UN MISMO PAÍS
Como dos enemigos que se odian, Francia y Estados Unidos se parecen muchísimo. Aunque -especialmente Francia- tiendan a presentarse como la antítesis del otro, tienen muchas más cosas en común de las que los separan. Si queréis irritar a un francés o a un yanqui, hacédselas notar. Les haréis sangrar la glándula chovinista, que ellos tienen debajo del páncreas.
- Franceses y americanos están convencidos de que viven en el mejor de los países posibles, y en esa creencia educan a sus vástagos. En otros países esto no ocurre: españoles, italianos, portugueses, ingleses y argentinos tendemos a pensar que vivimos en el peor de los países posibles, y en esa creencia educamos a nuestros vástagos.
- Cuando un intelectual francés o americano habla de "la sociedad" o del "mundo", en realidad está hablando de "la sociedad francesa o americana" o del "mundo francés o americano". Lo que hay afuera es un magma de bárbaros que no merece ser llamado "sociedad" ni "mundo".
- Los dos países tienen mitos fundacionales republicanos que funcionan casi como religiones de Estado. El respeto a los padres fundadores y a su mitología es sagrado y tiene proyección universal.
- El granjero o campesino es uno de los ejes del Estado y una de sus señas de identidad. A diferencia de lo que ocurre en otros países desarrollados, mantienen sociedades rurales poderosas, con férreos valores tradicionales que pueden llegar a condicionar la conducta del Estado. En ambos países, el granjero es a la vez mito nacional y emblema de lo palurdo. Lo mismo se le adora que es objeto de bromas, y esa contradicción mantiene enhiesta su figura.
- Estados Unidos tiene una versión en negativo de su país en México. Francia estaba acostumbrada a tenerla en España. Que España haya dejado de serlo ha afectado mucho a su autoestima. Los franceses no se han recuperado del golpe, no asumen que los españoles hayan dejado de ser mano de obra barata y vacaciones baratas. Los americanos pueden seguir gozando de México en ese sentido.
- La mayor ambición de los literatos de ambos países es aprehender su espíritu y su época en sus obras. Los americanos suspiran por "la gran novela americana" y los franceses intentan apresar la crisis decadente en la que su país dice vivir desde que el mundo dejó de admirarlo (es decir, desde siempre). A los literatos ingleses, por ejemplo, esto les importa más bien nada, y a los españoles se la suda ampliamente.
- Tienen paisajes urbanos muy uniformes y muy reconocibles. Basta un detalle en una foto -una señal de tráfico, la forma de una ventana o de un semáforo- para saber que ha sido tomada en una ciudad francesa o americana. Las ciudades españolas son muchísimo más heterogéneas.
- Pero la semejanza definitiva, la prueba insoslayable de que ambos países son variaciones de uno solo es lo mucho que se odian: para Francia, Estados Unidos es el colmo de la vulgaridad y de la prepotencia, y para Estados Unidos, Francia es el colmo del amaneramiento y de lo vacuo. Y mientras se insultan, nadie repara en que José Bové es clavadito al John Doe de la peli, o que Frank Sinatra apesta a club parisino.
Además, qué cojones: que hasta tienen la misma bandera, con los mismos coloricos.



