QUERIDA ELENA FRANCIS
Su Majestad Córnea, Javier López Clemente, me deja esta pregunta, que paso a atender en profundidad, como en el consultorio de Elena Francis:
En serio, al fin y al cabo eres crítico literario. ¿Qué tipo de crítica valoras más, la de la percepción del crítico, sus vibraciones, sus gustos, sus fluidos corporales; o esa otra que analiza, disecciona, da ejemplos, es didáctica?
En primer lugar, llamarme crítico literario es astralmente hiperbólico. Una cosa es que reseñe y comente libros con mayor o peor fortuna y otra muy distinta que se me pueda considerar crítico literario. Soy un lector que, en vez de escribir anotaciones al margen en los libros, compone artículos con sus impresiones y las comparte con otros lectores. Nada más. La crítica es algo más sistemático, doctoral y prescriptivo.
Yendo al grano de tu pregunta, no creo que haya una separación tan radical entre ambos tipos de críticas. Sí que es verdad que se adivinan dos escuelas, una más nietzscheana y subjetiva, y otra más kantiana, que aspira a cierta objetividad. O, al menos, a establecer un juicio justo -sea lo que sea eso- sobre la obra. Pero, en la práctica, ambas se mezclan, apenas hay ejemplos puros de una o de otra. Y, en cualquier caso, ambas tienen su espacio y su público, pueden coexistir pacíficamente.
El problema en ambas es cuando no se cultivan con honestidad, sino como coartada. Un crítico pretendidamente manso y didáctico puede usar esa actitud como una fachada para ocultar una connivencia con los editores. Es decir, que así es fácil vender como crítica lo que no es más que una hoja promocional del libro en cuestión. Véase Babelia y la imposible independencia de sus reseñistas (¿han visto que algún crítico ponga un mal gesto a un libro editado por una editorial de Prisa? Bueno, sí, hubo uno una vez, y le echaron. Recuérdenlo, que fue sonadísimo). Asimismo, un crítico vitriólico y acerado puede utilizar su estilo para muchas cosas: para disimular sus carencias analíticas o para ajustar cuentas personales que nada tienen que ver con la literatura.
Por eso, para mí, en tanto que la crítica es un género periodístico (un género híbrido y complicado, pero periodístico al fin y al cabo), la mido por el mismo rasero que cualquier otra expresión periodística: lo único que me importa es que se ejerza con honestidad, rigor y, sobre todo, credibilidad. Si un crítico es creíble, se ha ganado su reputación entre el público, y su juicio es respetado, ¿qué más da cómo ejerza su oficio? Lo importante es que no sea sospechoso de nada y que los textos que llevan su nombre respondan realmente a lo que él piensa y siente y que no esté ejerciendo de vocero de nadie ni atendiendo cuitas que no son literarias (o cinematográficas, o lo que sea). Si es destructivo o constructivo, si hace que los autores se caguen en los pantalones o los cubre de rosas, si utiliza refinada jerga filológica o se expresa como un taxista ex legionario en turno de noche con media botella de cazalla en el cuerpo me da absolutamente igual.
Dicho esto, a mí, como lector y como gourmet, me gusta que las cosas lleven picante. La crítica que se limita a ser un comentario de texto academicista me deja frío. Eso estará bien para los despachos de las universidades, pero yo, como lector, espero mucho más. Espero chispa, ingenio, audacia y, por qué no, mala uva si se da el caso. Y, si de mí dependiera, trataría de que los suplementos culturales estuviesen lo más poblados posible de críticos con cierta tendencia a revirarse. Desde mi punto de vista, cuando un autor decide exponer su obra al público, la expone a todo, y no debe esperar compasión. No tiene derecho a exigir compasión. Más que nada, porque el artista pierde su dignidad cuando contesta a una crítica. Incluso a una crítica sin fundamento. Se rebaja al nivel de un niño caprichoso y malcriado. Hay que tragarse el orgullo (espero aplicarme este cuento toda mi vida, por cierto, porque si sigo publicando libros llegará un momento en el que alguién defecará en ellos, lo tengo asumido).
Resumiendo: si el crítico tiene credibilidad, que es el atributo que todos los periodistas deberíamos perseguir por encima de cualquier otra cosa, lo tiene todo. El público se fiará de él, y cuanto más a la vista deje sus prejuicios, sus filias y sus fobias, mejor podremos seguirle. Yo me hago una idea muy clara de si me va a gustar una obra o no en función de cómo la tratan algunos críticos de los que soy fan -y Boyero es uno de ellos-. Y no por lo mesurado de su juicio ni por lo bien que la analizan, considerando todos y cada uno de sus aspectos. No hace falta. Si conozco -porque la ha expuesto- su sensibilidad, sé de qué palo va la obra que comenta en función de las reacciones que ha provocado en él.
¿He respondido satisfactoriamente, señor Córneo? Un abrazo.
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Autor: Javier López Clemente
Pese a que usted hizo un amago alegando falta de mollera, ya ve, mi insistencia le ha llevado a regalarnos esta brillante entrada.
Y respondo a su pregunta: Satisfecho, of course, pero ya sabe, seguiré preguntando
:-)
Salu2 córneos y muchas gracias, maestro.
PD. Cada día me fastidia más que el curso aquel, usted ya sabe, se fuera al garete, pero bueno, esta bitácora es gratuita
jajajajajajajaja
Fecha: 03/06/2009 00:23.
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Autor: Arturito
Fecha: 03/06/2009 14:46.



