Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2009.
Resumen
- 02/04/2009 13:17 - MALDITAS TABERNAS BRITÁNICO-IRLANDESAS
- 03/04/2009 02:12 - NOS VEMOS EN MALASAÑA
- 05/04/2009 13:15 - CÓCTELES SOCIALISTAS
- 07/04/2009 00:34 - MECONIO
- 07/04/2009 22:57 - QUE SE JODA Y BAILE
- 08/04/2009 15:59 - SOÑARSE
- 11/04/2009 13:14 - LO OSCURO DEL SHAMAN
- 13/04/2009 20:36 - GONZÁLEZ-SINDE HACE AMIGOS
- 15/04/2009 21:43 - OTROS VENDRÁN...
- 16/04/2009 17:49 - MALAS INFLUENCIAS WORLD TOUR 09
- 17/04/2009 13:35 - NIMG
- 20/04/2009 00:24 - DEL REVÉS: PURO Y AUTÉNTICO
- 21/04/2009 13:53 - FRENTE A LA CARGA DEL HOMBRE BLANCO
- 22/04/2009 12:06 - LA SERIE DE LOS HAS BEEN
- 24/04/2009 13:47 - OH, HAPPY DAY
- 26/04/2009 12:23 - EL PRESTIGIO
- 28/04/2009 22:39 - LA CIUDAD PIXELADA
MALDITAS TABERNAS BRITÁNICO-IRLANDESAS
Quedé el otro día a echar unas pintas con Rondabandarra, con quien he trabado amistad a través de este rinconcito virtual.
-Te espero en el Loch Ness -me dice.
Stupendo. Llego a la hora acordada, veo que él todavía no ha aparecido y me pido una pinta. Cuando me llevo la achocolatada Guinness a los labios, el posavasos queda al descubierto y leo en él: The Vertical Tavern.
Mierda, me he equivocado de taberna.
Llamo a Rondabandarra:
-Hola, soy gilipollas, me he equivocado de sitio y ya he pedido una pinta.
-Pues yo también acabo de pedir, ¿qué hacemos?
-Pues nada, me la beberé de trago y acudo ahora.
-Venga, pues.
No me entra entera de trago. Ya no tienes 18 años, Sergio, me digo. Así que me bebo más o menos un tercio, pago y, disimuladamente, fingiendo que tengo que hacer una llamada por el móvil, me escaqueo del local.
Cruzo la plaza y me dirijo al fin al Loch Ness o... Espera, creo que esta es la calle del Loch Ness, pero esa taberna irlandesa con el letero de Guinness no se parece a lo que yo recuerdo. Aunque, de alguna forma, también se parece mucho. Así que entro hasta el fondo. No está. Mierda, esa taberna tampoco es el Loch Ness.
Aturdido, salgo fuera y caigo en la cuenta de que me he equivocado de bocacalle. El Loch Ness estaba enfrente del campus, es una calle más allá. Así que voy para allá y me tropiezo con cuatro letreros de Guinness. ¡Cuatro! Entro en una que tiene una especie de atrio al principio, tal y como recuerdo que tiene la del Loch Ness, pero... ¡Mierda, tampoco es esa! Y la de al lado tampoco, y la otro tampoco. Con mi abrigo largo abrochado parezco un matón que busca a su víctima. La gente empieza a mirarme mal. Debo de tener muy mala pinta.
Avergonzado y casi noqueado, vuelvo a llamar a Rondabandarra:
-Tío, ¿dónde coño estás?
-¡No lo sé! ¡Esto está lleno de putas tabernas irlandesas!
-Calma, calma. Además, esta es una taberna escocesa.
-Ya, claro, son muy diferentes, qué ocurrencias tengo. ¿Dónde está eso?
-Al lado de Hermanos Vidal.
Una luz se abre en el cielo de repente, indicándome el camino. Al fin una indicación razonable, al fin un mojón que rompe el bucle. Voy a la entrañable librería de viejo Hermanos Vidal, echo un ojo rápido a la morralla que tienen expuesta en el escaparate y me adentro, triunfal y satisfecho, en el Loch Ness, que no tiene letrero de Guinness en la puerta (acabáramos).
Mirad, si vuelvo a ver en unos días una taberna británico-escocesa-irlandesa-inglesa-galesa, la quemo. Juro por la reina Isabel que la quemo, por muchas erasmus holandesas hormonadas y excitadas que se estén emborrachando dentro de ella. Qué bien arderá su suelo de madera sin desbastar, y qué bien propagarán las llamas las botellas de whisky irlandés-escocés añejo. Qué gusto ver consumirse los carteles viejos de calles de Dublín y la postal del trenecito de vapor que cruza por un puente.
Qué pesadilla. A punto estuve de no salir con bien de ese bucle tabernario.
NOS VEMOS EN MALASAÑA
Os recuerdo, por si queréis pasaros, que este viernes 3 de abril, a las 20.00, presento mi libro Malas influencias en la librería Tres Rosas Amarillas de Madrid (c/ San Vicente Ferrer, 34. Metro Tribunal, líneas 1 y 10). Será un acto informal, de charleta con los amigos con un vinito. Ya os contaré si vino alguien.
CÓCTELES SOCIALISTAS

Lo pasamos bien el viernes en la presentación de Malas influencias en Madrid ¿no? Buena gente, una librería estupenda y única en España (me habría fundido un sueldo comprando libros que sólo veía de refilón, pero que sonaban apetitosos solo por su lomo) y una noche primaveral. Nuestros anfitriones de Tres Rosas Amarillas se portaron estupendamente, no dejando que ninguna copa estuviera vacía de vino, sacando muchas cosas para picar y permitiendo la presencia de Santana, una perra de la que soy tío y que fue la que más comió de la fiesta.
Me permití aleccionar un poco a Óscar Sipán con su discurso de presentación: "No sé si al acto va a acudir una persona algo más que aludida en un cuento. Si la veo, te hago una seña para que no hables de él, porque no sé cuál va a ser su reacción y prefiero que lo descubra ella en la lectura".
Ya la había jodido. Le obligué a rehacer sus notas. Al final, no le hice seña ninguna, pero ante la duda, prefirió obviar ese cuento.
Óscar sí que habló mucho de lo directo que soy en mi escritura y de lo desatadamente autobiográfico que es este libro en algunas de sus piezas. Citando a un personaje mío, dijo que odio el eufemismo y el resto de maquillajes.
Yo, para llevar la contraria, que para eso era el autor, dije que no lo sentía así, que soy de natural pudoroso, que creo que tiendo a ocultar mucho más de lo que descubro y que me gustaría ser mucho más directo, que todavía doy demasiadas vueltas para llegar a los sitios. Sin ir más lejos, para llegar a la librería habíamos dado unas cuantas vueltas por las callejas de Malasaña. La línea recta no es lo mío.
Me emocionó mucho ver a tanta gente querida entre la limitada -espacio obliga- concurrencia. Me hubiera gustado dedicar un poco más de tiempo a charlar con cada uno de ellos, especialmente cuando empezó a correr el Cariñena y las mejillas se me enrojecieron por algo más que el rubor. No cito nombres por miedo a dejarme a alguien, que mi memoria es de piscifactoría. Me limitaré a los que salen en esta estampa de arriba (no pude hacer muchas más fotos porque se me acabaron las pilas, soy así de previsor).
En la foto estoy con Ivo y con Chela (y al fondo, a la derecha, asoma el perfil de Sipán dándole al morapio con elegancia y fruición). Ivo acababa de llegar de Alicante y apareció por las justas en la librería, y Chela brilló entre la concurrencia con su racial belleza malagueña. ¿Se me ve orgulloso de tenerlos como amigos? Llevamos detrás muchas noches y muchas alegrías y disgustos. Son de esas amistades que ni el tiempo ni la distancia alcanzan a cuartear nunca. Siempre están más allá de las contingencias.
A Ivo, que es un diseñador e ilustrador fuera de serie, le escribí la dedicatoria más soez de todas las que llevo firmadas, y me imagino que si alguna vez llego a ser algo en la literatura, cuando me muera se cotizará alto en las librerías de viejo: "Para Ivo, se me va la olla, cómeme la polla". Todo sensibilidad. A él le encantó, pues es una referencia a una noche insoportablemente etílica que compartimos no muy lejos de esa librería hace unos años. Con Chela fui más delicado y me curré algo con cierta altura estética. Hay que adaptarse a los gustos y necesidades del cliente.
A Santana no le firmé ningún libro. Ya era bastante feliz zampándose los trozos de tortilla que quedaban por los platos y haciendo monerías a los dueños de Tres Rosas Amarillas. A Santana la encontramos Chela, Dani y yo una madrugada de 2002 en la plaza de Santa Ana de Madrid. Era un cachorro pequeño, perdido y asustado. Temblaba de puro miedo. ¿De dónde había salido? ¿Se había escapado? ¿La habían abandonado? Yo no me la podía quedar, me tenía que ir a Zaragoza a trabajar, pero presioné para que Chela y Dani la adoptaran. Creo que es una de las mejores decisiones que han tomado nunca. Fue bautizada como Santana, en honor a la plaza donde fue rescatada, y muy pronto se convirtió en una perra grande, nerviosa, juguetona y muy cariñosa. A mí me ve poco, pero siento que me reconoce, que sabe quién soy y qué hice aquella madrugada en la plaza de Santa Ana. Lo noto en la forma en la que se acurruca contra mí y en la que reclama mi atención. Se merecía estar en la presentación del libro, aunque me robara el protagonismo, como de hecho hizo.
Cuando se acabó el vino, nos despedimos de nuestros maravillosos anfitriones libreros -después de dejarles el local hecho unos zorros- y nos trasladamos al vecino café Manuela, donde nos pasamos a la droga dura. En el Manuela, uno de los mejores antros de Madrid, hacen unos cócteles estupendos y no excesivamente caros. Yo, eufórico, me pedí un dry martini, a lo grande. Mario de los Santos, mi editor -junto a Óscar Sipán-, con un talante algo menos masculino, pese a su presencia gigante y viril, se tiró al daikiri (bueno, es un cóctel aceptable para un macho que se respeta, pero si se llega a pedir un mojito...) y descubrí que es tan entusiasta de los cócteles como yo.
-Yo tengo coctelera en casa -le dije.
-Toma, ¡y yo! -respondió-. Y medio litro de angostura que compré y no hay forma de acabar con él, porque sólo hay que echar unas gotitas cada vez.
Ahí estábamos, dos chavales de barrio educados en tradiciones izquierdistas y comunistas, hablando de nuestra mutua pasión por la coctelería decadente. Nos emplazamos a una sesión de cócteles. Para hablar de política y luchas sociales con vasos de diseño y líquidos de colores en la mano.
Eso fue el principio de la noche. Te cuento cómo empezó, pero no como siguió. Eso es parte de la crónica secreta. Sólo te diré que incluyó una recena con vino en la terraza de un ático con vistas a Callao y que, como cualquier velada memorable digna de serlo, la rematé durmiendo junto a una dama algo suelta y mimosa. Una dama que se pegaba a mí y me abría sus piernas para que le rascase los bajos y que me lamió la cara y otras partes del cuerpo.
Sí, la dama que no me dejó dormir era Santana. ¿Quién iba a ser si no?
ACTUALIZACIÓN DEL DOMINGO POR LA NOCHE:
He intentado colgar la foto, pero me da error, así que os remito a lo que ha escrito Ángel en su blog Fotos que importan, donde ha colgado una composición titulada Ensalada de color, que resume su estado de ánimo, eufórico, tras la presentación del viernes en Madrid. Este es el texto de Ángel:
El momento era especial, presentaba su primer libro de relatos cortos “Malas influencias”. Tras la presentación un abrazo, risas e intercambio de anécdotas entre todos los amigos que nos habíamos reunido. Terminamos en Manuela, en pleno corazón del barrio de Malasaña, tomando unas copas para celebrar el libro, el reencuentro, los proyectos vividos, los futuros... Creo que eso es la amistad, como una gran explosión multicolor de todo lo que se comparte, de las rarezas, las manías, los pareceres comunes y los que no lo son tanto. Como la fotografía que subo al post hoy, una “ensalada de color y formas”, una “explosión de amistad”.
Y justo ahora leo un mail de M. desde Alemania contándome lo emocionada que está tras recibir el ejemplar que le he mandado. Si al final me vais a hacer ponerme tierno y todo, con lo duro y arisco que me esfuerzo en ser...
MECONIO
Hoy hemos ido a ver a nuestro sobrino adoptivo, al hijo que acaban de tener nuestros mejores amigos. Yo quería llevar flores y bombones, quería ser rigurosamente cumplidor, no saltarme ningún paso del protocolo. Aunque no fuma, pensé en comprar un purazo para el padre. O dos, para fumarlos en compañía, ahumando la alegría por el recién llegado. Pero Cris me prohibió todo. "Sólo esperan nuestra presencia, no es una visita de compromiso", me dijo con su odiosa sensatez. Ante mi insistencia, accedió a parar a comprar una caja de bombones. Para endulzar la tarde. Quería una Caja Roja grande, que es lo más ceremonial que se me ocurría, pero sólo tenían de Lindt, y estaban medio derretidos.
Cuando llegamos a la maternidad, los ramos y los centros florales se amontonaban en la puerta de las habitaciones. "¿Lo ves? La gente trae flores, joder, había que comprar un ramazo gigante, ya lo sabía yo". Cris ni se dignó a responderme. Obviamente, nuestra amiga ya tenía en la habitación dos centros que ni los jardines de Versalles. Y yo, ahí, pasmao, con mis bombones derretidos.
No podía ser más inapropiado el regalo, porque en la habitación de una maternidad, con los padres del recién nacido, se habla de cosas de recién nacido. Y uno de los temas estrella ha sido el meconio, término moderno para referirse a lo que en castellano antiguo se llamaba -quizá con una sonoridad más apropiada- alhorre. Es decir, la primera cagada de nuestra vida.
El meconio, semilíquido, tiende a no respetar pañales ni ropas ni mantas, y se expande por doquier. Es una muestra de salud, una señal de que todo va bien en los recién inaugurados intestinos, pero quizá no es lo primero que se imagina uno que se va a encontrar en el adorable bebé.
Ahí estábamos, hablando de meconio -y contemplándolo en los pañales- y comiendo bombones derretidos. ¿Dónde terminaba el meconio y empezaba el chocolate Lindt?
Qué queréis que os diga, creo que unas flores habrían sido mucho más apropiadas para la conversación. Me he acordado de esta coña de Saturday Night Live. Está en inglés sin subtitular, pero no vais a tener problemas para entender la coña:
Y ahora en serio: estoy muy orgulloso de mi sobrino adoptivo y de que su meconio salga fluido y con garbo.
QUE SE JODA Y BAILE

No sé si me convence la moda del PSOE de poner a artistas al frente del Ministerio de Cultura. Ni con Molina antes ni con González Sinde ahora. Entiendo que hay un poso autogestionario detrás de esa tendencia, de dejar que los interesados gestionen sus propios asuntos. Pero creo que hay un error de fondo, un error que se perpetúa y que parece haberse convertido en una verdad a fuerza de repetirlo: pensar que "el mundo de la cultura" son los productores de la misma (o somos, ¿me incluyo yo como escritor y perceptor de derechos de autor?), y que son su posición y su palabra las únicas que importan en la materia. Que se organicen ellos sus asuntos a través del ministerio, pues.
No creo que sea bueno poner un ministerio al servicio gremial de nadie. ¿Qué pasaría si el Ministerio de Trabajo lo llevara el presidente de la patronal o el secretario general de Comisiones? ¿Cómo se lo tomaría la opinión pública? ¿Qué autoridad tendría en las negociaciones colectivas? ¿Por qué, entonces, se consiente que el Ministerio de Cultura quede en manos de un grupo que no tiene empacho en instrumentalizarlo? Lo mismo con la Sanidad: ¿por qué pusieron a un médico de ministro? ¿Es que la sanidad es patrimonio de los sanitarios? ¿Es que su gestión se identifica con sus intereses profesionales, o con los de los que la usamos? ¿Y por qué no, ya puestos, Botín de ministro de Economía y Hacienda?
La cultura no es de los artistas, y las políticas culturales de un Estado no deberían diseñarse pensando en el interés de quienes viven de ellas, sino pensando en el interés de todos los ciudadanos. La cultura es demasiado importante para dejarla en manos de los culturetas. Si el Gobierno tuviera algún remotísimo interés en utilizar su ministerio para algo más que tirarse el moco y repartir favores y cargos, tendría que poner a su frente a alguien con la altura de miras y la credibilidad necesarias para velar por el interés de todos. Y ese alguien jamás podría venir del mundo de la creación, porque está pringado en él. Ni siquiera tendría por qué ser amigo de los creadores. Puede enfrentarse a ellos si las políticas que plantea así se lo exigen, y si las exigencias gremiales del colectivo se enfrentan con las del público -entendido el público en sentido amplio-. Y en los tiempos que vivimos los intereses gremiales y los del público están cada vez más disociados. Una administración sensata intentaría conciliarlos, no hacer piña con un bando.
Pero, claro, estoy diciendo chorradas. ¿Políticas culturales? ¿De qué cojones hablo? Aquí de lo que se trata es de tener contenta a la tropa y de apandar unos cuantos cargos para los colegas. El público, que se joda y baile (y pague), que para eso está.
SOÑARSE
Qué gusto da tropezar con una silabeo inesperado, con una variante sintáctica insospechada, con un arcaísmo exhuberante. Qué refrescante es todo cuando el viejo y torpe castellano se sale de su corsé académico y afloran en un texto o en una conversación formas de decir que nada tienen que ver con la tuya ni con la que te han enseñado en la escuela. Te abren la puerta a mundos, a sentimientos y a evocaciones sin explorar, te llaman a regiones de tu idioma que no sabías que existían, pero que para sus hablantes son caminos trillados.
Hoy me he encontrado con esta frase en una novela de Edmundo Paz Soldán:
Me sueño con Hannah todas las noches.
Soñarse con. Ese uso pronominal del verbo soñar le da una dimensión nueva. Parece que el sueño sale de ti, que es un acto consciente, que te esfuerzas por construir y alimentar lo onírico.
Ya había escuchado esa expresión, en una canción de Extremoduro, Bribriblibli. Un verso dice:
Yo me sueño con su pelo.
Robe Iniesta -compositor de Extremoduro- es extremeño, y Edmundo Paz Soldán, boliviano. Un mar y un continente de por medio, y emplean el verbo soñar de la misma forma.
Me voy al Diccionario Panhispánico de Dudas, y allí me encuentro esto, en la tercera acepción del verbo soñar:
En la lengua general culta, soñar no se emplea en forma pronominal; no obstante, la forma soñarse se registra con cierta frecuencia en el español coloquial americano y en algunas áreas dialectales del oeste español, también con un complemento introducido por con: «Yo me sueño con los goles que voy a meter» (Gamboa Páginas [Col. 1998]).
Es decir, que la fórmula "soñarse con" viajó del agro extremeño a Latinoamérica. Entró con la sangre de los rudos conquistadores españoles. Quizá los incas escucharon a Pizarro decir que se soñaba con las tetas de las hijas del sol.
¿No os parece precioso? Ahora, mis sueños a secas, sin pronombre, me parecen huecos, sin fuerza. Quiero soñarme con algo, como hacen los pastores extremeños y los cocaleros bolivianos, sentirlo crecer y apropiarme de ello.
A veces pienso que hice mal al matricularme en Periodismo y no en Filología, pero luego se me aparece la estampa de un club de vejetes sesteando en la Real Academia y se me pasan las ganas.
LO OSCURO DEL SHAMAN
Leo en el libro de relatos Órbita, de Miguel Serrano Larraz (Ed. Candaya), que se presenta este martes y que reseñaré el lunes en el blog de libros del Heraldo, De reojo, un cuento titulado Shaman’s Blues. Habla de un bar -y una época- que ya no existe. Habla del Shaman, un garito que también fue uno de mis hogares durante un tiempo. Tanto era así, que cuando anunciaron que lo cerraban, se elaboraron unas nostálgicas y lloronas páginas en el suplemento MVT. Estaban cerrando muchos bares, y yo escribí un par de reportajes sobre el cerrojazo que se estaba imponiendo a la noche zaragozana. El del Shaman no fue obra mía, pero formó parte de esa campaña que hicimos unos cuantos desde Heraldo y que de nada sirivió. De hecho, el reportaje del cierre del Shaman hizo que el garito reviviera sus años de gloria. Los viejos parroquianos se interesaron por su suerte y el dueño, al ver el dinero fluir de nuevo a la caja, pospuso el cierre.
Qué cabrón, pensamos. Ahora nos va a dejar con la palabra en la boca. Si cierras, cierra, hombre.
Y cerró. Acabó cerrando de verdad, cuando las telarañas volvieron a dominar la caja registradora.
El Shaman era un garito rockero enclavado en la zona de bares más hortera y bisbalera de la ciudad. Estaba en el Casco pero no era un bar del Casco -la gente de Zaragoza sabe qué significa esa expresión-. Su sitio natural era la calle de la Paz o la zona de Bretón o junto al viejo Laberinto. Era un outsider en el Casco. De vez en cuando, alguien del público natural del Casco (una despedida de soltera con pollas en la cabeza, dos agricultores de Fima con camisas recién estrenadas y carteras forradas de billetes, la cajera de tu sucursal bancaria o tu prima, esa que se afilió a Nuevas Generaciones y te acusa de ser proetarra y guarro en las reuniones familiares) abría por error la puerta del Shaman. Asomaba la cabeza, veía el percal, musitaba un "lo siento", reculaba y volvía a salir. Y ahí dentro nos quedábamos los cuatro gatos de siempre, apoltronados en la oscuridad, destrozándonos los tímpanos con los Red Hot o con Metallica. Creo que un día hasta pusieron a Thin Lizzy, y en medio de mi borrachera, le solté a S. un speech amuermante sobre Phil Lynott y cómo casi se cargó a Nancy, la novia de Syd Vicious.
En el baño había un cartel de un concierto de Love of Lesbian. Lo miraba mientras meaba y siempre pensaba: vaya mierda de nombre. Siempre, no dejaba pasar esa reflexión etílica ni una vez.
En el Shaman hice muchas cosas, la mayoría inconfesables. Leyendo Shaman’s Blues me he dado cuenta de lo importantes que han sido los bares en mi vida. Los padres y los munícipes meapilas dicen que los jóvenes vamos de bares porque no hay alternativas de ocio en la ciudad. Yo no sé si las hay, pero, desde luego, no cambiaba mis noches en bares por nada. Ya puede haber campeonatos de bádminton, torneos de mus y partidas de War Hammer a las cuatro de la mañana, que yo me quedo acodado en la barra de mi bar, hablando a gritos y probando la resistencia de los huesecillos de mi oído.
Una amiga mía dice que en el Shaman empezó algo en mi vida que todavía dura -y de qué manera-. Yo no estoy de acuerdo. No creo que fuera en ese bar, aunque seguro que su atmósfera pútrida estaba involucrada. Hay muchas versiones de Cómo Empezó Todo, y la del Shaman es tan buena como cualquier otra. Lo que está claro es que empezó, sin duda, en un bar. Como empiezan todas las historias buenas.
Me gustaría hacer en este blog una serie sobre los mejores bares de mi vida. La voy a hacer. A deshoras y sin pautas, pero voy a dedicar un post a cada antro que ha significado algo para mí, ahora que empiezo a sumar años y noto que llevo muchos locales a mis espaldas.
Hablaré de El Paso, en Madrid, y de cómo su dueño, Félix, se negó a cambiar al euro para conservar su viejo futbolín del Madrid y el Atleti. Las bebidas se pagaban con euros, pero guardaba un bote de monedas de veinte duros para el futbolín (con un cambio generoso: 50 céntimos la moneda de 100 pesetas). Cuando jugábamos a lo bestia, se cabreaba mucho. Creo que aquel futbolín era su posesión más querida. Me llevé un chasco cuando me enteré de que lo habían traspasado a unos horteras numetaleros.
Hablaré del Angie, del Hotel California, del Clandestino, del macarruzo El Búho, y del sitio aquel de los bajos de Argüelles donde conocimos a Tonel Metal.
Hablaré de los sitios de Castellón donde nos desfondábamos al salir del periódico a las dos de la madrugada, donde bebíamos con ansia de mineros explotados. En La Casa Verde, en el Octopussy, en el Ricoamor, en Les Bruixes... Y de las escapadas a Valencia, de las noches en El Carmen, de los cubatas en el Circus, en los antros de la calle Cavallers y de aquellas madrugadas de primavera apoltronados en las terrazas de la plaza del Tossal, cuando una ráfaga de olor a azahar nos despejaba y nos soltaba la lengua.
Pero hablaré sobre todo de Zaragoza. De los que fueron y los que son. Hablaré del Ícaro, de La Caja de los Hilos, del Shaman, de la King Kong, de La Casa Magnética, de La Lata de Bombillas, del Laberinto, del Páramo, de El Zorro (ah, las noches del Zorro...), de la Zeta, del Azul, de los bares de Bretón, del Central, del viejo Cairo, del viejo Hendrix...
Bares... No saben lo que se pierden los que se quedan en casa jugando al Pictionary.
GONZÁLEZ-SINDE HACE AMIGOS
Como los Donettes, oiga. Sacas a González-Sinde y te salen amigos por todas partes. ¿Alguna ministra había provocado tantas reacciones en contra nada más ser nombrada? Los oídos le tienen que estar pitando a base de bien. Ahora, la Asociación de Internautas ha pedido su "recusación". Tengo entendido que sólo pueden recusarse los jueces o los funcionarios que intervienen en un proceso judicial, pero queda claro el sentido figurado. Citan la ley de incompatibilidades para argumentar su petición. Interesante. Se puede leer aquí.
En cualquier caso, creo que han quedado claras dos cosas: que para este gobierno -como viene siendo habitual en todos los gobiernos, por otro lado- la gestión cultural significa tan sólo compadreo y tener contenta a la parroquia artistera, y que este ministerio no tiene credibilidad ninguna. Y es una lástima, porque en este país, donde el grueso de las competencias culturales está en manos de administraciones autonómicas caciquiles y pueblerinas, sería bueno para todos contar con un Ministerio de Cultura sólido, honesto y centrado en una gestión limpia de sus materias, que son muchas y complejas. Pero total, para lo que quieren, les basta una ventanilla para que los amigotes pasen a cobrar los cheques. Si acaso, pueden añadirle también una sala adyacente a la ventanilla donde zampar canapés, ¿no?
Hablando de cosas no culturales: me cuentan que han salido dos nuevas reseñas de Malas influencias. Una en Zona de Obras y otra en Historia de Iberia Vieja. Las colgaré en el blog promocional cuando las tenga.
Ando flojo, por cierto: trabajo de mañanas en el periódico -una experiencia sorprendente y nueva para mí, salir de casa cuando no ha amanecido y escuchar las noticias de las siete de la mañana- y dedico mis tardes a rematar una faena que saldrá en otoño. No os extrañéis si abandono un poco este garito, que con mi astenia primaveral no doy para mucho. Además, me han encargado un prólogo para un libro. Me hace mucha ilusión escribirlo y lo voy a hacer con cariño, pero tengo que encontrar la calma y el momento adecuados para que el texto fluya bien. Quiero esmerarme, no quiero hacer un texto de compromiso a la mecagüendiez.
Eso sí, el martes, a las 20.00, Miguel Serrano Larraz presenta su libro Órbita en la Fnac. Espero poder pasarme a estrecharle la mano y a felicitarle en persona (me ha emplazado a un cubata reposado otro día, y yo se lo acepto encantado). Miguel ganó en 2007 el mismo premio que gané yo en 2005, y tiene el pelo largo como yo lo tenía hace años. Es un cuentista como la copa de un pino y un chaval majísimo con el que da gusto compartir mesa y mantel. Le he hecho una reseña que puedes leer aquí.
OTROS VENDRÁN...
Ahora que parece que los curas (o algunos curas) quieren que Losantos se vaya con sus salivazos a otro púlpito, es el momento de echarse a temblar. La sabiduría popular ha acuñado eso de "otros vendrán que bueno le harán", así que prepárense, porque lo mismo dentro de unos meses le echamos de menos y acaba pasando a la historia como un locutor sensato, moderado y dialogante.
Ojo, porque hay mucho cazurro con ganas de armar gresca. En Estados Unidos, por ejemplo, el discurso de Losantos está muy superado. En la CNN, en la FOX News y en muchas radios hay animales de bellota cuyos asertos convierten los de nuestro locutor en maldiciones infantiles llenas de "córcholis" y "mecachis". Geraldo Rivera, que es un famosísimo periodista neoyorquino de origen puertorriqueño, ha escrito un libro titulado HisPANIC. Why Americans Fear Hispanics In The U.S. En él recoge perlas como esta:
It should be legal to kill illegals. That’s my immigration policy recommendation. You break into my country, you die.
Esto es: "Debería ser legal matar a ilegales. Esa es mi recomendación de política migratoria. Si irrumpes en mi país, mueres".
Tipos como Bill O’Reilly o Lou Dobbs dicen cosas como esta constantemente, con absoluta impunidad, reclamando a gritos deportaciones masivas de hispanos y culpándolos de todos los males habidos y por haber. Geraldo Rivera se enfrentó a uno de estos morlacos en directo, en esta famosa discusión que dio mucho que hablar en Estados Unidos:
Nótese cómo, a pesar de que están a punto de llegar a las manos, al final Rivera agradece a la bestia parda que le haya invitado a su programa aunque sus opiniones estén radicalmente enfrentadas. Le agradece el pluralismo. Genio y figura. Eso es algo que le falta a nuestro Federico, tener los santos testículos de enfrentarse cara a cara con alguno de los personajes a los que escupe desde las ondas. A lo mejor descubrimos que el gallito no lo es tanto. Muchos de estos tiranos de escalera se deshinchan en cuanto alguien les grita como ellos. Me he fijado en que estos combatientes y feroces libegales siempre están rodeados de una corte de asentidores que les jalean, pero nunca les he visto pelear de frente con aquellos contra los que despotrican.
Así que ojo, porque los animales de bellota americanos no le hacen ascos a merendarse a unos cuantos progres, y si aquí les salen imitadores, vamos dados. Están hechos de otra pasta muy distinta a la que estamos acostumbrados. Seguro que se desayunan un chuletón de medio kilo, y Federico debe de tomar sólo un kiwi y un té verde con bilis. Cuidado con lo que viene.
MALAS INFLUENCIAS WORLD TOUR 09
Después de las premiéres en Madrid y Zaragoza, mis editores me han dicho que coja el petate y me vaya a hacer bolos por los pueblos, y me han organizado unos cuantos (y yo agradecido, no penséis que me quejo, sino todo lo contrario). Ahora sé lo que sienten los juanetes de Concha Velasco y lo dura que es la vida de un cómico. Así que, a falta de más confirmaciones que iré anunciando en el blog promocional, estas son las siguientes fechas de mi triunfal gira por la Unión Soviética Aragonesa:
- 21 de abril. Gallur (Zaragoza). Presentación y firma de ejemplares en la Biblioteca Municipal. A las 18.00.
- 23 de abril, Día del Libro. Firma de libros en la mesa de Tropo Editores en el paseo de la Independencia de Zaragoza. No sé todavía el horario, pero creo que voy a tener de compañera a la estupenda cuentista andaluza Lara Moreno, autora de Cuatro veces fuego. Con esa competencia seguro que no firmo ni un clavel, pero pasaré un día entretenido.
- 24 de mayo. Cuarte de Huerva (Zaragoza). Firma de ejemplares en la Feria del Libro.
También voy a estar firmando en la Feria del Libro de Zaragoza (en el stand de Tropo) y seguramente en la de Huesca también (no sé en qué stand). Ya diré fechas y horas para que nadie se quede sin escupirme y/o insultarme cuanto guste.
He dicho que me siento como Concha Velasco, pero en verdad me siento, y a mucha honra, como Paca de Carmona. ¿No os acordáis de este diálogo? Es un monumento televisivo español:
Lauren Castigo: Tú tienes mucho arte, Paca, tú no estás acabada, tú estás empezando.
Paca: Dime, Lauren.
L: ¡Que tú haces una gira por Soria y te forras! ¡Te lo digo yo, te forras, hija de la gran puta!
Vale, lo entiendo. Es mejor verlo que leerlo. Aquí os lo dejo:
NIMG
Estoy consternado. Muy triste. De verdad que creía que la Expo iba a cambiar un poco (un poco, por dios) las cosas en esta Zaragoza, pero ya veo que no, que sigue siendo una ciudad-vertedero donde España coloca lo que no quiere tener a la vista. Ahora es un centro de internamiento de extranjeros en Plaza. Un campo de concentración en las puertas de la ciudad. Y nadie va a alzar la voz, a todo el mundo le parecerá bien o, a lo sumo, le dejará indiferente.
En Estados Unidos hay un movimiento llamado NIMG (siglas de Not In My Garden, "no en mi jardín"). Es el culmen de la hipocresía, pero les funciona. El movimiento NIMG viene a decir: "Vale, de acuerdo, entendemos que la sociedad necesita cárceles, bases militares, centrales y cementerios nucleares, industria pesada, aeropuertos y, si es necesario, hasta campos de concentración, pero no los queremos en nuestro jardín, no queremos ver esas cosas ni sentir su presencia cerca de nuestro pueblo". Por eso, cada vez que se propone la construcción de una de estas estructuras en una ciudad, los NIMG se movilizan hasta que consiguen que se la lleven a otro sitio. Al final, se las quedan las ciudades más pobres, las que menos capacidad tienen de plantar cara a la administración. La hipocresía de los ricos, la vieja fórmula de esconder la mierda debajo de la alfombra.
No me explico cómo no ha surgido un fuerte movimiento NIMG en Zaragoza. Siempre ha sido una minoría sin influencia la que se ha opuesto a todas las barrabasadas que se han hecho en la ciudad. Tenemos el campo de maniobras más grande de Europa en el mismo término municipal, y no pasa nada. Tenemos un aeropuerto con un uso civil restringido por los militares, y no pasa nada. Querían colarnos una base avanzada de la OTAN, y sólo unos pocos maldijimos la idea. Y ahora esto, un campo de concentración, porque eso es lo que es.
No seré NIMG, no seré hipócrita. Estos centros de internamiento me parecen vergonzosos y escandalosos se instalen donde se instalen, pero como me lo van a poner en mi jardín, aprovecho para hablar de ello y mostrar mi pesar (no ya mi furia, porque sería una furia sorda, ya que me resigno a que lo van a hacer le pese a quien le pese. Eso sí, no nos callaremos).
Cuando estuve en Melilla conocí el asfixiante y espantoso Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). "¿Están detenidos?", pregunté en la Delegación del Gobierno. "No, por dios, no hay base jurídica ni justificación para detenerlos", me respondieron. "Pueden salir, entonces", comenté. "Eeehhhh, no, creo que no", me dijeron. "Ah, pero, ¿puedo entrar yo y hablar con ellos?", inquirí. "Pues no, no... Ya sabe... Está al lado de una frontera extracomunitaria... Las medidas de seguridad nacional... Ejem...".
Estupendo: no están detenidos, pero ellos no pueden salir y yo no puedo entrar. ¿No hemos vivido ya esto antes en Europa?
Me he leído a fondo la Ley Orgánica 11/2000, de 11 de enero, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España, y la Ley Orgánica 14/2003, que modifica parte del articulado de la primera norma. Y todavía no salgo de mi asombro.
Estar dentro de España sin documentación que acredite tu situación o tras cruzar la frontera sin pasar por un puerto de entrada oficial no es un delito. En ningún caso. Es una infracción administrativa grave (ni siquiera muy grave), y se sanciona con multas de entre 300 y 6.000 euros o la expulsión del país y la prohibición de entrada en él durante tres años, que debe ordenar un juez (en una orden motivada y prestando atención a cada caso). Como al resto de ciudadanos, sean españoles o no, esta infracción habilita a la policía a detener por un período máximo de 72 horas al infractor, pasado el cual pasa a disposición judicial o queda libre.
Pues no. En el caso de extranjeros indocumentados, se establece que si no se puede proceder a su expulsión en 72 horas, el juez puede dictar su reclusión en un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) hasta que se resuelva la repatriación o por un período máximo de 40 días. Según algunos supuestos, ese período puede ser de hasta seis meses. O incluso de dieciocho.
¿Cuarenta días de internamiento por una infracción administrativa? ¿Dónde están los criterios de justicia y proporcionalidad que según la Constitución rigen el ordenamiento jurídico español? ¿Quiere esto decir que si aparco en doble fila me puedo pasar cuarenta días detenido?
No encuentro justificación legal para esta medida. El juez sólo dicta prisión preventiva cuando hay indicios claros de delito y riesgo de fuga. Aquí no hay delito, y el riesgo de fuga... ¿De fuga de quién y de qué? Si es una infracción administrativa, por dios. ¿Se criminaliza una irregularidad administrativa, una cuestión de papeleo? ¿Me van a meter en la cárcel por escribir mal mi segundo apellido en la declaración de la renta?
Creo que esa ley está cogida con alfileres, es claramente abusiva y atenta contra derechos básicos reconocidos en la Constitución y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos: no se puede restringir la libertad de circulación de nadie por cometer una infracción administrativa. Esta ley debería haber sido recurrida ante el Tribunal Constitucional (todavía se está a tiempo, señor Defensor del Pueblo, o señores del gobierno, o todos aquellos que están autorizados a interponer recurso de inconstitucionalidad). Las asociaciones de inmigrantes lo denuncian. Amnistía Internacional lo denuncia. Pero no pasa nada. Se siguen construyendo campos de concentración que facilitan la deportación masiva de inmigrantes. No están detenidos, dicen, sólo "internados". Hay que joderse.
Nos rasgamos las vestiduras con Guantánamo y su limbo legal. ¿Y este otro limbo, qué tal, qué os parece?
Brave new world, que diría Huxley. Qué asco de país. Y qué asco de ciudad.
DEL REVÉS: PURO Y AUTÉNTICO
Aquí os dejo la columna Del revés que publiqué el viernes en el MVT. También he actualizado el blog de Heraldo, De reojo. Espero que no os disguste en exceso ninguna de las dos cosas. Por cierto, estoy muy contento porque Félix Romeo menciona Malas influencias en su página del cultural del ABC. Si Don Torcuato levantara la cabeza y viera plebeyos nombres como el mío manchando las páginas de su periódico...
Clinto Bosqueoriental era un tipo difícil de satisfacer. A Clinto Bosqueoriental le gustaba lo auténtico, lo puro, lo irreductible. Clinto Bosqueoriental no compraba pan porque ya no había panes auténticos; no comía carne porque venía de granjas y no de auténticas praderas donde era cazada por auténticos cazadores con auténticos rifles, y no iba a los bares porque no le dejaban fumar a gusto, como en los auténticos bares. Tampoco fumaba porque ya no había auténtico tabaco.
Clinto Bosqueoriental no se resignaba a vivir en un mundo sin autenticidad. Protestaba en las tiendas cuando no encontraba un auténtico ventilador como los de antes, de los que daban auténtico aire. Pero de nada servía, porque los jóvenes que le atendían no eran auténticos dependientes. También enviaba largas cartas a los periódicos protestando por esa insoportable falta de autenticidad, a pesar de que los periódicos también habían dejado de ser auténticos periódicos.
Si Clinto Bosqueoriental pisaba una deposición perruna, lanzaba un suspiro por la consistencia y ductilidad de las cacas de antaño, cuando los perros comían auténtica comida de perro.
Clinto Bosqueoriental solo leía libros clásicos de capa y espada, con tapa dura y dorados en el lomo, y solo escuchaba folclore sanabrés grabado directamente en las eras de Sanabria de la viva voz de la abuela Camuñas, que en paz descanse en su auténtica tumba con su auténtica cruz y su auténtica lápida.
Un día, los vecinos de Clinto Bosqueoriental dejaron de escuchar sus declamaciones gongorinas y los célebres quejíos 'a capella' de la abuela Camuñas. Pasaron las semanas y empezaron a oler una auténtica peste en el rellano. Llamaron a los bomberos, que abrieron a hachazos la auténtica puerta de auténtico roble. Recorrieron toda la casa en busca de la fuente odorífera, pero no encontraron el temido cuerpo. "¡Aquí, jefe, viene de aquí!", gritó un bombero desde la cocina. Señalaba con cara de asco un charco viscoso y marronáceo.
"Habrá que hacer las pruebas -dijo el forense-, pero parece bilis".
Nada más se supo de Clinto Bosqueoriental.
FRENTE A LA CARGA DEL HOMBRE BLANCO

Para el irlandofílico (más que irlandófilo) Rondabandara
Una historia curiosa. Cada 12 de septiembre, en la ciudad irlandesa de Clifden, en el condado de Galway, ondea una bandera mexicana. Lo hace en honor del Batallón de San Patricio, cuyo líder, el capitán John Riley, nació allí.
La historia se remonta a 1846. Siguiendo la senda del destino manifiesto hacia el oeste, Estados Unidos declaró la guerra a México para conquistar lo que hoy son los estados de California, Arizona, Nevada, Nuevo México y Utah, de soberanía mexicana y, anteriormente, parte del Virreinato de Nueva España. En 1835 había caído ya Texas en manos de los anglos, después de la batalla del Álamo.
Entre las tropas invasoras de la unión había numerosos irlandeses recién emigrados. En los años 40 del siglo XIX Irlanda sufrió una hambruna terrorífica que provocó la primera oleada migratoria masiva a Estados Unidos. Los irlandeses se apelotonaban en las calles de Nueva York, provocando tensiones y peleas con los "nativos", como contó Martin Scorsese en Gangs of New York, y varios miles vieron en la guerra mexicana una oportunidad para ganar un dinero fácil, así que se alistaron en el ejército y partieron rumbo al oeste.
Pero ese dinero fácil no lo era tanto. Los irlandeses eran escoria para los anglos. White trash, aunque todavía no se había inventado esa expresión. Desconfiaban de ellos por su catolicismo y su "carácter inferior" y los utilizaban como carne de cañón. Así que no tardaron en identificarse con los mexicanos del otro lado de la trinchera: eran católicos, como ellos, y pertenecían a un pueblo oprimido por los anglos, como ellos.
Se dieron cuenta de que su causa no era la de Estados Unidos, sino la de los mexicanos que defendían su país, y no tardaron en desertar y en unirse a las fuerzas del presidente Santa Anna. Los mexicanos les recibieron con los brazos abiertos y formaron con ellos el primer batallón de la legión extranjera, el Batallón de San Patricio, cuya bandera es la que aparece arriba, con una inscripción en irlandés que significa "Irlanda para siempre".
Fue la desesperación de los desesperados ante la carga del orgulloso hombre blanco. Y, como todo acto de desesperación, acabó mal. En 1848, el Batallón de San Patricio fue derrotado y sus cabecillas, ejecutados. Los estadounidenses se ensañaron con ellos, les torturaron y les amputaron los brazos y las piernas. El escarmiento a los traidores, a los que dan la espalda al amo.
Los mexicanos, sin embargo, nunca han olvidado el gesto heroico y solidario de los irlandeses, y les recuerdan cada 12 de septiembre, día de las ejecuciones, y cada 17 de marzo, día de San Patricio. Hay muchas escuelas, calles e instituciones de México que llevan el nombre de Mártires irlandeses, y hay una placa conmemorativa en la sala principal de la Cámara de los Diputados de México D. F., al mismo nivel que las dedicadas a los héroes de la independencia y de la revolución.
Hay también una peli que cuenta su historia, One Man’s Hero, protagonizada por Tom Berenger.
LA SERIE DE LOS HAS BEEN

En Hollywood, los has been (literalmente, los ha sido) son los trastos viejos, los actores que marcaron una época pero que ahora se tuestan al sol rememorando anécdotas y dándole la brasa al enfermero del asilo. Creo que Billy Wilder, según contaba su amigo de última hora Fernando Trueba, quería hacer una peli sobre un asilo de has been, que vendría a ser un cruce entre La extraña pareja y Sunset Boulevard. Se retiró antes, se convirtió él mismo en un has been.
Hay una serie ahora, llamada Boston Legal, que además de ser bastante divertida, rescata a tres grandes has been de la televisión: William Shatner, Candice Bergen y John Larroquette (este último, incorporado después, no pertenece al elenco original). Tres actores encasilladísimos y con una carrera más pasada que los turrones en abril. Y ahí están los tres, renacidos de la mano de unos guionistas talentosos, y hasta es posible que superen su encasillamiento y disfruten de un ocaso más que digno.
William Shatner fue el capitán Kirk del USS Enterprise en Star Trek, y en Boston Legal hace, precisamente, de un has been: un abogado tiburón que lo ha ganado todo y que ahora se consume en las fases primeras del Alzheimer. No es un papel trágico, sino cómico, una burla de la decadencia llevada con mucha gracia.
Candice Bergen fue Murphy Brown, y no ha cambiado mucho de registro en Boston Legal. Sigue haciendo de profesional impoluta, aguerrida y devora-hombres. El interés de su personaje es que no asume envejecer, lo lleva fatal, pero su sensatez siempre acaba imponiéndose, su inseguridad nunca degenera en crisis. Una pena.
John Larroquette fue... ¡John Larroquette, tíos! ¡El fiscal de Juzgado de guardia! Uno de los histriones más brutales de la comedia bufa televisiva y el galán catódico más inverosímil. Ha encanecido y ha ganado dignidad. Parece que la serie hace guiños constantes a su pasado de Juzgado de guardia y lo presenta como si aquel personaje hubiera sentado la cabeza en la senectud y aplicara su sabiduría vital a encauzar las desordenadas vidas de sus jóvenes pupilos.
Con estos tres mitos vivientes de la tele, los guionistas explotan un nivel de lectura sutil, sólo para fans muy fans, que resulta de lo más divertido, jugando con los límites entre el actor y el personaje.
En España, esto no se puede hacer, porque los actores se mueren actuando, nunca llegan a ser has been. Además, aquí, hasta el último mono de una sitcom va por la vida con solemnidad de "actor de culto" perdonavidas. Ninguno tiene el sentido del humor necesario para dejar de tomarse en serio y reírse de sí mismo. Estos tres han demostrado tenerlo sobradamente.
Nota de promoción: si no llueve ni nieva ni graniza, a partir de las 12 estaré el 23 de abril en la caseta de Tropo Editores, creo que junto a Carlos Castán (durísima competencia, no me comeré un colín). Por la tarde, a partir de las 17 o de las 18, estaré otro rato por allí. Si os pasáis, traed alcohol para rellenar mi petaca.
OH, HAPPY DAY
De verdad que pensaba que me iba a pasar el día mano sobre mano, bostezando a intervalos de tres segundos y contando las hormigas que desfilaban por las junturas de las baldosas. Pero no. El Día del Libro fue un día divertido. Incluso muy divertido a ratos, gracias a la compañía que me tocó. Y los editores, esos animales llorones que aúllan a la luna porque la gente no lee, hicieron caja, lo cual me alegra, especialmente por Mario y por Óscar, por la parte que me toca. Firmé muchísimo más de lo que esperaba firmar, que era nada, y me llevé más de una grata sorpresa. En resumen, que fue un día espléndido, de verdad, me reí mucho.
Como no esperaba firmar tanto, no me había preparado una dedicatoria estándar, que hubiera sido lo suyo, así que acabé con las neuronas fundidas inventándome frases pretendidamente emotivas. Espero no haberme pasado con nadie. Por cierto, desvelo una humorada privada: el boli con el que firmé ayer es de propaganda de una funeraria que me regalaron al hacer un reportaje sobre muertos. He decidido que va a ser el boli oficial de las firmas en las ferias y actos por venir. Creo que hasta huele un poco a formol.
No tengo fotos, pero espero que Mario me pase alguna de las que va a colgar en el Facebook de la editorial.
Paso al (por razones de frágil memoria) incompleto capítulo de agradecimientos.
En primer lugar, gracias a mi tocayo Sergio Navarro, declarado fan de este blog, que se pasó por allí a última hora a "rellenarme la petaca". Me dejó sin palabras y profundamente emocionado y sorprendido cuando me regaló una botella de ginebra Tanqueray. Por supuesto que nos tomaremos más reposadamente algo en un bar y charlaremos largo y tendido.
Nacho Escuín, el poeta y editor indie por excelencia de esta tierra -con permiso de mis queridos troperos- me regaló un lote de libros de Eclipsados. "Para que los disfrutes tú, no te los doy para que los reseñes en ningún sitio", me dijo, para eliminar sospechas que no existían de tráfico de influencias. Gracias mil. Nacho queda emplazado también, si quiere, a una cervecita en otro rato.
Con mi compi de firmas, Carlos Castán, hablé poco, la verdad, pero fue un verdadero honor compartir stand y algún que otro vaso de vino del Somontano con un autor de su talla.
Me dio muchísima rabia no poder firmarle un ejemplar a Antonio Aramayona, profesor de mis tiempos púberes y acerado articulista de El Periódico de Aragón. Llegó demasiado pronto (o yo llegué demasiado tarde), pero que dé por seguro que ese ejemplar va a estar dedicado como él merece.
Después de años sin vernos, me emocionó mucho que mi vieja amiga Silvia se acercara a la firma de ejemplares, y que además lo hiciera empujando el carrito de su hija Claudia. Dios, cómo pasa el tiempo, ¿no? Qué cambio de perspectiva tan salvaje, de los días de vino y rosas a los días de biberón y chupete.
Por supuesto, también se pasó por ahí mi madre, que no hay más que una, a comprar ejemplares para regalar a la familia venezolana. Mi tía de Venezuela anda de visita por las Españas y también pude saludarla al fin.
Eva Puyó e Ismael Grasa se llevaron un librillo también, y Santiago Gascón rememoró una anécdota de cuando yo era becario y debí de escribir mal su nombre en algún reportaje. Volví a escribirlo mal a propósito en la dedicatoria.
Pero, sobre todo, me reí mucho con Óscar, Mario y María. Como jóvenes perros viejos que son, se conocen al público de estos saraos, y distinguen a un lector de un simple curioso por la forma en la que manosea los libros. Me dieron unas clases de psicología librera de andar por casa. "Este va a llevarse uno", me susurraban cuando veían a un propio leer la solapa del libro. "Esa, ni de coña, lo sobará y lo dejará otra vez", decían con otra paseante. Yo no notaba diferencia entre la actitud de ambos, pero lo cierto es que se cumplía la profecía, y el tipo compraba y la otra, no. Tienen un sexto sentido del que carezco. Sé que no sería un buen vendedor, pero tampoco aspiro a ello.
Me he olvidado de muchos amigos que se pasaron, y de algunos lectores de este blog que se acercaron a saludar. Sabréis perdonarme. Y sabréis perdonarme este largo e insulso capítulo de agradecimientos, pero me siento obligado a consignarlos. Mañana reencauzo el blog a su tono habitual.
EL PRESTIGIO

Dice Enrique Vila-Matas de Coetzee:
No sólo puede soportar que haya escritores tan buenos como él, sino que, además, se molesta en aproximarse pacientemente a sus obras, sabiendo que semejante gesto no irá nunca en detrimento suyo, porque, por mucho que muestre la grandeza de los libros de otros, sabe que eso no perjudicará, no mejorará ni empeorará su propia obra.
Oh, alabado sea Coetzee, que, entre milagro y milagro, todavía tiene tiempo de compadecerse de una miserable prostituta e impedir su lapidación y de mostrar su faz más humana en el huerto de Getsemaní. No somos dignos de su grandeza.
¿Ser capaz de soportar que haya escritores tan buenos como uno es admirable? ¿Lo normal es desear que todos los escritores tan buenos como uno sean condenados a trabajos forzados en un Gulag literario? ¿Y si los escritores son -Coetzee no lo quiera- mejores que uno?
De verdad que no entiendo la frase de Vila-Matas (un tipo que me parece sensato, interesante y digno de ser leído la mayor parte de las veces, dicho sea de paso).
Los expertos en Shakespeare juegan a identificar las que llaman monday morning sentences, es decir, frases de lunes por la mañana. Como buen farandulero, a Shakespeare le iba la juerga y el trasnocheo, pero como también era un currito de las letras, se veía obligado a escribir en cualquier circunstancia. Incluso con resaca. Y hay varias teorías que atribuyen pasajes poco afortunados o especialmente pastosillos a esos duros despertares de después de la jarana, cuando uno se encuentra los jarros de vino sin fregar, un sujetador en el suelo y una chica cuyo nombre no recuerda en la propia cama.
Según cuenta Vila-Matas, este artículo empezó a fraguarse cuando volvió de Sant Jordi, después de almorzar "con un escritor pajarillo que confunde clase social y universo literario" y de ver reaparecer a novias de hace 40 años. Ante semejantes visiones, trabajos y sufrimientos, es comprensible que la corteza cerebral del autor barcelonés tuviera la consistencia de un yogur caducado. Habrá que atribuir ese sinsentido a una mala digestión de Sant Jordi.
Vale que ganar el Nobel puede dejarte tocado del ala. Miren, si no, al pobre Gabo. Pero de ahí a que nos tengamos que sorprender porque el pobre señor Coetzee siga leyendo autores que le gustan y los glose como le dé la gana, hay un trecho. ¿Y por qué iban a ir esos gestos "en detrimento suyo"? En todo caso, irán en beneficio de los reseñados, que tienen el honor de ser leídos y admirados por el gran Coetzee. ¿Desde cuándo la admiración ha supuesto desgaste para nadie? ¿Al admirar a otro, se desprenden partículas de prestigio de nuestro ser y se instalan en el del admirado? ¿Nos oscurecemos al deslumbrarnos por el brillo ajeno?
En cualquier caso, lo de Coetzee no me parece tan admirable porque apuesta sobre seguro. Miren la nómina de autores que glosa con generosidad en el ensayo que menciona Vila-Matas: Beckett, Walter Benjamin, Paul Celan, Faulkner, Musil, Josep Roth, Philip Roth, Bruno Schulz, W. G. Sebald, Ítalo Svevo, Robert Walser... Joder, así cualquiera. Así yo también proclamo mi admiración. Con semejante equipazo, a ver quién se atreve a toserme cuando digo que son escritores excelsos.
Venga, voy a hacer como Coetzee y voy a comprometer mi prestigio proclamando mi admiración incondicional por Homero, Cervantes y Dante. Tres chicos nuevos en los que nadie se había fijado.
El riesgo, a mi modo de ver, lo asume Mario Vargas Llosa -también citado en el artículo-. Vargas Llosa sí que se moja de verdad dando la alternativa a autores emergentes. El peruano ha aupado a más de un escritor semidesconocido cuyos libros le han gustado y no ha tenido empacho en apostar por ellos en sus piedras de toque de El País. Ahí tienen a Javier Cercas, por ejemplo. Vargas Llosa sí que compromete su prestigio recomendando a autores que juegan en las divisiones inferiores, él sí que se arriesga haciendo de ojeador y confiando en su buen gusto para reconocer el talento ajeno donde nadie se ha molestado en verlo.
Decir a estas alturas que Faulkner es excelso puede seguir siendo interesante, por más obvio que resulte. No digo yo que no sea estimulante leer a Faulkner con los ojos de Coetzee, pero, desde luego, no me parece admirable ni humilde en absoluto. ¿Qué prestigio va a achicarse glosando a semejantes fieras? El riesgo es apostar por un bollo a medio hacer que puede salirte amargo. De Faulkner... Pues ya sabe usted la admiración que se tiene en este pueblo por la obra de William Faulkner (Cuerda, en Amanece que no es poco, dixit).
Foto: Coetzee, por alusiones.
LA CIUDAD PIXELADA
Ando algo saturado, pero muy contento. En mi mesa de trabajo hay un tocho imponente de más de 200 folios que se supone que en otoño tiene que cobrar forma de libro con fotografías. Me tengo que poner, rotulador en mano, a cincelar sus páginas en bruto y a hacer de aquello una obra que pueda leerse sin rubor. Espero tener una primera versión "legible" para la semana que viene, antes de que la editorial me seccione el escroto por tardón. Yo, que soy un vago encerrado en el cuerpo de un currito stajanovista, bostezo de solo pensarlo. El cuerpo me pide irme de botellón a las riberas del Ebro (este mediodía, después de comer un sushi más que excelso en el Sakura del Actur, he paseado por Macanaz y he estado cerca de emocionarme: ¿esto es Zaragoza, de verdad? Qué acogedor es ese sitio, inhóspito hasta hace un año, qué maravilla de paseo), pero prometo hacer antes los deberes. Además, quiero acabar con esa obra ya, porque me rondan por la cabeza otras historias que no puedo emprender hasta que no termine esta. Tengo dos candidatos para pedirles un pequeño prólogo, y no sé por quién decidirme (en el caso de que acepten la propuesta). A ver si corrigiendo y reescribiendo se me aclaran las ideas.
Hablando de prólogos: acabo de entregar uno para Destino y trazo, un libro de viajes de Ángel Gracia que saldrá publicado en un mes o así. Anunciaré más cosas cuando sepa más.
Una buena noticia: ¡se acabaron las Cosas de blogueros! Fue una sección que me inventé para cubrir un hueco y que estaba pensada para tener un recorrido corto o para acoplarse con otro formato en otra parte del periódico. He escrito 95 artículos, una auténtica barbaridad. El invento ya no daba más de sí y por fin ha fenecido. Por mi parte, está bien enterrado (llevaba tiempo clamando por que fuera asesinado), y sospecho que los lectores no lo echarán de menos.
Pero no me voy de ese hueco de mi antiguo suplemento dominical. Cosas de blogueros pasa a llamarse ahora La ciudad pixelada, y se convierte en una serie de artículos personales y libres. Crónicas intraurbanas e intravitales claramente emparentadas con lo que escribo aquí, en este rinconcito. Este domingo se publica la primera entrega, cuyo texto acabo de enviar a Álvaro Ortiz para que lo ilustre. Porque las ilustraciones de Álvaro, todo un lujazo, se mantienen, son la razón de ser de la serie. Le he pedido que se sienta lo más libre posible, que haga lo que le dé la gana, lo que le sugieran los textos.
No tengo muy claro cómo va a ser La ciudad pixelada. Se irá definiendo con el tiempo. Las columnas y las secciones son como los sofás: necesitan adaptarse a nuestros culos. Daré unos cuantos trompicones al principio hasta que encuentre la cadencia y el ritmo adecuados, pero estoy seguro de que esa ciudad pixelada me va a dar muchas alegrías, y espero que dé alguna a los lectores también.
Mantengo la columna Del revés, los viernes en el suplemento MVT. Esta semana, Pablo Ferrer me ha impuesto un nuevo pie forzado: colocar en el texto, de forma natural, "Pedro Ruiz" y "mofeta". Ambos conceptos no tienen por qué estar necesariamente ligados. Creo que es fácil, pero a ver si me sale de verdad.
Así que ya sabéis, amiguitos: los viernes, Del revés en el MVT, y los domingos, La ciudad pixelada en Heraldo Domingo, con ilustraciones de Álvaro Ortiz.



