BURGO DE PALETOS

Piqué el anzuelo. De verdad. Creí que la cosa iba en serio, que íbamos a sacar algo en claro, que nos íbamos a divertir, que saldríamos a jugar a la calle. Pero no. Los paletos han vuelto a ganar. Los zombies* dominan la ciudad.
Una de las cosas buenas del regreso del PSOE a la alcaldía de Zaragoza fue la recuperación del ciclo En la frontera, que durante unas pocas semanas al año llenaba el centro de la ciudad de arte fresco y divertido, que invitaba a pensar sobre la ciudad y nuestro papel en ella. Por unos días, dejabas de envidiar a los neoyorquinos y a los londinenses: era como si la Tate se desparramase por las calles. Los viejos refunfuñaban al no entender lo que veían, la gente apacible sonreía con curiosidad y los niños se atrevían a subirse, ensuciar y romper las obras, que para eso estaban (los niños entienden enseguida el mecanismo del juego, para eso son niños, no necesitan saber nada de la internacional situacionista para gozar con el arte). En la frontera no se celebró el año pasado ni se celebrará este año. Los aburridos dicen que no hay dinero: hay que pagarle un nuevo estadio al Real Zaragoza y comprar goyas de tercera división.
En 2007, en su última edición, se organizó la muestra callejera Tercer Asalto. Grafiteros y muralistas de España y de Europa fueron invitados por el ayuntamiento a llenar con sus obras varias fachadas del deterioradísimo Casco Histórico. Cambiaron las calles y las perspectivas, dieron alegría, frescura y modernidad a rincones tristes y húmedos. Nos alegraron la vida. Así de simple.
Pues bien, esta semana, los zombies de Urbanismo, que al parecer sólo entienden de cloacas y de farolas, han enlucido todos los murales. Un gris pastoso cubre las obras: el gris de la medianía, el gris de los paletos, el gris de las beatas de misa de 12, el gris provinciano, casposo y vetustiano que se disemina desde las torres mudéjares para que lo respiremos y nos provoque un enfisema pulmonar. Para que nos ahoguemos en su reconcentrado aliento cateto, caciquil y malencarado. Esta es la Zaragoza de después de esa Expo de las maravillas. Esta es la Zaragoza que aspira (agárrense a los machos) a ser capital cultural europea en 2016. Daría risa si no diera tanto asco.
Estos murales tenían muchos enemigos en el ayuntamiento. Zombies que preferían ver las fachadas cubiertas de trampantojos rococós, con escenas de antaño, con Agustinas lanzando zambombazos contra soldaditos de plomo, con señoras con miriñaque y sombrilla, con Alfonsos XII montados en caballos blancos que cabalgan sobre mantos de flores. Horteras de tomo y lomo que no soportan la felicidad ajena, que quieren encerrarnos a todos en una caja de música antigua con bolas de alcanfor. Han llegado a decir que esos murales son de mal gusto, que aquello no es arte, que se sienten agredidos.
¿Cómo se puede mantener esta discusión en una ciudad europea -que, insisto, tiene los santos testículos de aspirar a la capitalidad cultural, ni más ni menos-? ¿Qué clase de personaje paleto e iletrado es capaz de cuestionar a estas alturas si el muralismo urbano es arte o no? ¿No es ésta una discusión del siglo XIX? ¿Estamos discutiendo las ventajas de la electricidad o del ferrocarril? ¿De qué narices hablan? ¿En qué mundo de mesas camilla y pastas rancias viven?
Me siento muy gilipollas. Había picado en el anzuelo, me había creído que por el valle del Ebro bajaba algo más que cierzo, que esta vez sí nos íbamos a subir al carro del siglo XXI, que nos comportaríamos como la gran ciudad europea que las estadísticas dicen que somos. Hace años, cuando un amigo de Madrid venía a Zaragoza, yo se la enseñaba feliz, le mostraba una ciudad alegre y optimista, llena de gente joven y amistosa, con el ansia de los que quieren perderse en el mundo y concentrarlo en su casa al mismo tiempo. Parecía que aquello vibraba, que íbamos a realizar el sueño de nuestros padres y abuelos, que nuestra luz iba a deslumbrar a los del otro lado de los Pirineos, y no al revés, como había pasado siempre.
Pero no. Seguimos siendo un burgo podrido con munícipes cubiertos de pelo de la dehesa. Paletos dignos de guardar las llaves de la casa de Bernarda Alba. Qué ascazo y qué aburrimiento más grande. No me termino de creer que estemos así a estas alturas, tan rancios, tan levíticos, tan garrulos.
*La referencia a los zombies se la debo a Un lugar en la cumbre, la novela de John Braine que estoy leyendo. Así es como el protagonista llama a los funcionarios municipales, a la gente gris, mediocre y severa.
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Autor: Javier López Clemente
http://la-mirada.blogspot.com/2007/07/compra-vende.html
Salu2 Córneos.
Fecha: 25/01/2009 22:26.
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Autor: Anakrix
Fecha: 25/01/2009 23:59.
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Autor: Vladimir
Fecha: 26/01/2009 00:39.
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Autor: Rocco
te dejo mi blog para que lo leas
www.lavidaencomic.blogspot.com
saludos
R
Fecha: 26/01/2009 15:38.
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Autor: luis
Ya se que hay grafiteros buenos y malos, que es arte,etc. pero las puñeteras "firmas" me dan asco, repulsión, rabia, puesto que es el mayor atentado contra nuestra ciudad ¿has visto el programa la magia de viajar por zaragoza...? roña, suciedad, dejadez... hay que acabar con ellos como sea.
Son terroristas del gamberrismo... fomentar el grafitismo bueno no es solución...
Fecha: 27/01/2009 11:50.
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Autor: S. del Molino
Fecha: 27/01/2009 12:42.



