clics de Playmobil. O una Barbie mutilada por un G-Joe. O una canica de cerámica hecha añicos por otra de cristal (qué rabia daba eso). ¿Cuál de las dos violencias "proactivas" es más aceptable? De niños, mi hermano y yo jugábamos a que el barco de Playmobil, transformado en una nave espacial interestelar del siglo XVII, se estampaba contra el parking de Moltó. Había decenas de muertos espantosos, y los G-Joe siempre pasaban a cuchillo al capitán del barco y secuestraban a la clic hembra. ¿Deberían nuestros padres haber puesto coto a tan horribles matanzas?

Otra perla, esta vez de un psicólogo (una profesión tan charlatana y vacua como la que tengo el gusto de ejercer, pero con un pedigrí ligeramente superior):

En ocasiones, los niños no son conscientes del papel que están representando, y pueden llevar a cabo acciones que les dicta su imaginación. En un adulto es más difícil que suceda, porque su personalidad ya está forjada, pero aún podemos recordar el desdichado acto criminal cometido por el asesino del juego de rol, que llevado por su psicopatía, convirtió en realidad una ficción. Y fíjese que los juegos de rol son juegos de carácter muy educativo, que desarrollan la imaginación y las relaciones sociales.

No seré un experto, ni siquiera padre, pero he sido niño (y me gusta pensar que en algunos aspectos no dejaré de serlo nunca), y cuando un niño dice "vamos a jugar" activa los mecanismos de la representación, empieza a funcionar en un mundo paralelo al real. Si un niño que juega a policías y ladrones no sabe que está ejecutando una representación (un rol), quizá ese niño tenga un problema mental, pero es problema del niño, no del juego. Que haya psicópatas que sean incapaces de activar los mecanismos lúdicos de teatrillo no hace perversos los juegos, de la misma forma que mi fantástico, variado y muy afilado set de cuchillos de cocina no me convierte en asesino.

Pero hay más, porque con una condescendencia que raya lo miserable, el psicólogo dice que el niño no es consciente del papel que está representando porque su personalidad no está forjada, pero que en el adulto "es más difícil que (esto) suceda". Con todos mis respetos: ¡y una mierda! Al revés, es el adulto constreñido por las obligaciones y las coacciones (sutiles o groseras) de la sociabilidad el que suele tener problemas para discriminar persona y personaje. Cuando un niño juega sabe perfectamente que se mueve en los parámetros del juego. Cuando un adulto juega, suele tomárselo todo muy en serio. El ejemplo más claro es el sexo: un juego muy divertido que el adulto es incapaz de tomarse como tal y en el que se sumerge con mueca de trascendencia. A veces, como si en vez de estar jugando estuviese representando un drama cósmico. A los adultos se nos insta a despojarnos de esa capacidad lúdica innata que poseen los niños. Algunos llaman a eso madurar. Yo prefiero hablar de idiotez supina.

Entiendo que, como fenómeno todavía novedoso, haya padres que no sepan enfrentarse a esa forma de jugar con esa violencia tan descarnada. Pero que no se engañen: GTA sólo es un policías y ladrones sofisticado donde tú juegas a ser ladrón. ¿Que podrías ser policía? Sí, claro, pero sólo los pringaos pelotas quieren ser polis. Lo que mola es ser el malo y quedarse con la chica.

Lectura recomendada a propósito de todo esto para padres preocupados y concernidos: Homo ludens, de Johan Huizinga. Un clásico de la antropología donde se reflexiona muy atinadamente sobre cuestiones como esta.

En cualquier caso, estaría bien que empezáramos a tener claro que los niños, los púberes y los adolescentes no son imbéciles por ser menores de edad. Hay niños, púberes y adolescentes imbéciles, claro, pero su imbecilidad no proviene del hecho de ser niños. Si tanto se preocupan por ellos, trátenlos con más respeto y menos condescendencia.

18/05/2008 16:01 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 7 comentarios.

20/05/2008

UN CARETO DE LOS QUE YA NO SE LLEVAN

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Si fuera escultor, volaría a Los Ángeles para hacerle una escultura. Sólo de su careto. Se llama Kevin McKidd, del clan McKidd de toda la vida, es escocés y actor (una combinación hasta ahora sólo sintetizada con éxito por Sean Connery) y los amantes de las series le descubrimos en la inigualable y despiadada Roma, donde fue el bravo Lucio Voreno. Quién sabe, quizá con él esté descubriendo mi lado homosexual, porque cuando aparece en la pantalla, me pego a ella cual mosca.

Su careto tiene una capacidad de atracción brutal. Como intérprete se defiende, incluso tiene algún chispazo de brillantez, pero no descuella precisamente. De hecho, dadas sus limitadas capacidades actorales, su mérito en Roma fue aguantar el tipo en un reparto de los de levantarse de la butaca (incluso de la del salón) y dejarse las manos en carne viva aplaudiendo. Ese Marco Antonio interpretado por un James Purefoy desconocido por estos pagos, pero muy famoso en los hogares ingleses por sus aclamados trabajos en la BBC; esa trágica y malvada Atia encarnada por la igualmente desconocida en España Polly Walker... Sus dos interpretaciones en las dos temporadas de la serie me recordaron lo muchísimo que puede llegar a emocionar un buen actor si le dejan hacer su trabajo.

Kevin McKidd no es un actor que emocione. Su talento no llega a tanto y está en otro sitio. Su fuerza está en su rostro antiguo. Es una cara de las que ya no se llevan, es un dios ario, un viejo icono nazi descontaminado y sonriente.

Con Roma le vino el éxito y el salto a Estados Unidos. Ahora interpreta a Dan Vassar, un reportero de San Francisco que viaja en el tiempo en una serie llamada (oh, originalidad) Journeyman. He visto los dos primeros episodios y es un bodrio sentimentaloide sin pies ni cabeza, pero merece la pena por ver su careto desfilando por la pantalla.

Pues aquí tenéis a un maromo-actor que me gusta, para que no digáis que sólo hablo de actrices escotadas.

20/05/2008 00:28 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 7 comentarios.

22/05/2008

LA SANTA GUIOMAR

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He estado en Segovia porque tenía que mirar unos papelujos en el Archivo Histórico Militar y, de paso, me he oxigenado un poco con un paseo lejos de esta pre-expositiva y cargada ciudad.

Cuando vivía en Madrid me gustaba escaparme de vez en cuando a Segovia. Algunas veces iba acompañado, pero la mayoría de las excursiones las hacía solo. Siempre entre semana y llevando al hombro una vieja cámara reflex que todavía conservo en el rincón de las cosas fantásticas que ya nunco uso, supongo que al lado de mi guitarra desafinada. Sin madrugar en exceso, me cogía un cercanías en Chamartín que en dos horas de serpenteante traqueteo serrano me dejaba al otro lado del Guadarrama. Otras veces no llegaba a cruzar las montañas y me bajaba en Cercedilla, donde empalmaba con un tren de vía estrecha que sube hasta Cotos, pasado Navacerrada. Era el mismo tren que solía coger mi abuelo cuando se iba -muy a menudo, solo- a pasear por el Camino Smith. Hoy diría que mi abuelo era "senderista". Entonces, sólo era un andarín trotón.

Hacía años que no visitaba Segovia, y esta vez no he llegado en el tren renqueante, sino en un AVE supersónico que ha pasado por debajo de la sierra y me ha dejado en la estación de Guiomar, una nave desangelada a 10 kilómetros de la ciudad. No le hace justicia a la mujer que le presta el nombre, que se llamaba en realidad Pilar Valderrama y fue el verdadero amor de ese tipo pausado y soñoliento que fue Antonio Machado (otro andarín trotón obsesionado con los caminos).

Me ha gustado ese homenaje machadiano. Suena bien incluso cuando va pegado al nombre de la ciudad: Segovia-Guiomar. Me preguntaba si los turistas suecos y los argentinos que viajaban conmigo desde Madrid apreciarían lo evocador del nombre de la estación, pero luego me he dado una bofetada mental por cuestionar el bachillerato de mis compañeros de vagón y, de paso, me ha asaltado una reflexión sobre el santoral laico que ya se impone en muchos lugares.

Si ese santoral laico español existe -con todos los atributos que le son propios, con sus hagiografías, su liturgia, su iconografía, su milagrería y sus fanáticos devotos-, Antonio Machado tiene que ser el Santiago y cierra España. Aún diría más: Antonio Machado sería el equivalente de la Virgen del Pilar. Y Serrat, su profeta.

He pasado por delante de su casa-museo, pero no la he visitado. Me he quedado fuera mirando desde la cancela la estampa de Machado recortada en la ventana del primer piso, como si estuviera asomado a ella, y me he acordado de la casa de Bernardette en Lourdes (el lugar más espantoso del mundo después del autoservicio para autobuses de Esteras de Medinaceli). Efectivamente, como en Lourdes, estaba contemplando la casa de un santo, y las veces que me he plantado silencioso y solemne junto a su tumba en Colliure, he venerado unas reliquias de santo. Sin duda.

De repente, me ha parecido indigno. Tengo una propensión natural a recelar de los mitos, de las beaterías y de las cosas que no admiten debate. Me sigue gustando que la estación se llame Guiomar, pero ahora la veo como a una virgen, y para ser virgen, me parece a mí que folló y se rió demasiado. ¿Es que los humanos no sabemos recordar y homenajear sin caer en misticismos religiosos?

Esto me pasa por irme de excursión yo solo con un libro de Bruce Chatwin donde no para de preguntarse cosas. Maldito Chatwin, con lo tranquilo que yo vivía aceptando lo que dicen los manuales de literatura.

22/05/2008 21:51 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 2 comentarios.

24/05/2008

MÍSTICA NÓMADA

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Algún día viajaré a Australia. Me lo propuse hace tiempo. No por nada en especial: no siento fascinación por los canguros, dicen que los adorables koalas huelen que apestan, debe de hacer un calor achicharrante y el alcoholismo es deporte nacional (con permiso del rugby), por no hablar de que la cerveza australiana es de las peores que he probado. Ningún escritor australiano (¿existe la literatura australiana, un equivalente a Kipling?) me ha enamorado, paso bastante de místicas aborígenes y ni siquiera mi pasión por su cima cultural, la banda AC/DC, me empuja a hacer el viaje. Mi única motivación es que es la zona del mundo más alejada de mi casa. Sólo quiero ir allí para bajar del avión, pisar el suelo y sentirme, literalmente, en la otra punta del mundo. Piensen lo que quieran, pero la distancia es una droga muy potente.

Otras personas con algo más de enjundia cerebral que yo viajaron a Australia por otros motivos. Por lo visto, hay una nutrida colonia española de inmigrantes e hijos y nietos de inmigrantes que fueron llegando allí a lo largo del siglo XX. Apenas se habla de ellos, y eso que un español en Australia tiene que llamar más la atención que en Argentina o en Venezuela. Algunos aparecen en el libro que el gran viajero Bruce Chatwin dedicó a la inmensa isla del sur, Los trazos de la canción.

El mito de creación del mundo de los aborígenes australianos se llama el Tiempo del Ensueño. Fue la época en la que sus antepasados primigenios (que no eran personas, sino animales) hicieron su primer viaje y cayeron dormidos para siempre, formando los accidentes naturales del desierto. Para ellos, una meseta no es una meseta, sino un antepasado lagarto que descansa allí. Por supuesto, son lugares sagrados, y desde que el Gobierno australiano decidió restituir el daño que la "civilización" blanca había hecho a la cultura nativa, ninguna obra pública puede destruirlos. Por eso, antes de construir una carretera o un ferrocarril, gente estudiosa de las tradiciones y creencias aborígenes recorre con ellos los lugares por donde va a transitar la vía para comprobar que están libres de obstáculos de "ensueño". Si un jefe aborigen dice que esa sima por donde va a tenderse un puente es el refugio de un antepasado canguro, el tren deberá dar un rodeo para esquivarla.

Bruce Chatwin acompaña en este libro al vigoroso y bonachón Arkadi Volchok, un hijo de emigrados rusos que tiene la misión de verificar que el nuevo ferrocarril que sale de Alice Springs no daña los territorios sagrados de los clanes. Juntos visitan comunidades esmirriadas de techos de hojalata en medio del desierto y se sumergen en un mundo extraño y decadente donde Chatwin espera encontrar respuesta a algunas de las grandes preguntas que se ha ido planteando a lo largo de su vida viajera.

La cosa es complicada porque los aborígenes tienen un concepto de "territorio" totalmente distinto al de los occidentales. Ellos son nómadas y, por tanto, sus terrenos no están parcelados ni delimitados por un área geográfica. Para ellos, el territorio es el camino del antepasado, y de todos los antepasados que han hecho ese mismo camino. Para reconocerlo y no perderse en él, la senda lleva incorporada una canción. Camino y canción van unidos: hay que caminar al ritmo de ella y, si se canta bien en el orden correcto, los accidentes geográficos que jalonan la ruta van apareciendo en ella. Son los trazos de la canción que recorren toda Australia, y cada aborigen tiene la suya.

Básicamente, el asunto es así, aunque en realidad es bastante más complejo y, a su manera, hermoso. A partir de ahí, el viajero inglés empieza a divagar sobre el nomadismo como estado natural del ser humano. Habla de las corrientes migratorias que han sido constantes a lo largo de la humanidad y de cómo el sedentarismo es causa directa de la ruina y de la decadencia de las civilizaciones. En unas páginas febriles, iluminadas quizá por una fiebre real cogida en el desierto, o de la enfermedad que le mató (el sida), que cuando escribía el libro ya tenía que estar dentro de su organismo, Chatwin divaga por terrenos pantanosos y acaba lleno hasta las cejas de barro místico y primigenio. De nuevo el buen salvaje, de nuevo la culpabilidad del hombre blanco, de nuevo el rasero moral, los puros contra los pecadores y gordos sedentarios, los celosos guardianes de un territorio arbitrario y los felices y ácratas moradores de los caminos. Etimologías, hallazgos arqueológicos, pasajes de Darwin, filosofía pascaliana, poemas de Coleridge... Una batería apabullante de confusa erudición se amontona ante el lector con el único fin de demostrar que el estado natural del ser humano es el viaje y el nomadismo. Yo lo leo como un intento desesperado y agónico de alguien que sabe que va a morir pronto por darle un sentido a toda una vida dedicada a los viajes. No deja de ser hermoso a su manera, como los trazos de la canción.

Dice Pascal, citado por Chatwin, que los problemas del mundo se originan porque el ser humano es incapaz de estar un día entero encerrado en su habitación sin hacer nada. Esa comezón, ese impulso desesperado que todos sentimos por salir de casa y caminar es, para Chatwin, un débil reflejo de nuestros orígenes nómadas. Son nuestros antepasados que nos gritan a través de los genes que debemos seguir caminando. Por supuesto, se aparta de la ciencia y de la filosofía y se adentra en cenagosos mundos de fe y espiritualidad. O de como se quiera llamar. Su escritura se mete en el tuétano del sentimiento, retorciendo las palabras de la gente sensata y sabia. ¿No es eso, al fin y al cabo, lo que esperamos de la literatura?

Ahora tengo un motivo más para viajar a Australia.

24/05/2008 12:27 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Viajes No hay comentarios. Comentar.

26/05/2008

LA NUEVA FRIENDS

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Día inútil. El sábado nos clavaron en la cena y nos pusieron garrafón en un bar. Por lo menos, nos reímos y hasta nos enteramos, allá a las tres de la madrugada, de cómo había quedado Chikilicuatre. Una pena. Lo del garrafón y la clavada, claro, lo del Chiki Chiki me da lo mismo. El domingo no estábamos para nada. Ibuprofeno mediante, he reescrito y corregido un capítulo de un libro que ya coge forma definitiva, pero el día ha sido bastante improductivo y lo hemos dedicado, básicamente, a ver unos diez o doce episodios de Cómo conocí a vuestra madre, la serie heredera de Friends que nunca podemos ver cuando la echan en la tele.

Lo he confirmado: es la mejor sitcom que se puede ver ahora mismo. Tiene altibajos de un pasteleo insufrible y, en la primera temporada al menos, los guionistas no terminan de pillarle el punto al clásico romance "ahora te quiero-ahora te odio" de los dos protas, pero ninguna de esas inconsistencias agua la serie, que es muy divertida, tronchante a ratos.

Para los que no la seguís: estamos en el año 2030, y Ted le cuenta a sus hijos la historia de cómo conoció a su madre, allá por los años 2005, 2006 y 2007 (y supongo, si la cosa no se agosta, que seguirá en 2008 y 2009). Nueva York, cinco amigos cuasitreintañeros, con la vida resuelta profesionalmente (o en trance de resolución) y muy majos y cachondos. Dos de ellos (ella y él) se gustan pero se complican la vida; otros dos están prometidos y planean su boda, y el último, Barney (cuyo actor fue aquel médico adolescente en una serie imposible de principios de los 90), es un crápula cínico y babosil. ¿Suena a Friends? Es Friends, no se han esforzado mucho por disimular el plagio. Incluso los escenarios (el apartamento desaliñado de Ted y Marshall y el bar donde se pasan la vida) están copiados de Friends. Pero, ¿a quién le importa? El plagio es soportable -hasta recomendable- siempre que se cumpla un precepto básico: que la copia intente ir un poco más lejos que el original. En ese sentido, creo que Cómo conocí a vuestra madre es más gamberra, más sucia, más subida de tono en algunos aspectos y un punto más desenfadada que Friends. Un botón de muestra revelador: en Friends, los protas tomaban café en una cafetería; en Como conocí a vuestra madre quedan en un pub para emborracharse. Y otra más: en Friends, Joey era un ligón caradura simpático con corazón tierno, pero su equivalente en esta serie, Barney, es un hijo de puta que vendería a su abuela y que es capaz de muchas bajezas por conseguir un polvo. Su personaje busca la carcajada del espectador, no su empatía. Lo dicho: va unos cuantos pasos más allá, pero es que no puede ser de otra forma, porque cuando el público se acostumbra a un tono, no vale ni volver atrás ni mantenerse igual, hay que echarle un poco más de pimienta al guiso o nos sabrá a lo mismo de siempre.

Ah, se me olvida comentar lo más interesante: la "Rachel" de esta serie es canadiense (la actriz y el personaje, por lo que su acento es un motivo más de comicidad) y se llama Cobie Smulders (la actriz). No tiene la vis cómica de Aniston ni su formación teatral, y se nota que los guionistas tienen en cuenta esas limitaciones y no le ponen pruebas demasiado duras. No importa, porque destila mucho morbo y se deja querer por la cámara. Sabe cómo hacer que el universo orbite alrededor suyo. Muy morena, casi sorollana, tiene una presencia y una sonrisa de dejar pasmado. Pero, sobre todo, gusta porque no es una chica Playboy: sus andares y sus gestos le dan un cierto aire de chicazo que le añade atractivo y morbo. ¿He dicho ya que me mola un montón? Cobie Smulders queda oficialmente incorporada a la galería erótica de este blog.

Foto: exactamente, es ella.

26/05/2008 01:42 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 11 comentarios.

27/05/2008

LAS FUERZAS VIVAS, Y BIEN VIVAS

El lunes apenas pude trabajar por la mañana. Cuando intentaba cerrar una cita por teléfono, varios F-18 en vuelo rasante me cortaban la conversación. Cuando me reuní con mi jefe, varios F-18 en vuelo rasante convirtieron la reunión en un literal diálogo de sordos. Cuando me puse a redactar un artículo, varios F-18 en vuelo rasante me obligaron a reescribir diez veces el arranque, y al final lo borré y lo dejé para la tarde. Entonces, los vuelos de los F-18 cesaron. Y empezaron los helicópteros de la policía.

Afuera, cientos de soldaditos montaban un graderío en la avenida de la Independencia. En las avenidas cercanas, un caos de tráfico fenomenal provocado por el cierre del paseo y por el trasiego de los bestiales land rover conducidos por soldaditos. Hermosa ciudad, iba pensando camino del hogar. O eso creo que pensaba, porque el vuelo rasante de otro F-18 y la batida de dos helicópteros policiales me hicieron perder el hilo de mis pensamientos.

Para la mayoría de los españoles, Zaragoza es una ciudad cuartelera, llena de militarotes, el lugar donde Franco daba clases y donde los americanos tenían una base. Yo he hecho mucha pedagogía (de esa que le gusta tanto a Zapatero) entre mis amigos, procurando enseñarles la ciudad moderna, apacible y acogedora en la que creo que vivo, muy alejada del tópico baturro, gañán y soldadesco que se le atribuye. Dentro de nada se inaugura una Expo que quiere convertir Zaragoza en una capital europea cosmopolita y de diseño. No es que me emocione que la ciudad pueda acabar siendo una réplica abortada de la Barcelona de los premios FAD, pero me alegraba saber que el tópico cuartelero y fachuzón iba a quedar desterrado. Pues no señor: para que los civiles que no hemos hecho la mili no nos olvidemos de que esta plaza les pertenece, van a desfilar triunfalmente por ella y nos van a peinar a raya con sus F-18. Edificante.

En casa, hojeo el periódico y leo que los obispos dicen que la Iglesia en España está perseguida. Y lo dicen un día, el del Corpus, en el que han paralizado calles y plazas de todas las ciudades y ante cientos de alcaldes que procesionan diligentemente a su lado. Si están en las catacumbas, éstas son muy confortables y están bien llenas de gente engalanada. Yo me apunto a su persecución (a ser perseguido, no perseguidor, que no tengo cuerpo para correr detrás de nadie).

Perdón, no quería ser irónico. Porque, ¿y si los obispos tienen razón? ¿Y si es cierto que están perseguidos y los F-18 y los soldaditos han salido a la calle a la caza de obispos en procesión? ¡Escóndanse, prelados, no dejen que les encuentren!

27/05/2008 01:04 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 16 comentarios.

28/05/2008

QUIERO QUE LE DES UNA PALIZA

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Qué torpe es Ana Obregón. Mucho Ana y los siete y mucha carrera de Biología, pero no ha visto una peli de mafiosos en su vida. ¿Qué es eso de "quiero que le des una paliza a Cantizano"? ¿Pero qué capo utilizaría una frase tan explícita, y con la Guardia Civil pinchando el teléfono? Se dice: "saca al perro a pasear", "ponle dos zapatos de ya sabes qué a ya sabes quién", "haz que el pájaro deje de cantar", "envíale un mensajito de mi parte", "que le quede bien clarito"... En fin, frases lo bastante ambiguas como para que un abogado hábil y con el pelo bien engominao te pueda sacar la cara ante un juez. Pero si quieres ser más explícito, al menos date el gustazo y entona el clásico e imperecedero "que parezca un accidente".

Y luego está la vulgaridad de la "paliza". Qué falta de clase y de imaginación. ¿Dónde quedaron las advertencias, los avisos, las inquietantes palmadas en la espalda? Se empieza con una visita confianzuda, le ofreces un puro y le dices: "Tienes una bonita cara, sería una pena que se te rompiera". Luego, vas incrementando el nivel. Le mandas una carta y en el remite pones la dirección de su madre, para que vea que sabes donde vive; otro día, paras el coche a su lado en la calle y le invitas a dar un paseo por las afueras, y para rematar le dejas la advertencia sublime: matas a su caballo y le metes su cabeza en la cama mientras duerme. En fin, Ana, ¿para qué está el cine? Dale un poco de color a tus tácticas matonas. La paliza está demodé. Es un impulso primario de brutos, no un acto de refinada maldad. Además, el gusto de la paliza estriba en darla tú mismo y quedarte a gusto. Por encargo no puede dar satisfacción.

Por cierto, coincidencias de la vida: en los capítulos de Dirt que estoy viendo ahora, un famoso agraviado está metiendo miedo a Lucy Spiller. Por supuesto, no se ha rebajado a encargar una paliza, sino que le está metiendo verdadero miedo en el cuerpo, dejándole en el maletero de su coche fotos en las que sale ella en su casa. Acoso y derribo de los de verdad, para que aprenda Anita cómo se hacen las cosas en Hollywood.

29/05/2008

A LA GRESCA

Carnaza, más carnaza, por favor. Este país necesita sangre, sangre y esputos. En cuanto dos gallitos se lanzan dos pullas, alguien silba, nos pone sobre aviso y hacemos un apretado corro en la arena para ver cómo se destrozan los pollos. Nos da igual quien gane. Bueno, hay favoritos, claro, pero se repiten los mecanismos del boxeo: aunque tu racismo atávico inclina las simpatías hacia el púgil blanco, tu sentido común te dice que debes apostar por el negro. Ding, que empiecen las hostias, que se den fuerte, sin tregua.

¿Cómo no disfrutar de las intrigas del PP, que empezaron teniendo un aire shakespeariano y ahora apenas alcanzan para sainete de Arniches? ¿Cómo no gozar ante esos divos de la cocina sacudiéndose delantalazos? Se embisten con sus altos gorros como ciervos en berrea. ¿Cómo no llorar de puro placer cuando Jiménez Losantos y Gallardón se dan manotazos y tirones de pelo como colegialas de monjas? Vamos, queremos más bronca, que no pare.

Queremos que los dos pechos de Ana Obregón discutan a pezonzazo limpio. Queremos que el Dúo Dinámico se dinamice a hostias, que Ortega le dé lo suyo a Gasset, y Zardoya a Otis. Que Víctor Manuel le pise la estrofa a Ana Belén, que Faemino se acueste con la mujer de Cansado, que Andy le dé un sopapo a Lucas, que Labordeta le ponga los cuernos a su mochila con una Samsonite de las caras, que María Jesús descubra que su acordeón ha estado tocando con otra, que Almodóvar quede con Carmen Maura y le diga que es una zorra, que sólo fingió reconciliarse -y que Chus Lampreave diga algo ad hoc para rematar la escena-, que Héroes del Silencio vuelvan a hacer una gira un poco más larga, a ver si en esta se tiran de verdad de los pelos, que Anguita vuelva a repartir collejas a IU, que los taxistas nos cobren de más y que el vecino de arriba nos joda la siesta con sus zapatos de tacón (es que es un vecino fetichista), para que podamos cagarnos en sus progenitoras.

Así somos. Nos va la sangre. ¿Quién lo niega? Si existe el espíritu mediterráneo, ese espíritu lleva una navaja al cinto. ¿Y qué pasa? ¿Preferiríamos ser civilizados y tolerantes como los austríacos que secuestran a sus hijas en los sótanos de sus casas? ¿Banqueros presbiterianos de día y zorrones coprófagos de noche? Pues a mí me mola más así, el revoltijo nacional, el morbillo impúdico y cachondo de la plaza pública. A ver quién tira la próxima piedra. Y, por favor, que no esté libre de pecado, que no lo soportaríamos.

¡Viva el mal, viva el capital!

30/05/2008

POETASTROS

"¿Y que. no te animas?", me dijo un poeta una vez. Se refería a si no me animaba a escribir poesía. "Hay unas jornadas poéticas en... Ah, me olvidaba, ya sé que a tí la poesía ni fu ni fa", me dijo el otro día un amigo que está preparando el que creo que será su quinto poemario. Qué manía tienen algunos con atribuirme una poemofobia que no padezco.

Sí, lo reconozco, soy un mal lector de poesía. He tenido mis momentos, y hubo un tiempo en el que leí con gusto y me dejé guiar por esos mundos hasta rincones fantásticos, pero sigue habiendo muy poca poesía en mi biblioteca y en mi vida. La narrativa y el ensayo consumen el espacio y el tiempo, y sólo en épocas fugaces e imprevisibles me pierdo en los versos, pero no sigo las tendencias y apenas cato unos pocos nombres de los nuevos valores. Soy fundamentalmente prosaico, en todas las acepciones, aceptadas y figuradas, del término, pero de ahí a decir que la poesía me resbala o no me gusta... Comparto plenamente el aserto de Jorge Lozano -semiólogo discípulo de Umberto Eco a quien tuve de profesor en la universidad, allá por el Neolítico-, que decía: "Un mal entendido pudor democrático impide que las personas que dicen que no les gusta leer poesía sean internadas en campos de concentración".

Leo poesía, señores rapsodas. No vorazmente, pero la leo. Y a veces, algún poeta consigue reblandecer mi corazón de amianto, aunque he de reconocer que me llega mucho más hondo cantada que leída. Otra cosa muy distinta es que me haya planteado alguna vez escribirla. Jamás. Respeto demasiado la poesía como para enfangarla con mis manos torpes. Soy un chaval de barrio con un alma sin pulir. Y quizá eso fuera un valor añadido a mi voz si me decidiera a dar el paso, pero no lo sabré nunca. Les seguiré admirando desde la barrera.

Llamadme demodé, pero una de mis poetisas preferidas es Sylvia Plath. Me emociona su voz tan queda, esa angustia que parece siempre a punto de romperse, esa tensión tan sutilmente eléctrica que recorre sus composiciones. Los nervios a punto de desquiciarse en La visita a la sala de cadáveres y en el resto de poemas de El coloso.

Un tipo muy interesante e inclasificable que a mí me encanta y que se llama Ryan Admas le dedicó una canción que dice así:

I wish I had a Sylvia Plath
Busted tooth and a smile
And cigarette ashes in her drink
The kind that goes out and then sleeps for a week
The kind that goes out on her
To give me a reason, for well, I don’t know

And maybe she’d take me to France
Or maybe to Spain and she’d ask me to dance
In a mansion on the top of a hill
She’d ash on the carpets
And slip me a pill
Then she’d get pretty loaded on gin
And maybe she’d give me a bath
How I wish I had a Sylvia Plath

And she and I would sleep on a boat
And swim in the sea without clothes
With rain falling fast on the sea
While she was swimming away, she’d be winking at me
Telling me it would all be okay
Out on the horizon and fading away
And I’d swim to the boat and I’d laugh
I gotta get me a Sylvia Plath

And maybe she’d take me to France
Or maybe to Spain and she’d ask me to dance
In a mansion on the top of a hill
She’d ash on the carpets
And slip me a pill
Then she’d get pretty loaded on gin
And maybe she’d give me a bath
How I wish I had a Sylvia Plath
I wish I had a Sylvia Plath

Permitidme que no la traduzca, que estoy vago. A cambio, os dejo el vídeo en directo:

 

 

Borrachera de ginebra, cenizas en la moqueta y en la bebida, salir por ahí y dormir una semana... Lo que sea para apaciguar lo que la devoraba y acabó con su cabeza en el horno. Lo que sea para que se hubiera ahorrado estos versos, escritos pocos meses antes de morir:

No use, no use, now, beggin Recognize!
There is nothing to do with such a beautiful blank but smooth it.
Name, house, car keys.

Es decir, más o menos, si no se me ha oxidado mucho el inglés:

No sirve de nada mendigar, ¡reconoce!
Nada se puede hacer con tan bello vacío salvo suavizarlo.
Nombre, casa, llaves del coche.

Nada se puede hacer con tan bello vacío salvo suavizarlo. ¿Cuántas veces habremos pensado eso al abrir los ojos por la mañana, antes de hacer el primer chiste del día?

30/05/2008 01:23 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

31/05/2008

PELEA SUCIA

20080531130124-pelea-sucia.jpg

Impagable hallazgo de arqueología periodística. Me saltó a los ojos en un Heraldo de 1972, como siempre, mientras buscaba otras cosas para otros reportajes. Dos mozas australianas restregándose en el barro para regocijo de la parroquia falocrática. Si tuviera un bar, me haría un póster con este recorte. El texto de abajo dice:

Tina, "La Tigresa", aplica una llave india al cuello de Carmel, "La Trituradora", durante un combate femenino sobre barro celebrado en Perth. Este tipo de peleas son la última novedad para entretener a los turistas que llegan a la capital de Australia occidental.

Llamadme cerdete, pero yo creo que Carmel, "La Trituradora", lo está gozando con la llave india de Tina, "La Tigresa".



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