MIRADAS

Aprovecho los últimos coletazos de estas breves vacaciones -pero no me quejo, que tal y como está el percal en la economía y en la prensa patrias, las siguientes vacaciones pueden ser a cuenta del Inem- para llenar un vergonzante vacío cultural: Primo Levi.
Sí, es espantoso, es una lectura que hace muchos años que debería haber hecho, con el agravante de que acabo de publicar un libro donde reflexiono -tangencial y someramente, pero con cierta ambición especulativa- sobre el nazismo, su memoria y sus secuelas. Deberían ahorcarme por haber echado a andar por ese camino sin llevar los libros de Levi en la mochila, pero qué quieren: soy periodista y me han adiestrado para que me lance a escribir sin rubor y sin rigor sobre cualquier tema que se me cruce, con la osadía del ignorante profesional. Nos va el sueldo en ello.
Además, después de leerle, sé que Primo Levi sabría disculparme, no le daría ninguna importancia. Porque, si le he entendido bien, Levi valora por encima de cualquier otra cosa el debate reposado de opiniones y juicios basados en la experiencia directa y en la observación. El pedigrí académico y el prurito doctoral están siempre por detrás de la reflexión honesta y mesurada, que se expresa después de haberse metabolizado en las entrañas mismas del ser humano.
Tengo en mis manos la Trilogía de Auschwitz, que recoge los tres libros que Levi escribió sobre su paso por el infausto campo de exterminio nazi y su peregrinar pícaro y agónico por una Europa en ruinas en un larguísimo y penoso regreso al hogar, a Turín. Lo edita en español, en edición primorosa y delicada, El Aleph, y viene con un muy acertado prólogo de Antonio Muñoz Molina.
No voy a descubrir a estas alturas de la vida a Primo Levi, pero sí que me apetecía dejar constancia de lo hondo que me ha llegado su relato. Y no tanto por la descripción desapasionada y testimonial del horror del Holocausto, sino por la sencillez y ternura de su mirada. Porque testigos hay muchos, y todos pueden contar más o menos lo mismo con distintas palabras. No es el contenido del relato, sino su punto de vista, y la visión del mundo que se va desgranando en las reflexiones, lo que convierte a Levi en una figura gigantesca, casi homérica.
Estas madrugadas, encerrado en este mismo despacho que ya no es despacho, pues estamos desalojando los muebles para que lo ocupe el habitante de esta casa que está en camino, he llorado varias veces. Sin vergüenza, seguro de mi soledad y de mi encierro. Y no he llorado ante lo más truculento ni ante los detalles del exterminio nazi que todos conocemos porque nos los han contado mil millones de veces. He llorado ante el dolor insoportable de lo minúsculo.
Hay un momento de Si esto es un hombre en el que Levi cuenta que, debido a su formación como doctor en Químicas, le destinan a un barracón-laboratorio a trabajar como científico-esclavo. Es un privilegio que, probablemente, le salvó la vida, al librarle de los trabajos forzados en la nieve y ofrecerle un entorno a cubierto y con una alimentación un poco más decente que la que tenía el resto de los presos. Pero es allí donde toma conciencia de su indignidad. Allí, de vuelta a medias a la civilización y a la humanidad, descubre por contraste hasta qué punto le han anulado. En el laboratorio trabajan auxiliares y secretarias. Chicas jóvenes alemanas, alegres y coquetas como cualquier otra chica trabajadora de la época. Levi y los demás presos que trabajan de químicos ven despertar una atracción de lo más natural, pero que enseguida se vuelve dolorosa: las chicas les observan con asco, evitan tropezarse con ellos, ni siquiera les miran a los ojos ni toleran que se dirijan a ellas si no es por mediación de un kapo. Y Levi se ve con los ojos de esas chicas, y ve un alfeñique flaco, pestilente, rapado, con zapatos de madera llenos de barro y ropas jironeadas llenas de mugre. Se da cuenta entonces de hasta qué punto le han robado la humanidad, hasta qué punto se ha convertido en una bestia que no merece ni una mirada.
Hay otro pasaje de una hondura aterradora, que atraviesa y condensa siglos de filosofía y literatura y da cuenta de la grandeza del personaje Primo Levi, de su estratosférica altura moral. Sucede en La tregua, segundo volumen de la trilogía, que empieza con la liberación de Auschwitz. Levi se encuentra por primera vez con dos soldados rusos que están reconociendo el campo, tratando de hacerse una idea de la magnitud del horror que tienen delante de sus ojos, y escribe este párrafo terrorífico, que a mí me hiela la piel:
No nos saludaban, no sonreían; parecían oprimidos, más aún que por la compasión, por una timidez confusa que les sellaba la boca y les clavaba la mirada sobre aquel espectáculo funesto. Era la misma vergüenza que conocíamos tan bien, la que nos invadía después de las selecciones, y cada vez que teníamos que asistir o soportar un ultraje: la vergüenza que los alemanes no conocían, la que siente el justo ante la culpa cometida por otro, que le pesa por su misma existencia, porque ha sido introducida irrevocablemente en el mundo de las cosas que existen, y porque su buena voluntad ha sido nula o insuficiente, y no ha sido capaz de contrarrestarla.
Leo a Levi en la habitación que ocupará mi hijo, y me gustaría que cuando creciera aprendiera a ver el mundo con la sencillez y la insobornable dulzura que encuentro en estas páginas, sin necesidad de que tenga que pasar por lo mismo. Si pudiera darle algo parecido a eso, mi trabajo como padre sería soberbio, el más grande de cuantos emprenda en mi vida. Pero no estoy seguro de que esas miradas y esa disposición ante el mundo puedan aprenderse con facilidad o de que incluso puedan llegar a aprenderse de alguna forma si no están ya injertadas en nuestros cromosomas. No estoy seguro de poseerlas yo mismo ni siquiera en su forma más tibia y miserable. Si fuera tan fácil ser como Primo Levi y hubiera muchos Primos Levis en todas las ciudades, no habría existido Auschwitz. Es así de sencillo.
Es decir: si los Primos Levis fuesen la norma, no harían falta Primos Levis.
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Autor: Javivi
En cualquier caso, no estoy de acuerdo con el carácter de trilogía que le han dado desde El Aleph. Son tres libros independientes que pueden leerse por separado. De hecho, el mejor de los tres, Los hudidos y los salvados, es un monumento insuperable de por sí. Maravilloso.
Fecha: 28/09/2009 09:19.
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Autor: S. del Molino
Fecha: 28/09/2009 11:51.
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Autor: Severiano
Fecha: 28/09/2009 12:23.
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Autor: S. del Molino
Fecha: 28/09/2009 13:47.
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Autor: Javivi
Fecha: 28/09/2009 13:56.
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Autor: Severiano
Fecha: 28/09/2009 14:07.
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Autor: Severiano
Fecha: 28/09/2009 16:48.
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Autor: S. del Molino
Fecha: 28/09/2009 16:53.
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Autor: S. del Molino
Fecha: 28/09/2009 16:56.
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Autor: Severiano
Fecha: 28/09/2009 18:11.
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Autor: Javivi
Fecha: 28/09/2009 18:43.
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Autor: Javivi
Fecha: 28/09/2009 18:45.



