LA LITERATURA DE LOS NÓMADAS

Babelia dice que el cuento está de moda en España, que vive un momento dulce, que hay muchos cuentistas. A ver si es verdad. Como cuentista lo deseo, pero no sé hasta qué punto es cierto. El otro día hablaba, a propósito de Poe, de lo que significa el cuento para mí, y hoy he tropezado con estas palabras de John Cheever, uno de los grandísimos narradores breves de Estados Unidos en el siglo XX, que me gustaría compartir con vosotros. Pertenecen al ensayo Why I write short stories, publicado en la revista Newsweek. La traducción es del escritor argentino Rodrigo Fresán:
¿Quién lee cuentos?, uno se pregunta, y me gusta pensar que los leen hombres y mujeres en salas de espera; que los leen en viajes aéreos transcontinentales en lugar de ver películas banales y vulgares para matar el tiempo; que los leen hombres y mujeres sagaces y bien informados quienes parecen sentir que la ficción narrativa bien puede contribuir a nuestra comprensión de unos y otros y, algunas veces, del confuso mundo que nos rodea. La novela, en toda su grandeza, exige, al menos, algún conocimiento de las unidades clásicas, que preservan ese lazo misterioso entre la estética y la moral; pero que esta antigüedad inexorable excluyera la novedad en nuestras formas de vida sería lamentable. Algunos conocemos esta novedad a través de La guerra de las galaxias, otros a través de la melancolía que sigue al error cometido por un jugador que no batea en las últimas entradas de un partido de béisbol. En la búsqueda de esa novedad, la pintura contemporánea parece haber perdido el lenguaje del paisaje y -mucho más importante- del desnudo. La música moderna se ha separado de aquellos ritmos profundamente enraizados en nuestra memoria, pero la literatura aún posee la narrativa -el cuento- y uno defendería esto con la propia vida. En los cuentos de mis estimados colegas -y en algunos míos- encuentro esas casas de verano alquiladas, esos amores de una noche, y esos lazos extraviados que desconciertan la estética tradicional. No somos nómadas, pero -sin embargo- subsiste más que una insinuación en el espíritu de nuestro gran país, y el cuento es la literatura de los nómadas.
John Updike, discípulo directo de Cheever, también fue un nómada. Creo que Updike ha muerto porque no ha soportado la ausencia de su némesis, Norman Mailer. Se pasaron media vida zurrándose el uno al otro, mientras sus literaturas parecían converger en un oscuro horizonte. Nadie puede sobrevivir sin su némesis. Hasta siempre, Conejo.



