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Resumen

MÁS QUE UNA ERRATA, UNA PUTADA

Estoy leyendo Historia de Portugal, de David Birmingham (Akal, 2005. ISBN: 84-460-2282-6), que es una traducción del original inglés publicado por Cambridge University Press. A priori, una cosa prestigiosa y erudita sin mácula. Y en la página 16, cuando apenas he empezado a coger velocidad de lectura, me tropiezo con esto:

Entre los años 710 y 732 del calendario cristiano los ejércitos árabes y sus prostitutas bereberes procedentes del norte de África cruzaron la Península e invadieron Francia.

Coño, así que Don Rodrigo no fue vencido en la batalla del Guadalete, como nos enseñaron en el cole. Debió de ser en la orgía del Guadalete, después de que unas prostitutas bereberes le contagiaran la sífilis y le dejaran tirado en una jaima prostibularia. Cómo nos han falseado la historia. Aunque no me extraña, es mucho más digno que te liquiden unos fieros guerreros a que lo hagan unas chicas sin estudios, aunque dominen el francés.

Llámenme tiquismiquis, pero como esto introduce un cambio tan sustancial en la versión de la historia que yo conocía, decido comprobar si aquello era un hallazgo historiográfico de la Universidad de Cambridge -en el que incidían poco, a mi entender, dada su magnitud- o la fantasía beoda de un traductor. O la mala jugada de un corrector de Word. Así que me voy a Google Books, busco la versión original del texto, titulada, A Concise History Of Portugal. Second Edition, y busco el pasaje en inglés. Allí leo:

Between 710 and 732 of the Christian calendar Arab armies and their Berber camp-followers from North Africa crossed Iberia and invaded France.

Así que el traductor ha traducido "camp-followers" por "prostitutas". Según la Wikipedia (lo siento, no tengo a mano la Enciclopedia Británica), camp-followers "is a term used to identify civilians who follow in the wake of armies or service their needs while encamped, in order to sell goods or services that the military does not supply. These can include cooking, laundering, liquor, nursing, and sexual services"

Es decir, que es un término utilizado para identificar a los civiles que van a rebufo de los ejércitos o atienden sus necesidades mientras están acampados, para venderles mercancías o servicios que el ejército no atiende. Estos pueden incluir cocinar, lavar la ropa, licores, enfermería o servicios sexuales.

No voy a decir el nombre del traductor o traductora, que hasta los más brillantes genios pueden meter la pata y tener un mal día, y no seré yo quien, libre de pecado, tire la primera piedra y mancille su sin duda merecida reputación por un quítame esas zorras, pero sí que voy a mandar un mail a la editorial para que lo tengan en cuenta. ¿No les chocó al revisar el texto?

Y sí, respondiendo a vuestra pregunta no formulada: estoy enamorado de Portugal también, y espero volver a romperme el culo por las calles de Lisboa en unas pocas semanas.

HACERSE VALER

Esperando a entrar en maquillaje el otro día en la tele. En la salita, coincido con otra gente que tiene que entrar en plató después que yo. Ellos son invitados, yo voy a hacer mi seccioncita de recomendaciones literarias (viernes, a partir de las 21.00, en ZTV, con Sonia Cameselle, en sustitución de mi admirada y querida Pilar Estopiñá, que anda ya de vacas; no sé qué dial de la TDT tiene el canal, la verdad).

Mis compañeros de cuartito son diseñadores gráficos, ilustradores. Como diría mi amigo Ivo, también ilustrador y diseñador gráfico, "tíos dididisaign". Han ganado algo, por eso les entrevistan. No se conocen, pero se gustan unos de otros, y una chica comenta sus trabajos con la boca chica: "Bueno, yo he hecho unos dibujicos...". Ipso facto, el que lleva la voz cantante, le recrimina su modestia: "No, mujer, así no te puedes vender. Lo que haces no son dibujicos, son obras sensacionales, si no valoras tu trabajo...".

Me dan ganas de terciar, pero la maquilladora ya me ha agarrado y me embadurna el careto con paletadas de ese potingue que te ponen siempre en la tele y cuyo olor tarda en irse un par de días.

Recuerdo que en la facultad, un profe nos dijo esto mismo, en un discursito a lo Fama: "Tenéis que haceros valer. Las críticas, de puertas para adentro. Quejaos aquí de la formación de mierda que habéis recibido y de la mediocridad ambiente de los medios de comunicación, pero proyectad una imagen de seguridad, convencedles de que sois los mejores".

Que nunca hay que mostrar las dudas y los titubeos, vaya, que hay que ir de frente y con paso firme aunque no sepamos hacia dónde queremos ir.

Pues no estoy de acuerdo.

Creo que esas actitudes sólo sirven para alimentar el corporativismo en el que fermenta y crece la mediocridad ambiente, pero no ayudan en nada al desarrollo, al aprendizaje y al crecimiento profesional de nadie. Si quieres destacar en un ámbito no puedes aplastar ese ámbito bajo tus botas soberbias. Tendrás que entrar en él con humildad y con los ojos bien abiertos, dispuesto a meter la pata y a persistir en el viejo e infalible método del ensayo y el error. De la otra forma, quizá logres epatar a algún jefecillo ignorantón y puede que deslumbres a tres o cuatro lerdos, pero te estarás engañando a ti mismo.

Es una buena estrategia si tu único objetivo es epatar a jefecillos ignorantones y deslumbrar a tres o cuatro lerdos, pero no creo que nadie con vocación y amor por su trabajo se contente con eso. Es una buena estrategia para colocarse cómodamente entre los chupatintas, para ser el monarca tuerto en el país de los cegarrutos, pero nada más. Si eso es todo lo que buscas, adelante.

La alternativa es chunga. Renunciar al automarketing y a dedicar más esfuerzo a la promoción de tu trabajo que al trabajo en sí mismo es ingrato. Es más gratificante diseñar un buen PowerPoint con muchos gráficos de colorines y despliegue de neologismos que pensar un proyecto de verdad. Mientras los vendedores de humo pasan por encima de ti y parecen destacar más, tú te quedas en un rinconcito trabajando en silencio, limando detalles, intentando que tu pieza sea lo menos imperfecta posible y lamentando cada uno de los miles de fallos que le encuentras y que, te juras y rejuras, no volverás a cometer la siguiente vez.

Mientras piensas que tirarías tu trabajo a la basura, porque estás convencido de que se puede y se debe hacer mucho mejor, verás a los demás irse de cañas a festejar el éxito de cualquier fantoche que se ha sabido vender bien. Esa es la clave en el capitalismo neoesclavista: venderse bien. La salud de quien no acata sin condiciones las normas de juego peligra seriamente. El resentimiento y la bilis crecen bien en ese ambiente, y mucha gente tira la toalla o se queda enquistada en un islote agrio, devorados por la amargura, sin nadie que les pase una mano por la espalda, porque se han convertido en seres abyectos, ruines y envidiosos.

Es poco agradecido, pero es la única forma honesta de hacer algo que merezca la pena a la larga. Y si uno sabe contener la bilis, si se tienen las tragaderas hondas y el sentido del humor siempre fresco y listo para salir al rescate con una buena ironía, creo que al final se puede llegar al sitio soñado.

Es el camino de los tontos, sin duda. De los tozudos y de los enamoriscados. El camino que ningún padre querría para su hijo (suponiendo que el padre quiera al hijo, que a veces no se da el caso). Pero yo estoy convencido de que las cosas que merecen la pena acaban encontrando unos ojos que las aprecien. Siempre. A veces, esos ojos llegan muy tarde. Pero siempre llegan. No hay joya que permanezca cien años enterrada sin que un buscador de joyas la encuentre. Y esa joya, en su día, puede que sólo fueran unos "dibujicos". En cambio, la genial obra conceptual de la que tanto se habló en su momento, y que tantos ayes y orgasmos inspiró ante la severidad gorda y patricia de su autor, probablemente duerma arrumbada en un desván, podrida y macerada en su propia pomposidad.

FRASES DE JACK DONAGHY

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Alec Baldwin estaba muerto, pero llegó Tina Fey y le resucitó. Y el tío se elevó cual Ave Fénix de la televisión para mayor gloria de la serie 30 Rock, de la que ya he hablado alguna vez aquí.

En 30 Rock, Baldwin es Jack Donaghy, el ejecutivo republicano de la NBC que aspira a presidir General Electric. Los guionistas le regalan tres o cuatro perlas salvajemente machistas y cínicas en cada capítulo, y él sabe hacerlas brillar. Pequeños ejemplos:

Jack (a Liz Lemon): Estoy orgulloso, serías un estupendo hombre de negocios.
Liz: Mujer de negocios.
Jack: No creo que eso exista.

Tengo 50 años, que son como unos 30 de mujer.

No, Kenneth, tú no eres un hombre blanco: sociológicamente, eres una prostituta vietnamita.

Las mujeres neuróticas son... son estupendas en la cama. El desprecio que sienten por sí mismas les lleva a hacer cosas que...

El detective: Tiene que borrarse de ese club exclusivo de blancos.
Jack: No es exclusivo de blancos, Johnny Carlos tiene rasgos étnicos.
El detective: Ese no cuenta, Jack, es el rey de España.

06/08/2009 00:04 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión No hay comentarios. Comentar.

TENDRÁ CÁNCER

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Tenemos dos tradiciones viajeras espontáneas que descubrimos cuando llevábamos un tiempo practicándolas -y decidimos mantener con solemnidad-: una escapada a Francia en primavera y tres o cuatro días playeros valencianos en verano con desconexión absoluta y obligatoria.

Este año, la escapada francesa se frustró por imponderables varios, pero la incursión playera la hemos mantenido.

Y sí: un año más, me he quemado. Gravemente. Rojo cangrejil tirando a carmesí. No es agradable, pero supongo que en un par de días mutará en moreno.

O en cáncer.

Los de la Asociación Española Contra el Cáncer han lanzado una campaña muy cachonda este año. ¿Habéis visto el cartelito? La primera vez que me topé con él pensé: "Joder, y tú madre, ¿qué tal anda?". Qué ganas de amargarle a uno el disfrute, oiga. Yo también les deseo a ustedes un feliz veraneo, señores de la Asociación Española Contra el Cáncer.

Sobreponiéndome a tan fatal advertencia, cogí mi curso de portugués, me senté bajo la sombrilla y repetí, con un acento penoso: "Eu moro em Lisboa" y "A senhora mora no Porto?". Por la noche, en el hotel, me puse a ver un rato la tele portuguesa y no entendí una sola frase. Ni por equivocación. Es jodido este idioma, con lo fácil que parece, pero me ayudó a no pensar un rato en el cartelito. No había flechas gigantes en el cielo. Barrí la playa con la mirada buscando a alguien que me cayera especialmente mal y deseé que le tocara la flechita del cartel. Me quedé con un francés vigoréxico con modales de maltratador y bañador marcapaquete que le acababa de dar dos bofetones a su hijo. "Tendrá cáncer", pensé, y me recliné satisfecho.

Como ni con mis ejercicios de portugués para principiantes ni deseándole el mal a los franceses vigoréxicos se acallaba en mi cabeza la advertencia de la asociación, tuvimos que emborracharnos. Bueno, me emborraché yo, que las embarazadas, por lo visto, no pueden beber. Así que yo me obligo a beber por dos, para que Cris no pierda la costumbre. Me puse tibio de agua de Valencia en las terrazas de la plaza del Tossal, uno de mis rincones favoritos de Valencia, pero ni por esas. "Tendrá cáncer, tendrá cáncer, tendrá cáncer". La flecha seguía taladrándome las meninges.

Así que probé con el arroz. Nuestras escapadas valencianas suelen consistir, básicamente, en la ingesta desmesurada de arroz en varias especialidades, alternada con cerveza de chiringuito y agua de Valencia de vaya usted a saber dónde (conviene beber sin hacerse preguntas). Me tomé las paellas y los arroces a banda como las últimas comidas de un condenado a muerte: "Disfruta de esto, Sergio, que cuando te pongan la quimio no podrás comerlo". Y se me hizo un bolo que no pude tragar.

Un asco.

Un verdadero ascazo.

Me han amargado la escapada.

Menos mal que llamó Pili, que trabaja en la editorial Prames, aunque ya era amiguica nuestra antes de que empezara a trabajar allí. Yo estaba dando un paseo al sol, ganando puntos para el inevitable melanoma, y no oí el móvil, así que fue Cris la que cogió el teléfono y me dio la noticia:

El libro acaba de salir de la imprenta! Dice Pili que nos echamos una cerveza con ella esta noche y nos lleva un ejemplar.

Lo de la cerveza estaba difícil, pues nos separaban 400 kilómetros y la posibilidad cierta de un cáncer fulminante.

Así que todavía no he visto ni tocado el libro que hasta ayer mismo sólo era un archivo de Word en mi ordenador, pero si tú lo ves antes -cosa probable, porque esta gente, en cuanto se pone a distribuir, no hay quien les pare-, no me destripes el final.

A ver si me da tiempo a que me manden unos cuantos ejemplares a casa antes de que la enfermedad muestre sus síntomas. Mientras tanto, este brindis con agua de Valencia nada medicinal va por ti.

EL ESCRITOR QUE NO ESTARÁ ALLÍ (O SÍ)

Según una información del Diario del Altoaragón, voy a estar firmando ejemplares en la Feria del Libro de Jaca, que se inaugura este jueves con Lorenzo Silva como maestro de ceremonias. Al parecer, formo parte de un cartel en el que también están el propio Silva, Labordeta, José Luis Sampedro, Roberto Malo, Mario de los Santos y unos cuantos más. El problema es que, según el periódico, firmo ejemplares este sábado por la mañana, cosa que me va a resultar prácticamente imposible (podría hacer un esfuerzo, pero, como decía Bartleby, preferiría no hacerlo). Me jode contradecir informaciones que elaboran colegas míos, pero yo no había concretado todavía la fecha. Voy a intentar ir el viernes, que es lo que había barajado con mi editor. Confirmaré lo antes posible cuál de los dos días estaré por ahí arriba. Si finalmente voy el sábado, tomaré vermú con aceitunas, gracias.

10/08/2009 23:27 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Mi libro Hay 1 comentario.

UNITED STATES OF TARA

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No he visto Juno, la primera (y oscarizada, que se suele decir) peli de Diablo Cody como guionista, pero sí que me he tragado la primera temporada de United States of Tara, que produce y escribe (produce ejecutivamente, pues los millones para pagarla los ha puesto Steven Spielberg) y puedo quitarme el sombrero ante ella. Y ante Spielberg, que demuestra tener muy buen gusto para invertir sus ahorrillos.

United States of Tara tiene muchas virtudes, y la mayor de ellas no es la actuación de Tony Colette -a cuya gloria actoral se consagra-. Creo que en España no la echan en abierto, sólo en Paramount Comedy, pero ahí tenéis la Mula, mientras Teddy Bautista no nos fulmine con su rayo exterminador. Eso sí, por favor os lo pido: en versión original subtitulada. El doblaje le hace un daño terrible a esta serie, destroza por completo el trabajo interpretativo de Tony Colette, que realmente es soberbio.

Recapitulo brevemente para despistados: United States of Tara va sobre una madre de familia (Tara) que sufre un trastorno de personalidad múltiple. En el momento menos esperado, se transforma en cualquiera de las tres personalidades que habitan en ella: un ama de casa de los años cincuenta, un camionero machista y camorrero y una adolescente salida.

Sí, yo también torcí el morro cuando leí el planteamiento. Pensé que estaba ante una porquería incomible, a la altura de Salvados por la campana o Mis padres son marcianos. Pero no. Es una gran serie dramática que no trata sobre la personalidad múltiple, sino sobre la vida y sus miserias, en la línea cuasicostumbrista de la gran tradición novelística americana que escarba con crueldad en el cruel y cínico mundo de los suburbios de casitas con jardín.

Tony Colette es la gran estrella sobre la que descansa casi todo el peso de la acción, pero los demás actores no se quedan mancos. El marido es mi querido John Corbett, el viejo locutor de la K-Oso de Cicely en Doctor en Alaska. Han pasado los años, y ha vendido la moto, se ha casado (la boda la vimos todos en Mi gran boda griega, ¿os acordáis?) y ha sentado la cabeza, con un buen trabajito y una casa en las afueras. También ha ganado unos kilos. Ya no es el outsider empapabragas que vivía en una caravana junto a un río, pero ha madurado con dignidad. También como actor: está soberbio en su papel de padre y marido enrollado, aunque siempre firme.

Los dos hijos están muy bien también, especialmente él, interpretado por un jovencísimo talento llamado Keir Gilchrist, que interpreta a un adolescente gay sin ningún exceso, con mucha maestría. Si le pulen bien, este chico está llamado a hacer grandes cosas en el cine.

La hermana de Tara la interpreta Rosemarie DeWitt, una segundona de las series de última hornada (salió en los primeros capítulos de Mad Men) que a mí, personalmente, me pone mucho. Es la tía enrollada y desquiciada, y también está muy bien en su papel. Todos habríamos querido tener una tía como ella.

Con estos mimbres, Diablo Cody ha ideado un relato estupendo. Nada deslumbrante, muy contenido, pero profundo, verosímil, emocionante y muy bien contado, con ritmo y tono adecuados. Es un relato que va sobre lo difícil que es quererse y lo gratificante que es amar (ojo, amar, no ser amado, que es muy distinto) cuando la vida te lo pone difícil. Es una historia sobre aceptación y apoyo, sobre gente maja y honesta que trata de hacer la vida más agradable y cómoda a quien quiere y tiene al lado.

Por supuesto, se hacen daño. Mucho daño. Y la historia, a diferencia de lo que sucede en otras series -donde, al final de cada capítulo, todo vuelve a su sitio- parece despeñarse sin remedio. Parece que se hunde día a día en las negruras de una situación imposible, que rompería los nervios de cualquiera. No hay moraleja ni imperativos éticos, sólo fuerza de voluntad. Siguen ahí porque se quieren, nada más. Y ese es el punto fuerte de la serie.

Además, los capítulos duran muy poco, media horita de nada, algo muy de agradecer. La concisión narrativa siempre es una muestra de respeto al espectador-lector, y hay que aplaudir a quien te trata con esa consideración.

11/08/2009 22:41 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Televisión Hay 1 comentario.

NOTICIAS LIBRERAS

  • EL VIERNES, EN LA FERIA DEL LIBRO DE JACA. Finalmente, será el viernes, como predije. Firmaré ejemplares de Malas influencias (si alguien tiene a bien comprar alguno) en la caseta de Tropo Editores situada en el paseo de la Constitución. Un ratito al mediodía y otro rato por la tarde, hasta las 20.00 o así. Los libreros y editores suelen salir muy contentos de esta animada feria, porque, en estos días, Jaca está llena a rebosar de veraneantes relajados y cultos que gustan de gastarse los cuartos en libros. A ver si es verdad. Yo espero pasar un día divertido. Creo que el siguiente sarao con este libro será en octubre en Murcia, donde habrá presentación y firma, pero ya confirmaré todo cuando llegue.
  • SOLDADOS EN EL JARDÍN DE LA PAZ, YA A LA VENTA. A las librerías irá llegando poco a poco en las próximas semanas (yo ni siquiera lo he visto, espero que me llegue un paquete de ejemplares este miércoles), pero ya se puede comprar online en el link que os marco abajo, a través de la web de la editorial. Lo venden a 20 euros, una minucia, teniendo en cuenta las impagables emociones orgásmicas que su lectura -y las 60 ilustraciones que lleva- os va a proporcionar. En septiembre empezará la promoción (que arrancará con una entrevista en la Ser para la que ya me han llamado), y en octubre lo presentaremos en Zaragoza, con mi amigo Javier Rodrigo, historiador y profesor de la Universidad de Zaragoza, como maestro de ceremonias, y con Pablo Bieger, nieto de un alemán del Camerún, como representante de los protas del libro. No me he decidido todavía por el escenario, aún es pronto para eso.

Para comprar online Soldados en el jardín de la paz en la web de la editorial, pincha aquí.

12/08/2009 00:56 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Mi libro Hay 1 comentario.

MADUREZ

De pronto, he madurado.

Al despertar, noté una presión en la nuca. Me palpé y encontré una silla. Estaba incrustada entre los omóplatos, bien encajada.

-Vaya, parece que al fin has sentado la cabeza -me ha dicho Cris.

La silla es de estilo imperio. Una silla clasicota, nada de diseños modernos y fatuos. Una silla de verdad, para culos fondones y largas sentadas.

No es el único cambio que he notado.

De repente, he prestado atención a los anuncios de ING Direct, y no sólo no he sentido ganas de estrangular y descuartizar en pequeños trocitos a los actores que en ellos salen, como me suele suceder, sino que me he sorprendido diciendo: "Tengo que contratar un buen plan de pensiones".

Me han venido otros pensamientos a la cabeza. Por ejemplo:

-Hay que regular los flujos migratorios, esta política de puertas abiertas va a acabar con la civilización occidental tal y como la hemos conocido.

-Los jóvenes deberían conciliar su derecho a la diversión con el derecho al descanso de los vecinos.

-Una cosa es que haya libertad de expresión, y otra muy distinta que todo el mundo pueda decir lo que le dé la gana.

-La factura, sin IVA, por favor.

-El rey es el garante de la democracia en España.

-No, no me sirvas otra copa, que me voy a poner piripi.

-Qué barbaridad, esta juventud cada día escribe peor.

-Con sacarina, por favor.

-En mis tiempos sí que se hacía buena música, no la ruidera que escuchan ahora.

-Le echaré un ojo a las oposiciones, que de la literatura no se puede vivir y el periodismo da muy mala vida.

-Algún día aparecerán las armas de destrucción masiva de Sadam.

-Esa corbata de lunares le iría muy bien al tono de mi cutis.

-Estos de Intereconomía dicen verdades como puños, eso es lo que les jode a los sociatas.

-Hum, esos chalets pareados de tres dormitorios de la Urbanización Atomarporculo del Centro tienen muy buena pinta... ¿Puedo ver el piloto?

Eran pensamientos que nunca había tenido. No los controlaba, y su continua ebullición, unida a la presión que la silla de estilo imperio ejercía sobre mi nuca, me han provocado una jaqueca espantosa. No encontraba explicación, hasta que he escuchado:

-¡Felicidades!

¿Felicidades? Ah, así que era eso...

He cumplido 30 años, y la madurez se ha instalado en mí con todas sus consecuencias. Ya no soy aquel chaval que perdía el tiempo leyendo novelitas, emborrachándose en bares donde no limpiaban el polvo y viendo pelis de Zhang Yimou a las cuatro de la mañana. He madurado. Tendré que quemar mi colección de inapropiadas camisetas pretendidamente chistosas y aprender a peinarme con un peine de verdad. Y empezar a hablar en pasado. O en pretérito imperfecto, pues el presente de indicativo y el futuro me están vedados para siempre. Sólo puedo agarrarme a los verbos conjugados en condicional o en modo subjuntivo, pero eso sólo lo hacen los peterpanes, los quieroynopuedo y los silohubierasabido.

También se supone que debería recapitular y tener una pequeña (o enorme) crisis de identidad. Debería llenar muchos folios repasando frustraciones y lamentando errores. O aprender a montar en moto, comprarme una y recorrer la península de Anatolia viviendo una pasión turca en cada pueblo, hasta que se me pasara la quemazón y la mala hostia de la madurez sin asumir. Pero, ¿sabes una cosa? Me siento de puta madre, a pesar de la silla de estilo imperio que me machaca las cervicales.

No suelo celebrar los cumples, porque caen en agosto y la ciudad suele estar vacía -y soy un poco tacaño y así me ahorro las cañas a las que debería invitar a la gente-, pero creo que este año sí que voy a hacer algo. Hay motivos: en este 2009 he cambiado de década, he publicado mis dos primeros libros (así que la gente ya no sonríe con condescendencia cuando les cuento que me dedico a escribir) y pronto nacerá mi hijo. Un año más que redondo, sublime. Crisis a mí.

No voy a plantar ningún árbol, pero sí que pienso brindar con la gente a la que quiero.

Y contigo también. Chin, chin. À la notre, mon ami!

SLOW MOTION

Ando agotado. No solo por este calor que me emplasta contra el suelo y me obliga a recogerme a mí mismo con espátula, sino porque estoy adelantando artículos de La ciudad pixelada para publicar en septiembre. El 31 de agosto volaré cual colibrí puesto hasta arriba de anfetas, y no pisaré la santa redacción del periódico en un mes. Pero me he comprometido a no dejar vacante ese hueco dominical, así que ando masajeándome las neuronas para enlatar cinco artículos. Al mismo tiempo, tengo que escribir los que van saliendo estos domingos, y empiezo a no saber en qué fecha vivo. Ya he escrito cuatro de los cinco, y las fuerzas empiezan a fallarme, por eso tengo este blog manga por hombro. Con el calor -y el cansancio que arrastro de un año intenso en el que todavía no he tenido vacaciones-, mi cerebro funciona a un 15% de su capacidad, todo me cuesta y me pesa más. Mil perdones.

Anoche estuve con Severiano Delgado, gran amigo de este blog, que anda pasando unos días por Zaragoza y me ha llamado. Cerveceamos por el Tubo (y por un tubo) y se llevó firmados mis dos libricos. Me lo pasé estupendamente. A ver si cunde el ejemplo y otros comentaristas se animan a departir conmigo con vasos y barras de bar de por medio, que es la forma más civilizada y agradable de departir.

Mañana creo que viene un viejo amigo de Madrid al que he engañado diciéndole que en Zaragoza se está muy fresco. Si finalmente se anima a venir (nada es seguro en esta vida, y menos con él), le pasearé por las esquinas más tórridas de la ciudad, y si queda algo de él al final del día, cervecearemos con alegría.

Por cierto, Pedro Hernández, coautor de la foto que preside la barra derecha de este blog y de la de la solapa de Malas influencias, me mandó una felicitación cojonuda, de la mano de El Cumbias. Aquí la dejo, no doy más de mí. Otro rato, cuando refresque, os cuento algo mejor:

 

19/08/2009 17:02 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Intrascendencias No hay comentarios. Comentar.

SEÑORES CON PAJARITA

Denunciaba alguien en algún lugar el otro día (mi precisión se resiente con el calor) el machismo institucional de las letras hispanas, y lo justificaba con una estadística demoledora: desde 1976, año de su institución, solo dos mujeres han ganado el Premio Cervantes. Y en el otro gran premio, el Nacional de Literatura, la cosa anda casi igual de vergonzante: solo hay tres ganadoras en la lista. Aunque es verdad que el premio se instituyó en 1984, así que puede decirse que ha sido más benévolo con las literatura escrita por mujeres que el Cervantes.

Es fácil lanzar un guantazo así, tan contundente y, en apariencia, irrebatible. Pero nunca está de más afinar un pelín más la argumentación. El golpe de efecto es menor, claro, pero el debate se enriquece. Yo pienso que esos datos, más que evidenciar un machismo presente, son fruto de un machismo pretérito, y para calibrar el grado de machismo real que puede darse en el mundillo literario de hoy, habría que acudir a otros indicadores más fiables.

¿Por qué? Muy sencillo: estos dos premios se entregan a gente viejuna. Son reconocimientos a toda una vida de excelencia y dedicación, son colofones a las carreras literarias de sus agraciados, el último mojón dorado de su camino. Por tanto, se dan a escritores que despuntaron hace muchas décadas, mucho antes de la incorporación masiva de las mujeres a la educación universitaria. Si se fijan, en esa lista tampoco menudea gente de origen proletario o curritos: son niños de papá machitos, los que podían permitirse el lujo de escribir. Los más recientes ganadores de ambas listas empezaron sus carreras literarias en los años 50. ¿Cuántas escritoras había entonces, en España y en Latinoamérica? Para que empiece a haber cierta igualdad en este palmarés tendrán que pasar veinte o treinta años más, cuando las escritoras que emergieron en los años 70 y 80, y que hoy empiezan a madurar, entren en la senectud, que es requisito obligatorio para recibir el premio. Si dentro de 20 años, las listas siguen igual de desequilibradas, entonces sí que se les podrá acusar de machismo. De momento, sólo dan cuenta del panorama literario de hace medio siglo.

Y, la verdad, cualquiera que otee un poquito el panorama actual, verá que la igualdad es prácticamente un hecho. Las escritoras no tienen que demostrar más que los escritores, y no están infrarrepresentadas, que yo perciba, en ningún ámbito. En la colección Voces, de Tropo, donde aparecieron mis Malas influencias, sólo estamos editados dos chicos: Matías Candeira y un servidor. El resto, son autoras. Y es una colección que pretende anticipar las voces que tendrán algo que decir en el futuro inmediato, así que por ahí sí que pueden ver por dónde van a ir los tiros.

Desde luego, los grandes premios literarios son a la literatura lo que un casino aristocrático a la vida real. Si queremos hablar de machismo en el mundo de las letras, busquemos en otros rincones, no me hablen de señores mayores que usan pajarita, por favor.

21/08/2009 16:36 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 2 comentarios.

EPIFANÍA SUBTERRÁNEA

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Una de mis obsesiones más recurrentes es El tercer hombre. La habré visto no menos de cien veces a lo largo de mi vida (haría muescas en la pared contándolas, pero temo quedarme sin espacio). Por eso, su edición remasterizada en DVD ha sido uno de los regalos que he recibido. Parecerá tonto, pero hay cosas que yo no me bajo de la mula, que necesito palpar, tocar y ver en la estantería. Necesito saber que tienen presencia al margen de un archivo informático enumerado en un listado. Es un vicio analógico que seguramente resultará muy molesto a las generaciones venideras, como una nostalgia viejuna y desgreñada.

Por supuesto, la he vuelto a ver esta misma tarde. Me la sé prácticamente de memoria, y tengo clarísimo que cuando Holly Martins (el grandísimo Joseph Cotten, uno de esos actorazos nunca del todo bien ponderados) dice aquello de "Sólo soy un escritor de novelas que bebe demasiado y se enamora de chicas como usted", quien habla realmente es Graham Greene, que se hace un autorretrato en forma de brindis.

Fue un gusto descubrir que el escritor argentino Rodrigo Fresán también vive obsesionado por esta peli, ya que la ha convertido en uno de los leitmotivs más recurrentes de su obra, que va cargadita de leitmotivs. Es reconfortante saber que no se está solo, que hay otros drogadictos enganchados al mismo opio.

El tercer hombre surge de un encargo que le hacen a Graham Greene. Alexander Korda, en medio de alguna borrachera de dry martinis, le propuso escribir el guión de una peli ambientada en la destruida Viena de posguerra. El borracho novelista inglés aceptó el reto y se puso a currar en serio. Pero, según contó él mismo (así que créanse lo que quieran, porque los escritores mienten apenas hilvanan dos frases), se bloqueó. Cuando ya tenía bastante clara la trama y el perfil de los personajes principales, se quedó seco, no supo cómo encauzar y vertebrar toda la historia. No se le ocurría nada, y por más scotch que bebía, el nudo no se deshacía.

Después de dos semanas trasteando por Viena, se le acabó el plazo: tenía que largarse a escribir y empezar a enseñar la faena a sus jefes, pero el pobre Greene no tenía nada más que unos cuantos folios emborronados con cuatro o cinco ideas que le sonaban idiotas y miserables:

El penúltimo día [de su estancia en Viena] tuve la suerte de almorzar con un joven oficial del Servicio de Inteligencia Británico (...). Él me contó cómo cuando se hizo cargo de Viena exigió de las autoridades austriacas una lista de la policía vienesa. Una sección de la lista tenía la cabecera POLICÍA SUBTERRÁNEA.

"Desháganse de esta gente -ordenó-, las cosas han cambiado", pero un mes más tarde descubrió que la "policía subterránea" continuaba en la lista. Repitió irritado su orden y entonces le explicaron que la "policía subterránea" no era policía secreta, sino una policía que literalmente trabajaba bajo tierra, en el enorme sistema de alcantarillado.

Ahí se desatascó todo. De repente, la historia se compuso en su cabeza, perfectamente estructurada y resuelta, con su clímax, su tensión sexual, su todo. Luego tuvo que cambiar algunas cosas por exigencias de la productora: el prota se llamaba Rollo y era inglés, pero al fichar a Joseph Cotten para el papel, lo convirtió en americano y le bautizó como Holly Martins porque, por lo visto, Rollo significa maricón en el slang de algunas zonas de Estados Unidos. Tuvo que hacer otros cambios menores para ajustar al malvado Harry Lime a la presencia y la voz de Orson Welles, y podar alguna que otra rama más, pero lo esencial de la peli está en la novela corta que escribió como base para el guión y que se publicó años después con prólogo aclaratorio (donde cuenta todas estas batallitas).

Por supuesto, cuando El tercer hombre tomó forma definitiva en su cabeza con la epifanía reveladora de la policía de alcantarillas, ¿a que no sabéis qué hizo? Sí, señor, se fue a celebrarlo con unas copas en el Oriental, uno de los garitos nocturnos de Viena que quedaban en pie. Hay escritores que nacen con el hígado de titanio.

Foto: la persecución final por las alcantarillas de Viena, con la policía subterránea de perseguidora.

23/08/2009 20:41 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Cine Hay 2 comentarios.

LA CIUDAD PIXELADA: ¿LA ÚNICA RESPUESTA POSIBLE?

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Aquí te dejo mi último artículo dominical de HERALDO. Ya sé que no los suelo colgar (llevo unas 20 entregas de La ciudad pixelada y en el blog sólo habré puesto dos o tres), pero esta me interesa especialmente. A ver qué te parece a ti. La ilustración, como siempre, del gran Álvaro Ortiz -cuyo último cómic aún no he reseñado aquí, a ver si encuentro ocasión pronto, que a este paso va a publicar otro antes de que yo me decida a comentarlo-.

En la avenida de América de Zaragoza se mantiene, impertinente, la fachada de la cárcel de Torrero. Ahí siguen el portón y las torretas de vigilancia, pero no hay ningún carcelero en ellas. Aun así, me da la impresión de que la gente ralentiza el paso cuando se acerca a la fachada, manteniendo parte del temor antiguo que irradiaban aquellas piedras. Yo, que soy más aprensivo que los demás, incluso me cambio de acera. Aunque sé que detrás solo hay un solar con cascotes, esos ladrillos y ese portón me ponen mal cuerpo, no lo puedo controlar, y en mi delirio imagino que los demás sienten un resquemor parecido al que me hormiguea por dentro.

Me pasaba lo mismo de chaval, cuando visitábamos a la familia de Barcelona y mis paseos acababan, sin darme cuenta, frente al edificio de la cárcel Modelo, a pocas manzanas de donde vivían mis tíos. Que siga funcionando en el centro de la ciudad me sigue espantando hoy. Por esa incontrolable aprensión, años más tarde, en marzo de 1999, me negué a ir a un concierto que dio Rosendo en el patio de Carabanchel, en Madrid, poco después de que la cerraran, para celebrar precisamente su cierre. Aunque no fui, sé que le quedó un 'show' muy emotivo porque lo recogió en un disco y lo tituló 'Siempre hay una historia'. Fue el triunfo de la gente del barrio frente a los carceleros, el desquite por décadas de desprecio. Rosendo cedió los derechos de autor del disco a Basida, una oenegé que atiende a reclusos enfermos de sida.

Nadie quiere tener una cárcel en su barrio. A los que hemos crecido escuchando historias de macarras de ceñido pantalón y riéndonos con las hazañas de Maki Navaja, el trullo nos da mucho yuyu, aunque nunca jamás nos vayamos a ver en la tesitura de pisarlo, ni siquiera como visitantes. Y, sin embargo, me da la impresión de que todo el mundo quiere más cárceles. Eso sí, lejos de su vista.

De un tiempo a esta parte, percibo un clamor vengativo. Tres o cuatro sucesos muy mediáticos han avivado en amplios sectores de la sociedad la creencia de que la ley española es muy laxa y que los criminales campan a sus anchas. Los datos contradicen tajantemente esa percepción, que se repite como un mantra en los más variados foros, y que muchos políticos utilizan con ánimo populista en cuanto tienen ocasión.

Este mismo periódico publicaba la semana pasada que Aragón tiene una tasa de criminalidad del 37,3%, diez puntos más baja que la media española. Si se tiene en cuenta que España tiene una criminalidad veinte puntos más baja que la media de la UE, cualquiera puede deducir que Aragón es una de las regiones más tranquilas y seguras de todo el continente. Y, sin embargo, según otro estudio, la tasa de encarcelamiento española es la más alta de Europa. Tenemos unas cárceles saturadísimas y no paramos de construir 'macrocentros' como el de Zuera porque los viejos se quedan pequeños. El año pasado, el de la Expo, la población reclusa en la prisión zaragozana duplicó la capacidad para la que fue construida.

Vamos, que en España se aplica una mano mucho más dura que en Europa: se cometen pocos delitos, pero tenemos muchísimos presos. Quizá el problema no sea de defecto, sino de exceso. ¿No basta el esqueleto de Torrero para que nos planteemos que la respuesta de un Estado de Derecho tiene que ser más imaginativa e integradora? En 10.000 años, hemos pasado de inventar la rueda a fotografiar los confines del Sistema Solar, pero seguimos creyendo que la delincuencia solo se puede atajar con encierros. ¿No es triste?

24/08/2009 13:17 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Intrascendencias No hay comentarios. Comentar.

UN ROBADO

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Que me detengan si quieren, aquí les espero. Sé que violo las leyes de protección a la infancia y las del derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen, pero me da igual. He hecho un robado. He contratado a un paparazzi y le he encargado una fotografía furtiva. De hecho, el retratado está durmiendo, doble delito. No se ha enterado de que le estábamos viendo. Dormía sobre la placenta y se metía la mano en la boca, ignorante de que le estábamos espiando. Pobre iluso. Ahora tengo las imágenes en mi poder y las voy a hacer públicas, caiga quien caiga. Aquí las tenéis: desde las profundidades uterinas, mi chaval ha sido pillado in fraganti. Es la primera foto que tengo de él, y todavía no ha nacido.

EL CIRCO LITERARIO

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Como empiezo a sospechar -quizá sin razón- que el blog literario de Heraldo y este rinconcito tienen públicos distintos que apenas se cruzan dos miradas cuando tropiezan en el ascensor, os cuelgo aquí un texto que escribí ayer para De reojo, porque creo que podría haberse publicado aquí sin desentonar. El otro día, tomando una caña con un amigo escritor, me dijo que el blog de Heraldo es muy sobrio, que le falta algo de la sal que esparzo en este. Puede ser, pero es que allí me ciño a un tema y procuro reseñar los libros con rigor. Aquí hay un ambiente más distendido, me siento más en casa. Intentaré, en la medida de lo posible, aliñar con un poco de alegría el otro blog, pero no prometo nada.

Julien Gracq, La literatura como bluff. Editorial Nortesur.

Con el fin del verano se acaban los romances, las noches se hacen más largas, Chanquete la diña y Julia vuelve a pedirle a Pancho que pose desnudo para ella. Y con el fin del verano se acaba la insoportable sequía de novedades editoriales. Las librerías, que han respirado un poco, sacuden el polvo a los estantes y hacen hueco para la marabunta otoñal. Las imprentas trabajan en estas fechas a toda máquina para que, en cuanto acabe la campaña de los libros de texto, arranque la temporada literaria, con sus presentaciones, sus imprescindibles, sus clásicos, sus descubrimientos y sus grandes esperanzas blancas.

Pero antes de que los acróbatas y los domadores del circo literario vuelvan de vacaciones y abran la taquilla de su carpa, la editorial Nortesur (apostillaría la exquisita editorial Nortesur, pero sería una adjetivación redundante: todo lo que saca este joven sello barcelonés es ambrosía pura) nos da una oportunidad de redención con la muy atinada publicación de La literatura como bluff, del francés Julien Gracq, un microlibro (apenas 80 paginitas de nada) que seguramente pasará desapercibido y cuya invisibilidad me gustaría evitar en la medida de mis modestísimas posibilidades.

Es un libro pequeño, pero su tono es atronador. Se publicó en Francia en 1950 y durante décadas ha sido un dedo en el ojo de los faranduleros literarios. Es una pequeña venganza, fruto de un cabreo muy gordo que se cogió el bueno de Gracq (seudónimo de Louis Poirier). Además, es contingente: sus andanadas se refieren a un país -Francia-, una época -los años de la posguerra mundial- y un movimiento filosófico-literario -el existencialismo-. No pretende ir más allá, no busca ser un alegato universal, solo quiere cantarle las cuarenta a unos cuantos so called escritores. Y, sin embargo, es difícil no reconocer en el mundillo literario actual de cualquier país, autonomía, ciudad o barrio muchas de las afirmaciones que se hacen en el libro.

Gracq denuncia la banalización del hecho literario, la dictadura de la imagen, el aburguesamiento del escritor y la crítica naïf  más preocupada por seguir la moda que por enjuiciar con criterio los libros que reseña. Le asquea el sistema de castas, la obsesión por publicar a toda costa y el desfile pedante de vacas sagradas que siempre son alabadas aunque sus libros se parezcan más a excrementos de vaca sagrada que a obras dignas de ser consideradas literarias.

Gracq era una rara avis. Adoptó un seudónimo porque quería que su obra fuera valorada solo por sus méritos literarios y artísticos, no por el carácter o el carisma de su autor. Vivió alejado del circo literario, fue profesor de instituto toda su vida, y murió convencido de que lo único que debe hacer un escritor es escribir. Todo lo demás es paja. Para Gracq, comer canapés en recepciones de embajadores, vestir chaqué, recibir premios, asistir a tertulias y lanzar soflamas políticas en los periódicos no tiene nada que ver con la literatura, que se compone en exclusiva de un tipo que escribe y otro que lee. Y, si acaso, de un crítico honesto y con buen bagaje que orienta al lector en algunos laberintos sin Minotauro. De hecho, rechazó el Goncourt, que es el mayor premio que puede recibir un juntaletras francés después del Nobel.

Les cito algunos pasajes del libro y luego me comentan si creen que pueden extrapolarse, sin cambiar una sola coma, a la república de las letras de hoy de España, de Aragón o de su comunidad de vecinos. A poco que frecuenten los suplementos literarios y hayan ido a alguna presentación de libros, reconocerán muchos tropos:

Y ya que estoy con los premios literarios, y sin prescindir de la extremada desconfianza que hay que tener a la hora de solicitar a la policía que intervenga en los lugares públicos, me permito llamar la atención a los agentes a cuyo cargo corre, en principio, la represión de los delitos contra las buenas costumbres, y avisarlos de que ya va siendo hora de terminar con ese espectáculo que lo deja a uno helado, de “escritores” amaestrados para enderezarse sobre los cuartos traseros desde que nacieron y a quienes unos cuantos sádicos engolosinan ahora por las esquinas con lo que sea -un camembert, una botella de vino-.

Existen, en literatura, plazas envidiables que se reparten lo mismo que esas carteras ministeriales que van a dar a manos de candidatos que no tienen más méritos para ello que “estar siempre ahí”.

Nada se opone a que en nuestra literatura se siga siendo una “esperanza” perpetua: nadie se echará encima la responsabilidad de poner una cruz sobre esa virtualidad fallecida a corta edad.

Sus libros [los del escritor], de los que a veces solo se sabe que existen, lo convierten en persona autorizada, le proporcionan una letra de cambio, un cheque en blanco indefinido para ejercer las funciones más variopintas.

Nos amenaza en la actualidad este suceso inconcebible: una literatura de pedantes.

¿Está escrito con mala sangre? Sí. ¿Con ánimo vengativo? Sí. ¿Contiene pullas personales lanzadas contra otros escritores y críticos? Sin duda, está trufadito, y seguro que alguien se ha dedicado a descifrarlas. ¿Hay animus injurandi? A raudales, de la primera a la última página: a un abogado no le costaría mucho demostrarlo. ¿Es un desahogo personal? Básicamente. Pero la respuesta afirmativa a todas estas preguntas no invalida lo que dice. Quizá esté dicho con la glándula que segrega bilis y no con el cerebro, pero lo dicho es cierto. Da en el clavo. Por eso podemos leerlo hoy, medio siglo después, y seguir asintiendo y reconociendo cada afirmación.

Eso sí: la cosa tiene mal remedio.

26/08/2009 20:16 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 2 comentarios.

UN VÍDEO-TEXTO DE MALAS INFLUENCIAS

Javier López Clemente ha hecho una cosa tremenda: ha cogido un fragmento de mi cuento Malas influencias, que narra los últimos meses de vida de Sylvia Plath, le ha metido música, unas imágenes ad hoc y un fragmento de la voz de Plath hablando de sus cosas. El resultado es esto, y la verdad es que lee espléndidamente el pasaje de mi libro, lo hace parecer algo interesante. Emocionado hállome. Gracias, señor Córneo, de verdad.

 

26/08/2009 20:57 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Mi libro Hay 1 comentario.

EL LUPANAR ETERNO

A propósito del libro de Gracq que comentaba el otro día. En general, tiene razón el gruñón francés, pero falla en una cosa esencial: durante todo el panfleto, atribuye todos esos males de la república de las letras a la sociedad de masas surgida tras la Segunda Guerra Mundial. Implícitamente, asoma la muletilla de "esto en mis tiempos no pasaba".

¿Que no?

Amos, anda.

La cantinela de que todo tiempo pasado fue mejor la llevamos escuchando desde que a un homo sapiens se le irritaron las cuerdas vocales de tanto comer mamut y tosió emitiendo un sonido quejumbroso que hoy llamamos lenguaje. Lo primero que dijo un humano fue: "Estos jovenzanos imberbes no saben cazar bisontes como es debido. En mis tiempos sí que se cazaba bien, ahora ya no saben ni afilar la lanza de sílex. Vamos hacia el abismo".

Todo lo que denuncia Gracq sigue vigente, pero no era nuevo en 1950. Lo único nuevo de 1950 era la sociedad de masas institucionalizada. Lo nuevo era el ascenso de una clase media que quería aparentar dignidad burguesa, y la forma más fácil de adquirirla era a través de la cultura, que es una de las fuentes de legitimación social más poderosas desde que los bailes de primavera de los duques de Medina-Sidonia pasaron de moda. Incluso llego a sospechar que lo que le molesta realmente a Gracq no es el teatrillo vanidoso de la farándula letraherida, sino que el público, selecto y educado antes de la guerra, se haya llenado de gañanes recién salidos de la aldea, con el pelo de la dehesa a medio sacudir.

Porque casi 200 años antes que Gracq, un español, José Cadalso, ya dejó caer alguna que otra andanada parecida en Los eruditos a la violeta. Y entonces no había una industria cultural ni unos periodistas amarillosos a los que echarle la culpa.

Incluso en una cultura cortesana y de salón pueden identificarse males parecidos. Es extraño que nos emperremos en no verlo y atribuyamos siempre a nuestros antepasados una dignidad que nosotros, al parecer, hemos perdido.

Pues os voy a contar un secreto: nuestros antepasados, aunque parezcan algo en los retratos antiguos, eran unos hijos de puta.

Hicieron cruzadas, exterminaron razas indígenas enteras, esclavizaron a varios continentes, churruscaron en hogueras a todo quisque, les gasearon, les empalaron, les abrieron en canal, les deportaron, les encerraron en guetos...

¿Por qué razón debemos suponer que los literatos que vivían en esas sociedades eran mejores artistas y personas que los literatos actuales? En principio, yo tiendo a presuponer que eran, por lo menos, tan hijos de puta como ellos. No hay motivo para deducir que tuvieran un estatus moral o estético superior. En eso sigo siendo marxista y creo que el arte es fruto de su tiempo. Un tiempo esclavista genera un arte esclavista.

Otra cosa es que sepamos leer a toro pasado. Otra cosa es que sepamos rescatar lo que nos interesa y lo que nos emociona. Otra cosa es que, pasados los años, sepamos abstraernos del hombre y nos centremos en la obra. Tras el refinado que sólo el transcurrir de los siglos puede realizar, nos queda un repertorio de lo mejor, de lo más interesante, y la filfa queda fuera. Ni la miramos siquiera.

Lo malo del presente es que la filfa no se puede apartar. Todavía no se ha tamizado nada y es difícil saber qué merecerá la pena y qué quedará en el olvido. Para escribir el libro de los alemanes he vaciado varias colecciones de periódicos de 1916 hasta entrados los años 20, y por curiosidad he seguido la crónica cultureta de aquellos años. ¿Sabéis dónde estaban los nombres que estudiamos hoy en los libros de texto, esos de la generación del 98 y del 27? En ningún sitio. Si acaso, en la letra pequeña. Nada de lo que aquella gente consideraba grandioso o imprescindible ha aguantado hasta hoy. Lo que leemos ahora era marginal entonces. No todo, pero sí en buena medida. Los intereses, el amigueo y la crítica aduladora y manipuladora funcionaban entonces igual que ahora, encumbrando a mediocres y soslayando a los curritos honestos. Sólo que entonces había muchos más analfabetos y la cosa cantaba menos, sólo concernía a cuatro señoritos cultos. La diferencia es cuantitativa, no cualitativa.

De los tiempos de Gracq a esta parte parece que lo único que ha cambiado es la sofisticación de los protocolos culturetas. Todo escritor que publique con una editorial firma un contrato en el que se compromete, en una cláusula estándar, a colaborar activamente en la promoción del libro, concediendo entrevistas y asistiendo a los saraos que el editor considere menester. Yo lo he firmado las dos veces sin rechistar (pero a mí no me duele: soy un exhibicionista de gabardina, me mola que me saquen de paseo).

Este requisito no es un dogal, claro, pero está mal visto que un autor se escaquee de esas obligaciones (aunque un escaqueo bien llevado puede ser un arma promocional más poderosa que el machaque continuo: miren Salinger, o Elfriede Jelinek. No estar nunca, a veces, es más eficaz que estar a todas horas, como les pasa a esas chicas que se hacen las distantes y cuyo desprecio nos erotiza mucho más que si nos lo pusieran fácil).

Los mecanismos están más controlados y hay más aros por los que un escritor se ve conminado a pasar, pero, en lo fundamental, hoy como hace mil años, la república de las letras es una casa de putas. Forma parte de su encanto. De su despreciable encanto, si lo quieren así. A mí me reconforta saber que está poblada por humanos con las mismas mezquindades que los demás, y no por seres puros e insoportablemente enmohecidos en sus torres de marfil o de alabastro.

Porque, puestos a considerar dioses a los juntaletras, prefiero que sean dioses griegos, con sus raptos, sus orgías y sus matanzas, que aburridos déspotas absolutos judeo-cristianos con el culo tan gordo como para tenerlo en todas partes.

27/08/2009 21:58 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Literatura Hay 1 comentario.

PAISAJES QUE NO SE ENTIENDEN

Mi otrora roomate y compañero de andanzas levantinas Iñigo Aristu publica hoy en el periódico que nos da de comer a los dos que SEO/Birdlife ha empezado los trámites para pedir que Los Monegros sean declarados parque nacional. Ahora hay un plan para crear un parque natural (segunda división de los parques nacionales) de 47.000 hectáreas en la zona. Si el proyecto de parque nacional fraguara sería una cosa estupenda para Aragón. Yo me alegraría un huevo.

Al colgar la noticia en la web han empezado a llegar los comentarios de siempre: insultos a los ecologistas, berridos desaforados y, cómo no, tipos que ponen el grito en el cielo porque aquello no es un bosque ni es nada. Como muestra, esta joya argumentativa, a la altura de los mejores párrafos de Steiner y Wittgenstein:

Venga hombre, los Monegros parque nacional ? Eso sería un insulto al resto de los parques nacionales. Eso es un páramo inhabitable.. Déjense de tonterías señores ecologistas y vayan a preservar el bosque y la naturaleza de verdad en vez de fastidiar a todo el que no les sigue. Con Gran Scala habrá más árboles y mucha más población en la zona.. Eso es un hecho, la gente se mudará allí y creará un entorno natural mucho más habitable que el actual desierto. Habrá más árboles que antes, de largo.

Ojalá declaren los Monegros parque nacional, porque significaría definitivamente que hemos dejado atrás la trasnochadísima y cazurra idea de que sólo la hoja verde merece respeto y cariño. ¿Cómo puede ser que todavía haya gente con esa concepción del paisaje? Son los mismos que aún no han entendido de qué iba el punk, o los que creen que las pinturas de Picasso son feas y que donde esté un cuadro de ciervos abrevando en un estanque nórdico que se quiten todos esos modernos de mierda que no saben más que ensuciar. Son los que en la clase de naturales se saltaron la lección que explicaba los distintos ecosistemas (y probablemente, la de la educación sexual). Son los que se creen que el agua de los ríos se desperdicia en el mar. Son los mismos que no aceptan al vecino como es, que quieren amigos, padres e hijos a medida. A su medida: no toleran nada ni nadie que se salga de los cuatro palitroques que delimitan su concepción del mundo, que no llega más allá de la punta de su nariz.

Los Monegros son áridos. Los Monegros son duros. Pero los Monegros son hermosos. Y son hermosos porque son duros y son áridos. Y nos hemos dado cuenta hace muy poco. Hemos necesitado siglos para entender que no necesitan árboles y que tampoco nos necesitan a nosotros. Y si lo declararan parque nacional se libraría de cazurros que quieren convertirlo en un bosque europeo, con ardillitas y cervatillos trotones.

Julio Llamazares escribió hace poco un estupendo y precioso artículo sobre el paisaje, sobre cómo ha cambiado la relación de los españoles con el paisaje. Allí recuerda que fueron los románticos los que nos enseñaron a integrar el paisaje en la experiencia humana. Hasta el romanticismo, sólo era un decorado. Después del romanticismo, el paisaje determina todo, es un elemento central de la mirada de cualquier artista. Y la vida imita al arte, ¿no?

Dice el bueno de Llamazares:

Los paisajes hasta entonces armónicos y felices sobre los que destacaban las figuras de Dios o de los hombres, que ocupaban el centro de las iconografías, se convirtieron en más presentes al tiempo que en más dudosos. Despojado de su fe, el hombre, que atravesó la historia apoyado en ella, pasó a entender de repente que ya no era el centro del mundo y que el paisaje era determinante tanto para su vida como para su sensibilidad. Y, también, que la naturaleza, hasta entonces representada de un modo idílico, como correspondía a su carácter puramente ornamental, no era ya aquel lugar fabuloso en el que el hombre vivía feliz, sino el espejo que reflejaba sus ilusiones, sus sueños y sus temores. De ahí que las ruinas (reales o artificiales), los paisajes solitarios y vacíos, los cielos limpios o amenazantes, los océanos inmensos o los desiertos atravesados por una luz cegadora sustituyan poco a poco en sus poemas y en sus cuadros a los amables paisajes clásicos en los que todo estaba en su sitio, desde los hombres a los animales, confirmando de ese modo lo que la humanidad ya sabía desde su origen, pero que se había empeñado en negarse tras los muchos subterfugiosreligiosos o profanos inventados para ello: que el hombre es un elemento más del paisaje, por más que les duela a muchos.

Y sigue:

Sorprende, por eso mismo, que, a dos siglos ya de ese descubrimiento y después de toda la producción filosófica, artística y literaria que se ha generado a partir de él, en España se siga viendo el paisaje con cierto distanciamiento, incluso con displicencia, tanto a nivel cultural como sociológico.

De ahí que esté tan extendida la opinión de que los Monegros son un secarral, que aquello es un territorio yermo que solo tiene dos salidas posibles: ser colonizado por un jardinero versallesco que horade generosos canales de riego, o aprovechar el baldío para montar megacasinos y megahostias en vinagre.

Es el mismo argumento de los sionistas con Israel: nos instalamos ahí porque no había nada. Luego descubrieron que había unos palestinos que llevaban viviendo siglos en una tierra a la que llamaban, curiosamente, Palestina. Ups, qué despiste, ¿no?

Los colonizadores estadounidenses también llamaban "desierto" al territorio que todavía no era administrado por la Unión. Era tierra virgen, sólo había que sacudir unos cuantos indios y bisontes molestos para tender el ferrocarril.

En Argentina, ídem de ídem: tras la independencia, la parte del país que no colonizaron los españoles, al margen del Río de la Plata, se llamó "desierto". Las campañas de exterminio de los indios de la pampa -para que se instalaran granjeros europeos- se conocen en la historia argentina como "la campaña del desierto".

Hay que tener cuidado con quienes piensan en el paisaje como vacío. ¿Vacíos los Monegros? Los desiertos estarán vacíos de personas, pero tienen buitres, serpientes, insectos y plantas esteparias únicas en el mundo. Sí, son matojos y bichos fácilmente exterminables. Pero precisamente por eso se merecen un parque nacional, para que los amantes de los ciervos abrevando en estanques no les terminen de joder.

29/08/2009 14:21 Autor: SERGIO DEL MOLINO. Enlace permanente. Tema: Actualidad Hay 3 comentarios.

ESTADOS MENTALES

Aún no me lo creo. Hace unas pocas horas que estoy de vacaciones. He abierto una Coronita (sin limón, degollaría a los camareros que me ponen la rodajita antes de que pueda decirles que no la quiero) y me he sentido extraño. Y ahora, ¿qué? El tiempo se expande ante mí como un agujero de gusano, sea lo que sea eso, y me siento desorientado y confuso. Plácidamente noqueado.

Esta última semana apenas he dormido. Creo que juntando lo que he dormido todas las noches de los siete días me sale el descanso de una noche y media normal. Con suerte. Estoy agotado y he abusado un poco del ibuprofeno, que es milagroso para las jaquecas pero que destroza el hígado con más eficacia que los señores Jack Daniels y Johnny Walker juntos y al galope. Normalmente, procuro moderar mi consumo, pero esta semana no podía, las jaquecas eran más fuertes que yo.

Por suerte, se acabó. Llega el relax. De vacaciones casi nunca me duele la cabeza. Siempre echo unos ibuprofenos en la maleta porsiaca, pero no me suelen hacer falta. Sé que a partir de mañana, cuando mi cerebro se reacomode a la nueva situación (quince meses después de mis últimas vacaciones) todo irá como una malva. Ahora me sentaré a leer Una educación incompleta, las memorias de Evelyn Waugh (en Libros del Asteroide, altamente recomendable). Cinismo british a lo bestia. Muy divertido, tremendamente cabrón. Debería maridar la lectura con una buena pinta de pale ale. O una red ale bien fuerte, pero a estas alturas del año prefiero una cerveza ligera mexicana, que contrasta bien con la prosa de Waugh, que también es ligera como el vuelo de un colibrí.

Dice Waugh cuando narra las vidas de sus ancestros -oportunistas, clérigos corruptos y oficiales británicos en la India- que los Waugh eran bastante altos hace siglos, pero que han ido menguando de estatura. La razón, según él, es que se han casado siempre con mujeres muy bajitas, ya que su soberbia y prepotencia no les permitía buscarse una esposa prominente que les hiciera sombra. Así que, al mezclar los genes, cada generación ha ido perdiendo unos centímetros.

This is England.

Mañana cogeremos los trastos y cambiaremos de paisaje. No pararemos hasta llegar a la estación de Santa Apolonia, en Lisboa, a los pies de la Alfama y junto al bello Tajo, que los portugueses, con mucho más acierto poético, llaman Tejo (pronúnciese algo así como Texo o Teyo). Hemos alquilado un apartamentito en Bairro Alto, y nuestra intención es dejar pasar los días entre afiladores de cuchillos en bicicleta, galeristas posmodernos, bellas mulatas de madre angoleña con pantaloncitos cortos, fadistas electrónicos y gitanos ociosos y esquineros. Pasear, hacer fotos con esa cámara maravillosa que tengo y a la que apenas doy uso, comer muchas sardinhas, algún pastais de Belem y beber vinho branco fresquito al anochecer. Este verano no cruzamos ningún océano: por lo visto, las compañías aéreas no dejan viajar a mujeres en avanzado estado de gestación. Y tampoco nos apetece que el chico se adelante y nazca en Samoa, la verdad. Si ha de nacer en el extranjero, que lo haga en Lisboa, que queda más cerca.

Bueno, vale, también me llevaré el portátil y le meteré caña a esa novela que acabo de empezar. Espero darle un buen empujón este mes, pero sin agobios. Apilaré un montón de páginas sin método ni disciplina. Escribiré con relax y placer, dejándome mecer por la cadencia de la historia que tengo en la cabeza (y en un esquemita muy complejo que empiezo a no entender ni yo). Ya ordenaré y puliré más adelante.

He localizado un pequeño restaurante en la misma calle donde vamos a quedarnos en Lisboa que tiene wifi. Lo lleva un español y dice que por las tardes ofrece café y tartas a quienes se quieran sentar un rato con el ordenador. Me bajaré con el portátil mientras Cris reposa su gestante barriga en las sobremesas y, si se tercia, mandaré algún que otro post viajero. Ya sabéis que vivo enamorado de Lisboa, así que tendré que dar la brasa un poco con esta ciudad.

Practicaré el escaso portugués que llevo aprendido, pero es difícil. Yo a esta gente no le pillo una palabra. A ver si nos entendemos en portuñol. Eso sí, por convicción y dignidad, he decidido que en este viaje no vamos a usar el inglés para nada. Dos habitantes de la Península Ibérica, aunque tengan lenguas maternas distintas, deberían poder entenderse sin usar una lingua franca, ¿no?

Lo dicho: que si me veis ausente de este blog durante unos días, buscadme en la Feira da Ladra o en alguna tasca cerca de la Praça de Camões.

Por cierto, a la vuelta de Lisboa empezaré con la promoción de Soldados en el jardín de la paz. Supongo que para entonces estará ya decidida la fecha de la presentación en Zaragoza.

Cuidaos mucho y haced todo lo que os pida el cuerpo. Besos húmedos y abrazos viriles para unas y para otros.