COMO ACTORES SECUNDARIOS

Parental advisory: este post no es apto para menores proclives al botellón. Niños, no hagáis esto en vuestras casas.
Hará un par de semanas quedé con un amigo a echar una caña antes de cenar. Un plan reposado: un poco de charleta literaria -los dos le damos a la tecla por oficio y vocación-, contarnos lo que tenemos cada uno entre manos y a casa.
Pero la cosa se lió, empezamos a dejar de pedir el vino por copas para pedirlo por botellas y apareció por ahí un montón de gente que saludaba, bebía, brindaba con nosotros y se despedía. Hacia la medianoche cenamos cochifrito (o algo así), se presentaron nuestras respectivas -por lo demás, sobrias y pacientes- y acabamos todos a las dos de la mañana ciegos como piojos en un concurrido antro de modernos con nombre de atracción de feria. Mi amigo y su respectiva hicieron mutis en algún momento indeterminado y yo fui remolcado hasta el hogar mientras decía un montón de inconveniencias y cantaba clásicos de Lluís Llach a voz en grito.
No se puede salir de casa, pensé.
La resaca fue fina, por supuesto, y juré, instantes antes de volver a salir, que a Marx ponía por testigo de que nunca más bebería alcohol. Pero mi day after debió de ser mucho más suave que el de mi compañero de farra, que me mandó un sms disculpándose por lo impropio de su conducta y esperando no haberme ofendido ni a mí ni a mi señora.
Pues sí que estamos bien -seguí pensando, con gran esfuerzo y después de tomarme un sobre de ibuprofeno antirresacoso-, ahora me vienen con culpas judeocristianas. Lo que nos faltaba.
El remordimiento, ese gran enemigo interior.
¿Qué mundo es este en el que uno no se puede salir un poco de madre de cuando en cuando? ¿Qué tristeza de vida es esta que nos avergüenza de nuestras pequeñas -misérrimas- debilidades? Ni que hubiéramos cometido un crimen, digo yo. El crimen lo cometí yo contra el repertorio de Lluís Llach, pero salvo la dignidad de la cançó catalana, nada más resulto herido aquella noche, que por lo demás recuerdo grata e ingeniosa.
La culpa se extiende como el aceite entre los hijos del mayo del 68. Qué generación de mierda esta a la que pertenecemos que es más carca que la de sus padres. Bien está que no busquemos playas bajo los adoquines porque ya sabemos que bajo el pavimento sólo hay cloacas, y destaparlas es insalubre, pero de ahí a que nos avergoncemos del desfase, a que no podamos ni zamparnos una fabada por el qué dirán...
He aquí un retrato generacional, cortesía de Barricada en el disco Por instinto:
Puedes observar como empieza
aunque no lo entiendas
y nadie te lo explique.Puedes creer que estás equivocado
porque todos parecen divertirse.Como actores secundarios
demasiado preocupados
en llevar puesto el sombrero
y poner cara de tiernos.Son chicos muy listos,
todo lo hacen bien.
Son como gusanos
que no paran de comer.Aburrida, vaya generación.
Ser aburridos es nuestra vocación.¡Ven, ven, ven!
A mirar el precipicio.
¡Ven, ven, ven!
Todo lo haces por instinto.
¡Ven, ven, ven!
Ven a mirar, salta de aquí.Llegas con retraso, tu tiempo va al revés.
La aguja se volvió a romper.Si intentas decirme algo, esa historia ya la sé.
Puños cerrados golpean la sien.Muy arriba o muy abajo,
ni delante ni detrás,
quédate con lo que quieres,
no hablaremos nunca más.
No he encontrado el vídeo de la canción, pero os pongo esta versión de Los Gandules del No hay tregua, frente a los mismos Barricada. A mí me parece tronchante, pero reconozco que soy muy primario:
Estamos tan empeñados en hacerlo todo bien, en ser perfectos, en lucirnos, en brillar, en destacar en el histérico resorte de la vida (de la vida laboral, vaya, la del éxito, la del reconocimiento), que no toleramos la imperfección, que no soportamos la fluidez del vino cuando se ha perdido la cuenta de las copas y la anestesia de la parte frontal del cerebro, la que controla la inhibición, la que nos lleva al borde del precipicio. Somos actores secundarios demasiado preocupados en llevar puesto el sombrero y poner cara de tiernos.
Y ya está bien, hombre: es feo que alguien sienta que se tiene que disculpar por emborracharse con un amigo, digan lo que digan los de Proyecto Hombre y los de Alcohólicos Anónimos.
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Autor: Enrique
Fecha: 16/02/2009 10:44.
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Autor: S. del Molino
Fecha: 16/02/2009 12:12.
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Autor: Enrique
Fecha: 16/02/2009 12:28.
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Autor: María
Todo esto serán las "Malas influencias" que tengo ganas de leer y que aún no nos has dicho cuando salen.
Fecha: 16/02/2009 18:14.
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Autor: Fenrisolo
Fecha: 16/02/2009 21:18.
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Autor: S. del Molino
Fenrisolo: dudo mucho que el remordimiento sea una señal de nada. Las señales son más sencillas, se ven con más claridad.
Fecha: 16/02/2009 23:46.
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Autor: Rosa María
A mi, siempre me han gustado las malas influencias, me atraen por efecto imán,o me persiguen, yo que se !pobre de mi! pero, no se, no se, a mi como que me das un poquitín de miedo, creo que voy a leer ese libro sin que me vea papá. Saludos!
Fecha: 17/02/2009 18:21.
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Autor: Bender
Fecha: 24/02/2009 17:40.



